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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Dilema del periodista autónomo en día de huelga

Archivado en: Periodismo

Si hoy, jornada de huelga general, dejo de escribir el trabajo en el que estaba metido estos últimos días, no cobraré. Y si, por el contrario, sigo escribiendo, tampoco cobraré.

(En la imagen, que parece una viñeta de El Roto, un porteador del Karakórum en el campamento de Hispam. La tomé en el mismo minuto que la foto de la segunda rueda de prensa del post anterior).

Publicado el 29 de septiembre de 2010 a las 10:15.

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"Si me secuestran, que no paguen ni un franco"

Archivado en: Periodismo, Alberto Arce, Bru Rovira, Félix Pérez, Unai Aranzadi

Félix Pérez, un soriano que vive en Burkina Faso impulsando proyectos de cooperación, escribe en FronteraD un artículo muy crítico con el pago del rescate por los cooperantes catalanes secuestrados y con matices muy interesantes sobre el tipo de ayuda solidaria que desarrollaban.

Aquí van unos fragmentos del texto, titulado "Cooperantes elegantes":

"No puedo evitarlo. Me parece una vergüenza que se haya pagado ningún rescate".

"Ahora, después de la liberación de los cooperantes españoles Roque y Albert, siento como si todos me miraran como una hucha humana que puede valer más de 4 millones de euros".

"¿Sabe el Gobierno lo que supone para los que vienen detrás o los que nos quedamos?".

"Me alegro de que esas personas estén vivas y libres, pero ¿a costa de qué?

¿Desde cuándo se hacen estas cosas con los terroristas?

En lo que a mí respecta voy a quedarme por aquí, por más que sienta como si me hubieran etiquetado el precio en la frente (quitaré la bandera española que llevaba en la furgoneta), a pesar de lo que puede suponer el que AQMI [Al Qaeda del Magreb Islámico] sepa que los españoles somos un objetivo preferente: pagamos.

Pero haré lo imposible, si llegara el caso, por que el secuestro no funcione, de una u otra manera. Y, por supuesto, me niego, al coste que sea, que se entregue un franco CFA a terroristas para rescatarme".

*

Otras lecturas del domingo.

Bru Rovira: Los jefes del periodismo "ven la vida en blanco y negro", "no tienen ningún interés por la complejidad de los conflictos" y las víctimas son para ellos "sólo un producto para emocionar a la audiencia".

*

Alberto Arce: "Espejismos de Afganistán". Cuando las víctimas tampoco son inocentes.

*

La FAPE (Federación de Asociaciones de Periodistas de España) condena la oleada de violencia contra periodistas y medios en América Latina. Unai Aranzadi, como viene haciendo desde hace unos meses, denuncia que diez periodistas hondureños han sido asesinados desde el golpe de Estado contra Zelaya y sus muertes son ignoradas en las condenas y los informes de ciertas asociaciones y organizaciones de periodistas.

*

"La publicación de los 'papeles de Afganistán' por Wikileaks abre debates sobre la información sin filtros - Poner vidas en riesgo es uno de los tabúes rotos".

Publicado el 29 de agosto de 2010 a las 13:00.

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Todo lo que nos molesta es demagogia

Archivado en: Bolivia, Gregorio Iriarte, Periodismo, Miguel Sánchez-Ostiz

(Viene de ayer: "Periodismo sin afán de lucro")

La entrevista que le hice en Cochabamba al cura navarro Gregorio Iriarte también ha dado más vueltas que la cabeza de San Gregorio. Iriarte ha dedicado los últimos 45 años de su vida a luchar en primerísima línea por los más pobres y los oprimidos de Bolivia: estuvo en los conflictos y las masacres de mineros de los años 60, fundó asociaciones secretas para defender los derechos humanos durante las dictaduras atroces de los 70, escribió libros clandestinos con denuncias que acabaron derribando a los narcogobiernos bolivianos de finales de los 70 y principios de los 80... Se jugó el pellejo muchas veces, fue detenido, algunos compañeros suyos fueron torturados y asesinados (el jesuita y periodista Espinal, el político y escritor Quiroga Santa Cruz...) y él mismo fue expulsado del país en tres ocasiones, siempre por defender a las víctimas de la injusticia.

Como dije ayer, aquellos diarios con los que yo contaba para publicar mis reportajes bolivianos no los quisieron. Tampoco esta entrevista. Otro diario regional me dijo que sí, que la publicarían... siempre que aceptara hacerlo gratis. Ese diario ganaba millones de euros todos los años, así que me negué, claro. Después la historia le interesó a una revista de ámbito español. El redactor jefe me dijo que la publicarían entera: el original es un texto bastante largo, pero quería darlo íntegro porque le parecía que su interés lo justificaba. Me detalló lo que me iban a pagar, comenzó a editarla... y de pronto el dueño de la revista (no el redactor jefe ni el director: el dueño millonetis, el propietario de la publicación) dijo que nones, que no se publicaba porque este cura Iriarte era "amigo de los comunistas" (es la acusación con la que el narcogobierno boliviano de finales de los 70 expulsó a Iriarte del país). El dueño, que alardea de ser cristiano, también respondió en el mismo mail que en su revista sólo aparecen personas "de cuya virtud no se pueda dudar".

Copio unas líneas recientes de Miguel Sánchez-Ostiz, quien precisamente me dio la pista para visitar al cura navarro de 83 años en la austera habitación en la que vive en Cochabamba: "Iriarte ha conocido y padecido los peores años de dictaduras y represiones, y compartido las condiciones de vida de los mineros del estaño, en Llallagua, Uncía y Catavi. Se enfrentó a la injusticia y al crimen con vigor y de una manera pacífica y convincente, movido por lo que para él son irrenunciables valores cristianos: estuvo con los perseguidos, con los más débiles, con los más pobres. Lástima que estas expresiones suenen a demagogia. Todo lo que nos resulta molesto es demagogia".

Para el dueño de esa revista, el relato que hace Iriarte de las injusticias que han padecido millones de bolivianos es... "una sutil justificación de Evo Morales".

Al leer ese argumento, a mí se me quedó la mandíbula colgando.

Os invito a que leáis la entrevista (aquí está entera, la iré publicando por partes en el blog) y juzguéis vosotros mismos. Pero os cuento lo que se me pasa por la cabeza: que hace falta mucho coraje para seguir de verdad esos principios evangélicos, para estar con los perseguidos, los débiles, los pobres. El compromiso de quienes sí lo hacen, como Iriarte, incomoda a los que somos más pasivos, porque nos hace cuestionarnos muchas cosas sobre nosotros mismos, nuestro modo de vida, nuestras responsabilidades. Algunos, para no tener que dudar de sí mismos, que eso siempre escuece, prefieren alardear de su virtud, juzgar a los demás y hacer aspavientos morales. Es mucho más cómodo ver el mundo desde una trinchera y sentirse satisfecho por estar del lado de los buenos.

La revista de este señor proclama sus "raíces cristianas" y presume de "animar el debate intelectual" siguiendo "una concepción liberal y abierta del pensamiento". Muy bonito, pero a la hora de la verdad elimina cualquier idea que raspe su superioridad moral: porque Iriarte es muy crítico con Evo Morales, veréis que le da mucha caña con razones y con fundamento, pero en menor medida también le reconoce algunos méritos y dice que está aprendiendo a gobernar mejor. Y eso, reconocerle bondades a un personaje tabú como Morales, retocar un poco la idea que tenemos de un país tabú como Bolivia, hace que para algunos Iriarte sea sospechoso y que su voz se deba silenciar.

*

Al final, la entrevista se publicó en el diario Berria y, por mediación de un amigo periodista, en La Voz de Galicia.

Publicado el 4 de mayo de 2010 a las 19:15.

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Periodismo sin afán de lucro

Archivado en: Periodismo

Últimamente me quejo demasiado de los problemas que estoy teniendo para publicar ciertos reportajes en ciertos medios y prometo dejar de hacerlo. Pero, antes de callarme ya, me parece interesante que conozcáis las andanzas que han tenido algunos textos, para que veáis cómo está el patio.

El caso que más me escoció fue el de "Mineritos", el reportaje sobre los niños mineros de Bolivia. Los diarios con los que yo ingenuamente contaba no quisieron pagarlo, ni aunque fuera medio regalado. Están en su derecho y están en crisis: vale. Lo malo es que me marearon durante dos meses con un sí-pero-no-pero-sí-pero-no muy poco respetuoso y con anécdotas bastante chuscas, que acabó sin ninguna explicación: simplemente dejaron de contestar a los mails. Después, gracias al empeño de un par de amigos periodistas, iba a publicarse en cierto gran diario. Hasta que en el último momento un jefe lo rechazó alegando que el tema de los niños mineros era "demasiado duro" para sacarlo un plácido domingo.

Saqué una conclusión muy valiosa. Los medios que se interesaron de verdad por la historia de los mineritos bolivianos fueron Berria, que lo publicó en euskera; Zazpika, el dominical del diario Gara, que lo hubiera sacado en castellano de no ser porque acababan de publicar un tema muy parecido; y la revista Nuestro Tiempo, editada por la Universidad de Navarra, que lo publicó en castellano. Es decir: medios del ámbito euskaltzale-abertzale por una parte y del Opus Dei por otra. Para mí la conclusión es clara: esos medios son islotes de ideología en un océano de business. Ninguno pretende ser un negocio. (Luego también se publicó en FronteraD: el mismo caso).

Los mejores reportajes que estoy leyendo últimamente se publican en nuevos medios digitales que renuncian explícitamente al afán de lucro y se marcan como único objetivo hacer buen periodismo. Tanto Periodismo Humano como FronteraD, impulsados por periodistas de casta como Bauluz y Armada respectivamente, están sacando unos reportajes excepcionales, unas historias que apenas veo en los grandes medios, tan dependientes del negocio, de las conveniencias empresariales, de los intereses cortijeros, de las peleas por el poder.

(Sigo mañana con el dueño de un medio que rechazó la entrevista a Gregorio Iriarte, el cura navarro que ha sacrificado su vida y se ha jugado el pellejo docenas de veces por ayudar a los más pobres, los más aplastados, los más débiles de Bolivia. El dueño dice que en su publicación sólo aparecen "personas de cuya virtud no se pueda dudar". El motivo es político, por supuesto).

Publicado el 3 de mayo de 2010 a las 10:45.

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Cómo vivir de los reportajes sin tener que escribirlos

Archivado en: Periodismo

La semana pasada estuve en La Coruña, dando un par de sesiones en el Máster de Edición Periodística de La Voz. La semana próxima iré a Leioa, a hablarles a los estudiantes de Periodismo de la Universidad del País Vasco. Y mañana mismo participaré en una mesa redonda en Elche, en las Jornadas Internacionales de Periodismo de la Universidad Miguel Hernández.

Unos y otros están interesados en que hable a futuros periodistas acerca del reporterismo destajista, de los niños mineros bolivianos, de los refugiados saharauis, de los esquimales groenlandeses; en fin, están interesados en que hable a futuros periodistas sobre historias que casi ningún periódico está interesado en publicar. Curioso.

Hace unos meses, un diario rechazó mis reportajes (cuando ya iban camino de publicarse) y después me llevó a su máster para que explicara cómo los escribía.

Conclusión: pronto podré vivir explicando cómo escribo los reportajes sin tener que molestarme en escribirlos.

Publicado el 22 de abril de 2010 a las 12:45.

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Pido 13 euros más de indemnización para Egunkaria

Archivado en: Paísss, Periodismo

En el banquete de bodas de mis tíos Iñigo y María, me levanté tras el primer plato, cogí la moto y me fui a casa para ver el prólogo de la Vuelta a España de 1995. Lo ganó Abraham Olano. Escribí a toda prisa una columna sobre la etapa. La imprimí. Corrí con la página a la librería del barrio y allí la envié por fax. Cuando volví al banquete, la gente ya estaba bailando. Me senté a comer el solomillo que me habían guardado y algunos familiares se acercaron a preguntarme qué tal, y yo respondí que bien, que apurado pero bien, orgulloso porque acababa de convertirme en periodista. Esto será la vida del heroico reportero, pensé: abandonar bodas para ir corriendo a escribir. Tenía 19 años y fue el primer texto que publiqué en un periódico.

Esta es una pequeña historia que pensé en enviar a MAJ por si quería incluirla en su blog, donde anda recogiendo las experiencias de periodistas que cuentan su aterrizaje en la profesión.

Pero la anécdota juvenil quedó unida a un episodio siniestro: si ahora quisiera buscar mi columna inaugural, sería imposible encontrarla. Desapareció el 20 de febrero de 2003. Se la tragó un agujero negro, igual que se tragó otros miles de textos, cuando la Guardia Civil clausuró Egunkaria, el diario en el que publiqué aquellas columnas durante las tres semanas de la Vuelta, por las que me pagaban 2.100 pesetas, si no recuerdo mal.

En septiembre de 1995 yo tenía 19 años y mucha suerte: Martxelo Otamendi, director de Egunkaria, me había telefoneado en persona para encargarme las columnas. A partir de entonces, me dio una confianza mucho mayor de la que se merecía un estudiante de segundo de Periodismo. El periódico era modesto, me explicaba Martxelo, y nunca me iba a enriquecer trabajando para ellos, pero me pagarían por las colaboraciones lo mismo que a los periodistas profesionales, me ofrecerían encargos y escucharían todas las propuestas que quisiera hacerles. Durante mis años de estudiante escribí en Egunkaria reportajes, crónicas y hasta entrevistas como aquella que le hice medio temblando a José María Bastero, recién nombrado rector de la Universidad de Navarra, y que apareció en portada, mi primera portada. Martxelo me llevó de la mano en mis comienzos profesionales y me trató como ningún otro jefe me ha tratado nunca.

El 20 de febrero de 2003 yo estaba en Estambul con Josu Iztueta. Allí nos subimos a un autobús de voluntarios de muchos países que se dirigían a Bagdad con el propósito de actuar como escudos humanos y tratar de impedir los inminentes bombardeos de Estados Unidos. Viajamos con ellos hasta Ankara. Les entrevistamos y escribimos una crónica ("Se apuntan a un bombardeo"). No pudimos publicarla en Egunkaria: acababan de cerrarlo y habían detenido a sus directivos, incluido Martxelo Otamendi, acusados de pertenecer a Eta.

Leer texto completo »

Publicado el 14 de abril de 2010 a las 09:00.

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Morcilla burgalesa

Archivado en: Periodismo, Egonews, Leandro Pérez Miguel, Vídeos

Si pasas a menos de diez kilómetros de Leandro Pérez Miguel, es muy probable que te acabe haciendo una entrevista. Incluso aunque estés a diez mil kilómetros, porque el tío se dedica a hacer entrevistas por teléfono, Twitter, Skype, Facebook, Google Talk. Sus seguidores esperamos ansiosos la primera entrevista por txalaparta.

Yo caí hace unos días en pleno centro de Burgos, justo bajo su casa. Y entre cojonuda y cojonuda, entrevista. (Cojonuda: pincho de morcilla con huevo de codorniz y pimiento; uno de los  mil motivos por los que la ciudad de Burgos está que se sale).

Leandro es el responsable -o el culpable, aún no lo veo claro- de que yo tenga un blog en Gente, una cuenta en Facebook, otra en Twitter, y ya me ha liado con otro maravilloso cacharrito tecnológico al que quizá pronto le saque partido. A pesar de todo eso, es un tipo más majo que los ecus.

Tengo su permiso para copiar y pegar la entrevista, con entradilla y todo. Me gusta el titular: "Las historias más interesantes están fuera de Google".

"En una mañana paragüera, resguardado de la lluvia en un costado de la Casa del Cordón, en la burgalesa Plaza de la Libertad (mi plaza, ejem), Ander Izagirre, periodista y escritor de viajes, charló diez minutillos ante una cámara de vídeo sobre sus avespados primeros pasos en internet y su actual andadura bloguérica en A topa tolondro.

Como bien sabe su creciente cuadrilla de lectores, sus fieles y enredados lectores, es un trotamundos singular, que muestra lo que merece ser visto. "Escribo como hablo", proclamó Juan de Valdés. Pues Ander Izagirre viaja como escribe, o escribe como viaja.

Le pregunté sobre su oficio. "Echo de menos el espíritu reportero. Me parece muy importante levantar el culo de la silla para hacer periodismo. Hay una parte muy importante del periodismo que hay que hacerla en el despacho y en la silla, me parece fundamental, no vamos a negar eso. Pero creo que el riesgo que nos dan todas estas posiblidades, con internet, es que creamos que podemos manejar todo desde la silla. Y las historias más interesantes que he encontrado están fuera de Google, fuera de internet. Alguien tiene que ir a encontrarlas, a buscarlas", aseguró.

Ander ha buscado esas historias en los sótanos del mundo, en Bolivia, en la costa y los montes vascos, en el Tour de Francia. No para, para contar lo que no se conoce. Dentro de unos días nos mostrará los campamentos saharauis.

Este vídeo, que hemos colgado en su recién estrenado canal en Vimeo, bien podría ser un aperitivo, un anticipo de una entrevista más extensa y menos improvisada".

 

 

 

Publicado el 11 de febrero de 2010 a las 10:15.

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Cómo escribir sobre África

Archivado en: África, Periodismo, Binyavanga Wainaina

En la revista Africana Noticias, editada por la Fundación Sur, encuentro un texto del escritor keniano Binyavanga Wainaina. El texto, "Cómo escribir sobre África", fue publicado en el número 92 de la revista Granta y ha sido traducido por Aurora Moreno. Aquí van unos extractos:

"Nunca pongas la imagen de un africano de clase media en la portada de tu libro, ni dentro, a no ser que haya ganado un premio Nobel. Un AK-47, costillas prominentes, pechos desnudos: utiliza éstas. Si tienes que incluir a un africano, asegúrate de que consigues a uno vestido con ropas zulúes o masais.

En tu texto, trata a África como si fuera un solo país. Hace calor y es polvoriento, lleno de praderas onduladas y enormes manadas de animales junto a gentes altas, delgadas, famélicas. También puede ser caluroso y húmedo, con gente muy pequeña que come primates. No te enredes con detalles y descripciones precisas. África es grande: 54 países y 900 millones de personas que están demasiado ocupadas pasando hambre, muriendo, guerreando y emigrando para leer tu libro. (...)

Asegúrate de que muestras cómo los africanos tienen la música y el ritmo profundamente arraigados en sus almas y comen cosas que ningún otro humano come. No menciones el arroz, la ternera o el trigo; el cerebro de mono es el preferido en la cocina africana, junto a la cabra, la serpiente, los gusanos, las larvas y todo tipo de carne de caza. En tu texto, muestra cómo fuiste capaz de comer dicha carne sin estremecerte y, por supuesto, describe cómo aprendiste a apreciarlo, porque África te importa.

Temas tabú: escenas ordinarias de la vida cotidiana, amor entre africanos, referencia a escritores africanos o intelectuales, la mención de niños que van al colegio y no sufren virus ni ébola ni mutilación genital femenina. (...)

Entre los personajes no puede faltar la África Hambrienta, que vaga por el campo de refugiados prácticamente desnuda y espera la benevolencia de Occidente. Sus hijos tienen moscas alrededor de los ojos y tripas hinchadas. Sus pechos están planos y vacíos. Debe aparecer como una mujer completamente indefensa. No debe tener ni pasado ni historia; estas pequeñas diversiones arruinan el dramatismo del momento. Los gemidos y las quejas son buenos. Nunca debe contar nada acerca de ella misma, excepto para hablar de su (indescriptible) sufrimiento.

Incluye también una adorable mujer con aspecto maternal que tiene una risa contagiosa y que se preoocupa por ti. Simplemente llámala Mama. Sus hijos son todos delincuentes.

Estos personajes deben revolotear alrededor de tu héroe principal, sirviendo para su lucimiento personal. Tu héroe puede enseñarles, bañarlos, alimentarlos; lleva a cuestas montones de niños y ha visto de cerca la Muerte. (...)

Entre los que hacen el papel de malo de los occidentales, incluye a los ministros de los gabinetes tory, a los afrikáner y a los empleados del Banco Mundial. Cuando hables de la explotación de África por los extranjeros, menciona a los comerciantes chinos e indios. Culpa a Occidente por la situación de África pero no seas demasiado específico.

Hablar generalizando es bueno. Evita que los personajes africanos se rían o luchen para educar a sus hijos. O mejor, simplemente evita representarlos en circunstancias mundanas. Los personajes africanos deben ser coloridos, exóticos, más grandes que la vida, pero vacíos por dentro, sin diálogo, sin conflictos o resoluciones en sus historias, sin profundidad o rarezas que confundan la causa.

Describe en detalle los pechos desnudos (jóvenes, viejos, recientemente violados, grandes, pequeños) o genitales mutilados. O cualquier tipo de genitales. Y cadáveres. O, mejor, cadáveres desnudos. Especialmente, cadáveres desnudos pudriéndose.

Recuerda: cualquier trabajo en el que la gente aparezca mugrienta y miserable será alabado como la "África real", y eso es precisamente lo que tú quieres que ponga en la contraportada de tu libro. No sientas malestar por esto: estás intentando ayudarles para conseguir ayuda de Occidente. (...)

Cuando escribas sobre la difícil situación de la flora y la fauna, menciona que África está sobrepoblada. En cambio, cuando tu protagonista se encuentre en un desierto o una jungla viviendo con nativos, está permitido mencionar que África ha sido gravemente despoblada por las Guerras y el Sida (usa mayúsculas).

Para ir terminando, siempre necesitarás un club nocturno llamado Tropicana, donde mercenarios, diabólicos nuevos ricos africanos, prostitutas, guerrilleros y expatriados salen juntos por las noches.

Termina tu libro siempre citando a Nelson Mandela diciendo algo acerca del arcoiris y renacimientos. Porque a ti te importa África".

Publicado el 27 de enero de 2010 a las 10:15.

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Quitar espacio a las víctimas

Archivado en: Periodismo, Gervasio Sánchez, Samanta Villar

Un periodista de la televisión relataba en pantalla lo mal que dormían los enviados a Haití, apretados en tiendas de campaña, y detallaba los días que llevaban sin ducharse.

La inefable Samanta Villar, del programa 21 días (Cuatro), utilizó la miseria de los mineros bolivianos como telón de fondo para convertirse en protagonista de su propio relato-show. En el infierno subterráneo que ella conoció durante unas pocas horas, miles de mineros bolivianos entierran su existencia día tras día, sin remedio, sin escapatoria, pero ella centró el relato en su propia congoja: "Nunca he pasado tanto miedo", decía, ocupando la pantalla. Acompañó a una mujer minera, a la que le soltó que ella preferiría ser prostituta antes que trabajar bajo tierra en condiciones tan angustiosas. Villar dice que no cuenta las historias, sino que las vive: esa es la gran mentira del programa, desmontada por ella misma en ese arranque de sinceridad. Si de verdad las viviera, si en ese momento ella hubiera sido minera de verdad, sin remedio, sin escapatoria, y no una actriz jugando a minera un ratito, habría hecho lo que se le escapó del alma: hacerse puta. Pero no lo hizo, claro. Porque ella no era minera, claro. Pero necesita creerse minera (menudo paso, entre creerse y ser) para convertirse en protagonista de sus programas y ocupar la pantalla todo el rato.

En una entrevista publicada en Nuestro Tiempo, el fotógrafo Gervasio Sánchez, que lleva veinte años sumergiéndose en las guerras más horribles del planeta, dice lo siguiente:

"Cada día los periodistas hablan más de sí mismos. Pero es necesario hablar de las víctimas. Todo el espacio que yo use para hablar de mí se lo estoy quitando a los protagonistas de las historias".

Publicado el 21 de enero de 2010 a las 11:45.

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La revolución, y la revolución de la revolución

Archivado en: Periodismo, Jon Lee Anderson, John Carlin, Che Guevara, Nelson Mandela,

Me ha salido muy bien la idea de encadenar estas dos lecturas: Che Guevara, de Jon Lee Anderson (una biografía maratoniana del revolucionario) y El factor humano, de John Carlin (la historia del partido de rugby con el que Nelson Mandela consiguió hermanar a enemigos que se odiaban a muerte).

A la biografía del Che le agradezco, por encima de todo, su trabajadísima objetividad. Decía Arcadi Espada que la objetividad es la capacidad de relatar los hechos al margen de las convicciones. Después de 750 páginas no sé cuáles son las convicciones de Jon Lee Anderson pero sí tengo un relato exhaustivo, detallado y muy riguroso de las peripecias apasionantes del Che, en el que no se afirma, sino que se muestra, el idealismo, la solidaridad y el sacrificio de su vida entera en una lucha contra la injusticia. Esa entrega despierta simpatías profundas, llega a emocionar. Con el mismo detalle y el mismo rigor, Anderson narra la faceta implacable que se le va despertando al Che durante la revolución cubana, que llega a espantar. A lo largo del libro, en los viajes de juventud por Latinoamérica, en la guerra en Cuba, en sus relaciones familiares, en las expediciones al Congo y Bolivia, hay momentos en los que entran ganas de darle un tremendo abrazo al Che y otros en los que vienen ganas de salir corriendo.

Al final, Anderson escribe una síntesis de Guevara. Habla de "la combinación de una pasión romántica y un pensamiento frío y analítico. En esta mezcla paradójica se encuentra probablemente el origen de la estatura cuasi mística que adquirió, pero también la fuente de sus debilidades intrínsecas: la soberbia y la ingenuidad. Aunque singularmente dotado para comprender y elaborar una estrategia a gran escala, parecía incapaz de advertir los pequeños detalles humanos (...). Pero errores aparte, lo que más se recuerda del Che es su ejemplo personal, la encarnación de la fe, la fuerza de voluntad y el sacrificio".

El personaje fascina. Y por eso, en algunos momentos, sus actuaciones violentas parecen comprensibles, excusables, porque ocurren durante su tremenda lucha por la justicia. Como si no hubiera otro remedio.

Pero luego llega Nelson Mandela. Y si el Che era la revolución, Mandela es el hombre que hizo la revolución de la revolución: engendró "un modelo nuevo de revolución, en el que no se eliminaba al enemigo, sino que se le acogía; que, en vez de dividir a la gente, la unía", escribe Carlin.

En realidad, el modelo no es nuevo: se basa en el principio más revolucionario de todos, el que ordena amar al enemigo, que ya se formuló hace dos mil años (Mateo, 5:44). Pero, efectivamente, no sé si en la historia ha habido alguien capaz de llevarlo a cabo, hasta que llegó Mandela.

Mandela no sólo acabó con la opresión de los negros en Sudáfrica (lo cual ya constituye de por sí una tarea colosal) sino que además sedujo a los blancos, les tendió la mano, les ayudó a redimirse y los incorporó a un asombroso y rapidísimo proceso de hermanamiento entre dos grupos que se odiaban a muerte. Aunque los negros eran evidentemente las víctimas del horrible régimen del apartheid, Mandela entendió que los blancos tampoco eran ya capaces de soportarlo.

El factor humano es la narración de cómo Mandela fascinó con su bondad a los guardias de su cárcel primero, y luego, paso a paso, a dirigentes cada vez más altos del sistema asesino que le tuvo preso veintisiete años.

Dice Carlin: "Triunfó porque prefirió ver el bien en personas a las que el 99% de la gente habría considerado imposibles de redimir. Si Naciones Unidas decretó que el apartheid era un crimen contra la humanidad, ¿qué mayores criminales que el ministro de Justicia del apartheid, el jefe de los servicios de inteligencia del apartheid, el jefe militar supremo del apartheid, el jefe de Estado del apartheid? Sin embargo, Mandela apuntó directamente a la semilla oculta que albergaba a sus "ángeles buenos" y supo sacar la bondad que yace en el fondo de todas las personas. No sólo Coetsee, Barnard, Viljoen y P.W.Botha, sino los esbirros del apartheid -los guardias de prisiones, Badenhorst, Reinders- y sus cómplices inconscientes: Pienaar, Wiese, Luyt. Con su empeño en despertar e incitar lo que había de mejor en ellos, y en todos los sudafricanos blancos que vieron el rugby aquel día, les ofreció un regalo de valor incalculable: hizo que pudieran sentirse mejores personas y, en algunos casos, los transformó en héroes.

Su arma secreta era que daba por supuesto no sólo que le iban a caer bien las personas a las que conociera, sino que él les iba a gustar a ellas. Esa enorme seguridad en sí mismo, unida a la sincera confianza que tenía en otros, era una combinación tan irresistible como encantadora.

Era un arma tan poderosa que engendró un nuevo tipo de revolución. En vez de eliminar al enemigo y partir de cero, incorporó al enemigo a un nuevo orden deliberadamente construido sobre los cimientos del viejo. Al concebir su revolución, no sólo como la destrucción del apartheid, sino, a largo plazo, como la unificación y reconciliación de todos los sudafricanos, Mandela rompió el molde histórico".

Publicado el 18 de enero de 2010 a las 09:15.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

facebook.com/ander.izagirre

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- El jukebox (Alberto Moyano)

- Allendegui (Juan Andrés Muñoz)

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- Un vikingo en Asia (Eric San Juan)

- Vagón-bar (Paco Sánchez)

- Vivir de buena gana (Miguel Sánchez Ostiz)

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