Derrumbe
"El diablo abre una boca enorme, una cavidad negra que se estira y se estira hasta las orejas. La boca sostiene una docena de cigarros. Luis se acerca al diablo y le coloca otro cigarro en las fauces.
Cuando entró a la mina, con 14 años recién cumplidos, le daba un poco de miedo. Pero ahora sabe que con las ofrendas el Tío se pone de su parte: es el espíritu demoníaco que gobierna las profundidades de la tierra; cuando está satisfecho, regala vetas de estaño; cuando se enfada, agita la montaña y sepulta a los hombres. La escultura de madera del Tío luce unos cuernos largos y afilados, cubiertos por una maraña de serpentinas, confetis y hojas de coca que los mineros le lanzan durante las challas -los agradecimientos-, y también presenta el atributo típico: un descomunal pene erecto.
Los mineros dejan que sea Luis, el más joven, quien complete el rito. Toma la garrafa de alcohol Guabirá, de 96 grados, de la que beben los mineros en sus pausas, y vierte un chorro por el gaznate del Tío. El alcohol brota por la punta del gran pene. Los hombres ríen a carcajadas como la primera vez y echan a andar galería adentro, iluminando las entrañas del infierno con sus lámparas de carburo".
(Extracto del cuento "Derrumbe" que he publicado en el número de febrero-marzo de la revista Euskal Herria, ya en el quiosco. La foto es de Dani. Tomada por él, quiero decir).

Publicado el 9 de febrero de 2010 a las 09:45.





