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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Premio para el reportaje de las madres guaraníes futbolistas

Archivado en: Reportajes, Fútbol, Bolivia

El reportaje "Las madres guaraníes saltan a la cancha" ha recibido el premio Trinidad Arroyo de periodismo. ¡Alegrón!

El premio lo convoca el Ayuntamiento de Palencia para "reconocer los trabajos con los que se promueve la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres".

Esta es la entradilla del reportaje, una historia que arranca de una situación muy dura y triste pero acaba como una gran lección de coraje, alegría y esperanza:

"Las mujeres del Chaco boliviano crían a cinco o seis hijos, a veces nueve o diez, hacinados en una caseta de adobe sin agua ni electricidad, acosados por el hambre y las enfermedades parasitarias. Con los maridos ausentes, ellas llevan la casa, cultivan la tierra, cuidan animales y salen unas horas a la ciudad para vender empanadas en la calle o trabajar en el servicio doméstico. Todavía les quedan fuerzas para organizar un equipo de fútbol, entrenarse por las noches, jugar partidos los domingos y empujar una pequeña revolución social a balonazos".

La versión íntegra se publicó en la revista digital FronteraD y en este mismo blog. Otras versiones abreviadas también salieron en las revistas Pie Izquierdo y Nuestro Tiempo. Ahora que cuesta tanto sacar este tipo de reportajes, quiero dar las gracias a Alfonso Armada, Álex Ayala y Javier Marrodán, los editores que apostaron por esta historia. También a Daniel Burgui, cuyas fantásticas fotos acompañaron al texto y lo subrayaron. Y debo un agradecimiento especial a Iñigo Olaizola, que me facilitó el contacto con las madres futbolistas, y a Margoth Segovia, la luchadora tenaz y entusiasta que impulsa el fútbol y otras iniciativas admirables "para que las mujeres tengan vida" en el Chaco boliviano.

PD: Malditos premios.

PD (2): Cuanto menos publico, más me premian.

Publicado el 10 de enero de 2011 a las 10:45.

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"Para que las mujeres tengan vida"

Archivado en: Reportajes, Viajes, Bolivia

(Viene de "Las madres guaraníes saltan a la cancha")

"Acá las mujeres están muy estropeadas, muy maltratadas, sufren condiciones pésimas. Además viven arrinconadas, sin capacidad de decisión, por eso lo más urgente era crear un espacio de encuentro, un pequeño ámbito de libertad donde pudieran reunirse, conocerse, hablar de sus derechos y mejorar la autoestima", dice Margoth Segovia. Así nació en Camiri la sede local de Momim (Movimiento de Mujeres Indígenas del Mundo), una asociación impulsada por Pilar Mateo, la doctora valenciana que inventó una pintura repelente contra las vinchucas, el insecto que transmitía el Mal de Chagas y mataba a cientos de personas en regiones pobres como el Chaco.

El éxito de Momim debe mucho al empeño de su directora Segovia, quien corre de un lado para otro a todas horas, impulsando proyectos, celebrando reuniones, organizando partidos de fútbol, atendiendo a docenas de casos particulares, luchando contra el estrés y la hipertensión que a menudo la golpean: "En 2003 empezamos a organizar reuniones de mujeres todos los miércoles, para dar charlas y talleres sobre salud, educación, derecho... Una semana acudían tres mujeres. A la siguiente, ninguna. Pero yo insistía, insistía. Hoy tenemos 280 socias y vienen por docenas a todos los actos".

Momim pretende que las mujeres del Chaco posean los recursos necesarios para desarrollar una vida propia: organizan cursos de capacitación profesional (hostelería, informática, peluquería, textiles...), les ayudan a montar microempresas (por ejemplo, con carritos ambulantes para la venta callejera de comida), les ofrecen el asesoramiento de una abogada para sus negocios y sus conflictos familiares, y abren espacios de ocio como el fútbol.

También es un altavoz: "A las mujeres no se nos escucha en la vida pública", dice Segovia. "En el periodismo boliviano, por ejemplo, no existimos. Por eso emitimos "Mujeres sin fronteras", un programa de radio semanal [se puede escuchar en www.radiodelchaco.com, los lunes a las 22 h, hora española]. Tratamos asuntos como los malos tratos, de la que nunca se hablaba de puertas afuera, difundimos los derechos y las leyes, porque muchas mujeres las desconocen... Al principio me daba apuro entrevistar a hombres, pero ellos mismos empezaron a llamar a la radio para apoyarnos, para reconocer que fallan en algunas cuestiones, para decir que deben cambiar las mentalidades. Me alegra tanto que participemos todos, hombres y mujeres... Por fin hablamos abiertamente de nuestros problemas".

Publicado el 13 de septiembre de 2010 a las 10:15.

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Las madres guaraníes saltan a la cancha (1)

Archivado en: Reportajes, Viajes, Fútbol, Bolivia

Las mujeres del Chaco boliviano crían a cinco o seis hijos, a veces nueve o diez, hacinados en una caseta de adobe sin agua ni electricidad, acosados por el hambre y las enfermedades parasitarias. Con los maridos ausentes, ellas llevan la casa, cultivan la tierra, cuidan animales y salen unas horas a la ciudad para vender empanadas en la calle o trabajar en el servicio doméstico. Todavía les quedan fuerzas para organizar un equipo de fútbol, entrenarse por las noches, jugar partidos los domingos y empujar una pequeña revolución social a balonazos.

El partido entre los equipos de Urundaiti y Boyuibe se retrasa unos minutos: Susana, una de las jugadoras, está detrás del córner dando el pecho a su bebé. Por fin, entrega la criatura a una amiga, sale corriendo al campo y se instala en el borde de su área, donde no dejará pasar ni un balón en todo el partido. Susana, defensa central infranqueable, es una mujer guaraní que tiene 25 años y seis hijos.

(Estas fotos y otras más, igual de buenas, son de Daniel Burgui).

El partido sufre otra demora: alguien indica que tres de las futbolistas están embarazadas y no deberían participar. Se reorganiza el equipo. Unas señoras obesas de unos 35 o 40 años se visten la camiseta y sustituyen a las embarazadas. Con ellas sale otra chica de 15 años, que también ha estado amamantando a su bebé en la banda.

El árbitro lleva por fin el balón al centro del campo, una explanada de tierra en la aldea guaraní de Urundaiti, bacheada y generosamente alfombrada por cagadas de oveja. Las futbolistas se acercan y forman un corro para escuchar las palabras de Margoth Segovia, promotora de estos encuentros: "Amigas, nos reunimos para disfrutar todas juntas del deporte. No se trata de jugar a muerte. Queremos que perdure la amistad, el respeto y la solidaridad entre todas nosotras. Hacemos deporte para distraernos de lo que ustedes ya saben".

La revolución del fútbol

Lo que ellas ya saben: cinco o seis hijos, a veces nueve o diez, hacinados en una caseta de adobe sin agua ni electricidad, acosados por el hambre y las enfermedades parasitarias. Maridos que se marchan y no vuelven. O que vuelven borrachos, gritando y golpeando. Trabajo sin descanso para cuidar a los niños y llevar la casa, limpiar, coser, cocinar, cultivar un poco de maíz en una parcelita miserable, criar algún chancho, unas gallinas, y salir unas horas a la ciudad para vender empanadas en la calle o limpiar casas a cambio de unos pesos. Y por las noches, fútbol.

Leer texto completo »

Publicado el 10 de septiembre de 2010 a las 16:30.

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Premio para el reportaje de los mineritos

Archivado en: Bolivia, mineritos

El reportaje sobre los niños mineros bolivianos ha recibido el premio de periodismo que concede la organización Manos Unidas. Alegrón.

Después de las miserias que pasó aquel reportaje para ver la luz, estoy muy agradecido a los medios que decidieron sacarlo. Primero lo publicaron la revista Nuestro Tiempo, en castellano ("Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"), y el diario Berria, en euskera ("Lurpeko haurrak"). Después lo cedí a FronteraD, la revista digital que precisamente presentó el reportaje al concurso y a la que, por tanto, debo un agradecimiento especial. Al texto le acompañaban las estupendas fotografías de Daniel Burgui, y en FronteraD también se publicó un reportaje de audio muy recomendable de Iker Armentia sobre los mineritos.

Gracias a los ecos en internet, que permiten abrir caminos muy interesantes y muy libres, unos meses más tarde la revista boliviana Pie Izquierdo también lo publicó.

No me olvido de Gente Digital y del jefe Leandro, porque fue en este blog donde publiqué los primeros textos acerca de los mineritos, escritos sobre la marcha durante el viaje boliviano, y fue Gente la plataforma desde la cual la historia empezó a divulgarse. La primera crónica sobre la niña minera Abigaíl, escrita en un locutorio de Potosí, multiplicó por veinte el número de lectores de este blog en esos días, y creo que el premio confirma lo que ya anunciaba ese dato: que las vidas de los niños mineros sí que interesan, por supuesto.

Ya sabréis que dimos unos pequeños pasos en el intento de echar un cable a los niños mineros y sus familias; ojalá este premio sirva para darle otro empujoncillo al asunto.

Publicado el 3 de julio de 2010 a las 10:15.

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Proyectos para los mineritos de Potosí

Archivado en: Bolivia, mineritos

Quiero pediros ideas y sugerencias, especialmente a quienes trabajáis en el ámbito de las ONG, con la intención de dar un impulso a algunos proyectos que se podrían desarrollar en Potosí para ayudar a los niños mineros y niños trabajadores en general.

La revista boliviana Pie Izquierdo acaba de publicar mi reportaje sobre los niños mineros ("La montaña que devora niños"), como ya lo hicieron el diario Berria y las revistas Nuestro Tiempo y FronteraD. Tal y como os conté, el amigo Allendegui, que trabaja en Atlanta en la CNN, divulgó el reportaje entre sus compañeros y al final CNN en español emitió esta pieza de cuatro minutos sobre Abigaíl y otros niños mineros.

Según me cuentan desde La Paz, parece que la difusión de estas historias ha conseguido dar un pequeño impulso a algunos proyectos de ayuda que llevaban tiempo estancados y ha habido gente que se ha acercado a Cepromin (Centro de Promoción Minera) con la intención de echar una mano. Cepromin es la organización boliviana que me acogió de maravilla y me dio las mejores pistas para llegar a las familias mineras de Llallagua, Uncía y Potosí, y ahora me ha enviado los informes y presupuestos de dos proyectos:

1) La creación de un gabinete psicopedagógico para atender a los niños trabajadores del Cerro Rico de Potosí y tratar sus problemas de aprendizaje, conducta, maduración, marginalidad...

2) La construcción de unas duchas en la casa de los nats (niños, niñas y adolescentes trabajadores) en Uncía, que Dani y yo también visitamos y que aparece en el reportaje.

Como ya hablamos aquí, queríamos organizar algún tipo de ayuda, en forma de becas de estudio y alimentación, para que unos cuantos chavales tuvieran los ingresos suficientes como para no tener que entrar a la mina y dedicarse a estudiar. No terminamos de acertar con la manera de llevarlo a cabo. Pero no abandonamos la idea.

Mientras tanto, los dos proyectos que manda ahora Cepromin necesitan una financiación considerable y son quizá más apropiados para que alguna ONG de aquí pueda hacerse cargo de ellos, incluirlos en sus proyectos de cooperación, buscarles fondos...

Yo estoy en vísperas de marcharme de viaje para un par de meses, pero no quería que este pequeño impulso quedara de nuevo paralizado, así que os lanzo esta historia porque sé que entre vosotros hay gente que trabaja en el ámbito de las ONG y seguro que tendréis ideas más claras sobre lo que se puede hacer.

Si alguien cree que puede mover estos proyectos en alguna organización, puedo enviarle por correo los informes y los presupuestos de Cepromin, que son completos, elaborados y justificados.

Muchas gracias.

Publicado el 28 de mayo de 2010 a las 21:15.

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Cuatro minutos de mineritos

Archivado en: Bolivia, Mineritos

El amigo Allendegui, que trabaja en la CNN en Atlanta, divulgó entre sus compañeros el reportaje "Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia".

Ayer me escribió para contarme que el jefe de cobertura de CNN en español mandó una  periodista a las minas de Potosí en busca de Abigaíl, la niña que protagoniza el reportaje, y que han emitido este vídeo de cuatro minutos.

Publicado el 14 de mayo de 2010 a las 09:00.

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"Evo ha dado voz a los excluidos pero le falta un proyecto mejor trabajado" (3ª y fin)

Archivado en: Bolivia, Gregorio Iriarte

Primera parte: "El infierno en el que vivían los mineros me abrió los ojos"

Segunda: "Planearon el ataque al campamento minero para conseguir una matanza".

Y ésta es la última entrega de la entrevista a Gregorio Iriarte:

-Con la democracia de los 80, siguió publicando. Su obra Análisis crítico de la realidad lleva 17 actualizaciones desde 1983 hasta hoy y fue un libro de cabecera para Evo Morales.

-Evo leyó el libro, le gustó mucho y me llamó. Cuando empezaba su carrera política, me llevaba a dar charlas a muchos sitios, a grupos, a reuniones en pueblos, para que les hablara de la situación en el mundo, en América Latina y en Bolivia. Evo no es un político tradicional. Siempre ha intentado que la gente tenga conocimientos y formación, que sepan organizarse, que participen personas que nunca han estado en la vida pública; por ejemplo, las mujeres. Mantiene una vinculación directa con el pueblo y un empeño sincero por mejorar la vida de la gente, no le importa nada el dinero, ni un coche bueno, ni una casa grande. Acá en Cochabamba tenía una casa viejita y ahí sigue, ni siquiera ha hecho asfaltar el camino. No le importa, porque vive volando de acá para allá, viaja sin parar con una energía tremenda, se quiere juntar con todo el mundo en todas partes. A las cinco de la mañana ya está en marcha, y si le pides una audiencia, te la dará a las cinco y media.

-¿Qué le parecen estos años del Gobierno de Morales?

-Ha dado dignidad y voz a los que siempre han estado excluidos de la vida del país, eso es cierto. En Bolivia la mayoría de la población ha vivido marginada durante siglos. Millones de pobres que no importaban a nadie: mineros, campesinos... y los indígenas, sobre todo los indígenas. Muchos no tenían ni una mísera escuelita en sus pueblos. No contaban para nadie.
Evo se ha vinculado con todos esos excluidos. Y ha conseguido un liderazgo muy fuerte porque va más allá de la mera política, se ha convertido en algo racial. "Es nuestra sangre", dicen los indígenas, "por primera vez el Gobierno somos nosotros". Por eso ha ganado las elecciones por segunda vez, porque ha creado un sentimiento muy fuerte, de sangre, y no importa que lo haya hecho bien o mal. Pero hay un riesgo, y se lo advirtió Lula, el presidente de Brasil: "Tienes que gobernar para todos". Y ahí falla.

-¿En qué falla?

-Tiende a ser maniqueo. Por una parte están los suyos, que son los auténticos, los puros, el verdadero país, y todos los demás son traidores, oligarcas, neoliberales, imperialistas... Tiene unas ideas fijas, unas frases que siempre repite, y no sale de ahí. Es muy sincero y ataca a quien cree que tiene que atacar, que si Estados Unidos, las multinacionales, la oligarquía... A veces tiene razón, pero se mete en algunas batallas que no van a ningún lado y sólo sirven para empeorar relaciones. Debe aprender a ser más flexible, más astuto.

El problema es que no tiene equipo, no tiene buenos asesores. Le rodean algunas personas que le idolatran, que no son críticos, y se ha ido creando una especie de mesianismo: Evo y nada más. Es un populismo con buenas intenciones y muchas palabras pero pocos avances prácticos.

Decide nacionalizar el petróleo, controlar el litio del salar de Uyuni, para que las empresas extranjeras no los saqueen, como ha ocurrido siempre en la historia de Bolivia. Perfecto. Pero le falta equipo, no cuenta con gente preparada para dirigir sectores tan técnicos, ni siquiera un sistema para ir formando a sus colaboradores. Y las cosas se hacen mal. Todo se improvisa. Se suponía que íbamos a vender petróleo y gas a medio mundo y ahora necesitamos comprarlo. Los franceses querían invertir en la extracción de litio pero se marcharon porque allí no había carreteras ni infraestructuras, no había ningún plan, y además Evo hacía declaraciones que asustaban a las empresas.

Los proyectos más sencillos tampoco funcionan: la construcción de viviendas no avanza; se nacionalizan el gas y la electricidad pero no llegan a más familias... Lo que sí hay es una especie de rentismo: se da dinero a las viudas, las embarazadas, los discapacitados, los estudiantes... Pero falta una acción de fondo, un proyecto sólido.

-Sin embargo, Morales fue reelegido en los comicios de diciembre del 2009 con un aplastante 62% de los votos.

-La gente le tiene mucha fe, sus medidas han gustado y además la oposición está deshecha: los partidos tradicionales lo hicieron muy mal durante décadas, nadie se fía de ellos, pelean por el poder pero no ofrecen ninguna propuesta, no saben qué hacer con el país. Ahora Morales tiene vía libre para seguir reformando el Estado (con ese sistema tan complejo de autonomías, la identidad plurinacional, el encaje de la cultura, la organización y hasta la justicia indígena, las nacionalizaciones de los hidrocarburos y la minería, las políticas sociales...). Y esa falta de oposición puede resultar un poco peligrosa, porque a Morales se le notan tendencias autoritarias. Quiere controlar el sistema judicial, los medios de comunicación... De todos modos, tengo la impresión de que está aprendiendo a gobernar, de que es un poco más hábil y más respetuoso.

-¿Cómo le irá a Bolivia en los próximos años?

-Soy optimista. Bolivia ha reaccionado muy bien ante la crisis mundial. La oposición sostiene que el éxito económico se debe en buena medida a las aportaciones del narcotráfico, el contrabando y las remesas que envían los emigrantes, y no les falta razón. Sin embargo, hay cimientos sólidos. La esperanza del petróleo nacionalizado se frustró porque YPFB, la empresa estatal, sufrió muchos casos de corrupción y porque las empresas multinacionales no ven seguridad jurídica para invertir; pero Bolivia tiene grandes reservas de gas, de hierro y sobre todo del litio que se empieza a extraer en Uyuni. El Gobierno, con buen criterio, no acepta que las empresas extranjeras simplemente se lleven los minerales: exige que la transformación se haga en el país, que haya una industrialización, y probablemente empezará con una factoría de pilas de litio.

Todo esto dará el dinero necesario para que Evo desarrolle sus políticas sociales. Tiene que ir transformando el país poco a poco para reducir las inmensas tasas de pobreza, la marginación, las desigualdades.

Será muy importante que busque consensos, que trabaje por la cohesión, porque tenemos un país muy diverso y muy fragmentado, con muchas diferencias entre unas clases sociales y otras, entre unas regiones y otras. Hay riesgo de fracturas, pero tampoco tanto como dice la prensa internacional: en Santa Cruz, por ejemplo, hay regionalismo pero en ningún caso separatismo. Siempre hay algún loco, pero no va a ocurrir ningún enfrentamiento grave.

Y mi gran esperanza son los propios bolivianos: son muy trabajadores. A mí me parece que trabajan hasta demasiado, sobre todo las mujeres. Y además son creativos: en los últimos años no paran de sacar nuevos productos al mercado, de crear negocios, de tener iniciativas. Estoy totalmente convencido de que a Bolivia le espera un buen futuro.

Publicado el 8 de mayo de 2010 a las 09:15.

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"Planearon el ataque al campamento minero para conseguir una matanza" (2ª parte)

Archivado en: Bolivia, Gregorio Iriarte

(Viene de ayer: "El infierno en el que vivían los mineros me abrió los ojos").

-...los militares andaban muy enfadados con el asunto.

-Tan enfadados que desataron la masacre de San Juan.

-En 1967 la tensión era enorme. La guerrilla del Che andaba por Bolivia, se sabía que varios mineros de Llallagua se le habían unido, y en una de las huelgas en Siglo XX los dirigentes declararon que iban a donar el salario de un día a los guerrilleros. Fue un gesto muy imprudente. En esos días se había decretado el estado de excepción y la proclama a favor de la guerrilla sirvió al Ejército como justificación para invadir el campamento.

Para ser sinceros, ninguno pensábamos que el peligro fuera tan grande. Pero la CIA y el Ejército tenían una estrategia muy clara: además de atacar a la vanguardia guerrillera, también querían golpear a la retaguardia. Y planearon un asalto a Siglo XX, organizado a conciencia para conseguir una matanza. Escogieron precisamente la víspera de San Juan, una fiesta de mucha tradición, cuando los mineros y sus familias están de celebraciones durante toda la noche, encienden fogatas, beben mucho... Creíamos que si alguna vez entraba el Ejército, lo haría por la carretera, en camiones. Pero vinieron en tren, a la estación de Cancañiri, que está arriba, en la montaña, y llegaron a las cuatro de la madrugada, cuando todo el mundo estaba durmiendo o medio borracho en la calle. Los mandos dieron de beber a los soldados y los lanzaron monte abajo dando gritos, enloquecidos, rabiosos. Entraron al campamento minero disparando las ametralladoras, tiroteando a cualquiera que anduviera por la calle o al primero que encontraban en una casa, sin mirar si era una viejita o un niño. Fue una noche terrorífica. Algunos murieron porque justo en ese momento habían salido al baño, a las letrinas comunes del campamento, y allí mismo los mataron. Un horror.

Entre los muertos, sólo uno era minero del Partido Comunista, el dirigente Rosendo García Maisman. Corrió a defender la emisora La Voz del Minero, mató a un soldado y luego lo mataron a él. Fue el único que murió en su ley. Al día siguiente yo fui a la morgue y conté 26 cadáveres: todos eran campesinos, serenos de la empresa, mujeres, niños... No eran políticos ni dirigentes sindicales ni nada. Y hubo más muertos, quién sabe cuántos, porque muchos desaparecieron mientras huían por la montaña, se los llevó el Ejército o murieron días más tarde por las heridas.

-¿Cómo actuó la radio Pío XII?

-Denunciamos la masacre, claro. Los militares habían destruido La Voz del Minero, así que sólo quedábamos nosotros para contar la verdad. Y también quisieron liquidarnos. Pero se frenaron porque el presidente Barrientos ordenó que nos respetaran y me llamó de nuevo a La Paz. Allí le pedí algunas medidas y él las aceptó: que no expulsaran de Siglo XX a los familiares de los muertos (en cuanto moría un trabajador, la empresa echaba a la viuda y los huérfanos de la vivienda, les prohibía comprar en las pulperías y expulsaba a los hijos de la escuela), que les dieran pensiones a esas familias... A cambio, los militares y la empresa presionaron para echarme de la radio y tuve que marcharme de Llallagua. Así empezó la segunda época de la emisora: los enemigos ya no eran los comunistas, sino las dictaduras y los militares. La Pío XII se convirtió en la radio de los mineros y así ha pasado a la historia.

-¿Qué hizo al dejar la radio?

-En los años 70 viví en La Paz, en una época de dictaduras militares terribles. Me manejé muy bien en la semiclandestinidad. Mi trabajo visible eran los temas sociales: impulsé cooperativas de viviendas, creé escuelas de radio, busqué ayudas para los necesitados... Y a la vez, en secreto, fundé la Asamblea Permanente de Derechos Humanos con el padre Tumiri. Eran los tiempos del general Banzer, una dictadura brutal, corrupta, desastrosa, que participaba en la Operación Cóndor [una organización clandestina formada por la CIA y las dictaduras sudamericanas, que asesinó a miles de opositores en los años 70]. Y luego llegó el golpe de García Meza y su ministro Arce Gómez, que dirigía todo el tráfico de cocaína y que más tarde fue condenado por alzamiento armado, genocidio, delitos contra la libertad de prensa... Con la droga querían financiar una dictadura de treinta o cuarenta años. En aquellos años publiqué varios libros sin firmar, que se distribuyeron de manera clandestina: El delito de ser periodista, La masacre de Todos los Santos, Narcotráfico y política... En este último publiqué la famosa foto de los paramilitares de la ultraderecha. Arce Gómez había fichado al antiguo nazi Klaus Barbie para que organizara en Bolivia un escuadrón con los principales terroristas mundiales de la ultraderecha. Conseguí la foto y la publiqué: salen todos, Barbie, Fiebelkorn, Delle Chiaie, Kuhlman, Kopplin... Se llamaban a sí mismos "Los novios de la muerte" y mataron a políticos de izquierdas, periodistas, sindicalistas... A raíz de mi libro, el programa 60 minutos de Estados Unidos denunció los negocios que el Gobierno boliviano hacía con la cocaína. Arce tuvo que dimitir. Pero mantuvo el poder desde la sombra. Él mismo dio la orden de matar a Luis Espinal, el jesuita que dirigía el semanario Aquí, y que también denunciaba sus negocios; encargó torturar y matar a Marcelo Quiroga Santa Cruz, el escritor y político socialista que fue muy amigo mío, que estuvo escondido en mi casa...

-¿Usted corrió peligro alguna vez?

-Me expulsaron tres veces del país, por ser "amigo de los comunistas", por proteger en mi casa a "enemigos de Bolivia". En una ocasión me metieron preso por apoyar la famosa huelga de hambre de las cuatro mujeres de los mineros, que encendieron una protesta masiva y acabaron derribando al general Banzer. Me encerraron dos días en un armario. A mí no me torturaron, pero a compañeros míos sí. Aquella vez nos soltaron rápido porque cayó Banzer y ganamos la batalla.

(Seguirá).

Publicado el 7 de mayo de 2010 a las 10:15.

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"El infierno en el que vivían los mineros me abrió los ojos" (1ª parte)

Archivado en: Bolivia, Gregorio Iriarte

Gregorio Iriarte llegó a Bolivia en 1964 como un peón más de la Guerra Fría. Lo destinaron a Llallagua, el mayor centro minero del país, para dirigir una radio católica y frenar la poderosa expansión del comunismo. Este padre oblato, nacido en Olazagutía (Navarra), no sólo reconcilió a mineros y religiosos, sino que él mismo salvó la vida al líder de los comunistas, acorralado por el Ejército, acompañándole en una fuga con disfraces y documentos falsos. En los siguientes años, Iriarte relató las injusticias que padecían los mineros, denunció las brutalidades cometidas por las dictaduras, se convirtió en uno de los principales luchadores del país por los derechos humanos, escribió libros clandestinos que contribuyeron a derribar gobiernos fundados sobre el narcotráfico...

Sus profundos análisis de la realidad boliviana, plasmados en una veintena de libros, fascinaron a un Evo Morales que iniciaba su carrera a la presidencia y que llevó al sacerdote navarro a dar mil charlas por el país. A los 83 años, Iriarte sigue escribiendo libros y artículos en su austera habitación de Cochabamba, mientras asiste con mirada crítica al proceso de transformación que Morales impulsa en Bolivia.

- Después de su labor evangelizadora en Argentina y Uruguay, en 1964 lo destinaron al campamento minero Siglo XX, en Llallagua, para dirigir la radio Pío XII. ¿Qué panorama encontró en las minas bolivianas?

-Llallagua era un hervidero. Cuando fui a la emisora por primera vez, el edificio estaba rodeado por vigilantes que llevaban armas y dinamita. Había un enfrentamiento muy fuerte con La Voz del Minero, la radio del sindicato comunista, y se atacaban unos a otros, a tiros, a bombazos. Aquello era la pura Guerra Fría, el este contra el oeste, ideología contra ideología, radio contra radio. Casi me da vergüenza contarlo.

El sindicato minero de Llallagua era el más poderoso del país. Y el más radical, el más de izquierdas. Bolivia dependía completamente del estaño y los mayores yacimientos estaban en Llallagua, así que una huelga allá podía ahogar al Gobierno. Los mineros organizaban paros y el Gobierno enviaba al Ejército. Se vivían grandes tensiones.

También descubrí que los mineros sufrían una explotación horrible: morían como moscas por los derrumbes, los gases, las explosiones y sobre todo por la silicosis, que les destrozaba los pulmones porque trabajaban en galerías sin ventilar. Las condiciones laborales eran pésimas, la empresa los alojaba en unas viviendas cochambrosas, apenas tenían médicos, las mujeres y los niños hacían cola desde las cuatro de la mañana para comprar comida en las pulperías [tiendas de comestibles, propiedad de la empresa minera estatal]... Empecé a preguntarme si todo aquello no era una injusticia tremenda, si en la radio Pío XII no estábamos haciendo una interpretación equivocada al ponernos siempre de parte de la empresa y del Gobierno.

-Entonces conoció a Federico Escóbar, el líder comunista de Llallagua.

-Nunca olvidaré el primer encuentro. Unos sindicalistas vinieron a pedirme que bendijera un proyector nuevo en el cine de Siglo XX, un cine regentado por el sindicato. Yo me resistí, al final fui de mala gana, y al entrar me encontré con Escóbar. Al verme, se quitó el sombrero y me dijo: "Padre, usted no quiere bendecir la máquina porque cree que la vamos a usar para poner películas comunistas. Mire: las cosas buenas y santas no necesitan bendición. Si usted cree que esto va a ser para algo malo, precisamente por eso tiene que bendecirlo". Al final bendije el proyector, bebimos unas cervezas y Escóbar me dijo unas cosas que me impresionaron: "Usted no me va a entender, pero yo soy 100% comunista y 100% católico. Lucho contra la injusticia, la explotación, la pobreza...". Bueno, le contesté, en eso también estoy yo. "Ya ha visto cómo trabajan y cómo viven los mineros, entonces dígame: ¿la radio va a estar con ellos o va a seguir apoyando a la empresa? Si está con los mineros, me tendrá a su lado. Si está con la empresa, me tendrá enfrente. Piense una cosa: si ahora viniera Cristo, que es su modelo y el mío, ¿con quién estaría?". Me fui a casa muy impresionado y les dije a mis compañeros oblatos: creo que nos estamos equivocando. Comunistas de verdad serán tres o cuatro, los demás les siguen porque luchan contra la injusticia. Deberíamos hacer lo mismo.

-¿Empezaron a colaborar con Escóbar y los sindicalistas?

-No hubo tiempo para nada porque vino una época muy dura. El general Barrientos dio un golpe de Estado en 1965 y una de sus primeras medidas fue rebajar a la mitad el salario de los mineros. Todas las minas del país se pusieron en huelga. Pero el Ejército organizó una represión tremenda y fueron rindiéndose una a una... menos Siglo XX. Al final, los militares rodearon el campamento y mandaron un mensaje para que lo difundiéramos en la radio: "Si Escóbar no se entrega voluntariamente, entraremos a buscarlo". Él vino a pedirme consejo y le propuse un plan de fuga, porque si no lo iban a matar: al día siguiente, antes de que amaneciera, saldríamos de Siglo XX en un coche. Iríamos tres: un gringuito voluntario que trabajaba con nosotros haría de chófer; yo, vestido de sotana, para impresionar un poco a los soldados; y Escóbar, con traje y corbata, haciéndose pasar por un amigo mío. Le preparamos un documento con nombre falso: Francisco Belzu, comerciante de Llallagua.

Salimos a las cinco de la mañana. Escóbar me dijo: "Padre, recemos tres avemarías, porque el viaje es muy peligroso". Mira, le contesté, justamente los marxistas dicen que el miedo crea a los dioses. "Es posible, pero le aseguro que yo rezo todas las noches, sin miedo". Así que rezamos y arrancamos.

Yo llevaba una cajetilla de tabaco en el bolsillo. Nunca he fumado, pero pensé que en algún momento podía venir bien para ofrecérsela a los soldados y relajar un poco la situación.

Llegamos a las alambradas de los militares, todavía de noche, y me saludó un capitán: "Padre, usted debe colaborar. Dicen que en Siglo XX los mineros están armados, tiene que decirnos cómo se han organizado, dónde están los dirigentes... Voy a llamar al coronel para que usted se lo explique". Le contesté que iba a Oruro a dar una misa y que a la vuelta se lo contaría todo, que no hacía falta despertar al coronel a esas horas. "De acuerdo, pero necesito ver sus documentos, tenemos que controlar los pasos, ya sabe ...". Le dimos los tres carnés y el capitán los acercó a los faros del coche para mirarlos. Miró el mío, luego el del gringuito... y justo entonces me acerqué y puse la caja de tabaco entre sus ojos y el documento falso de Escóbar: "Tome, mi capitán, reparta nomás". Apartó la mirada del carné, tomó los cigarros y empezó a dárselos a los soldados, todos felices. Yo recuperé rápido el documento. Nos levantaron la barrera y seguimos camino.

Dejé a Escóbar en Oruro, donde sus compañeros de partido le consiguieron otro coche para huir a Chile por el desierto, y yo volví con el chófer a Llallagua. De nuevo en la barrera, los militares me preguntaron sobre la organización de los mineros en el campamento, y yo les dije que no se iban a resistir, que no iban a usar armas. Se rieron: "Los comunistas siempre los engañan a ustedes los curas".

Un tiempo después, detuvieron a Escóbar cuando intentaba entrar de nuevo a Bolivia desde Brasil con el documento falso.

-¿Las autoridades sospecharon de su colaboración en la fuga?

-Sí. Ese documento falso me dio muchos problemas. Un día el presidente Barrientos me invitó a su casa, en La Paz. Comimos los dos solos, en un patio, y después de charlar sobre mil asuntos, me preguntó de golpe: "Padre, ¿quién sacó a Escóbar a Chile?". Le dije que yo mismo. "Ya lo sabía. ¿También le hizo usted el documento falso?". Claro, le respondí, porque salvar una vida es más importante que falsificar un carné. Barrientos me dijo que estaba de acuerdo, pero que los militares andaban muy enfadados con el asunto.

(Seguirá mañana: "Planearon el ataque al campamento minero para conseguir una matanza").

Publicado el 6 de mayo de 2010 a las 10:15.

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Todo lo que nos molesta es demagogia

Archivado en: Bolivia, Gregorio Iriarte, Periodismo, Miguel Sánchez-Ostiz

(Viene de ayer: "Periodismo sin afán de lucro")

La entrevista que le hice en Cochabamba al cura navarro Gregorio Iriarte también ha dado más vueltas que la cabeza de San Gregorio. Iriarte ha dedicado los últimos 45 años de su vida a luchar en primerísima línea por los más pobres y los oprimidos de Bolivia: estuvo en los conflictos y las masacres de mineros de los años 60, fundó asociaciones secretas para defender los derechos humanos durante las dictaduras atroces de los 70, escribió libros clandestinos con denuncias que acabaron derribando a los narcogobiernos bolivianos de finales de los 70 y principios de los 80... Se jugó el pellejo muchas veces, fue detenido, algunos compañeros suyos fueron torturados y asesinados (el jesuita y periodista Espinal, el político y escritor Quiroga Santa Cruz...) y él mismo fue expulsado del país en tres ocasiones, siempre por defender a las víctimas de la injusticia.

Como dije ayer, aquellos diarios con los que yo contaba para publicar mis reportajes bolivianos no los quisieron. Tampoco esta entrevista. Otro diario regional me dijo que sí, que la publicarían... siempre que aceptara hacerlo gratis. Ese diario ganaba millones de euros todos los años, así que me negué, claro. Después la historia le interesó a una revista de ámbito español. El redactor jefe me dijo que la publicarían entera: el original es un texto bastante largo, pero quería darlo íntegro porque le parecía que su interés lo justificaba. Me detalló lo que me iban a pagar, comenzó a editarla... y de pronto el dueño de la revista (no el redactor jefe ni el director: el dueño millonetis, el propietario de la publicación) dijo que nones, que no se publicaba porque este cura Iriarte era "amigo de los comunistas" (es la acusación con la que el narcogobierno boliviano de finales de los 70 expulsó a Iriarte del país). El dueño, que alardea de ser cristiano, también respondió en el mismo mail que en su revista sólo aparecen personas "de cuya virtud no se pueda dudar".

Copio unas líneas recientes de Miguel Sánchez-Ostiz, quien precisamente me dio la pista para visitar al cura navarro de 83 años en la austera habitación en la que vive en Cochabamba: "Iriarte ha conocido y padecido los peores años de dictaduras y represiones, y compartido las condiciones de vida de los mineros del estaño, en Llallagua, Uncía y Catavi. Se enfrentó a la injusticia y al crimen con vigor y de una manera pacífica y convincente, movido por lo que para él son irrenunciables valores cristianos: estuvo con los perseguidos, con los más débiles, con los más pobres. Lástima que estas expresiones suenen a demagogia. Todo lo que nos resulta molesto es demagogia".

Para el dueño de esa revista, el relato que hace Iriarte de las injusticias que han padecido millones de bolivianos es... "una sutil justificación de Evo Morales".

Al leer ese argumento, a mí se me quedó la mandíbula colgando.

Os invito a que leáis la entrevista (aquí está entera, la iré publicando por partes en el blog) y juzguéis vosotros mismos. Pero os cuento lo que se me pasa por la cabeza: que hace falta mucho coraje para seguir de verdad esos principios evangélicos, para estar con los perseguidos, los débiles, los pobres. El compromiso de quienes sí lo hacen, como Iriarte, incomoda a los que somos más pasivos, porque nos hace cuestionarnos muchas cosas sobre nosotros mismos, nuestro modo de vida, nuestras responsabilidades. Algunos, para no tener que dudar de sí mismos, que eso siempre escuece, prefieren alardear de su virtud, juzgar a los demás y hacer aspavientos morales. Es mucho más cómodo ver el mundo desde una trinchera y sentirse satisfecho por estar del lado de los buenos.

La revista de este señor proclama sus "raíces cristianas" y presume de "animar el debate intelectual" siguiendo "una concepción liberal y abierta del pensamiento". Muy bonito, pero a la hora de la verdad elimina cualquier idea que raspe su superioridad moral: porque Iriarte es muy crítico con Evo Morales, veréis que le da mucha caña con razones y con fundamento, pero en menor medida también le reconoce algunos méritos y dice que está aprendiendo a gobernar mejor. Y eso, reconocerle bondades a un personaje tabú como Morales, retocar un poco la idea que tenemos de un país tabú como Bolivia, hace que para algunos Iriarte sea sospechoso y que su voz se deba silenciar.

*

Al final, la entrevista se publicó en el diario Berria y, por mediación de un amigo periodista, en La Voz de Galicia.

Publicado el 4 de mayo de 2010 a las 19:15.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

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