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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Los fuegos del conde Ciano

Archivado en: Donostia, familia, Ciano

(También en Letras enredadas).

Mi abuela Pepi lleva setenta años ahorrándose los fuegos artificiales de la Semana Grande.

-Bah -dice-, yo ya vi los que echaron cuando vino el conde Ciano. Y mejor que eso...

Hacia 1940, San Sebastián recibió con tremenda pirotecnia la visita del conde Ciano, ministro de Asuntos Exteriores de la Italia fascista y yerno de Mussolini.

-Aquello fue terrible- dice mi abuela-. Gastaron una fortuna.

Yo, sin embargo, todos los años cumplo con el rito de asistir al menos una vez al muelle para ver los fuegos. Siempre hablo del conde Ciano a mis amigos, que de un año para otro siempre lo olvidan; siempre cuento el mismo chiste ("¿Qué tal los fuegos? Bah, artificiales"), que de un año para otro mis amigos nunca olvidan; y al final siempre digo, aplastado entre los miles de espectadores que intentan entrar a presión por el arco de Portaletas, que el año que viene no vuelvo.

La mañana siguiente telefoneo a mi abuela, le digo que la víspera la bahía estaba preciosa y que lanzaron unos fuegos impresionantes, y ella siempre me responde...

-...no serían como los del conde Ciano.

Y pienso en algunas ventajas de tener 87 años.

*

Foto: el conde Ciano (en la extrema derecha, valga el pleonasmo) hace cola txintxo-txintxo con unos amigos para pedir un helado de stracciatela en Los Italianos.

Publicado el 13 de agosto de 2009 a las 15:45.

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Juan Alcorta: "Eta: me encontraréis en Atocha"

Archivado en: Familia, Juan Alcorta, Paísss

Patxi, el que veía boinas por todas partes, no fue el único Alcorta con casta. Su hermano Juan, también tío abuelo mío, fue un emprendedor que además tuvo unas buenas agallas, como veréis.

Los Alcorta regentaban Casa Irurtia, un almacén de aceites que se encontraba en la esquina de las calles Narrica y 31 de agosto, en la Parte Vieja donostiarra. En los años 50, Juan Alcorta convenció a los once almacenes de aceite que existían en Guipúzcoa para unirse y fundar Koipe. Más tarde aplicó la misma idea al gremio del vino y fundó Savin, que ahora se llama Bodegas y Bebidas. Seguro que muchos de vosotros habéis soplado unos cuantos alcortas. Y alguno quizá haya visitado la bodega Juan Alcorta, en Logroño. En 1975, Juan fue uno de los fundadores de Bankoa (Banco Industrial de Guipúzcoa).

En 1980 recibió una carta amenazante de Eta en la que le pedían 20 millones de pesetas bajo la acusación de ser un burgués. "Así será si Eta lo dice,"  respondió, "pero me extraña que saquen la conclusión de que debo purgar ese delito dándoles el dinero a ellos". Se le planteaban cuatro opciones: 1) pagar, 2) negociar con Eta, 3) marcharse de Euskadi, y la que al final decidió: 4) "no pagar, no negociar y seguir viviendo aquí, poco o mucho, no lo sé".

El 29 de abril de 1980 publicó en todos los periódicos vascos una carta abierta a Eta, en la que anunciaba su negativa a pagar. "Sé que con esta decisión puedo poner en peligro los años que me puedan quedar de vida, pero hay algo en mi conciencia, en mi manera de ser, por la que prefiero cualquier cosa que ceder a un chantaje que está destruyendo mi tierra. (...). Los vascos no somos cobardes".

"Eta: seguiré viviendo como he vivido siempre. Me veréis en las empresas de las que soy responsable. Me veréis en Atocha, aplaudiendo a la Real. Me veréis en algún partido de pelota. Me veréis en alguna sociedad popular cenando (...). Así pues, no tendréis necesidad de buscarme, como decíais en la carta".

Un txapeldun de verdad.

Publicado el 19 de mayo de 2009 a las 11:30.

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Veía boinas por todas partes

Archivado en: Familia, Patxi Alcorta, Alirón, Txapeldun, Cuidadores de mundos

Los vizcaínos inventaron el grito triunfal del alirón. Y lo cuidan con tanto mimo que llevan 25 años sin cantarlo para que no se gaste (al menos en el fútbol de élite masculino). Pues bien, los guipuzcoanos inventamos la palabra vasca para decir "campeón": txapeldun (literalmente: "el que tiene txapela"), y también llevamos 22 años sin cantarlo (al menos en el fútbol de élite masculino). Es más: la palabra txapeldun con el significado de campeón nació en mi familia. Ahí queda eso.

(Foto: Urtain txapeldun).

La historia del alirón es conocida. Ese grito de celebración nació en las minas de Triano, a dos pasos de Bilbao, cuando las compañías inglesas explotaban los grandes filones de la zona: "Si el hierro extraído era muy puro, los mineros cobraban paga extra. Se pasaban la noticia con un canto triunfal: «¡Alirón!, ¡alirón!». Eran las palabras que los ingenieros británicos habían escrito con una tiza en el mineral: all iron. ¡Todo hierro!".(estas líneas pertenecen a La montaña del alirón (pdf), el primer capítulo del libro Cuidadores de mundos).

La palabra txapeldun debe de existir desde que existen las txapelas. Pero el significado de txapeldun como "campeón" sólo tiene unas décadas de historia. Porque la costumbre de poner txapelas a los campeones es reciente: la inventó Patxi Alcorta, el hermano de mi abuela Maritxu.

Mi tío abuelo Patxi. Menudo tío. Menudo historial de apuestas, inventos y empeños. Se dedicaba a vender globos a los niños (en Semana Santa sólo los vendía morados) y durante años se devanó los sesos para inventar un globo cuadrado. Una vez se fue a la playa de La Concha con un burro llamado Armaxapo, lo ató a una cometa gigantesca y trató de pasarlo volando hasta la isla de Santa Clara. El periodista Roberto Pastor le hizo una entrevista sobre aquella apuesta en la que perdió mil pesetas: "Hacía mucho viento -explicaba Patxi- y no es que voló el burro, es que casi me lleva a mí". "¿Y qué hiciste? ¿Soltarlo?". "No. Até". Le encantaban las cometas: un día, ató dos de ellas a unos árboles en el monte Ulía, les puso varias luces y las soltó. Bajó al paseo de la Zurriola y empezó a dar voces y a señalar aquellas luces flotantes, diciendo que era un ovni. En la víspera de Reyes se disfrazaba de astronauta en el paseo de la Concha, recogía las cartas de los niños y las lanzaba al cielo en globos de gas.

Otro día, se acercó a una apuesta de arrastre de piedras con bueyes y anunció que invitaba al campeón a comer en su bar (el ya desaparecido bar Irutxulo, en la calle Puerto, número 9). Cuando al mediodía apareció el casero ganador, Patxi dijo que él no, que la prueba la habían ganado los bueyes. El casero dio media vuelta, apareció al rato con los bueyes y los metió en el bar. Tengo por ahí un par de fotos estupendas de aquel momento (a ver si cuelgo esas y otras): aparece Patxi dando un cubo de vino a los bueyes ganadores, que están apretados entre la barra y la pared. El jaleo vino cuando descubrieron que los bueyes no tienen marcha atrás... En ese mismo bar comían  todos los ganadores del Cross Internacional de Lasarte. Y Patxi les pedía que primero sirvieran un rato en la barra: Emil Zatopek, Mariano Haro, Abebe Bikila y Mamo Wolde estuvieron sirviendo vinos a las cuadrillas de poteadores de la Parte Vieja.

Otra idea de Patxi sigue resonando en los domingos donostiarras: se le ocurrió lanzar cohetes desde el campo de Atotxa para que los pescadores supieran cómo iba la Real. Cuando marcaban los de casa, lanzaba dos cohetes. Cuando marcaba el rival, uno. Al principio le ponían una multa por cada cohete. Luego la costumbre se institucionalizó. Y ahora, desde Anoeta, se mantiene ese morse dominical donostiarra.

En ese trato habitual con los deportistas, Patxi decidió que a los campeones había que distinguirlos con un regalo propio de la tierra. "Lo de los trofeos y las copas es cosa de belarrimotzas", decía (belarri motz: oreja corta; es decir, "no vasco"). Y se lanzó a regalar boinas a los deportistas o a personas ilustres que recibieran algún homenaje. Al principio se las bordaban las monjas adoratrices, pero la idea tuvo éxito y pronto tuvo que encargarlas en cantidades industriales. En 1968 se fue a los Juegos Olímpicos de México con un saco de boinas. Se acercó a Tommie Smith y John Carlos, los atletas negros estadounidenses que reivindicaron el Black Power en el podio, y les regaló unas txapelas. También viajó por medio mundo siguiendo al boxeador Urtain y poniéndole boinas cuando ganaba los combates.

La idea tuvo un curioso origen alcohólico y una ventaja evidente. "Lo de las txapelas se me ocurrió en un delirium tremens. Veía boinas por todas partes. Y por eso luego las hice de todos los tamaños, desde txapelas enormes para ponérselas a los deportistas hasta pequeñitas para colgar en el retrovisor de los coches. A los atletas les hace más ilusión una boina que una copa. No hay que andar limpiándolas, como los trofeos. Se sacude y ya está".

Publicado el 16 de mayo de 2009 a las 07:15.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

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