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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

"Los jóvenes queremos la vía pacífica pero no tememos a la guerra"

Archivado en: Sáhara

Arde El Aaiún, la ciudad de la que huyeron hace 34 años los padres de Mohammed Lamin tras la invasíon marroquí, y me acuerdo de aquel chaval nacido y criado en un campamento de refugiados en pleno desierto, del que quizá nunca pueda salir, y de sus palabras como cinceles.

(Foto: Mohammed Lamin, en el desierto de Tindouf, Argelia).

"Estoy muy concienciado. Sé lo que le pasó a mi familia, estudié la historia de mi pueblo, conozco la actualidad internacional. Participo en los movimientos políticos. Y quiero darlo todo por la causa saharaui.

Admiro a la generación de nuestros padres. Construyeron un país en el desierto, abrieron un camino donde no había nada y gracias a ellos los jóvenes hemos podido formarnos. Somos una generación preparada. Ahora queremos decir a los mayores que tomaremos el relevo, que seguiremos su lucha con todas nuestras fuerzas.

Mi familia era de El Aaiún. Mi padre luchó con el Frente Polisario y estoy muy orgulloso de él. Pon su nombre, por favor: Mustafá Abdallah. Estoy orgulloso porque arriesgó la vida por su gente, por una causa justa.

Cuando llegó la invasión marroquí, mi familia escapó de noche. Tuvieron que dejar en El Aaiún a algunos viejos y a algunas embarazadas que no podían huir. Desde entonces no los han vuelto a ver. ¿Viste ayer, durante el concierto en las dunas de Dajla, cómo salieron dos chicos al escenario con una bandera saharaui? Son primos míos que han venido de El Aaiún, activistas de los derechos humanos en los territorios ocupados. Participan en las manifestaciones pero son pacíficos. Uno de ellos estuvo preso. Y es la primera vez que vienen a los campamentos, a conocer a sus familiares. Yo no los había visto nunca".

Unos días más tarde, cuando regresaron a El Aaiún, los dos primos de Mohammed y otros nueve defensores de los derechos humanos fueron recibidos por una multitud de saharauis, concentrados para reivindicar el derecho a la autodeterminación. La policía marroquí cargó contra la muchedumbre y dejó decenas de heridos.

Mientras tanto, un tribunal militar marroquí prosigue su juicio contra otros seis saharauis que también fueron apresados al regresar de una visita a los campamentos de refugiados, en octubre de 2009. Entre ellos se encuentra Brahim Dahane, presidente de la principal asociación saharaui defensora de los derechos humanos, quien ha sido encarcelado varias veces en prisiones secretas, según denunciaron Amnistía Internacional y Human Rights Watch, y que fue premiado por el Gobierno sueco y la Comisión Internacional de Juristas "por arriesgar su vida con tenacidad y medios pacíficos en su lucha por los derechos humanos en el Sáhara Occidental". Dahane y las otras cinco personas están acusadas por Marruecos de "atentar contra la seguridad del Estado" y "colaborar con el enemigo".

Sigue Mohammed:

"El asunto está muy claro. Nuestro objetivo irrenunciable es la libertad. Para conseguirla, hay dos caminos: las palabras o las armas. Queremos seguir con la vía pacífica, defendernos con argumentos, hablando, negociando. Y sólo pedimos que se cumpla la ley, lo que dicen las resoluciones de la ONU. Pero ¿cómo contesta Marruecos? Con palizas, secuestros, cárceles y torturas. No nos dejan otro camino que tomar las armas. Y si es lo último que nos queda, lo haremos. Los jóvenes no tenemos miedo a la guerra".

*

Este testimonio es parte del reportaje "Once voces del desierto", que pronto publicaré en versión íntegra en la nueva revista digital Píkara.

 

Publicado el 8 de noviembre de 2010 a las 18:00.

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Noticias saharauis (desde fuera de internet)

Archivado en: Sáhara, internet

Estos días he recibido más llamadas perdidas con el prefijo 213 de Argelia. Era Darchalha, la  chica saharaui que vive en los campamentos de refugiados del desierto de Tindouf, en cuya casa nos alojamos durante unos días. Ya que los refugiados no tienen servicio postal, este verano aprovechamos las idas y vueltas de los niños que pasan las vacaciones en España: Darchalha nos mandó con ellos varias cartas y regalos -pulseras, pañuelos, collares-, y cuando le conté por teléfono que a mi madre le había encantado el colgante con colmillo, y que se lo había dado a ella, pidió disculpas por no haber enviado nada para mi padre; nosotros también mandamos con los niños cartas, regalos y un montón de fotos de aquellos días en los campamentos, para Darchalha y su familia.

Ayer, cuando por fin conseguí hablar con Darchalha de nuevo, me contó que habían recibido el paquete y me dio las gracias. Luego me contó varias noticias. Una, muy triste: su padre murió la semana pasada. "Algo de la cabeza", me dijo, sin más detalles. Y pasó rápido a las otras noticias: que seguía sin novio (porque a los saharauis les gustan las chicas gordas, y Darchalha se mantiene delgada a propósito: no quiere casarse hasta los 30 por lo menos) y que por fin la habían aceptado en la escuela de mujeres del campamento para hacer un curso "de ordenadores". Me alegró mucho la noticia, porque Darchalha siempre hablaba de la ilusión que le hacía aprender a usar el ordenador.

Le pregunté si tenían internet. Me contestó: "¿Qué es eso?".

Y me acordé de aquellos periodistas y blogueros que declararon que "internet es nuestra sociedad y nuestra sociedad es internet".

*

En aquellos días en los campamentos, Darchalha me hizo de intérprete y me ayudó a charlar con su padre Mohammed Lami Ramdan, un viejo soldado polisario que había quedado casi ciego tras un bombardeo de los marroquíes durante la guerra. Traigo de nuevo las palabras de Mohammed, muerto la semana pasada.

"Cuando las tropas marroquíes llegaron a Dajla, mi familia huyó y yo me quedé a luchar con el Frente Polisario. Los aviones marroquíes nos lanzaban bombas a los soldados y también a las familias que huían. La gente moría como moscas. Aquí diez, allí doce, se quedaban los cadáveres desperdigados. Y también quedaban muchos heridos, muchos mutilados en mitad del desierto.

Un día, cerca de Mahbes, los aviones lanzaron bombas y el aire se incendió. Nos envolvió una nube blanca, ardiente. Eran bombas de fósforo. Perdí un ojo. Con el otro puedo ver sombras.

El pueblo de España nos ayuda mucho. Nos mandan medicinas y alimentos, nos ayudan a construir escuelas, acogen a nuestros niños en verano. Son nuestros hermanos. Pero el Gobierno... El Gobierno español nos ha olvidado. Nos abandonó en manos de Marruecos. Nunca hace nada para ayudarnos a volver a nuestra tierra. Mis hijos y mis nietos han nacido en este desierto de los argelinos. Sólo conocen los campamentos de refugiados. Mi mayor sueño es que algún día conozcan nuestra tierra. Que vuelvan a Dajla, donde nací yo, donde nacieron mis padres y mis abuelos".

*

Relacionado: Llamadas desde el Sáhara / Internet, una ortopedia fantástica

Publicado el 7 de octubre de 2010 a las 09:15.

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Llamadas desde el Sáhara

Archivado en: Viajes, Sáhara

Algunas noches recibo una llamada perdida con el prefijo 213 de Argelia. Suele ser muy tarde, hacia medianoche, a las horas en las que el bochorno del desierto afloja un poco y permite respirar a los saharauis. La que llama y corta es Darchalha, una chica de 20 años que vive en el campamento de refugiados de Smara. Yo devuelvo la llamada y nunca consigo hablar con ella: o no suena, o se interrumpe... Hasta el pasado sábado, cuando por fin pudimos charlar unos minutos. Me contó que en verano pasan el día tumbados a la sombra, soportando como pueden la chicharra a 50 grados, y por la noche salen a pasear. Ella sigue  cuidando a su padre, que quedó ciego en la guerra, lleva las tareas de casa y no ha conseguido ingresar en la escuela para mujeres del campamento, donde sueña con apuntarse a un curso de informática y aprender un oficio.

Hace unas semanas, me llegó un paquete de Darchalha con unos collares y unas pulseras,  y una carta en la que contaba que todos estaban bien en su familia, preguntaba por la mía y se disculpaba por la pobreza de los regalos. Los refugiados no tienen servicio postal, de manera que aprovechan el verano, cuando miles de niños saharauis pasan un par de meses en España, para enviar con ellos montones de cartas a quienes les hemos visitado en los campamentos. Nosotros también aprovechamos el viaje para que  al final del veraneo -esta misma semana- esos niños les lleven nuestras cartas a los campamentos.

En sus cartas y llamadas ponen una ilusión tremenda. Son garfios que lanzan más allá del desierto, intentos de aferrarse al mundo, de salir -aunque sea con unas palabras por teléfono o unas letras- de ese terrible vacío del desierto argelino en el que viven recluidos desde hace 34 años, desde que fueron expulsados a bombazos de napalm y fósforo de sus tierras por las tropas invasoras marroquíes. Los campamentos de los refugiados saharauis  en Tinduf (Argelia) son una de las vergüenzas del mundo, una vergüenza producida por Marruecos y tolerada por España, que siempre antepone las conveniencias y los negocios a los derechos y la dignidad de estas vidas aplastadas.

Casualidad: al día siguiente de hablar con Darchalha, su foto apareció en el diario Deia, y al día siguiente, en el Noticias de Gipuzkoa. Ambos diarios, del mismo grupo, publicaron una versión abreviada de mi reportaje sobre los refugiados saharauis. No lo han colgado en internet, así que espero publicar más adelante la versión completa en un medio digital, para que lo podáis leer si os apetece.

El reportaje recoge once testimonios de refugiados saharauis que van explicando su pasado, su presente y su futuro: la mujer que tenía 6 años cuando huyó al desierto y fue bombardeada y ametrallada por la aviación marroquí, un par de soldados del Frente Polisario que lucharon en la guerra, saharauis formados en Cuba que decidieron regresar al desierto para compartir el destino atroz de los suyos, educadores que intentan atender a los niños deficientes del campamento, una entrenadora de fútbol, un ministro, jóvenes que hablan de la posibilidad de retomar las armas contra el ejército marroquí...

El reportaje es maratoniano, y bastante hicieron estos diarios al publicarlo en tres páginas, pero aun así hay historias que se han quedado fuera, como es lógico. Uno de esos testimonios descartados es precisamente el de Darchalha, a la que veis aquí con su padre, que perdió un ojo durante un bombardeo marroquí con fósforo blanco.

Darchalha Mohammed Lami:

"Yo no he podido estudiar porque cuido a mi padre, que se quedó ciego en la guerra. Mi madre tenía asma, problemas respiratorios, y murió hace un año. No había médicos ni tratamientos para ella. Mi hermano se fue a España hace unos cuantos años para operarse los ojos y se ha quedado allí trabajando. Todavía no sabe que nuestra madre murió. Mi hermana trabaja en el dispensario del campamento. Ahora yo me encargo de mi padre, de la casa, de los hermanos pequeños. Me gustaría mucho estudiar en el centro de formación de mujeres, me apunté, pero hay pocas plazas. Quiero aprender a usar ordenadores y trabajar.

Pero por ahora tengo que cuidar la casa. Ir a dar de comer a las cabras. Recoger la ayuda: todos los meses nos reparten un kilo de arroz por persona, un kilo de lentejas, de alubias, aceite, harina, té, azúcar, las bombonas de gas... A veces se retrasan; por ejemplo, llevamos tres meses sin recibir té, pero podemos comprar un poco en el mercado, si tenemos algo de dinero. No pasamos hambre, porque si a alguna familia se le va acabando la comida, los vecinos le ayudan.

Yo como poco, porque a los chicos saharauis les gustan las chicas gordas y yo no me quiero casar hasta los treinta por lo menos [ríe a carcajadas]. Aquí tendría que ser como en España: os casáis más tarde, cuando encontráis una persona buena, y no porque tengáis necesidad. Muchas chicas saharauis se casan muy pronto, porque en su familia no tienen dinero ni trabajo y necesitan que las mantenga un hombre".

*

Tras la paliza que la policía marroquí dio a unos activistas canarios prosaharauis en El Aaiún hace unos días, el Gobierno español pide ¡a los activistas! que "respeten la legalidad vigente".

Es el colmo de la hipocresía: el Gobierno español se pasa la legalidad vigente por la Puerta de Alcalá. Según las resoluciones de las Naciones Unidas, el Sáhara Occidental es un "territorio no autónomo", pendiente de descolonizar, con derecho a la autodeterminación, y Marruecos es una potencia ocupante que no tiene ningún derecho sobre el territorio.

La legalidad vigente también dice, por ejemplo, que Marruecos no tiene ningún derecho sobre los caladeros saharauis. Sin embargo, el Gobierno de Rabat cobra 144 millones de euros de la Unión Europea a cambio de conceder permisos de pesca durante cuatro años. En febrero de 2010, los propios servicios legales del Parlamento Europeo declararon en un informe que el convenio entre la UE y Marruecos viola las leyes internacionales. Noruega, Suecia y Dinamarca renunciaron a la explotación de los recursos naturales saharauis porque constituye "una seria violación de las normas éticas fundamentales". Mientras tanto, España es el principal beneficiario de la pesca ilegal: de los 119 barcos comunitarios que faenan en aquellos caladeros, un centenar son españoles.

El Gobierno español colabora con el expolio y pide a quienes lo denuncian que respeten la legalidad.

*

Fran Sevilla (RNE): Brutalidad en el Sáhara

Publicado el 31 de agosto de 2010 a las 10:00.

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Prejuicios (ligoteo en el desierto)

Archivado en: Sáhara

(Foto: mujeres saharauis en el campamento de refugiados de Dajla).

Antes de salir a la calle, Darchalha se cubre la cabeza con la parte superior del vestido y se pone unas gafas de sol, de manera que sólo quedan a la vista la nariz y la boca. Como la hemos visto arrodillarse varias veces y rezar en dirección a La Meca, ya sacamos nuestras conclusiones sobre esta chica de 20 años y sus motivos para taparse casi por completo. Estamos convencidos y lo comentamos entre nosotros con curiosidad y un puntito de condescendencia.

Entonces se viste también unos guantes de lana. Es febrero pero en el desierto argelino la temperatura ronda los 32 o 33 grados.

-¿Llevas guantes con este calor?

-Sí. Para no ponerme morena.

A las chicas saharauis les gusta estar pálidas,  explica Darchalha, a los chicos no les gustan las de piel morena. Por eso las chicas se tapan la cabeza, se ponen gafas y guantes.

Paseando por el campamento de refugiados de Smara, un chaval nos sigue durante un buen rato y al final se atreve a hablarle a Darchalha. Cambian dos o tres frases y el chaval se aleja.

-Qué, Darchalha, a ese chico le gustas, ¿no?

Se ríe.

-Él me habla, me da su teléfono, pero no me ve. Si no me gusta, me voy y ya está, él no me puede buscar. Y si me gusta, igual le llamo. Como voy tapada, él se interesa y yo tengo ventaja.

(Foto: Darchalha se quita el guante para hablar por teléfono).

Publicado el 22 de marzo de 2010 a las 12:00.

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"Si parábamos junto a un pozo, los aviones nos ametrallaban"

Archivado en: Sáhara, Dagousha Lamad

Primeras voces para un reportaje sobre la tragedia silenciada de los saharauis.

Dagousha Lamad, 40 años:

"Yo nací en El Aaiún, en El Aaiún de verdad. Tenía 6 años cuando llegó la Marcha Verde. Los marroquíes impusieron el toque de queda, empezaron a rodear la ciudad con alambradas y muchos saharauis huimos. Yo me escapé con mi madre, mi abuela, mis hermanas y un bebé, que era mi primo pequeño. Los hombres se quedaron a luchar.

Caminamos hacia el interior, hacia el desierto, en plena noche. Hacía bastante frío. Nos juntamos muchas familias, una caravana de mujeres, niños y algunas cabras, huyendo sin saber adónde, sólo huyendo. No llevábamos nada: ni comida, ni ropa de abrigo... Un día aparecieron los aviones marroquíes. Pasaban por encima y nos lanzaban bombas, la tierra saltaba en chorros y el suelo temblaba. Las mujeres guardaban a los hijos pequeños dentro de la melfa [el vestido largo de las saharauis] para protegerlos. Los niños llorábamos, las madres gritaban, teníamos mucho miedo. Cuando acababan los bombardeos, quedaban muchos cadáveres. Nos bombardeaban día y noche. Si parábamos junto a un pozo y nos juntábamos mucha gente para intentar beber, venían los aviones y nos ametrallaban.

Caminamos varios días por el desierto, pasando frío por la noche y calor por el día. Los niños pequeños iban montados en cabras o en burros. A veces se morían de hambre y sed. A mí me sangraban los pies, despellejados de tanto andar.

Gracias a Dios, los argelinos vinieron a buscarnos con coches y camiones. A nosotros nos metieron en un coche y viajamos a oscuras, con las luces apagadas, para que no nos descubrieran los aviones.

Nos dejaron en un lugar en medio del desierto, donde instalaron tiendas de lona y se montó un primer campamento. Recuerdo a los que fueron llegando después de nosotros: venían familias con burros que se morían de cansancio, y otros venían en coches tan abarrotados que había mujeres y niños agarrados por la parte de fuera, colgados de las ventanillas y las puertas. Los coches casi no podían avanzar.

En ese campamento estuvimos un mes. Pero de repente nos dijeron que los marroquíes se acercaban y huimos de nuevo. Esta vez no sufrimos ataques. Nos instalamos en el campamento de Rabuni. Y meses más tarde nos llevaron al de Smara, donde vivimos desde entonces. Hace ya 34 años.

Estuvimos un año y medio sin ver a los hombres, que seguían luchando contra los marroquíes. Luego venían de vez en cuando de visita, en los permisos, pero en esos años de guerra las mujeres tuvimos que encargarnos de construir los campamentos. Donde sólo había tiendas, empezamos a levantar casas de adobe. Yo trabajé en la construcción de dos colegios. Escolarizar a los niños era muy importante. Las mujeres hicieron de maestras. Organizaron el reparto de comida. Siguieron construyendo casas. Si en la familia hay hombres, maridos, hermanos, hijos, ellos pueden hacer las tareas más pesadas. Pero al principio no había hombres. Mi marido sufrió heridas muy graves en la cabeza, por la explosión de una bomba, y durante mucho tiempo no podía ni moverse. A un tío mío le amputaron un brazo. Otros tres murieron.

Los primeros años fueron muy duros, pasábamos hambre, no teníamos ningún recurso salvo la ayuda de los argelinos, Dios los bendiga. A partir de los años 90 empezó a llegar ayuda internacional y desde entonces estamos mejor. Nos mandan arroz, lentejas, harina, azúcar, té. Y vienen médicos. A mí un médico español me extirpó un bulto grande que me había salido entre la oreja y la mandíbula.

¿Si tengo esperanzas de volver a El Aaiún?

Es nuestra tierra. Allí tengo hermanos y tíos a los que no he visto desde hace 34 años. Mi mayor sueño en esta vida sería volver a El Aaiún.

Pero no quiero que haya más guerras. Mi marido es militar y está dispuesto a tomar de nuevo las armas contra Marruecos. Los jóvenes también lo dicen. Pero a tres tíos míos los mataron, conozco a madres que han perdido a todos sus hijos en la guerra. Quiero mucho a mi tierra pero no quiero que los hombres mueran otra vez.

A partir de ahora, mi casa será siempre tu casa. Si vuelves otro año o si vienen amigos tuyos, siempre tendréis aquí vuestra casa. Y cuando volvamos al Sáhara de verdad, allá tendréis también una casa. Y os ofreceremos pescado".

*

Otras voces: Mohammed Lami Ramdan, 68 años, ciego por las bombas de fósforo lanzadas por el ejército marroquí.

Publicado el 10 de marzo de 2010 a las 10:45.

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Urratsak Saharan

Archivado en: Sáhara

Ayer publiqué en el cuadernillo dominical del diario Berria un reportaje sobre la enorme participación vasca en el Sáhara Maratón. Corrieron unos 80 atletas vascos: aproximadamente una quinta parte de toda la participación extranjera (unos 400 atletas de 27 países) y una décima parte de la participación total (otros 400 y pico atletas eran saharauis y argelinos).

Traduzco a botepronto los primeros dos párrafos:

"El erandiotarra Jon Salvador ganó la media maratón del 2003 y 2004, este año se ha impuesto en la maratón completa y para la próxima edición se plantea un nuevo reto: 'Quiero traer a mi hijo Gaizka a los campamentos. Tendrá diez años y creo que será una experiencia muy valiosa para él. Que vea cómo viven los refugiados saharauis en medio del desierto, en condiciones tan duras; que aprecie las comodidades que tenemos en casa; que sepa que en el mundo existen injusticias muy grandes'.

Ése es, precisamente, el objetivo de la Sáhara Maratón: que los pies de los atletas sacudan las arenas y los olvidos que poco a poco van cubriendo las vidas de los refugiados saharauis en los campamentos de Tindouf (Argelia), que sirvan para denunciar una de las mayores vergüenzas toleradas por el mundo".

Erreportajea: Euskal urratsak Saharan (pdf).

Un par de fotos: 1) la carrera al paso por el campamento de refugiados de Ausserd y 2) la carrera al paso de... bueno, al paso.

Publicado el 8 de marzo de 2010 a las 00:00.

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Sé más o menos dónde estás

Archivado en: Sáhara, Mohammed Lami Ramdan

Primeras voces para un reportaje sobre la tragedia silenciada de los saharauis.

Mohammed Lami Ramdan, 68 años: "Después de la invasión, cientos de familias huyeron de Dajla, en la costa atlántica, hacia el interior, hacia el desierto. Los aviones marroquíes pasaban por encima de las caravanas de fugitivos y soltaban las bombas, un montón de bombas que caían desde el cielo como puñados de lentejas, estallaban y reventaban a docenas de personas. Morían como moscas, aquí diez, allí doce, se quedaban los cadáveres desperdigados. Y también quedaban muchos heridos, muchos mutilados en mitad del desierto.

"Me uní al Frente Polisario. Un día, cerca de Mahbes, nos lanzaron bombas y el aire se incendió, nos envolvió una bola de fuego, todo ardía. Eran bombas de fósforo blanco. Perdí un ojo. Con el otro puedo ver sombras. Sé más o menos dónde estás".

Me tiende la mano. Le acerco la mía. La estrecha con fuerza y no me la suelta.

"La gente de España nos ayuda mucho. Nos mandan medicinas y alimentos, nos ayudan a construir escuelas, acogen a nuestros niños. Son nuestros hermanos. Pero el Gobierno... El Gobierno español nos ha olvidado. Nos abandonó en manos de Marruecos, ahora llevamos 34 años en el desierto y no le importamos. Nunca hace nada para ayudarnos a volver a nuestra tierra, nunca presiona a Marruecos. Mis hijos y mis nietos han nacido en este desierto de los argelinos. Sólo conocen los campamentos de refugiados. Mi mayor sueño es que algún día conozcan nuestra tierra. Que vuelvan a Dajla, donde nací yo, donde nacieron mis padres y mis abuelos".

Mohammed enviudó el año pasado. Su mujer murió por problemas respiratorios que se hubieran podido tratar en un hospital con medios suficientes. Ahora vive al cuidado de su hija Darchalha, de 20 años, que no ha podido estudiar informática porque debe ocuparse de su padre y de la familia.

Publicado el 4 de marzo de 2010 a las 20:00.

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Viaje interior

Archivado en: Sáhara, Pichorradicas

Horas después de comer una ensalada imprudente, acuclillado y meditando en los servicios del campamento de refugiados saharauis de Smara, prometí golpear al siguiente que me dijera que los mejores viajes son los que te remueven por dentro.

Publicado el 2 de marzo de 2010 a las 11:15.

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El peor laberinto

Archivado en: Sáhara, Jorge Luis Borges

Estos días estoy visitando la cárcel más diabólica, en la que permanecen 200.000 personas desde hace más de treinta años.

LOS DOS REYES Y LOS DOS LABERINTOS

Cuentan los hombres dignos de fe (pero Alá sabe más) que en los primeros días hubo un rey de las islas de Babilonia que congregó a sus arquitectos y magos y les mandó construir un laberinto tan complejo y sutil que los varones más prudentes no se aventuraban a entrar, y los que entraban se perdían. Esa obra era un escándalo, porque la confusión y la maravilla son operaciones propias de Dios y no de los hombres. Con el andar del tiempo vino a su corte un rey de los árabes, y el rey de Babilonia (para hacer burla de la simplicidad de su huésped) lo hizo penetrar en el laberinto, donde vagó afrentado y confundido hasta la declinación de la tarde. Entonces imploró socorro divino y dio con la puerta. Sus labios no profirieron queja ninguna, pero le dijo al rey de Babilonia que él en Arabia tenía otro laberinto y que, si Dios era servido, se lo daría a conocer algún día. Luego regresó a Arabia, juntó sus capitanes y sus alcaides y estragó los reinos de Babilonia con tan venturosa fortuna que derribó sus castillos, rompió sus gentes e hizo cautivo al mismo rey. Lo amarró encima de un camello veloz y lo llevó al desierto. Cabalgaron tres días, y le dijo: "¡Oh, rey del tiempo y sustancia y cifra del siglo!, en Babilonia me quisiste perder en un laberinto de bronce con muchas escaleras, puertas y muros; ahora el Poderoso ha tenido a bien que te muestre el mío, donde no hay escaleras que subir, ni puertas que forzar, ni fatigosas galerías que recorrer, ni muros que te veden el paso".

Luego le desató las ligaduras y lo abandonó en mitad del desierto, donde murió de hambre y de sed. La gloria sea con Aquél que no muere.

Jorge Luis Borges, El Aleph

Publicado el 25 de febrero de 2010 a las 09:15.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

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Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

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"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

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