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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

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Archivado en: Cuidadores de mundos, Los sótanos del mundo, Plomo en los bolsillos

Pongo estos tres libros en el escaparate: Cuidadores de mundos, Los sótanos del mundo y Plomo en los bolsillos. Pasen y vean.

Si sois habitantes de la CAV, para los dos primeros podéis aprovechar el Bono Cultura -pagas 25 y te dan un vale de 40 para gastarlo por ejemplo en libros-. Si no lo sois, más mérito.

1. CUIDADORES DE MUNDOS (Altaïr)

Si queréis comprarlo, lo podéis encontrar por ejemplo aquí.

"Josetxo Mayor sube a diario al monte Ulía, sobre San Sebastián, a limpiar senderos. Javier Etxepare ha reconstruido doscientas fuentes. Xabier Cabezón conoce el valle de Leitzarán palmo a palmo. Son personas que han escogido un pedazo del mundo y dedican sus esfuerzos, su tiempo y su dinero a cuidarlo. Otros como ellos reparan los destrozos que hieren sus pequeños territorios, se afanan en mimarlos para que los visitantes los puedan disfrutar. En los veinticinco capítulos del libro, Ander Izagirre da cuenta de estos personajes que madrugan, salen a los caminos con una azada, una hoz, un cuaderno o el equipo de buceo. Custodian paisajes secretos en Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra. Guardan unos saberes que no pueden caer en el olvido. Con sus pequeños gestos, sostienen el mundo.

Audio: Entrevista sobre el libro con Roge Blasco (Radio Euskadi).

Reseñas: La Voz de Galicia / El Boomeran(g)

Entrevistas: El País / El Diario Vasco / Noticias de Gipuzkoa / Berria / El Periódico

 

2. LOS SÓTANOS DEL MUNDO (Elea)

Si queréis comprarlo, lo podéis encontrar aquí.

"Este libro viaja por las depresiones más profundas de cada continente para relatar cómo son esos sótanos y la gente que los habita. El Valle de la Muerte (América del Norte), el Lago Eyre (Australia), la Laguna del Carbón (América del Sur), el Mar Caspio (Europa), el Mar Muerto (Asia) y el Lago Assal (África) son las excusas para trazar un itinerario por territorios ignorados, enigmáticos, a veces hostiles, pero repletos de voces y de vida. En esta crónica sorprendente, sazonada con humor, palpitan historias de colonos, descubridores, pastores nómadas, militares, políticos, religiosos, refugiados, mineros, pescadores, camioneros...".

*

"Los sótanos del mundo es un excelente compendio de la literatura de viajes. Ese tipo de libros en los que, por desgracia para el lector, existe el punto final. En la obra de Ander Izagirre he encontrado historia, reflexión, observación, humildad, silencio, sufrimiento, anécdotas, gozo" (Willy Uribe).

"Una ruta sobrecogedora, una secuencia de lugares poderosos, descritos de una manera minuciosa y amena. (...) Lo mejor de un temperamento viajero se une, en estas crónicas, a una escritura llena de brillos y sensibilidad. El periodista Ander Izagirre reúne algunos artículos destilados en una larga expedición a las mayores depresiones de nuestro planeta. Una lectura muy grata". (Altaïr).

"Izagirre ha escrito un libro en la mejor tradición de la literatura de viajes, a veces fronteriza con las historias de aventuras, que se lee con gusto hasta por los espíritus más sedentarios" (Mitxel Ezquiaga, El Diario Vasco).

 

3. PLOMO EN LOS BOLSILLOS (Pearson, premio Marca de literatura deportiva)

Si queréis comprarlo, escribidme a anderiza arroba gmail.com (despiezo la dirección para que los robots no me la inunden de correo basura).

Pélissier, ganador del Tour de 1923, protestaba contra la dureza del reglamento: "Pronto nos colocarán plomo en los bolsillos". El pequeño Robic, ganador del 47, se cargaba de plomo para bajar más rápido. El sufrimiento que impone el Tour es de plomo, pero también lo es el empeño de los ciclistas. En ese equilibrio se mueven los quince episodios de este libro: historias trágicas como la de Tom Simpson -que murió en el Mont Ventoux- o divertidas como la de Vicente Blanco -un cojo bilbaíno que se dopaba con bacalao y que pedaleó hasta París para salir en el Tour-; las grandes batallas entre Coppi y Bartali, Anquetil y Poulidor, Merckx y Ocaña, o las hazañas de Induráin, Hinault y Armstrong; pero también las malandanzas de secundarios como Walkowiak -que se arrepintió de haber vencido- o el argelino Zaaf -que cuando estaba a punto de ser el primer africano en ganar una etapa, se emborrachó y cayó mareado-.

*

"Ciclismo, poesía y periodismo nutren un libro que se lee con el placer con que se ve una buena etapa de montaña y la velocidad de un descenso. Una obra deliciosa, escrita con un gusto especial y una buena mano literaria" (Mitxel Ezquiaga, El Diario Vasco).

"Un libro brillante y redondo. Quince historias repletas de emoción, humor, ternura, admiración y sobre todo respeto, en el que desfilan todos los caracteres humanos: desde el fanfarrón, pasando por el exquisito, el perdedor, el humilde, hasta el que jamás quiso estar allí o el infeliz" (Víctor Soto, El País).

"Imprescindible para quien quiera conocer los mejores momentos del Tour" (Pedalier).

"Este libro nos hace vivir las entrañas del ciclismo, las luchas contra uno mismo y el sufrimiento". (Raimon Portell, El Mundo de los Pirineos) .

 

Publicado el 15 de diciembre de 2010 a las 21:15.

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Patxi López, tras la huella de El Cojo

Archivado en: Ciclismo, Plomo en los bolsillos, Vicente Blanco, Patxi López, Egonews

"Los pies de Vicente Blanco eran dos puros muñones. En 1904, cuando tenía 20 años y trabajaba en la siderurgia La Basconia, una barra de acero incandescente le entró por el talón izquierdo y le atravesó el pie hasta los dedos. Los músculos se le fundieron en un amasijo de carne quemada. Pocos meses después, Vicente volvió al trabajo en los astilleros Euskalduna y los engranajes de una máquina le trituraron el pie derecho: le amputaron los cinco dedos machacados. Pero Vicente era de Bilbao. Y Vicente, alias El Cojo, se empeñó en correr el Tour". (De Plomo en los bolsillos).

En esos mismos astilleros Euskalduna, ahora reconvertidos en un flamante palacio de congresos, el lehendakari Patxi López animó ayer a los ciclistas del equipo Euskaltel-Euskadi a que siguieran el ejemplo de El Cojo. No creo que les instigara a dejarse machacar los pies con acero incandescente, a doparse con cazuelas de bacalao escondidas por el recorrido o a que entraran en meta con un perro atado al manillar, sino más bien a que imitaran el empeño de aquel bilbaíno tan fanfarrón y divertido que a pesar de sus pies destrozados fue capaz de pedalear desde Bilbao a París para salir en el Tour de 1910.

Patxi López contó la historia de El Cojo y mencionó Plomo en los bolsillos y a un servidor (se puede ver en este vídeo, aunque se necesita paciencia para dejar que se vaya cargando mientras tendéis la ropa o cocináis las lentejas, porque la mención es a partir del minuto 57'10"). También lo cuenta en su blog.

Precisamente en este 2010 se cumplen cien años de la participación de Vicente Blanco en el Tour y estoy guisando un reportaje bastante curioso para conmemorar la hazaña. Con un poco de suerte, espero contárosla dentro de unos meses.

-Si queréis leer la historia completa de El Cojo, la tenéis aquí.

-Y también podéis leer más detalles y algún otro capítulo del libro Plomo en los bolsillos,

Publicado el 4 de febrero de 2010 a las 10:00.

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Parecían arrastrar árboles enormes

Archivado en: Ciclismo, Tour de Francia, Albert Londres, Plomo en los bolsillos

Gracias a Josu L., me enteré de que la editorial Melusina acaba de publicar un librito delicioso: Los forzados de la carretera. Tour de Francia 1924.

Es una recopilación de las crónicas que escribió Albert Londres para el diario Le Petit Parisien durante el Tour de 1924. Entre ellas está la legendaria entrevista a los hermanos Pélissier, favoritos para ganar la prueba, que se bajaron de la bici indignados por los abusos del reglamento y por la manera en que los organizadores maltrataban a los ciclistas. En ese encuentro en una cafetería a pie de carretera, Henri Pélissier pronunció aquella famosa frase en la que decía que los organizadores pronto les colocarían plomo en los bolsillos alegando que Dios había hecho al hombre demasiado ligero.

Copio, a voleo, un extracto sobre la travesía de los Alpes:

"Cuando escalaban el Izoard y el Galibier no parecían apoyarse en los pedales sino arrancar árboles enormes. Arrastraban con todas sus fuerzas algo invisible, escondido bajo tierra, pero sin sacarlo nunca.

No les dirigía la palabra, los conocía a todos, pero no me hubieran respondido. Cuando su mirada se cruzaba con la mía, me recordaba a la de un perro que tuve y que antes de morir compartía conmigo su profunda pena por estar obligado a abandonar la tierra. Volvían a bajar la mirada y curvados sobre su manillar continuaban adelante concentrados en la carretera, como comprobando si las gotas de agua que caían eran de sudor o de lágrimas.

(...)

Brunero, el italiano que corre el Tour por primera vez, me pregunta con voz entrecortada:

-¿Es mucho más largo el Galibier?

Diez minutos más tarde le oigo formular la misma pregunta a Thys. Thys responde afirmativamente con un movimiento de cabeza. Sí, todavía es muy largo.

El año anterior, en la pendiente del Izoard, Alavoine se cayó y perdió el conocimiento y la carrera. Lo recuerda:

-¡Tengo miedo! -me grita.

Y baja a tumba abierta, cortando el viento, con la mirada ansiosa.

Me he parado al final de una gran cuesta.

Uno detrás de otro los veo descender en tromba.

-¡Estoy acojonado! -me grita un corredor aficionado con voz trémula.

Y otro:

-¡Tengo miedo!

Parece que espero en ese giro para recoger sus trozos.

Aún aparece otro tan rápido que me arroja el viento al pasar:

-¡Estoy asustado! -dice a gritos.

Otro frena, zigzaguea, va a caer rodando, se la pega contra un talud que le rasguña el muslo, pero que le para.

Voy hacia él; su cadena está rota:

-Hoy tenía un poco de ventaja. ¡Desgracia de las desgracias!

Observa su cadena:

-¿Cómo voy a arreglar esto? Necesitaría un yunque.

Agarra una piedra grande y otra pequeña. La grande es el yunque y la pequeña el martillo.

-¡Si la arreglo, me emborracho en la meta!

Este corredor es Ercolani, nativo de Froges, que espera un hijo:

-Ojalá sea un chico, lo bautizaré con el nombre de Benjamín.

-¿Por qué?

.Porque soy el benjamín del Tour. ¡Tengo veintiún años!

Consigue repararla.

-Soy feliz -dice.

(...)

Nos encontramos con el farolillo rojo.

Es el nombre que recibe el último.

Es Rho, al que siempre llamamos D'Anunzio.

Es difícil afirmar si Rho es más delgado que obstinado. Está cambiando un neumático y parece que reflexiona profundamente.

-¿En qué piensan tan concentrado?

-Pienso en el signor Bazin...

El señor Bazin es el cronometrador.

A las 21h 41' 3" 2/5 pulsa un botoncito que se encuentra sobre la mesa, un reloj de dos mil quinientos francos. Entonces avisa:

-¡Señores, el control está cerrado!

Verá llegar a D'Anunzio con las tripas fuera, a tres metros, y le hará el gran signo de la piedad y de la desesperanza, y no vacilará.

El señor Bazin sabe lo que representa en la vida dos quintas partes de un segundo.

¡El señor Bazin es una especie de cuco que vive dentro de un reloj!

Rho estaba perplejo porque ya sabía todo esto.

Sin el corazón de piedra del signor Bazin, el deporte le hubiera parecido mucho más bello...".

Publicado el 30 de julio de 2009 a las 13:30.

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Sufrimiento, belleza y eficacia

Archivado en: Ciclismo, Tour de Francia, Plomo en los bolsillos, Lance Armstrong, Alberto Contador

La contrarreloj por equipos es probablemente la disciplina más estética y más dolorosa del ciclismo. Los nueve corredores pedalean perfectamente alineados o en formaciones diagonales para protegerse unos a otros cuando sopla viento lateral, sincronizando los relevos, conducidos por los esfuerzos más largos de los especialistas: da gusto ver rodar a contrarrelojistas como Cancellara o Zabriskie en la cabeza del grupo, formando una punta de lanza con los brazos apoyados en el manillar extendido, la espalda recta, el tronco inmóvil, las piernas machacando las bielas con un ritmo hipnótico, la bicicleta perforando el aire como un cometa, arrastrando en su estela a los ocho compañeros que sufren y sufren para seguir pegados a su rueda, soldados al tubular trasero para refugiarse en su rebufo, porque si entra una mínima ráfaga de viento entre el primer ciclista y el segundo, el dolor se multiplica y hay riesgo de reventar.

(Foto: Cancellara, que salvó el liderato ante Armstrong por 18 centésimas, encabeza el equipo Saxo Bank en la llegada de la contrarreloj. Cyclingnews).

Las contrarrelojes individuales siempre son durísimas: "Al margen de posturas aerodinámicas, tejidos especiales, materiales ultraligeros y mil zarandajas, la esencia de esta prueba es tan sencilla como atroz: el ciclista busca su cota de dolor máximo y trata de mantenerse en ese límite terrible durante todo el tiempo posible. Quien concede una tregua al dolor pierde la carrera". (De Plomo en los bolsillos).

Pero en la individual, al menos, queda un pequeño margen para que el ciclista regule  sus fuerzas. En la contrarreloj por equipos, sin  embargo, debe pedalear como si fuera un perro enganchado por el cuello con una correa de la que alguien tira y tira y tira a una velocidad desquiciada, y no puede relajarse ni un segundo porque entonces la correa le pegaría un tirón brutal y se ahogaría. Con el añadido de que son sus propios compañeros, y él mismo, los que tiran y tiran y tiran de la correa que amenaza con asfixiarles.

Otro problema: en las contrarrelojes por equipos suelen abundar las caídas (ayer mismo hubo bastantes, y algunas graves). Ya hemos visto la razón: el ciclista debe ir lo más pegado posible a la rueda trasera del compañero que le precede, debe dejar muy pocos centímetros de distancia, porque así evita que se cuele más viento entre los dos y ahorra algún gramo de fuerza. Ese ahorro es crucial para mantener el propio sufrimiento en el límite. Pero a la vez, un ciclista que se está exprimiendo en el máximo dolor alcanzable, va con los reflejos fundidos. Con el paso de los kilómetros, agacha cada vez más la cabeza para concentrarse en el esfuerzo, empieza a dar pequeños bandazos y la hilera perfecta del equipo empieza a culebrear. En esos culebreos, puede que uno de los ciclistas no reaccione a tiempo y toque la rueda trasera del compañero que le precede: al suelo.

Ayer el equipo Astaná dio una lección de sufrimiento, belleza y eficacia. Al viejo Armstrong le faltó un segundo para vestirse de amarillo diez años después  de su primera vez (creo que sólo Bartali hizo algo semejante, cuando ganó los Tours de 1938 y 1948, con su carrera interrumpida por la guerra mundial). Prefiero que gane el Tour Contador, y creo que va a ser así, pero ayer deseé ver a Armstrong vestido de amarillo.

Algunos esperan que lo haga en Andorra. Pero yo diría (me apostaría una palmera de chocolate de la pastelería Oiartzun) que no lo va a conseguir. Si es así, esta manera de palpar el maillot y no ponérselo por centésimas va a encajar muy bien en el relato del único ciclista de la historia que derrotó al Tour... y que volvió para conocer por fin la derrota, como parece que debe ser.

* * *

De una excavación arqueológica saco esta foto del campeonato de Guipúzcoa contrarreloj por equipos de 1994. Quince años, mondié.

Publicado el 8 de julio de 2009 a las 11:00.

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Al enemigo, agua

Archivado en: Ciclismo, Giro de Italia, Plomo en los bolsillos, Denis Menchov, Danilo Di Luca, Fausto Coppi, Gino Bartali

En el etapón del pasado lunes, Denis Menchov, líder del Giro de Italia, pasa una botella a Danilo Di Luca, segundo clasificado y su máximo rival (Foto: Gazzetta dello Sport).

"Aquel Tour de 1949 dejó una fotografía para la memoria del ciclismo: el instante preciso en que Bartali, con los ojos cerrados por el sufrimiento y el rostro fruncido en arrugas, agarra el bidón de agua que le tiende Coppi, quien pedalea un metro por delante, lanzado, con la mirada fija en las alturas. Se interpretó que la imagen simbolizaba la reconciliación de dos ciclistas que habían dividido a Italia. Pero ¿quién cedió el bidón a quién?" (De Plomo en los bolsillos).

Leer texto completo »

Publicado el 27 de mayo de 2009 a las 13:15.

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Libros de Ander Izagirre: información y compra

Archivado en: Cuidadores de mundos, Plomo en los bolsillos, Los sótanos del mundo, El testamento del chacal, Trekking de la costa vasca

CUIDADORES DE MUNDOS

Cuidadores de mundos


PLOMO EN LOS BOLSILLOS

 

LOS SÓTANOS DEL MUNDO

 

EL TESTAMENTO DEL CHACAL

 

TREKKING DE LA COSTA VASCA

Publicado el 19 de noviembre de 2008 a las 20:00.

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Plomo en los bolsillos

Archivado en: Plomo en los bolsillos

Premio Marca de Literatura Deportiva.

Si quiere comprarlo, escriba a anderiza arroba gmail punto com.

Pélissier, ganador del Tour de 1923, protestaba contra la dureza del reglamento: "Pronto nos colocarán plomo en los bolsillos". El pequeño Robic, ganador del 47, se cargaba de plomo para bajar más rápido. El sufrimiento que impone el Tour es de plomo, pero también lo es el empeño de los ciclistas. En ese equilibrio se mueven los quince episodios de este libro: historias trágicas como la de Tom Simpson -que murió en el Mont Ventoux- o divertidas como la de Vicente Blanco -un cojo bilbaíno que se dopaba con bacalao y que pedaleó hasta París para salir en el Tour-; las grandes batallas entre Coppi y Bartali, Anquetil y Poulidor, Merckx y Ocaña, o las hazañas de Induráin, Hinault y Armstrong; pero también las malandanzas de secundarios como Walkowiak -que se arrepintió de haber vencido- o el argelino Zaaf -que cuando estaba a punto de ser el primer africano en ganar una etapa, se emborrachó y cayó mareado-.

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"Ciclismo, poesía y periodismo nutren un libro que se lee con el placer con que se ve una buena etapa de montaña y la velocidad de un descenso. Una obra deliciosa, escrita con un gusto especial y una buena mano literaria" (Mitxel Ezquiaga, El Diario Vasco).

"Un libro brillante y redondo. Quince historias repletas de emoción, humor, ternura, admiración y sobre todo respeto, en el que desfilan todos los caracteres humanos: desde el fanfarrón, pasando por el exquisito, el perdedor, el humilde, hasta el que jamás quiso estar allí o el infeliz" (Víctor Soto, El País).

"Imprescindible para quien quiera conocer los mejores momentos del Tour" (Pedalier).

"Este libro nos hace vivir las entrañas del ciclismo, las luchas contra uno mismo y el sufrimiento". (Raimon Portell, El Mundo de los Pirineos) .

Publicado el 19 de noviembre de 2008 a las 20:00.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

facebook.com/ander.izagirre

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