viernes, 11 de julio de 2014 00:53 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Aprovecha, aprovecha ahora, que luego...

Archivado en: Josu Iztueta, Viajes

Cuenta Josu Iztueta que cuando empezaron a viajar por el mundo con la Nairobitarra, a los veintipocos años, la gente les decía: aprovechad, aprovechad ahora, que más adelante no podréis. En la treintena, les decían: qué, ya vais teniendo una edad para sentar la cabeza, ¿no? Y ahora, a los cincuenta, la gente de su edad les dice: a ver si cuando me jubile empiezo a andar como vosotros.

Publicado el 5 de noviembre de 2010 a las 12:00.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

No sé qué puedo hacer

Archivado en: Viajes, Siniestro Total

Las guías de viaje, con su admirable exhaustividad, su afilado instinto para desentrañar las costumbres y tendencias de los nativos, y su sabrosa esquizofrenia entre la necesidad de seducir al turista y la de alertarlo, ofrecen descubrimientos apasionantes.

Así, a botepronto, recuerdo una guía sobre Jordania, un país en el que cualquier balón de fútbol corriendo por una pantalla atraía a muchedumbres callejeras ansiosas, y en el que, según la guía, los deportes favoritos eran... el ping-pong y el vuelo de cometas.

Recuerdo las tres guías tres de Islandia que mencionaban todas al alimón el mismo albergue barato, en el lugar en el que se alzaba un selecto hotel-club de golf, en un pueblo en el que nadie sabía que jamás hubiera existido tal albergue. Con lo mal que pagan las editoriales, casi es comprensible que los autores se copien unos a otros o recurran a la misma fuente equivocada. Lo curioso es que el editor de una de esas guías insistió, ante una sala llena de oyentes, que ellos revisaban personalmente todos los datos. Así que se aceptan hipótesis.

O aquella otra guía que glosaba las delicias paisajísticas de las Bardenas, un desierto conmovedor en el que podía escucharse el silencio, un silencio sólo roto por...

...¿por los balidos de las ovejas?...

...¿por el susurro de las espigas mecidas por el viento?...

No, un silencio sólo roto por los vuelos rasantes de los cazas y sus bombardeos.

Hace unos días empecé a hojear una guía de Angola que me está llevando en un carrusel de emociones variadas, desde la ensoñación placentera por la promesa de goces exóticos hasta el terror por toda la gama de amenazas que afilan el colmillo a la espera del visitante, pasando por la chocante gama de equívocos imposibles de prever:

"Los visitantes gays no deberían malinterpretar la costumbre de los angoleños de rascarse la entrepierna. No es una invitación".

Publicado el 20 de octubre de 2010 a las 21:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Patagonia sin moscas

Archivado en: Viajes, Pangea, Patagonia

Sigo rescatando algunos párrafos descartados de las crónicas de la expedición Pangea o del posterior libro Los sótanos del mundo, ahora que se cumplen diez años de aquel viaje.

En el libro dediqué algunas líneas a la confusa delimitación geográfica de la Patagonia, pero al final quité esta explicación de lo evidente que fue para nosotros:

"Para nosotros, la Patagonia empieza de una manera muy explícita y tajante, unos kilómetros antes de llegar al río Colorado. Un cartel inmenso anuncia en la carretera: "Entra usted en la Patagonia: zona de protección contra la mosca de la fruta". Nos parece muy bien que impidan la entrada a la mosca de la fruta, algo habrá hecho, pero no entendemos muy bien el cartel. No parece que la ausencia garantizada de estas moscas sea una característica que atraiga especialmente a los visitantes de la Patagonia. Pero cien metros más adelante entendemos que no se trata de un reclamo turístico, cuando leemos otro cartel, más grande y con tipografía más urgente: "Inspección zoofitosanitaria patagónica". La carretera se ensancha en una explanada donde esperan camiones y coches detenidos. Un hombre vestido de astronauta y armado con una manguera vaporizadora fumiga de arriba abajo un camión de frutas.

Nos detenemos en la cuneta y sube al autobús un chaval rubio desganado, con un peto verde que lo acredita como inspector zoofitosanitario. Un título con tantas sílabas no basta para engañar a este joven: trae la cara larga y la conciencia dolorida de un biólogo becario cuyas prácticas consisten en revisar maleteros para buscar plátanos. En el folleto que nos da se explican los desastres que causa la mosca mediterránea en la Patagonia, y el chaval añade que debe requisar productos que puedan contener larvas de esa mosca y otros alimentos que puedan contaminar la producción agropecuaria patagónica. ¿Llevamos frutas, verduras, carnes con hueso, queso, semillas, vísceras frescas, cueros frescos? Abre un par de armarios sin mucho interés y encuentra un pequeño botín: una bandeja con chuletas de cerdo envasadas y unas bolsas con tomates, cebollas, peras y manzanas. Levanta los hombros en señal de disculpa, deja que nos comamos unas peras in extremis, nos choca los cinco con amabilidad y con su mano enguantada en látex, y baja del bus con las bolsas. Cuando el bus atraviesa la barrera levantada, nos fijamos en una característica llamativa y sospechosa: todos los jefes de los inspectores zoofitosanitarios son bastante gordos".

Y también eliminé del libro este pequeño experimento en Yibuti, el país más caluroso del mundo. Cuando estuvimos nosotros, en junio, las medias diarias en la capital eran de 44 grados a la sombra:

"Vemos una cabina de teléfono plantada en mitad de la calle, a pleno sol, y se nos ocurre un experimento. Entro a la cabina, termómetro en mano, cierro la puerta y me asusto: el mercurio sube con rapidez hasta los 57 grados y yo chorreo sudor como una esponja exprimida. En diez segundos estoy completamente empapado. Los cristales de la cabina hacen efecto de lupa y dentro no corre nada de aire. Una pequeña brisa despejaría el sudor de mi piel, me permitiría sudar más y rebajar así la temperatura de mi cuerpo; pero sin ninguna ventilación, tengo los poros colapsados y mi temperatura sube sin remedio. Salgo al borde del desmayo".

Así inventamos el cabinning, un deporte de riesgo quizá demasiado audaz para su época y ya anacrónico en estos tiempos de aifons.

Publicado el 4 de octubre de 2010 a las 11:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Ruedas de prensa: antes y después del Karakórum

Archivado en: Viajes, Pakistán, Karakórum, Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo, Mikel Zabalza

Primera rueda de prensa: finales de mayo en Bilbao.

Segunda rueda de prensa: finales de julio en el campamento Hispam, a las siete de la mañana, después de cruzar de madrugada el collado de Gondogoro (5.690 m) en el camino de vuelta a casa, tras casi dos meses de expedición.

No hubo preguntas.

Publicado el 27 de septiembre de 2010 a las 11:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Catálogo de muertes horribles

Archivado en: Viajes, Australia

Entre los textos y apuntes olvidados en carpetas de hace diez años, de cuando la expedición Pangea, hoy saco esta pieza australiana en la que se nota mucho que acababa de leer a Bill Bryson.

"La costa tropical de Queensland ofrece cientos de kilómetros de playas blancas, aguas turquesas, sol, palmeras y arrecifes de coral: el paraíso que prometen los folletos de las agencias de viajes. Sin embargo, las playas permanecen desiertas durante cientos de kilómetros. Si un bañista se atreve a meterse en el mar entre octubre y mayo, es probable que sufra una muerte horrible en pocos segundos.

En esas aguas flota la medusa cofre, el animal más venenoso del planeta. En el Museo Tropical de Townsville guardan un ejemplar, para quien quiera contemplar este bicho de diseño tan simple y terrorífico: dentro del frasco flota una medusa translúcida de forma rectangular (por eso el nombre) de apenas diez centímetros de largo por cinco de ancho. En cada uno de sus cuatro extremos, la medusa guarda un racimo de tentáculos enrollados que apenas sobresalen tres centímetros. Pero cuando alguien la inquieta, estira más de tres metros cada uno de sus tentáculos, plagados de minúsculos aguijones que se adhieren a la piel de la víctima y segregan una toxina ultrapotente. Con esos látigos venenosos mata gambas y peces pequeños para alimentarse, pero una descarga plena podría freír a una docena de personas adultas. Los biólogos no se explican muy bien por qué esta medusa ha desarrollado una habilidad asesina tan descomunal. Desde luego, todo el mundo procura dejarla en paz.

Como este animalito espeluznante es translúcido, el bañista no lo verá acercarse. Dicen que su descarga produce el mayor dolor imaginable. Un ejemplo: en 1992, un joven de la ciudad tropical de Cairns se zambulló en el mar y de pronto comenzó a proferir gritos inhumanos. Mientras sus amigos lo sacaban del agua, sufrió un ataque de convulsiones y soltaba alaridos como para desgarrarse las cuerdas vocales. Cuando llegó la ambulancia, le inyectaron una cantidad enorme de morfina y se lo llevaron. Y aun así, inconsciente y sedado, no paraba de gritar. En el Museo Tropical, un panel muestra fotografías del cuerpo de un bañista que sobrevivió tras toparse con la medusa cofre -quizá el protagonista de la historia anterior-: el costado derecho aparece completamente negro, chamuscado, con rastros de latigazos rojos allá donde los tentáculos rozaron la piel. Esta víctima pudo contarlo porque los tentáculos sólo le rozaron unos centímetros. En esos casos, se recomienda lavar la zona afectada con litros de vinagre, para evitar que los restos adheridos de la medusa sigan segregando veneno. Pero ningún remedio evita el dolor más terrible y unas quemaduras para toda la vida. Si tres o cuatro metros de tentáculos rozan la piel, el bañista sufrirá convulsiones brutales, padecerá una parada cardiorrespiratoria y morirá en pocos segundos.

En Australia, un hipocondríaco morboso puede coleccionar una gama amplia de muertes espantosas. La estadística dice que no es para tanto. Por ejemplo, las muertes por ataques de tiburón: en los días de nuestro viaje, los periódicos publicaron en primera plana la foto de una gran mancha de sangre que flotaba en el mar, después de que un tiburón arrancara la pierna a un surfista. El surfista se desangró en el agua y murió. Ante el pánico que produjo la noticia, las autoridades subrayaron que en todo el año sólo siete personas habían muerto en Australia por ataque de tiburón, mientras que ocho personas habían fallecido alcanzadas por un rayo, y nadie se obsesiona con que le parta un rayo. Es cierto que nuestros motivos para el pánico son irracionales: ¿cuántos cientos de australianos mueren al año en accidentes de tráfico? Y nadie titubea al subirse a un coche. Sin embargo, el siguiente listado de muertes horribles no lo he extraído de periódicos sensacionalistas, archivos de casos truculentos o enciclopedias remotas: casi toda la información aparece en los folletos que reparten las oficinas de turismo, y en los paneles didácticos de los museos y los parques. Algo tiene el agua -medusas, cocodrilos, serpientes- cuando la maldicen.

Leer texto completo »

Publicado el 24 de septiembre de 2010 a las 10:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Javier Iriondo, cortador de caña

Archivado en: Viajes, Australia, Los sótanos del mundo

Mil anécdotas de la otra emigración, la nuestra, la de hace sólo cincuenta años: aquel baserritarra que embarcó en Barcelona rumbo a Estados Unidos, y que cuando el barco llegó a Nápoles para recoger a emigrantes italianos, escuchó una lengua extraña, pensó que aquello debía de ser Nueva York y se bajó; o aquel emigrante que después de muchos años volvió de Australia a casa para ver por última vez a sus padres, pero, avergonzado porque no regresaba enriquecido como todos esperaban, se bajó del tren un poco antes de llegar al pueblo, dio media vuelta y se volvió a las antípodas; o el susto de Mari Jose, hija de emigrantes, nacida y criada en la zona tropical de Australia, que de niña viajó a Asturias para conocer a sus abuelos y que, cuando un día amaneció nevando, corrió gritando que el pueblo estaba cubierto de azúcar.

Estas historias y muchas otras nos las contó Javier Iriondo, un guipuzcoano que lleva 50 años en Australia. Pasamos dos días en su casa, en Glengarry (estado de Victoria), escuchando hipnotizados sus relatos alrededor de la mesa. También recuerdo que nos informó de un Alavés, 0; Real Sociedad, 1, creo que con Periko Alonso de entrenador.

El blog como maritate: "A la vuelta del viaje empezamos a montar una narración, un relato principal al que le vamos quitando unas piezas y añadiendo otras, y que al final se consolida en forma de reportajes, libros o charlas. Con el tiempo, esa narración se ensambla del todo y apenas recordamos ninguna otra cosa: creemos que el viaje fue lo mismo que el relato.

Por eso resulta fascinante -y un poco inquietante- volver a los cuadernos de notas unos años después. Porque se descubre algo tan obvio y tan rápido de olvidar como que el relato es un mecano. Y también encontramos algunas piezas bastante curiosas que se quedaron fuera".

Como conté hace unos días, se cumplen diez años del inicio de la expedición Pangea, aquel viaje que nos llevó por por las depresiones más profundas de cada continente. Escarbando en carpetas viejas, he encontrado algunas historias que quedaron fuera de los reportajes, los libros y las proyecciones, y que se iban borrando ya de la memoria. Por ejemplo, los  siguientes retazos de la historia de Javier Iriondo:

Muchos vecinos emigraban, el pueblo se vaciaba, así que el cura de Legorreta (Guipúzcoa) dedicó varios sermones dominicales a pintar Australia como una sucursal del infierno: "Allí trabajan en la jungla, semidesnudos como monos, acechados por bestias salvajes y bichos venenosos, no saben ni en qué día viven".

"Todo lo que contaba el cura me animaba más a irme", cuenta Javier Iriondo, natural del caserío Domingotegi, en el barrio Koate de Legorreta, donde vivía con sus padres y trece hermanos y hermanas.

Leer texto completo »

Publicado el 17 de septiembre de 2010 a las 15:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Diez años de la expedición Pangea, diez años del Basque Hotel

Archivado en: Viajes, Pangea, Josu Iztueta

Hoy se cumplen diez años del día en que volamos a San Francisco (California) para empezar la expedición Pangea, el viaje al fondo de los continentes.

En el impreso de entrada a Estados Unidos debíamos anotar en qué hotel íbamos a alojarnos. Alguien leyó que en San Francisco existía un Basque Hotel, así que los ocho del grupo decidimos escribir ese nombre en el impreso. Aquella noche, después de alquilar la furgoneta con la que recorreríamos el Far West durante cuatro semanas, nos fuimos a un parque, extendimos las esterillas y los sacos en un rincón y nos echamos a dormir. A partir de entonces, "una noche en el Basque Hotel" pasó a ser sinónimo de una noche al aire libre (nueve de cada diez, en los siguientes meses).

Aquella primera noche tuvo sorpresa. En plena madrugada nos despertaron el motor de un coche y unos focos: la Policía. Un agente bajó del coche y nos dio cuatro voces para despertarnos. Luze, un biólogo leitzarra de más de 1,90 m, se levantó y se acercó al poli para hablar con él. El poli, receloso ante aquel yeti navarro que se le acercaba en la penumbra, le pegó un empujón en el pecho. No recuerdo qué le contamos al agente, pero recogimos los bártulos, nos fuimos del parque y pasamos las horas en la furgoneta hasta el amanecer.

Apenas recuerdo el Golden Gate o la isla de Alcatraz pero se me grabó el empujón del policía de la primera noche. Aquel momento tenso y la expulsión del parque estuvieron muy bien. Todo estaba muy bien, todo nos parecía fantástico, todo era pura efervescencia en el arranque de un gran viaje que al menos a mí, con 24 años, me trazó un surco muy profundo que llega hasta hoy mismo, diez años después.

(Foto: en las dunas de Mesquite, Valle de la Muerte, California, el lugar más bajo, seco y caluroso de América del Norte).

Durante nueve meses recorrimos las depresiones más profundas de América del Norte (Valle de la Muerte, -86 m), Australia (Lago Eyre, -15 m), América del Sur (Laguna del Carbón, -105 m), Europa (Mar Caspio, -28 m), Asia (Mar Muerto, -411 m) y África (Lago Assal, -157 m).

Lo he contado muchas veces: el mediodía en que Josu Iztueta -a quien yo no conocía en persona- me telefoneó a mi piso de la calle Jarauta para proponerme el viaje, le dije inmediatamente que sí. Cuando colgué el teléfono, con los macarrones fríos, ya había decidido dejar el trabajo, aparcar durante casi un año la vida cómoda y feliz que llevaba entonces y fundirme todos mis ahorros, hasta la última pela, tragando millas. No creo que todo esto tenga ningún mérito especial, porque tomar la decisión no me costó absolutamente nada. No pensé, no dudé. Un fogonazo. 

De aquel viaje volví con mil exploraciones, algunas lecciones y un par de convicciones. También con reportajes, crónicas, entrevistas, charlas y un par de libros: El testamento del chacal y Los sótanos del mundo (éste último, compendio del viaje por los seis continentes, se publicó cuatro años después de la expedición: necesité todo ese tiempo para sedimentar la riada de historias que recibimos en aquellos nueve meses).

Rebuscando en carpetas viejas, he encontrado algunas historias de la expedición que quedaron fuera de los libros, los reportajes y las charlas. En los próximos días colgaré aquí alguna que otra.

Mientras tanto, os dejo los enlaces al reportaje-resumen que publiqué en la revista Barrabés hace ya nueve años.

-Viaje al fondo de los continentes (I): "Durante nueve meses hemos recorrido las depresiones más profundas de todos los continentes. Por el camino confirmamos una sospecha: todavía quedan vacíos en los mapas y los atlas. Hemos pisado tierras olvidadas, pero nos han sorprendido aún más las historias y las vidas que encontramos allá. Y volvemos con una lección: las ventanas de nuestra casa son muy estrechas".

-Viaje al fondo de los continentes (II): América del Norte, Australia y América del Sur.

-Viaje al fondo de los continentes (III): Europa, Asia y África.

(Foto: Josu Two Fingers Iztueta en la oficina de prensa de un camping australiano).

Publicado el 15 de septiembre de 2010 a las 17:00.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

"Para que las mujeres tengan vida"

Archivado en: Reportajes, Viajes, Bolivia

(Viene de "Las madres guaraníes saltan a la cancha")

"Acá las mujeres están muy estropeadas, muy maltratadas, sufren condiciones pésimas. Además viven arrinconadas, sin capacidad de decisión, por eso lo más urgente era crear un espacio de encuentro, un pequeño ámbito de libertad donde pudieran reunirse, conocerse, hablar de sus derechos y mejorar la autoestima", dice Margoth Segovia. Así nació en Camiri la sede local de Momim (Movimiento de Mujeres Indígenas del Mundo), una asociación impulsada por Pilar Mateo, la doctora valenciana que inventó una pintura repelente contra las vinchucas, el insecto que transmitía el Mal de Chagas y mataba a cientos de personas en regiones pobres como el Chaco.

El éxito de Momim debe mucho al empeño de su directora Segovia, quien corre de un lado para otro a todas horas, impulsando proyectos, celebrando reuniones, organizando partidos de fútbol, atendiendo a docenas de casos particulares, luchando contra el estrés y la hipertensión que a menudo la golpean: "En 2003 empezamos a organizar reuniones de mujeres todos los miércoles, para dar charlas y talleres sobre salud, educación, derecho... Una semana acudían tres mujeres. A la siguiente, ninguna. Pero yo insistía, insistía. Hoy tenemos 280 socias y vienen por docenas a todos los actos".

Momim pretende que las mujeres del Chaco posean los recursos necesarios para desarrollar una vida propia: organizan cursos de capacitación profesional (hostelería, informática, peluquería, textiles...), les ayudan a montar microempresas (por ejemplo, con carritos ambulantes para la venta callejera de comida), les ofrecen el asesoramiento de una abogada para sus negocios y sus conflictos familiares, y abren espacios de ocio como el fútbol.

También es un altavoz: "A las mujeres no se nos escucha en la vida pública", dice Segovia. "En el periodismo boliviano, por ejemplo, no existimos. Por eso emitimos "Mujeres sin fronteras", un programa de radio semanal [se puede escuchar en www.radiodelchaco.com, los lunes a las 22 h, hora española]. Tratamos asuntos como los malos tratos, de la que nunca se hablaba de puertas afuera, difundimos los derechos y las leyes, porque muchas mujeres las desconocen... Al principio me daba apuro entrevistar a hombres, pero ellos mismos empezaron a llamar a la radio para apoyarnos, para reconocer que fallan en algunas cuestiones, para decir que deben cambiar las mentalidades. Me alegra tanto que participemos todos, hombres y mujeres... Por fin hablamos abiertamente de nuestros problemas".

Publicado el 13 de septiembre de 2010 a las 10:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Las madres guaraníes saltan a la cancha (1)

Archivado en: Reportajes, Viajes, Fútbol, Bolivia

Las mujeres del Chaco boliviano crían a cinco o seis hijos, a veces nueve o diez, hacinados en una caseta de adobe sin agua ni electricidad, acosados por el hambre y las enfermedades parasitarias. Con los maridos ausentes, ellas llevan la casa, cultivan la tierra, cuidan animales y salen unas horas a la ciudad para vender empanadas en la calle o trabajar en el servicio doméstico. Todavía les quedan fuerzas para organizar un equipo de fútbol, entrenarse por las noches, jugar partidos los domingos y empujar una pequeña revolución social a balonazos.

El partido entre los equipos de Urundaiti y Boyuibe se retrasa unos minutos: Susana, una de las jugadoras, está detrás del córner dando el pecho a su bebé. Por fin, entrega la criatura a una amiga, sale corriendo al campo y se instala en el borde de su área, donde no dejará pasar ni un balón en todo el partido. Susana, defensa central infranqueable, es una mujer guaraní que tiene 25 años y seis hijos.

(Estas fotos y otras más, igual de buenas, son de Daniel Burgui).

El partido sufre otra demora: alguien indica que tres de las futbolistas están embarazadas y no deberían participar. Se reorganiza el equipo. Unas señoras obesas de unos 35 o 40 años se visten la camiseta y sustituyen a las embarazadas. Con ellas sale otra chica de 15 años, que también ha estado amamantando a su bebé en la banda.

El árbitro lleva por fin el balón al centro del campo, una explanada de tierra en la aldea guaraní de Urundaiti, bacheada y generosamente alfombrada por cagadas de oveja. Las futbolistas se acercan y forman un corro para escuchar las palabras de Margoth Segovia, promotora de estos encuentros: "Amigas, nos reunimos para disfrutar todas juntas del deporte. No se trata de jugar a muerte. Queremos que perdure la amistad, el respeto y la solidaridad entre todas nosotras. Hacemos deporte para distraernos de lo que ustedes ya saben".

La revolución del fútbol

Lo que ellas ya saben: cinco o seis hijos, a veces nueve o diez, hacinados en una caseta de adobe sin agua ni electricidad, acosados por el hambre y las enfermedades parasitarias. Maridos que se marchan y no vuelven. O que vuelven borrachos, gritando y golpeando. Trabajo sin descanso para cuidar a los niños y llevar la casa, limpiar, coser, cocinar, cultivar un poco de maíz en una parcelita miserable, criar algún chancho, unas gallinas, y salir unas horas a la ciudad para vender empanadas en la calle o limpiar casas a cambio de unos pesos. Y por las noches, fútbol.

Leer texto completo »

Publicado el 10 de septiembre de 2010 a las 16:30.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Llamadas desde el Sáhara

Archivado en: Viajes, Sáhara

Algunas noches recibo una llamada perdida con el prefijo 213 de Argelia. Suele ser muy tarde, hacia medianoche, a las horas en las que el bochorno del desierto afloja un poco y permite respirar a los saharauis. La que llama y corta es Darchalha, una chica de 20 años que vive en el campamento de refugiados de Smara. Yo devuelvo la llamada y nunca consigo hablar con ella: o no suena, o se interrumpe... Hasta el pasado sábado, cuando por fin pudimos charlar unos minutos. Me contó que en verano pasan el día tumbados a la sombra, soportando como pueden la chicharra a 50 grados, y por la noche salen a pasear. Ella sigue  cuidando a su padre, que quedó ciego en la guerra, lleva las tareas de casa y no ha conseguido ingresar en la escuela para mujeres del campamento, donde sueña con apuntarse a un curso de informática y aprender un oficio.

Hace unas semanas, me llegó un paquete de Darchalha con unos collares y unas pulseras,  y una carta en la que contaba que todos estaban bien en su familia, preguntaba por la mía y se disculpaba por la pobreza de los regalos. Los refugiados no tienen servicio postal, de manera que aprovechan el verano, cuando miles de niños saharauis pasan un par de meses en España, para enviar con ellos montones de cartas a quienes les hemos visitado en los campamentos. Nosotros también aprovechamos el viaje para que  al final del veraneo -esta misma semana- esos niños les lleven nuestras cartas a los campamentos.

En sus cartas y llamadas ponen una ilusión tremenda. Son garfios que lanzan más allá del desierto, intentos de aferrarse al mundo, de salir -aunque sea con unas palabras por teléfono o unas letras- de ese terrible vacío del desierto argelino en el que viven recluidos desde hace 34 años, desde que fueron expulsados a bombazos de napalm y fósforo de sus tierras por las tropas invasoras marroquíes. Los campamentos de los refugiados saharauis  en Tinduf (Argelia) son una de las vergüenzas del mundo, una vergüenza producida por Marruecos y tolerada por España, que siempre antepone las conveniencias y los negocios a los derechos y la dignidad de estas vidas aplastadas.

Casualidad: al día siguiente de hablar con Darchalha, su foto apareció en el diario Deia, y al día siguiente, en el Noticias de Gipuzkoa. Ambos diarios, del mismo grupo, publicaron una versión abreviada de mi reportaje sobre los refugiados saharauis. No lo han colgado en internet, así que espero publicar más adelante la versión completa en un medio digital, para que lo podáis leer si os apetece.

El reportaje recoge once testimonios de refugiados saharauis que van explicando su pasado, su presente y su futuro: la mujer que tenía 6 años cuando huyó al desierto y fue bombardeada y ametrallada por la aviación marroquí, un par de soldados del Frente Polisario que lucharon en la guerra, saharauis formados en Cuba que decidieron regresar al desierto para compartir el destino atroz de los suyos, educadores que intentan atender a los niños deficientes del campamento, una entrenadora de fútbol, un ministro, jóvenes que hablan de la posibilidad de retomar las armas contra el ejército marroquí...

El reportaje es maratoniano, y bastante hicieron estos diarios al publicarlo en tres páginas, pero aun así hay historias que se han quedado fuera, como es lógico. Uno de esos testimonios descartados es precisamente el de Darchalha, a la que veis aquí con su padre, que perdió un ojo durante un bombardeo marroquí con fósforo blanco.

Darchalha Mohammed Lami:

"Yo no he podido estudiar porque cuido a mi padre, que se quedó ciego en la guerra. Mi madre tenía asma, problemas respiratorios, y murió hace un año. No había médicos ni tratamientos para ella. Mi hermano se fue a España hace unos cuantos años para operarse los ojos y se ha quedado allí trabajando. Todavía no sabe que nuestra madre murió. Mi hermana trabaja en el dispensario del campamento. Ahora yo me encargo de mi padre, de la casa, de los hermanos pequeños. Me gustaría mucho estudiar en el centro de formación de mujeres, me apunté, pero hay pocas plazas. Quiero aprender a usar ordenadores y trabajar.

Pero por ahora tengo que cuidar la casa. Ir a dar de comer a las cabras. Recoger la ayuda: todos los meses nos reparten un kilo de arroz por persona, un kilo de lentejas, de alubias, aceite, harina, té, azúcar, las bombonas de gas... A veces se retrasan; por ejemplo, llevamos tres meses sin recibir té, pero podemos comprar un poco en el mercado, si tenemos algo de dinero. No pasamos hambre, porque si a alguna familia se le va acabando la comida, los vecinos le ayudan.

Yo como poco, porque a los chicos saharauis les gustan las chicas gordas y yo no me quiero casar hasta los treinta por lo menos [ríe a carcajadas]. Aquí tendría que ser como en España: os casáis más tarde, cuando encontráis una persona buena, y no porque tengáis necesidad. Muchas chicas saharauis se casan muy pronto, porque en su familia no tienen dinero ni trabajo y necesitan que las mantenga un hombre".

*

Tras la paliza que la policía marroquí dio a unos activistas canarios prosaharauis en El Aaiún hace unos días, el Gobierno español pide ¡a los activistas! que "respeten la legalidad vigente".

Es el colmo de la hipocresía: el Gobierno español se pasa la legalidad vigente por la Puerta de Alcalá. Según las resoluciones de las Naciones Unidas, el Sáhara Occidental es un "territorio no autónomo", pendiente de descolonizar, con derecho a la autodeterminación, y Marruecos es una potencia ocupante que no tiene ningún derecho sobre el territorio.

La legalidad vigente también dice, por ejemplo, que Marruecos no tiene ningún derecho sobre los caladeros saharauis. Sin embargo, el Gobierno de Rabat cobra 144 millones de euros de la Unión Europea a cambio de conceder permisos de pesca durante cuatro años. En febrero de 2010, los propios servicios legales del Parlamento Europeo declararon en un informe que el convenio entre la UE y Marruecos viola las leyes internacionales. Noruega, Suecia y Dinamarca renunciaron a la explotación de los recursos naturales saharauis porque constituye "una seria violación de las normas éticas fundamentales". Mientras tanto, España es el principal beneficiario de la pesca ilegal: de los 119 barcos comunitarios que faenan en aquellos caladeros, un centenar son españoles.

El Gobierno español colabora con el expolio y pide a quienes lo denuncian que respeten la legalidad.

*

Fran Sevilla (RNE): Brutalidad en el Sáhara

Publicado el 31 de agosto de 2010 a las 10:00.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

facebook.com/ander.izagirre

Enlaces

La primera etapa de este blog:

Aquel blog con ruedas:

Amigos y maestros:

- Entre Asia y Europa (Zigor Aldama)

- Las ciudades visibles (Oskar Alegría)

- Balazos (David Álvarez)

- Independent docs (Unai Aranzadi)

- Salam agur (Mikel Ayestarán)

- El kiliki errante (Daniel Burgui)

- Leitzaran (Xabier Cabezón)

- Sintomático (Miguel Carvajal)

- Vagamontañas (Eider Elizegi)

- Sergio Fanjul (pues eso)

- Mari kazetari (June Fernández)

- Harrikadak (Mikel Iturria)

- La buena prensa (Miguel Ángel Jimeno)

- Cosas de cumbres (Javier Marrodán)

- Diario de un escéptico (Jaime Martín)

- Momo dice (Lucía Martínez Odriozola)

- Fogonazos (Antonio Martínez Ron)

- Letras enredadas (Pedro de Miguel)

- El jukebox (Alberto Moyano)

- Allendegui (Juan Andrés Muñoz)

- El canódromo (Javier Muñoz)

- Eresfea (Josean Pérez Aguirre)

- Gente de internet (Leandro Pérez Miguel)

- Paper papers (Toni Piqué y Gonzalo Peltzer)

- El adversario (Carlos Ranedo)

- Carreras del mundo (Marc Roig)

- Un quiosco de malaquita (Mònica Roig)

- Un vikingo en Asia (Eric San Juan)

- Vagón-bar (Paco Sánchez)

- Vivir de buena gana (Miguel Sánchez Ostiz)

EN TU MAIL

Recibe los blogs de Gente en tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Recibe este blog tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD