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Blog de Ander Izagirre

A topa tolondro. Viajes, escapadas y barzoneos

Mineritos

Archivado en: Viajes, Bolivia, Potosí, Abigaíl, Minería

Dani cuenta más detalles de las historia de Abigaíl, la niña esclava que conocimos en Potosí, y cuelga unas fotos impresionantes.

 

Publicado el 9 de octubre de 2009 a las 08:00.

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No te recuperes mucho

Archivado en: Viajes, Bolivia, Copacabana, Titicaca

Acabo de recibir el consejo de un amigo muy sabio: "Recúperate con calma, pero no te recuperes mucho. Cansado se está más lúcido y se hace sólo lo necesario".

(Foto: Dani, Elena y Laura en un hotel de Copacabana, en la orilla boliviana del lago Titicaca, 1,5 euros por persona y noche. Un buen lugar para recuperarse pero no mucho).

Publicado el 2 de octubre de 2009 a las 13:45.

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Blog de prensa de Cochabamba

Archivado en: Viajes, Bolivia, Cochabamba, Tinku, Periodismo

Os hablé de la plaza de Cochabamba, ese foro atestado de corrillos que escuchan a predicadores y charlatanes fascinantes, esa ágora efervescente donde la red Tinku organiza sus clases diarias de la Universidad Popular de La Plaza y sus talleres de análisis del Gobierno. Pero no os pude mostrar el panel de prensa, donde todos los días añaden recortes comentados.

Aquí tenéis a un par de lectores ante el panel:

Una queja contra los conductores de micros que se declaran en huelga y bloquean calles ("Cabrones, no perjudiquen. El pueblo está emputado, carajo").

Una denuncia contra La Voz de Cochabamba, que publica la noticia de una recogida de firmas contra Evo Morales... ilustrada con una foto de los propios miembros de Tinku recogiendo firmas contra el candidato opositor Manfred Reyes Villa:

Y que no falte el fútbol ("¡Nacionalizar el fútbol, carajo!"):

 

Publicado el 1 de octubre de 2009 a las 08:30.

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Guarnición y/o/u

Archivado en: Viajes, Bolivia

Releí el aviso media docena de veces, pero en aquel restaurante de Uyuni no logré descubrir cómo podía componer la guarnición de mi plato, qué elementos acompañaban obligatoriamente a otros, cuáles se excluían, cuáles podía escoger por separado. Era una fórmula diabólica:

"Platos acompañados con arroz y papas fritas, puré de papas o spaghetti y salsa, y/o ensalada de verduras a elección".

Si el arroz y las papas fritas vienen siempre con el plato, ¿luego debo elegir entre puré de papas o espagueti, y a esa elección se le suma la salsa? ¿O debo elegir entre puré de papas o espagueti y salsa?

¿Acaso el plato viene con 1) arroz 2) y papas fritas 3) puré de papas o espagueti, 4) y salsa? ¿A todo eso le puedo añadir la ensalada de verduras y también puedo sustituirlo todo por la ensalada de verduras? ¿A qué se refiere ese desesperante "a elección"?

Qué emocionante.

Publicado el 30 de septiembre de 2009 a las 08:30.

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Regreso con la nariz

Archivado en: Viajes, Bolivia, Retorno

El retorno sirve para caer en la cuenta de las comodidades habituales que disfrutamos en casa. A la vuelta de este viaje he apreciado otra gran ventaja casera de la que nunca había sido consciente: el rico aire que respiramos al nivel del mar, con su presión adecuada, bien cargado de oxígeno, empapado de humedad.

Tras un mes a 4.000 metros de altitud, donde el aliento es sincopado y trabajoso, la respiración vuelve a ser un ejercicio automático. Aspiro a fondo, disfruto con las narices y con las pulmones de este aire tan fácil, luego me olvido y sigo respirando sin darme cuenta. Una delicia.

Camino cuesta arriba y el corazón -pom- sigue latiendo muy despacio -pom-. Después de un mes en las alturas, debo de tener la sangre bien espesa y las venas a punto de cuajar en morcillas, con el porcentaje de glóbulos rojos más o menos como aquel famoso Míster 60%. Debería intentar algún récord antes de que el hematocrito se me vaya diluyendo.

Y mi mayor satisfacción es que ya no tengo los labios resquebrajados ni la nariz obstruida por dolorosas estalactitas sanguinolentas, consecuencia del aire tan reseco del altiplano.

Apreciemos las lecciones de los viajes. Estimad, por favor, la maravilla de tener los mocos en estado semilíquido.

Publicado el 28 de septiembre de 2009 a las 08:30.

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Para distraernos de lo que ustedes saben

Archivado en: Viajes, Bolivia, Chaco, Momim, fútbol

El partido entre los equipos de Urundaiti y Boyuibe se retrasa unos minutos: Susana, una de las jugadoras, está detrás del córner dando el pecho a su bebé (ved esta foto de Dani).

Susana, guaraní de 25 años y madre de seis hijos, salta por fin al campo y se instala en el borde de su área, donde no dejará pasar ni una bola en todo el partido: una defensa central infranqueable. El campo es una gran explanada de tierra irregular, despejada en medio de la aldea guaraní de Urundaiti, en el Chaco boliviano.

(Más fotos del partido, también de Dani).

El partido sufre otro pequeño retraso: el entrenador Carlos advierte que tres de las jugadoras de Urundaiti están embarazadas y no deberían participar. Se reorganiza el equipo. Unas señoras obesas de unos 35 años se visten la equipación y salen al campo en sustitución de las embarazadas. Junto a ellas juegan mujeres de 25 o 26 años con media docena de hijos cada una y hasta una chica de 14 años que también ha estado amamantando a su bebé unos minutos antes del partido.

Los equipos y los partidos están organizados por Momim (Movimiento de mujeres indígenas del mundo), una asociación dirigida por la inagotable Margoth Segovia, que lleva años peleando por mejorar la vida de las mujeres del Chaco. En una sociedad como la guaraní, que según Margoth es tremendamente machista, y cuyas familias a menudo trabajan en régimen de servidumbre para los grandes terratenientes de la zona, las mujeres apenas tienen oportunidades para desarrollar ningún oficio ni ninguna afición. Abundan los malos tratos, el alcoholismo de los hombres, la violencia en las casas, las mujeres abandonadas con un montón de hijos o la subordinación total a los maridos. Incluso las que no padecen esos problemas apenas tienen tiempo para nada más que cuidar a la prole y llevar la casa.

-Nos reunimos para disfrutar todas juntas del deporte -dice Margoth a las jugadoras de ambos equipos, en el discursito previo al partido-. No se trata de jugar a muerte. Queremos que perdure la amistad, el respeto y la solidaridad entre todas nosotras. Hacemos deporte para distraernos de lo que ustedes saben.

La doctora española Pilar Mateo (inventora de una pintura especial que acaba con las vinchucas, transmisoras del mal de Chagas) y Margoth Segovia impulsaron una asociación en la que imparten cursos para enseñar oficios a las mujeres, les ofrecen asesoría legal para los problemas domésticos y para que conozcan sus derechos, organizan un programa de radio semanal y hasta organizan campeonatos de fútbol.

Yobinka Guzmán, arquera del equipo de Boyuibe, tiene 29 años, cuatro hijos y un sobrino adoptado en su propia casa. Todos los días se levanta a las seis de la mañana, da la leche a su chiquito de 2 años, prepara el desayuno a los hijos mayores y sale al trabajo: es educadora en una escuelita de la aldea guaraní de Pueblo Nuevo, donde atiende a niños de 2 a 4 años. Al mediodía prepara la comida para su familia y arregla a los hijos para que vayan al colegio por la tarde. Luego dedica varias horas a limpiar las ropas y la casa. Y por la noche acude a los entrenamientos del equipo de fútbol.

-Duermo como muerta -dice, entre risas.

(Los goles y las mejores jugadas, las mujeres embarazadas que sueñan con dar a luz a tiempo para participar en la Donosti Cup 2010 y la jugadora sofocada que en el descanso pide una teta fría para amamantar a su bebé aparecerán en el reportaje que espero publicar más o menos pronto).

Publicado el 21 de septiembre de 2009 a las 18:30.

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Abigaíl

Archivado en: Viajes, Boliva, Potosí, Minería, Abigaíl

Estamos en la sofocante Santa Cruz de la Sierra, en las llanuras orientales, después de visitar la ciudad inca de Samaipata y el bosque de helechos gigantes de Amboró. Pronto saldremos hacia el Chaco, donde nos esperan no sé cuántos equipos de madres indígenas futbolistas, a las que ojalá podamos ver pronto en la Donosti Cup.

Mientras tanto, os dejo algunas fotos de Abigaíl Canaviri Canaviri, la niña de 14 años que trabaja en régimen de esclavitud en las minas de Potosí. Dani tendrá fotos mucho mejores. Si queréis recordarla, éste es un resumen de la historia.

En la primera foto, Abigaíl está en su casita de adobe, situada en las laderas del Cerro Rico de Potosí, a unos 4.300 metros de altitud, junto a la misma bocamina por donde la niña entra a trabajar todas las noches. La casita, perforada por grietas y goteras, sin agua ni luz, sólo tiene una habitación. En esa cama duermen Abigaíl, su madre y su hermano pequeño. En esta casita, la madre de Abigaíl guardaba esas tres máquinas de los mineros, que le fueron robadas y por las que tiene una deuda de 21.000 dólares que les obliga a trabajar gratis a ella y a su hija.

En la segunda, Abigaíl posa en la bocamina.

En la tercera aparece en el interior de la mina, donde está el Tío, el demonio subterráneo al que los mineros hacen ofrendas de hojas de coca, alcohol, cigarros, confetis... para pedirle protección y buenos minerales. Si os fijáis mucho, debajo de la cinta verde del centro de la imagen podréis adivinar una especie de rostro grabado en la pared. Se parece a Luis Carandell pero es el Tío, que generalmente suele aparecer representado por una figura de barro o madera, casi de tamaño humano, con cuernos y muecas espantosas.

 

Publicado el 19 de septiembre de 2009 a las 01:45.

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Papas bajo el volcán

Archivado en: Viajes, Bolivia, Uyuni, Tunupa

Viajábamos en un todoterreno por el salar de Uyuni, que viene a ser una especie de bandeja de arroz con leche petrificado del tamaño de Navarra y Guipúzcoa juntas. Al acercarnos hacia el volcán Tunupa, un cono grandioso que se eleva sobre la orilla norte del salar, vimos tres o cuatro columnas de humo blanco que brotaban de la ladera.

-¿Son fumarolas? -preguntamos a Edgar, el conductor del todoterreno.

-No, no, son los campesinos, que están quemando el matorral. Luego en esa tierra cultivan papas.

Nos pareció muy lógico que hubiera fumatas blancas allí donde cultivan papas.

*

Después de dos semanas de trabajo bastante intenso y de algunas digestiones complicadas, llevamos unos días de turisteo más pasivo y relajado. En Potosí nos reunimos Dani, Elena, Laura, Josema y yo, y los cinco viajamos a Uyuni. El sábado recorrimos la inmensidad cegadora del salar, sus islotes erizados de cactus, los hoteles construidos con bloques de sal, las charcas de la orilla donde se alimentan los flamencos. 

El domingo escalamos el volcán Tunupa. Salimos a las 6 de la mañana desde Coqueza, una aldea situada en la orilla del salar, a 3.650 metros. Y a las 11 de la mañana alcanzamos el borde sur del cráter del Tunupa, a 5.000 metros (en la boca norte del cráter se elevan unos colmillos pétreos hasta los 5.432 metros).

La pala final entre los 4.600 metros y los 5.000 era una escombrera volcánica muy empinada, un tobogán de gravilla triturada del color del pimentón, en el que las botas resbalaban paso tras paso. Clavábamos los bastones en la grava para afianzar los pequeños avances, pero cada cinco metros resbalábamos uno hacia abajo. Y, por culpa de la altitud, cada diez pasos necesitábamos unos segundos de pausa para recuperar el resuello.

Cinco horas de ahogos para subir. Una hora para flotar en el collado a 5.000 metros (asomados a un cráter con murallones del color del azufre, encaramados en lo alto de una gravera que parecía territorio de Júpiter, elevados sobre un inmenso océano de sal que abarcaba 180 grados de nuestra panorámica). Y dos horas y media para machacarnos los pies en el descenso hasta la orilla. 

Hemos vuelto a La Paz, campo base para los siguientes planes: los más montañeros intentarán subir alguno de los volcanes helados de 6.000 metros que hay cerca de la capital, otros volaremos al Chaco, más o menos cerca de Paraguay, para una semana final de reportajeos bolivianos.

FOTOS: 1) Laura y Elena llegan al borde del cráter. Al fondo, el salar de Uyuni. 2) Ander y Josema en el cráter del Tunupa (5.000 metros).

 

Publicado el 15 de septiembre de 2009 a las 08:15.

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Una esclava de 14 años

Archivado en: Viajes, Bolivia, Potosí, minería

A las ocho de la noche los mineros terminan su jornada. Entonces empieza el turno de Abigaíl Canaviri Canaviri, de 14 años. La chica se calza el casco, la lámpara, las botas de goma, se mete por una bocamina angosta y medio inundada, y camina mil quinientos metros por las entrañas del Cerro Rico de Potosí, hasta alcanzar el fondo de la galería.

Allí, en ese pozo asfixiante, le esperan las rocas arrancadas por los mineros durante el día. Abigaíl, casi siempre sola, a veces con su madre viuda, amontona las rocas en una vagoneta que luego debe empujar por los raíles hasta el exterior, con una carga cercana a los cuatrocientos kilos (sólo la vagoneta pesa cien).

Abigaíl necesita dos horas para entrar hasta el fondo de la galería y sacar una vagoneta cargada. Repite la operación hasta siete u ocho veces durante la noche. Comienza a las ocho de la noche y no suele terminar la tarea hasta las diez o las once de la mañana.

Por ese trabajo de catorce horas le pagaban 20 pesos diarios (2 euros). Pero desde hace un año, Abigaíl trabaja gratis. No le pagan una sola moneda: sus minúsculas ganancias se las restan a la monstruosa y absurda deuda de 21.000 dólares que le cargaron a su madre viuda.

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Publicado el 10 de septiembre de 2009 a las 14:30.

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Un paseo de señoritas

Archivado en: Viajes, Bolivia, Llallagua, Mineria

Modesto Pérez lleva 44 años trabajando en las minas de estaño de Llallagua, desde los 15 hasta los 59. No queda casi nadie de su generación: todos murieron sepultados por derrumbes o con los pulmones desmigajados por la silicosis.

"Antes las vetas eran como un brazo de ancho; ahora son asicito, como un dedo. Ahora los mineros trabajan por su cuenta, ya no hay empresa estatal ni empresa privada, y como apenas ganan para la supervivencia del día, hace ya muchos años que no hacen ningún trabajo de mantenimiento: en algunos sitios robaron los rieles por donde las vagonetas sacaban el mineral, ya no funcionan las tuberías para bombear el oxígeno al interior, la jaula (el ascensor para bajar a las galerías inferiores) sólo funciona a veces, y en las otras veces los mineros bajan por escaleritas, cuarenta o sesenta metros en vertical, y suben cargando pesados sacos de mineral al hombro, cuando antes se hacía con máquina. Cada cuadrilla perfora por donde quiere, arriba, abajo, en diagonal, y se encuentran con otras galerías que no conocen, y hay derrumbes... Harta gente muere porque excava sin saber lo que hay encima y se le derrumba la galería. O porque trabajan en callejones muy estrechos, donde sólo pueden entrar arrastrándose, y como ya no hay sistema de ventilación, encuentran una bolsa con gas y se ahogan".

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Publicado el 7 de septiembre de 2009 a las 08:30.

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Ander Izagirre

Ander Izagirre

Nací en San Sebastián en 1976. Soy periodista satélite. Kazetari alderraia naiz (leer más).

 

Ayuda para los mineritos

 

-PENÚLTIMOS VIAJES:

Karakórum (Pakistán, expedición al Broad Peak, 2010) /

Sáhara (campamentos de refugiados saharauis, 2010) / 

Bolivia (niños mineros, 2009) /

Bretaña (trainera de Albaola, 2009) /

Islandia y Groenlandia (2008).

 

-LIBROS (información y compra):

Cuidadores de mundos / Plomo en los bolsillos /

Los sótanos del mundo / El testamento del chacal /Trekking de la costa vasca

 

Libros de Ander Izagirre

 

 

-REPORTAJES:

"Mineritos. Niños trabajadores en las entrañas de Bolivia"

"Lurpeko haurrak"

"Las madres guaraníes saltan a la cancha"

"Vidas en la boca del infierno" (Islandia)

 

-EGOTECA: entrevistas y tundas varias

 

 

facebook.com/ander.izagirre

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