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El camarote de los hermanos del PSOE

El PSOE se ha instalado en los últimos meses en un permanente estado de excepción. La irrupción de Podemos ha trastornado y obnubilado las mentes más preclaras del socialismo español, lo que ha llevado a adoptar una serie de medidas que, bien analizadas, pueden calificarse de tendencia al suicidio político.

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Francisco J. Martínez Carrión
20/2/2015 - 11:11

La réplica a Podemos necesitaba de sangre fría para aplicar una estrategia a medio y largo plazo y no una serie de baterías controladas por francotiradores instalados en diversos tejados del poder repartidos por distintas partes de España: 1) A una le da por adelantar elecciones en Andalucía, absolutamente en clave interna y como instrumento para controlar lo que quede del PSOE nacional; 2) a otros, por apoyar las elecciones en Cataluña y aumentar de esa manera el debate independentista y las dudas sobre el futuro  y la estabilidad política de todo el país; 3)al jefe por hacer una OPA hostil sobre la organización de Madrid, generando enormes sospechas de corrupción y sobrepasando la línea roja de las elecciones primarias; y 4) ahora salta el PSOE de Baleares y autoriza que en algunos de sus ayuntamientos se negocie con Podemos y otras formaciones para la constitución de una especie de frente popular en las próximas elecciones municipales para acabar con la hegemonía del PP.

La nota leonesa la da Amparo Valcarce, antigua colaboradora del presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, ex delegada del Gobierno en la Comunidad madrileña  y ahora reconvertida en arma arrojadiza contra la dirección nacional del PSOE. A la crítica leonesa le sobraban razones para presentar su candidatura a la Presidencia del PSOE madrileño y a exigir lo que hasta ahora ha sido una promesa irrenunciable: elecciones primarias para elegir a los órganos de poder internos. Lo que no se entiende es su renuncia de última hora, lo que echa más leña al fuego de las sospechas y del desconcierto.

En esta guerra civil que asola al socialismo madrileño sobran dogmas por todas partes, incluyendo el que trata de imponer manu militari al exministro Gabilondo como candidato a la Presidencia de la Comunidad de Madrid, alegando que no hay tiempo para organizar unas elecciones primarias. Esa excusa suena a estado de excepción, el peor argumento para justificar la defenestración política de Tomás Gómez y el posterior intento de pacificación de las bases socialistas madrileñas. Así que a partir de ahora el PSOE madrileño puede convertirse en el camarote de los hermanos Marx, con Amparo Valcarce, Cerolo, Gabilondo, Gómez y Sánchez, entre otros, saliendo y entrando del escenario, abriendo y cerrando puertas e intrigando y conspirando en pos de la derrota final. Un trágico vodevil, que no dejaría de ser una opereta bufa si no estuviese en juego el futuro de uno de los partidos políticos que durante más de cien años ha luchado y dado ejemplo para consolidar las libertades y la democracia en España.

Todo hace indicar que el PSOE ha dejado de ser una fuerza política unitaria y coherente para convertirse en un reino de taifas controlado por barones autonómicos, cuya única estrategia es la de sálvese quien pueda aplicando métodos en muchos casos contradictorios y de corte personalista.  Se ha perdido el norte cuando más necesario era un PSOE  coherente, transparente, reformista y unido en la diversidad.

Casi sin tiempo para reaccionar, el PSOE debería mirarse en el espejo del caso de Grecia, donde el histórico partido socialista, el Pasok, ha saltado en mil pedazos, fragmentado y sus restos relegados a convertirse en una fuerza política residual.  Y apenas queda tiempo.

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