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Blog de Javi Somoza

Camino de baldosas amarillas

Doble recomendación: "Camelot" (1967) / "La leyenda de la ciudad sin nombre" (1969)

Archivado en: Camelot, La leyenda de la ciudad sin nombre, Joshua Logan, Richard Harris, Lee Marvin, Vanessa Redgrave, Clint Eastwood

Lee Marvin

Me encantaría vivir en Camelot y ser el rey Arturo (aunque mi mujer me engañe). Pero no en el Camelot oscuro y tenebroso de Excalibur, ni en el cutre de cartón-piedra de El primer caballero. Me encantaría vivir en el Camelot de Camelot, el extraordinario musical de Joshua Logan, un Camelot que parece una comuna hippie, donde todos cantan y bailan sin parar y donde hay un límite legal para la nieve.

Joshua Logan no fue un director muy prolífico, dirigió 10 películas en 30 años. Era más un director teatral (ganó varios Tonys) y un apasionado de trasladar al cine sus obras (o las de otros) como hizo con Picnic, en mi opinión su mejor película no musical. De este género dirigió tres, la otra es South Pacific, una pequeña-gran joya, aunque carece de la simpatía y originalidad de las que nos atañen. Camelot y La leyenda de la ciudad sin nombre fueron sus dos últimas películas, un gran regalo exquisitamente armonizado donde prima el buen gusto y el color más luminoso. Son dos de mis musicales favoritos por su sentido del humor, por sus esplendorosos vestuarios y decorados, por sus excelentes e inolvidables canciones y por mucho más.

Ambas pelis tienen en común una elección de actores totalmente atípica para un musical. En Camelot, ver a Richard Harris, el serio, malencarado y alcohólico actor británico, encarnar a un alegre y cantarín rey Arturo no tiene precio. Al igual que su rival por el amor de Ginebra, ¿cómo se les ocurrió escoger a Franco Nero, el tosco y futuro rey del spaghetti western como el primer caballero Lancelot? Éste último fue el único de los protagonistas que tuvo que ser doblado al cantar.

Hablando de reyes del spaghetti western, pasará a la historia del séptimo arte la interpretación que Clint Eastwood hace de Gold fever o de I talk to the trees en La leyenda. ¿Como se les pudo ocurrir poner a cantar a Clint Eastwood y a Lee Marvin en un western musical? Sin duda fue un rareza absoluta, una rareza cuyo resultado fue fantástico e irrepetible.

En un capítulo de Los Simpson Homer flipaba al respecto. Había alquilado la película y la empieza a ver convencido de que verá el típico western con sus dos actores favoritos, pero de repente Clint Eastwood se pone a cantar. Homer no se lo puede creer, esta horrorizado. ¿Qué hace el gran Clint Eastwood cantando como una nena? Pero bueno, no pasa nada, ahora entra en acción Lee Marvin, el actor más duro, borracho y varonil de la historia y ... ¡zas! Se pone a cantar. Los cimientos de Homer se derrumban y rápidamente tira la cinta a la basura.

Eso es La leyenda de la ciudad sin nombre, un desconcierto total y maravilloso, una película donde nada parece estar en su sitio. Por cierto, yo creo que es de las pocas pelis de la historia que gana con el título español. Paint your wagon (Pinta tu carro) queda algo soso comparado con La leyenda de la ciudad sin nombre que le da un aire épico y enigmático.

Otra cosa en común es que ambas tratan, a su manera, sobre un menage a trua. En Camelot se nos muestra la infidelidad más famosa de la (no)historia y la más universal. El famoso engaño de Ginebra hacia su marido el rey con el más fiel y valeroso de sus caballeros.

Curiosamente el amor de Ginebra y Lancelot traspaso la pantalla y Vanessa Redgrave y Franco Nero se enamoraron durante el rodaje y tuvieron un hijo poco después. Luego se separaron, pero pasadas varias décadas se reencontraron y retomaron su relación casándose en 2006, 40 años después de conocerse. Espero que sean muy felices, porque la pobre Vanessa lleva una mala racha personal. Ha perdido en el último año y medio a un hermano, una hermana (Corin y Lynn Redgrave otros dos míticos actores británicos) y sobretodo a su hija Natasha Richardson también actriz y mujer de Liam Neeson.

En La leyenda no hay tanta infidelidad, aquí Lee Marvin le compra una mujer a un mormón que tiene varias para compartirla con su socio, Clint Eastwood. Así que nace un trío en toda regla, con sus celos y sus envidias.

Las dos son muy amorales, pero desde un punto de vista alegre y alejado de tópicos. Pero sus actos tendrán consecuencias que llevaran a sus protagonistas hacia la melancolía y el resentimiento.

Publicado el 24 de marzo de 2011 a las 14:15.

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Comentarios - 1

1 | Lara - 25/3/2011 - 11:51

Muy buena la doble recomendación. Que divertida la referencia de los Simpsons.

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Javi Somoza

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