miércoles, 23 de septiembre de 2020 12:42 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

El maritate

Archivado en: Viajes, Australia, Islandia, Bolivia, Potosí, Llallagua, Minería

A la vuelta del viaje empezamos a montar una narración, un relato principal al que le vamos quitando unas piezas y añadiendo otras, y que al final se consolida en forma de reportajes, libros o charlas. Con el tiempo, esa narración se ensambla del todo y apenas recordamos ninguna otra cosa: creemos que el viaje fue lo mismo que el relato.

Por eso resulta fascinante -y un poco inquietante- volver a los cuadernos de notas unos años después. Porque se descubre algo tan obvio y tan rápido de olvidar como que el relato es un mecano. Y también encontramos algunas piezas bastante curiosas que se quedaron fuera.

Entre las esquirlas de esa materia prima abandonada, encuentro el diálogo que tuvimos en Australia con un viticultor transilvano, exiliado del régimen comunista, cuyos viñedos fueron gaseados por un grupo de racistas australianos, y que nos echó una larga bronca y nos preguntó por qué los vascos poníamos bombas, en vez de estar agradecidos al rey Juan Carlos, que derrotó al franquismo.

O el detalle de la curiosa disposición de hombres y mujeres en la pequeña iglesia rural de Vidimyrarkirkja, en Skagafjordur (Islandia). La iglesia está construida con troncos varados en las playas, algo común en un país sin árboles: dedicaron cuatro años a recoger esa madera de acarreo y otros tres años a secarlos. En la iglesia, orientada de este a oeste, las mujeres  de antaño se sentaban en los bancos del lado norte (a la izquierda, mirando al altar) y los hombres en los del sur. Según el cura, esa disposición tenía que ver con la posición de los botones del pecho en el traje tradicional de las mujeres: se cerraban de derecha a izquierda, así que en el interior de la iglesia colocaban a los hombres a la derecha para que no pudieran mirar el pecho de las mujeres a través de las rendijas entre botón y botón.

Estos días ando pasando los apuntes de los cuadernos bolivianos al ordenador, reescribiendo, recordando, reposando. Y descubro que en sólo unas semanas ya he olvidado algunos detalles muy interesantes: se habían quedado fuera del relato que en este tiempo íbamos construyendo en los primeros reportajes, en las entrevistas por la radio, en las tundas a los amigos.

Hemos hablado de los niños mineros de Bolivia, de los que pican piedra en el interior de las galerías y también de los que trabajan fuera, en los ingenios (moliendo mineral, acarreando sacos de cincuenta kilos, cribando la gravilla en bandejas de agua mezclada con ácidos y xantato...). Una vez concentrado el estaño, los ingenios arrojan las aguas sobrantes, saturadas de ácidos, a una quebrada apestosa, alfombrada de basuras y cadáveres de animales putrefactos. Si caminamos orilla abajo, pronto encontraremos a otros niños que meten sus manos desnudas en el arroyito tóxico. Trabajan con los maritates, unos cedazos móviles que accionan a mano para filtrar las aguas inmundas y sedimentar alguna partícula de estaño, como hace esta niña de la foto en Llallagua. Los trabajadores de los maritates suelen padecer problemas respiratorios, dolores de cabeza y enfermedades de la piel.

Es una historia demasiado terrible como para olvidarla. Pero al repasar y transcribir los cuadernos, en este maritate sin riesgos que es el ordenador, he rescatado una partícula que ya corría aguas abajo y que merece la pena retener.

Las responsables de Cepromin, la oenegé boliviana que ayuda a sobrevivir a las familias mineras más necesitadas, organizaron una excursión para las madres que viven en las bocaminas. Estas mujeres, casi siempre viudas, viven en casetas de adobe en la misma boca de las minas de Potosí, en un pedregal a 4.300 metros de altitud, con media docena de hijos hacinados en veinte metros cuadrados, con el suelo embarrado por las goteras, pasando frío y hambre, expuestas a robos y violaciones, sin electricidad ni agua corriente, comiendo apenas maíz hervido, utilizando las aguas tóxicas que manan de las bocaminas para el aseo y la limpieza.

Además de ayudarles a sobrevivir y de impartirles cursos para que aprendan algún oficio, las responsables de Cepromin quisieron organizar una excursión para que estas mujeres tuvieran al menos un día de descanso y distracción: planearon una visita a unas aguas termales cercanas a Potosí.

-Las madres tenían muchísimo interés, estaban muy contentas -nos dijo Iblin, trabajadora social de Cepromin-. Creíamos que era por la excursión, por el día de fiesta, por la idea de bañarse en el balneario. Pero descubrimos cuál era el motivo: vinieron todas con un montón de sábanas, porque en las fuentes tendrían agua limpia para lavarlas.

*

Algunas cosas que escribí sobre la marcha: Una esclava de 14 años / Un paseo de señoritas

Publicado el 29 de octubre de 2009 a las 11:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Mineritos

Archivado en: Viajes, Bolivia, Potosí, Abigaíl, Minería

Dani cuenta más detalles de las historia de Abigaíl, la niña esclava que conocimos en Potosí, y cuelga unas fotos impresionantes.

 

Publicado el 9 de octubre de 2009 a las 08:00.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Abigaíl

Archivado en: Viajes, Boliva, Potosí, Minería, Abigaíl

Estamos en la sofocante Santa Cruz de la Sierra, en las llanuras orientales, después de visitar la ciudad inca de Samaipata y el bosque de helechos gigantes de Amboró. Pronto saldremos hacia el Chaco, donde nos esperan no sé cuántos equipos de madres indígenas futbolistas, a las que ojalá podamos ver pronto en la Donosti Cup.

Mientras tanto, os dejo algunas fotos de Abigaíl Canaviri Canaviri, la niña de 14 años que trabaja en régimen de esclavitud en las minas de Potosí. Dani tendrá fotos mucho mejores. Si queréis recordarla, éste es un resumen de la historia.

En la primera foto, Abigaíl está en su casita de adobe, situada en las laderas del Cerro Rico de Potosí, a unos 4.300 metros de altitud, junto a la misma bocamina por donde la niña entra a trabajar todas las noches. La casita, perforada por grietas y goteras, sin agua ni luz, sólo tiene una habitación. En esa cama duermen Abigaíl, su madre y su hermano pequeño. En esta casita, la madre de Abigaíl guardaba esas tres máquinas de los mineros, que le fueron robadas y por las que tiene una deuda de 21.000 dólares que les obliga a trabajar gratis a ella y a su hija.

En la segunda, Abigaíl posa en la bocamina.

En la tercera aparece en el interior de la mina, donde está el Tío, el demonio subterráneo al que los mineros hacen ofrendas de hojas de coca, alcohol, cigarros, confetis... para pedirle protección y buenos minerales. Si os fijáis mucho, debajo de la cinta verde del centro de la imagen podréis adivinar una especie de rostro grabado en la pared. Se parece a Luis Carandell pero es el Tío, que generalmente suele aparecer representado por una figura de barro o madera, casi de tamaño humano, con cuernos y muecas espantosas.

 

Publicado el 19 de septiembre de 2009 a las 01:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Una esclava de 14 años

Archivado en: Viajes, Bolivia, Potosí, minería

A las ocho de la noche los mineros terminan su jornada. Entonces empieza el turno de Abigaíl Canaviri Canaviri, de 14 años. La chica se calza el casco, la lámpara, las botas de goma, se mete por una bocamina angosta y medio inundada, y camina mil quinientos metros por las entrañas del Cerro Rico de Potosí, hasta alcanzar el fondo de la galería.

Allí, en ese pozo asfixiante, le esperan las rocas arrancadas por los mineros durante el día. Abigaíl, casi siempre sola, a veces con su madre viuda, amontona las rocas en una vagoneta que luego debe empujar por los raíles hasta el exterior, con una carga cercana a los cuatrocientos kilos (sólo la vagoneta pesa cien).

Abigaíl necesita dos horas para entrar hasta el fondo de la galería y sacar una vagoneta cargada. Repite la operación hasta siete u ocho veces durante la noche. Comienza a las ocho de la noche y no suele terminar la tarea hasta las diez o las once de la mañana.

Por ese trabajo de catorce horas le pagaban 20 pesos diarios (2 euros). Pero desde hace un año, Abigaíl trabaja gratis. No le pagan una sola moneda: sus minúsculas ganancias se las restan a la monstruosa y absurda deuda de 21.000 dólares que le cargaron a su madre viuda.

Leer texto completo »

Publicado el 10 de septiembre de 2009 a las 14:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Un paseo de señoritas

Archivado en: Viajes, Bolivia, Llallagua, Mineria

Modesto Pérez lleva 44 años trabajando en las minas de estaño de Llallagua, desde los 15 hasta los 59. No queda casi nadie de su generación: todos murieron sepultados por derrumbes o con los pulmones desmigajados por la silicosis.

"Antes las vetas eran como un brazo de ancho; ahora son asicito, como un dedo. Ahora los mineros trabajan por su cuenta, ya no hay empresa estatal ni empresa privada, y como apenas ganan para la supervivencia del día, hace ya muchos años que no hacen ningún trabajo de mantenimiento: en algunos sitios robaron los rieles por donde las vagonetas sacaban el mineral, ya no funcionan las tuberías para bombear el oxígeno al interior, la jaula (el ascensor para bajar a las galerías inferiores) sólo funciona a veces, y en las otras veces los mineros bajan por escaleritas, cuarenta o sesenta metros en vertical, y suben cargando pesados sacos de mineral al hombro, cuando antes se hacía con máquina. Cada cuadrilla perfora por donde quiere, arriba, abajo, en diagonal, y se encuentran con otras galerías que no conocen, y hay derrumbes... Harta gente muere porque excava sin saber lo que hay encima y se le derrumba la galería. O porque trabajan en callejones muy estrechos, donde sólo pueden entrar arrastrándose, y como ya no hay sistema de ventilación, encuentran una bolsa con gas y se ahogan".

Leer texto completo »

Publicado el 7 de septiembre de 2009 a las 08:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Mineros en huelga, soldados salseros

Archivado en: Viajes, Bolivia, La Paz, minería

David Araña, minero en huelga

David Araña Morales, dirigente de los mineros de Huanuni, sale del ministerio y se acerca a los compañeros y los familiares que le esperan en la calle, sentados en plena avenida Mariscal Sucre, en el centro de La Paz, con pancartas en las que piden al presidente Evo que acabe con la miseria y el hambre que padecen.

 "Nos dijeron que el presidente de la Comibol (Corporación Minera de Bolivia) nos recibirá a las tres. Debe darnos ya una solución, porque si no tendremos que radicalizar las medidas. Haremos huelgas de hambre con nuestros hijos y nuestras mujeres. Hemos venido muy respetuosos hasta La Paz, pero no aguantamos más.

"En el 2006 perdimos los puestos de trabajo en las minas de estaño de Huanuni. El Gobierno nacionalizó la mina, la puso bajo control de la empresa estatal. Nosotros no quisimos entrar en la empresa estatal, porque nuestros antiguos dirigentes nos dijeron que el sistema de la cooperativa iba a seguir funcionando. Nos estafaron. Ya no hubo más cooperativas. Y trajeron a mineros de otros departamentos de Bolivia y hasta de Argentina para trabajar en nuestros puestos. Nos alegramos por ellos, que son compañeros, pero le pedimos al Gobierno que nos reincorpore a las minas.

"Somos 1.200 mineros en paro. Llevamos tres años sin trabajar. Y ya no aguantamos más. Nos ofrecieron once minas para que las explotáramos en cooperativa, las caminamos todas y vimos que eran yacimientos agotados. Nos tomaron el pelo. Nos hicieron once ofertas en vano, para que nos cansáramos, para que nos rindiéramos. Pero la miseria y el hambre de nuestros hijos nos empuja. No nos rendiremos nunca.

Sobrevivimos como podemos, trabajando en lo que sea. Pero no nos alcanza y vivimos en una gran pobreza. A algunos compañeros se les han muerto niños pequeños, por mala alimentación. Y otros compañeros de Oruro se autoeliminaron: un minero y su mujer se ataron dinamita en el cuerpo y la explotaron. De ellos sólo quedaron pedacitos.

Usted sabrá que este Gobierno atiende de inmediato las peticiones de los originarios [los indígenas]. Los originarios entran en palacio con paso de parada. Nosotros también somos bolivianos y también tenemos derecho a que nos atiendan. Pedimos al Gobierno que nos dé puestos de trabajo, porque ya no podemos más".

Mineros

Sargento Mamani y sargento Ruiz, cantantes de cumbias

En la plaza Murillo, sede del palacio presidencial, el congreso y la catedral de La Paz, la banda del Comando General del Ejército toca cumbias, salsa y merengue. Los sargentos Mamani y Ruiz, dos virtuosos, cantan cumbias como "Hoy aprendí" o "Bella María",  contonean las caderas y piden palmas al numeroso público. "Has tirado nuestro amor por la ventana. / Tendría que llorar por ti / pero me río", canta el sargento Mamani. Entre canción y canción, prometen premio para la espectadora más alegre de la plaza: un beso de los sargentos.

 

 

Publicado el 1 de septiembre de 2009 a las 11:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

facebook.com/ander.izagirre

Enlaces

La primera etapa de este blog:

Aquel blog con ruedas:

Amigos y maestros:

- Entre Asia y Europa (Zigor Aldama)

- Las ciudades visibles (Oskar Alegría)

- Balazos (David Álvarez)

- Independent docs (Unai Aranzadi)

- Salam agur (Mikel Ayestarán)

- El kiliki errante (Daniel Burgui)

- Leitzaran (Xabier Cabezón)

- Sintomático (Miguel Carvajal)

- Vagamontañas (Eider Elizegi)

- Sergio Fanjul (pues eso)

- Mari kazetari (June Fernández)

- Harrikadak (Mikel Iturria)

- La buena prensa (Miguel Ángel Jimeno)

- Cosas de cumbres (Javier Marrodán)

- Diario de un escéptico (Jaime Martín)

- Momo dice (Lucía Martínez Odriozola)

- Fogonazos (Antonio Martínez Ron)

- Letras enredadas (Pedro de Miguel)

- El jukebox (Alberto Moyano)

- Allendegui (Juan Andrés Muñoz)

- El canódromo (Javier Muñoz)

- Eresfea (Josean Pérez Aguirre)

- Gente de internet (Leandro Pérez Miguel)

- Paper papers (Toni Piqué y Gonzalo Peltzer)

- El adversario (Carlos Ranedo)

- Carreras del mundo (Marc Roig)

- Un quiosco de malaquita (Mònica Roig)

- Un vikingo en Asia (Eric San Juan)

- Vagón-bar (Paco Sánchez)

- Vivir de buena gana (Miguel Sánchez Ostiz)

EN TU MAIL

Recibe los blogs de Gente en tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Recibe este blog tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD