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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Las lecciones de Agustín

Archivado en: Viajes, Agustín Egurrola, Por qué viajar

ACTUALIZACIÓN (13/02/2009): El periodista Ramon Olasagasti me pasa varias entrevistas que hizo a Agustín Egurrola para el diario Berria. Hay una maravillosa sobre su viaje australiano: Zahartzaroaren antipodetan (pdf).  Ez al duzu euskaraz ulertzen? Pues sólo ver las fotos, sobre todo la primera, ya merece la pena.

* * *

Entre los papeles que me envió Agustín Egurrola, el hombre que después de jubilarse cruzó todos los continentes a pie o en bicicleta y que falleció la semana pasada, encuentro la fotocopia de una entrevista que le hizo Juanjo Alonso en mayo de 2005 para la revista Aire Libre. Copio aquí algunos extractos.

Viajar para rumiar. Alonso le pregunta qué busca en los viajes. "Primero, estar en contacto con la naturaleza, tranquilo, lejos de los ruidos urbanos, para pensar y reflexionar. Me gusta hacer los viajes con este motor -se señala el corazón-. También quiero revivir algo de las experiencias de los pioneros, montañeros o viajeros, de una manera mucho más humilde, por supuesto.  Por eso me gusta ir a pie o en bicicleta, para evocar a los primeros exploradores. Por ejemplo, el verano pasado en Australia, cuando se me pegaban los pantalones a las piernas por el sudor, con las moscas invadiéndome la cara, el sol, el viento azotando la inmensidad del desierto, la soledad.

"Aprecio la soledad, el silencio, la reflexión. Porque una de las mejores cosas de este modo de viajar es que tienes tiempo para rumiar pensamientos. Eso es un lujo que la mayoría de la gente no se puede permitir, porque está bombardeada por la radio, la televisión, los ruidos, la gente, las opiniones... y no hay paz para pensar adecuadamente.

"Otro valor añadido es ver cada día sitios nuevos y caras nuevas, continuamente. Es como volver a ser niño otra vez. Para un niño el tiempo es muy largo porque está pendiente de todo; todas las cosas son una novedad. Viajando así, especialmente solo, tienes que estar muy despierto, ocupado en tomar las decisiones, y el día es mucho más largo e intenso que en la vida normal. Una semana en Sheffield [donde vivía] pasa enseguida, sin consecuencias, pero cuando escribo las experiencias y las emociones que me han pasado durante una semana de viaje, veo que son mucho más ricas que en la vida cotidiana".

Vejez y ganas. "Con la edad, todo lo que haces cuesta más esfuerzo. Pero la edad sólo añade más dificultad, no es un impedimento. Yo lo llamo `el peso de los calendarios'. Hagas lo que hagas: comer, dormir, caminar o cualquier actividad, siempre llevas un peso en la espalda que al aumentar los calendarios supone más esfuerzo, y hay que adaptar el ritmo del viaje al número de calendarios que llevas a cuestas (...). No soy fuerte ni atrevido, ni mucho menos joven. Mi secreto para hacer las cosas son las ganas".

Incomprensión. "Mi hermano me dice que no me meta en líos y que deje de hacer viajes. Mis padres murieron hace tiempo sin comprender mi manera de vivir, y eso que mi padre era pelotari profesional y estaba acostumbrado a viajar por Europa jugando a pelota, pero nunca entendió mi filosofía de vida, durmiendo en el campo, viviendo con lo justo, sufriendo calores y fríos. Eran otros tiempos y no admitía que hiciera todo eso por gusto.

"Cuando llego a un pueblo donde tengo pensado pasar la noche, busco primero el sitio para dormir y luego voy al bar o me siento en un parque hasta que se hace de noche. Después, sin encender la luz, para que no me delate, voy al lugar elegido, monto la tienda y duermo tranquilamente hasta la mañana siguiente. Eso lo he hecho cientos de veces y es algo que mis padres nunca llegaron a comprender.

"Me inventé un modo de vida que en aquel entorno rural no existía. En el primer viaje que hice por Vizcaya haciendo dedo, cuando escalé el Gorbea, me hacía pasar por francés para no tener que dar explicaciones".

Sus libros. "Quiero ver publicados mis libros porque me gustaría transmitir mi visión de la vida, para intentar que la gente lleve un ritmo vital, sencillo, física y mentalmente activo y sin grandes derroches de consumismo para encontrar un equilibrio entre el progreso y el respeto por el medio ambiente".

Agustín Egurrola, su mujer Shirley, su hijo David y la burra, durante el viaje vasco de 1971

La mayor aventura. "La mayor aventura, la más memorable, fue la vuelta en burra por el País Vasco o, mejor dicho, por los territorios donde se habla el euskera. Fue en 1971, con mi mujer Shirley y mi hijo David, que cumplió un año y medio por el camino. Uno de los mejores momentos fue cuando nos cogió una tormenta de nieve en el Pirineo y tuvimos que refugiarnos en un pueblecito del lado francés, donde nos acogieron dos monjas que nos dieron techo y comida durante una semana. Quien más lo agradeció fue la burra, porque pude curarle unas rozaduras producidas por las correas de las cestas".

Consejo para las personas de su edad [yo diría que para cualquiera]: "Que salgan a caminar. Que no es demasiado tarde. No tienen que ir a dar la vuelta al mundo. Pueden ir de Burgos [donde hicieron la entrevista] a Belorado o a León, siempre será una gran experiencia. Es importante que alguna vez duerman en el campo, que vivan la experiencia de la inseguridad y la aventura. Y que se olviden del colesterol y la tensión, que haciendo ejercicio al aire libre la buena salud está asegurada".

Publicado el 12 de febrero de 2009 a las 07:00.

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Ha muerto Agustín Egurrola

Archivado en: Viajes, Agustín Egurrola

En mayo del año pasado, Josu Iztueta y yo subimos al volcán Hlidarfjell, en Islandia, para buscar en su cumbre una botella con mensaje que había dejado Agustín Egurrola cuarenta años antes, en 1968. Podéis ver el mapa del tesoro dibujado por Agustín y leer el desenlace de nuestra excursión aquí.

Estos días hemos repasado con mucha nostalgia los mapas y las cartas que nos envió Agustín, el jubilado trotamundos. Porque hemos sabido que murió el pasado 3 de febrero, en Inglaterra, a los 75 años.

Agustín recorrió todo el mundo caminando, pedaleando o viajando con un burro. Pero sus viajes más impresionantes empezaron con la jubilación: a partir de los 66 años se dedicó a cruzar continentes de punta a punta. Dormía al aire libre o en tienda de campaña. Todas las noches escribía los detalles de sus viajes, luego mecanografiaba, fotocopiaba y encuadernaba esos diarios y los regalaba a los amigos.

Con 66 años, pedaleó por Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina y Uruguay.

Con 70 años cruzó Canadá en bici durante tres meses.

Con 71 años cruzó Australia en bici durante seis meses.

Con 72 años viajó desde Sudáfrica hasta Egipto, a pie y en transporte público.

Con 73 años pedaleó por Turquía, Irán, Pakistán y China.

El año pasado, con 74, atravesó el centro de Europa a pie, del Adriático al Báltico.

Decía que la Antártida no, que era muy friolero.

Cada vez que hablamos de Agustín, terminamos con la misma conclusión: ya me gustaría llegar a los 75 años con esa chispa y ser capaz de hacer las cosas que hizo él con esa edad; pero, pensándolo bien, ya me gustaría a mí tener esa chispa y hacer semejantes planes... ahora mismo, con mis 32.

En septiembre recibí un paquete suyo desde Sheffield (Inglaterra, donde vivía). Además de una carta en euskera muy cariñosa, Agustín me enviaba una montaña de fotocopias de color: los minuciosos mapas de sus recorridos, apuntes en los que hablaba de la austeridad y la vida sencilla, las cubiertas de sus libros autoeditados y unas extensísimas tablas en las que recogía los datos de sus salidas por el mundo. Las tablas, que indican  año tras año el destino, el modo de viajar, el alojamiento, la comida y comentarios diversos, empiezan en 1954-57: "Outings to the hills around Markina". Luego vienen Gredos, Pirineos, Escocia, Irlanda, Islandia, Sicilia, Marruecos, Israel, Turquía, Canadá, Patagonia... Y las grandes travesías continentales a partir de la jubilación.

En una esquina de la carta, fechada el pasado 9 de septiembre, Agustín me escribió: "Ah, mañana es mi 75º cumpleaños. El año que viene quiero ir en bicicleta desde Ciudad de México hasta Canadá. Luego Europa (adjunto mapa) o Asia o África...".

El mapa de Europa aparece atravesado por una línea discontinua que sale de Cabo da Roca (el punto más occidental de Europa, en la nariz de Portugal) y llega hasta los montes Urales (el punto más oriental), pasando por los nacederos de 14 grandes ríos europeos, desde el Tajo hasta el Pechora. Esa ruta serpenteante traza el último sueño viajero de Agustín, el que ya no pudo cumplir.

* * *

En los próximos días colgaré algunos extractos de entrevistas que le hicieron a este hombre bueno, sencillo y alegre.

Publicado el 10 de febrero de 2009 a las 00:15.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

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Islandia y Groenlandia (2008).

 

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Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

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