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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Aclarando la deuda de Abigaíl

Archivado en: Viajes, Bolivia, Potosí, Abigaíl, Mineritos,

En estas últimas semanas he indagado en el asunto de la deuda de Abigaíl. Ya lo conocéis: esta niña boliviana de 14 años trabajaba toda la noche en el interior de las minas de Potosí y sin cobrar ni un peso, porque debía recuperar una deuda de 21.000 dólares que le habían cargado a su madre viuda (la madre, doña Margarita, guardaba tres máquinas de los mineros en su casa, se las robaron y tuvo que hacerse responsable de la pérdida). Esa cantidad equivale a los ingresos de doce o trece años de la madre y la hija, lo que las condenaba a una esclavitud de hecho.

Llevo un tiempo escribiéndome con los responsables de Cepromin (la organización que asiste a las familias mineras más pobres) para conocer el problema con detalle, para organizar alguna ayuda que aliviara la situación de Abigaíl y para echar un cable en algún otro proyecto. Les pregunté si la deuda de Abigaíl y doña Margarita estaba documentada y si era legal, ya que la desproporción parecía escandalosa, inaceptable por ningún juez. Hubo bastante confusión, porque a los responsables de Cepromin en La Paz, con los que yo me escribía, no les cuadraban los datos que a nosotros nos habían explicado en Potosí.

Según supe hace unos días, resulta que la deuda no era tan grande. Al parecer, a la persona que nos explicó el caso en Potosí se le fue un cero: el valor real de las máquinas robadas rondaba los 700 o 1.000 dólares cada una (¡no 7.000!) así que la deuda total ascendía a algo menos de tres mil dólares. Sigue siendo una deuda brutal para una viuda y su hija minerita, pero evidentemente más fácil de resolver.

Parece que incluso ya está resuelta: Cepromin pagó una máquina, una señora francesa donó 500 euros para pagar la segunda (esto ya no los habían contado allí) y los dirigentes de la cooperativa minera han aceptado perdonar la tercera (esto es nuevo).

Abigaíl y su madre llevaban varios meses trabajando gratis, tal y como nos habían contado, pero eso también va a acabar, según prometen los responsables de la cooperativa.

Sentí un alivio enorme al leer estas noticias. Y otro alivio, menor pero también considerable, al leerlas antes de que el reportaje sobre los mineritos se publique, con tiempo para corregirlo, porque si no hubiera metido la pata. Lamento haber dado una cifra de la deuda que no se correspondía con la realidad, tanto en este blog como en un par de entrevistas de radio, así que las rectifico aquí mismo... y reescribo corriendo el reportaje.

En cualquier caso, Abigaíl y otros niños y adolescentes siguen trabajando en las minas, tanto en el interior de las galerías como en los ingenios exteriores, en tareas muy peligrosas para su salud que además les impiden estudiar con normalidad y llevar la vida que merece un niño.

Por eso, nuestra intención es buscar fondos para colaborar con Cepromin en dos terrenos:

-Queremos pagar unas becas de estudio y alimentación para los niños mineros. Si conseguimos una cantidad para sus necesidades básicas y las de sus familias, algunos de estos niños no necesitarán trabajar en oficios tan duros y podrán dedicarse a estudiar o a formarse para oficios cualificados y con mejores perspectivas.

-Y buscar alguna ONG a la que presentarle el proyecto de Cepromin de construir una nueva escuelita en la ladera del Cerro Rico de Potosí, al pie de las minas. Más que escuela, se trata de otro centro como el que conocimos en el sector llamado La Plata, en el que atienden, alimentan, educan y entretienen a los niños y adolescentes trabajadores.

Más adelante, cuando vayamos concretando el asunto, os daré nuevos detalles. Hubiera preferido no contar nada de esto todavía, porque ya voy aprendiendo que estas iniciativas avanzan mucho más lento de lo deseado, y habría preferido que el proyecto fuera un poco más sólido antes de decir nada sobre él. Pero sé que algunos de vosotros estabais pendientes de esta historia, así que tenía que contaros cómo van las cosas, y también quería explicaros las últimas y felices noticias sobre la deuda de Abigaíl.

Agradezco mucho todos los comentarios y los correos de la gente que en estas semanas se ha ofrecido a echar un cable, gente dispuesta a aportar unos dineritos, a organizar cualquier iniciativa o a ofrecer su tiempo y sus conocimientos en algunas tareas. Así da gusto.

Publicado el 24 de noviembre de 2009 a las 08:00.

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El maritate

Archivado en: Viajes, Australia, Islandia, Bolivia, Potosí, Llallagua, Minería

A la vuelta del viaje empezamos a montar una narración, un relato principal al que le vamos quitando unas piezas y añadiendo otras, y que al final se consolida en forma de reportajes, libros o charlas. Con el tiempo, esa narración se ensambla del todo y apenas recordamos ninguna otra cosa: creemos que el viaje fue lo mismo que el relato.

Por eso resulta fascinante -y un poco inquietante- volver a los cuadernos de notas unos años después. Porque se descubre algo tan obvio y tan rápido de olvidar como que el relato es un mecano. Y también encontramos algunas piezas bastante curiosas que se quedaron fuera.

Entre las esquirlas de esa materia prima abandonada, encuentro el diálogo que tuvimos en Australia con un viticultor transilvano, exiliado del régimen comunista, cuyos viñedos fueron gaseados por un grupo de racistas australianos, y que nos echó una larga bronca y nos preguntó por qué los vascos poníamos bombas, en vez de estar agradecidos al rey Juan Carlos, que derrotó al franquismo.

O el detalle de la curiosa disposición de hombres y mujeres en la pequeña iglesia rural de Vidimyrarkirkja, en Skagafjordur (Islandia). La iglesia está construida con troncos varados en las playas, algo común en un país sin árboles: dedicaron cuatro años a recoger esa madera de acarreo y otros tres años a secarlos. En la iglesia, orientada de este a oeste, las mujeres  de antaño se sentaban en los bancos del lado norte (a la izquierda, mirando al altar) y los hombres en los del sur. Según el cura, esa disposición tenía que ver con la posición de los botones del pecho en el traje tradicional de las mujeres: se cerraban de derecha a izquierda, así que en el interior de la iglesia colocaban a los hombres a la derecha para que no pudieran mirar el pecho de las mujeres a través de las rendijas entre botón y botón.

Estos días ando pasando los apuntes de los cuadernos bolivianos al ordenador, reescribiendo, recordando, reposando. Y descubro que en sólo unas semanas ya he olvidado algunos detalles muy interesantes: se habían quedado fuera del relato que en este tiempo íbamos construyendo en los primeros reportajes, en las entrevistas por la radio, en las tundas a los amigos.

Hemos hablado de los niños mineros de Bolivia, de los que pican piedra en el interior de las galerías y también de los que trabajan fuera, en los ingenios (moliendo mineral, acarreando sacos de cincuenta kilos, cribando la gravilla en bandejas de agua mezclada con ácidos y xantato...). Una vez concentrado el estaño, los ingenios arrojan las aguas sobrantes, saturadas de ácidos, a una quebrada apestosa, alfombrada de basuras y cadáveres de animales putrefactos. Si caminamos orilla abajo, pronto encontraremos a otros niños que meten sus manos desnudas en el arroyito tóxico. Trabajan con los maritates, unos cedazos móviles que accionan a mano para filtrar las aguas inmundas y sedimentar alguna partícula de estaño, como hace esta niña de la foto en Llallagua. Los trabajadores de los maritates suelen padecer problemas respiratorios, dolores de cabeza y enfermedades de la piel.

Es una historia demasiado terrible como para olvidarla. Pero al repasar y transcribir los cuadernos, en este maritate sin riesgos que es el ordenador, he rescatado una partícula que ya corría aguas abajo y que merece la pena retener.

Las responsables de Cepromin, la oenegé boliviana que ayuda a sobrevivir a las familias mineras más necesitadas, organizaron una excursión para las madres que viven en las bocaminas. Estas mujeres, casi siempre viudas, viven en casetas de adobe en la misma boca de las minas de Potosí, en un pedregal a 4.300 metros de altitud, con media docena de hijos hacinados en veinte metros cuadrados, con el suelo embarrado por las goteras, pasando frío y hambre, expuestas a robos y violaciones, sin electricidad ni agua corriente, comiendo apenas maíz hervido, utilizando las aguas tóxicas que manan de las bocaminas para el aseo y la limpieza.

Además de ayudarles a sobrevivir y de impartirles cursos para que aprendan algún oficio, las responsables de Cepromin quisieron organizar una excursión para que estas mujeres tuvieran al menos un día de descanso y distracción: planearon una visita a unas aguas termales cercanas a Potosí.

-Las madres tenían muchísimo interés, estaban muy contentas -nos dijo Iblin, trabajadora social de Cepromin-. Creíamos que era por la excursión, por el día de fiesta, por la idea de bañarse en el balneario. Pero descubrimos cuál era el motivo: vinieron todas con un montón de sábanas, porque en las fuentes tendrían agua limpia para lavarlas.

*

Algunas cosas que escribí sobre la marcha: Una esclava de 14 años / Un paseo de señoritas

Publicado el 29 de octubre de 2009 a las 11:45.

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Mineritos

Archivado en: Viajes, Bolivia, Potosí, Abigaíl, Minería

Dani cuenta más detalles de las historia de Abigaíl, la niña esclava que conocimos en Potosí, y cuelga unas fotos impresionantes.

 

Publicado el 9 de octubre de 2009 a las 08:00.

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Abigaíl

Archivado en: Viajes, Boliva, Potosí, Minería, Abigaíl

Estamos en la sofocante Santa Cruz de la Sierra, en las llanuras orientales, después de visitar la ciudad inca de Samaipata y el bosque de helechos gigantes de Amboró. Pronto saldremos hacia el Chaco, donde nos esperan no sé cuántos equipos de madres indígenas futbolistas, a las que ojalá podamos ver pronto en la Donosti Cup.

Mientras tanto, os dejo algunas fotos de Abigaíl Canaviri Canaviri, la niña de 14 años que trabaja en régimen de esclavitud en las minas de Potosí. Dani tendrá fotos mucho mejores. Si queréis recordarla, éste es un resumen de la historia.

En la primera foto, Abigaíl está en su casita de adobe, situada en las laderas del Cerro Rico de Potosí, a unos 4.300 metros de altitud, junto a la misma bocamina por donde la niña entra a trabajar todas las noches. La casita, perforada por grietas y goteras, sin agua ni luz, sólo tiene una habitación. En esa cama duermen Abigaíl, su madre y su hermano pequeño. En esta casita, la madre de Abigaíl guardaba esas tres máquinas de los mineros, que le fueron robadas y por las que tiene una deuda de 21.000 dólares que les obliga a trabajar gratis a ella y a su hija.

En la segunda, Abigaíl posa en la bocamina.

En la tercera aparece en el interior de la mina, donde está el Tío, el demonio subterráneo al que los mineros hacen ofrendas de hojas de coca, alcohol, cigarros, confetis... para pedirle protección y buenos minerales. Si os fijáis mucho, debajo de la cinta verde del centro de la imagen podréis adivinar una especie de rostro grabado en la pared. Se parece a Luis Carandell pero es el Tío, que generalmente suele aparecer representado por una figura de barro o madera, casi de tamaño humano, con cuernos y muecas espantosas.

 

Publicado el 19 de septiembre de 2009 a las 01:45.

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Una esclava de 14 años

Archivado en: Viajes, Bolivia, Potosí, minería

A las ocho de la noche los mineros terminan su jornada. Entonces empieza el turno de Abigaíl Canaviri Canaviri, de 14 años. La chica se calza el casco, la lámpara, las botas de goma, se mete por una bocamina angosta y medio inundada, y camina mil quinientos metros por las entrañas del Cerro Rico de Potosí, hasta alcanzar el fondo de la galería.

Allí, en ese pozo asfixiante, le esperan las rocas arrancadas por los mineros durante el día. Abigaíl, casi siempre sola, a veces con su madre viuda, amontona las rocas en una vagoneta que luego debe empujar por los raíles hasta el exterior, con una carga cercana a los cuatrocientos kilos (sólo la vagoneta pesa cien).

Abigaíl necesita dos horas para entrar hasta el fondo de la galería y sacar una vagoneta cargada. Repite la operación hasta siete u ocho veces durante la noche. Comienza a las ocho de la noche y no suele terminar la tarea hasta las diez o las once de la mañana.

Por ese trabajo de catorce horas le pagaban 20 pesos diarios (2 euros). Pero desde hace un año, Abigaíl trabaja gratis. No le pagan una sola moneda: sus minúsculas ganancias se las restan a la monstruosa y absurda deuda de 21.000 dólares que le cargaron a su madre viuda.

Leer texto completo »

Publicado el 10 de septiembre de 2009 a las 14:30.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

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