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REPORTAJE

Del churro a la patata frita

La familia política de Francisco Aranda ha sido churrera durante muchos años, profesión que él también comenzó y que terminó derivando hacia un próspero negocio del tubérculo más famoso, que ubicó en pleno centro de Alcorcón

Archivado en: reportaje, patata, churro, fabrica de patatas y frutos secos Paco

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“las patatas se hacen artesanalmente con tesón y buena materia”

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07/7/2017 - 08:11

La receta está clara: harina, agua y sal; el churro forma parte de la existencia y la cultura española. Aunque no todos son iguales, el tamaño, la textura, el tostado, el sabor o la forma, distinguen a un buen churro del que sólo aparenta serlo. Este es el secreto del éxito de largas sagas familiares que recorren la península, o que lo han hecho anteriormente, llevando a todos los rincones uno de los manjares más exquisitos que tiene nuestra gastronomía. Además, este es el origen del negocio de Francisco Aranda Sánchez, que ya acumula unos 53 años de éxito en Alcorcón con su actual fábrica de patatas y frutos secos Paco. “Empezamos cuando Alcorcón era un pueblo muy pequeño ubicándonos en la calle Mayor, a la altura de la calle Soria. Ahí pusimos un kiosco portátil, que al principio fue sólo churrería”, explica a GENTE. El padre de su suegro fue quien comenzó con el negocio como maestro churrero, una profesión a la que se fue uniendo toda la familia, llegando a tener ramificaciones en municipios colindantes como Parla, Móstoles o Vallecas, además de salir de feria en feria.

TRANSFORMACIÓN
Tres años después de su llegada a la localidad, “gracias a la recomendación de amigos y familiares”, se trasladaron a su ubicación actual en plena zona centro, momento en el que decidieron diversificar el negocio dedicándose al delicado arte de la patata frita. “La actividad familiar como tal se terminó,  nos quedamos con los famosos tubérculos e introducimos los frutos secos”, apunta. Una empresa que ha aguantado muy bien el paso del tiempo, a pesar de la llegada de las grandes superficies y el rápido crecimiento de la zona y de que la ciudad y el modelo de negocio cambiasen.

UNA BUENA PATATA

“Al principio éramos pocos, nos conocíamos todos y teníamos un trato muy familiar”, dice. Aranda explica que a la vez que Alcorcón se iba transformando y aumentaba el número de habitantes, también perdía la familiaridad con los nuevos clientes. “Ahora es muy difícil conocer por el nombre a todos los que entran a tu tienda, como pasaba antiguamente”, especifica.
A pesar de ello, mantiene al 90% de la clientela tradicional. “Todos vuelven, aunque los jóvenes son más de comprar en centros comerciales por falta de tiempo, y las costumbres que había antes de ir a ver películas o el fútbol en casa de amigos se ha ido perdiendo, lo que también afecta a las ventas”, cuenta Aranda. Aunque afirma que la crisis sí se ha notado en el negocio, la empresa sigue manteniéndose y aportando a la economía local con sus impuestos, generando empleo y formando parte destacada dentro del tejido local.

 

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