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Blog de Javi Somoza

Camino de baldosas amarillas

Ken Russell. Vivir y morir sin freno

Archivado en: Ken Russell, Mujeres enamoradas, Glenda Jackson, Los demonios, Tommy, Roger Daltrey, Lisztomania

Ken Russell

Ken Russell ha significado mucho a lo largo de mi vida. Me hizo cambiar la percepción que tenía del cine. Me hizo ver que las películas no tienen que seguir un esquema tradicional. Me hizo ver lo que era el desenfreno cinematográfico, que la exageración, llevada al máximo podía ser genial. Que la locura puede ser maravillosa y la experimentación algo fundamental. Desde lo más profundo de mi corazón, gracias por todo. 

El domingo fallecía a los 84 años este director irrepetible, un genio y un visionario que posee una obra con una fortaleza visual única. Muchos críticos no supieron apreciar su exquisita extravagancia y lo condenaron precisamente por eso. Siempre se llevó mal con los puristas, él no había nacido para repetir lo que hicieron otros, siempre iba en otra dirección en busca de la originalidad.

Por las duras críticas recibidas y la escasa comercialidad de sus films se apartó de la gran pantalla los últimos 20 años de su vida. Pero en ese tiempo no paró de trabajar, principalmente en la tele inglesa, haciendo documentales, cortos o series. Pero remontémonos a sus orígenes y repasemos su apasionante filmografía.

Empezó su carrera como la acabó, en la televisión inglesa, donde dirigió muchos documentales sobre personalidades que admiraba como Isadora Duncan, Claude Debussy, James Lloyd o Gaudi.

Debutó en el cine en 1967 con El cerebro de un millón de dolares(1967), tercera entrega de las aventuras de Harry Palmer, un agente británico interpretado por Michael Cain y creado por el novelista Len Deighton. Desde el principio ya era evidente que no se trataba de una parte más de esta saga, fue la más kitsch y entretenida de todas.

El prestigio y la fama le llegó de golpe con su segundo film, Mujeres enamoradas (1969) fue su mayor éxito de crítica y de premios. Estuvo nominada al Oscar a mejor director, película y fotografía y Glenda Jackson lo ganó como mejor actriz. Además de consagrarlo, Mujeres enamoradas supuso su primer contacto con la polémica, habitual en casi toda su obra. La película tiene el honor de ser la primera en mostrar desnudos frontales íntegros masculinos. Los elegidos fueron Alan Bates y Oliver Reed, que en una escena memorable hacen una especie de lucha grecorromana. Fue su primera adaptación de una novela de H. D. Lawrence y aunque es soberbia aun conserva cierto academicismo.

Luego vino La pasión de vivir (1970), una biografía sobre Tchaikovsky. Los biopic fueron habituales a lo largo de su carrera, pero no eran biopics al uso, creaba vendavales y desconciertos alrededor de la figura en cuestión. Esto es lo que hace en La pasión de vivir, donde empieza a dar muestras de todo el delirio que vendría después. Protagonizada por unos esplendidos Richad Chamberlain y Glenda Jackson.

Los demonios (1971) quizá sea su película más redonda. Basada en una novela de Aldous Huxley, narra la historia de un sacerdote francés en el siglo XVII y de como se verá envuelto en una trama de posesiones, envidias y ansias de poder, todo esto con una terrible inquisición de por medio. Aquí la polémica estalló por todas partes, fue censurada y calificada de obscena e irreverente. Toda ésta polvareda no dejó ver a muchos la impresionante obra que había creado. Oliver Reed y Vanessa Redgrave están inolvidables, de manera que Russell se revelaba, cada vez mas, como una excelente directos de actores.

Luego vendría El novio (1971), su primer musical. Fue un homenaje a los musicales del Hollywood más clásico, una película visual y musicalmente arrebatadora, protagonizada por la icónica Twiggy.

A continuación hizo dos biografías en las que parecía dar síntomas de moderación escenográfica y narrativa. El mesías salvaje (1972) sobre el escultor Henri Gaudier-Brzeska y Mahler (1974), sobre el genial compositor.

 

Parecía que el enfant terrble del cine británico se estaba domesticando, pero nada más lejos de la realidad. En 1975 dirige sus obras más desenfrenadas y delirantes, ambas protagonizadas por Roger Daltrey, cantante de The Who.

Tommy (1975) se convirtió en su película más famosa y recordada, una obra de culto total. Es una ópera rock con temas de The Who, con un reparto estelar en el que podemos ver desde Jack Nicholson hasta Tina Turner. Llevó la psicodelia al máximo, Tommy fue un viaje de LSD en toda regla. Cambió la manera de hacer musicales, fue una revolución temática y visual sin antecedentes. La fantasía que desprende cada fragmento de su metraje nunca se había visto antes en un musical. Pero no hay que hablar de Tommy, no hay palabras que la describan, hay que verla.

Debido al enorme éxito de Tommy, Russell decidió seguir por el mismo camino. Y ademas de mantener a Datlrey como protagonista, creó otra oda al exceso. Lisztomania (1975) cuenta la vida del gran pianista Franz Liszt, de quien dicen que fue la primera estrella de la música por las giras internacionales que daba y por la groupies que tenía. Russell exprime esto al máximo y crea alrededor de Liszt la anarquía absoluta en el color, la imagen, el sonido y el movimiento. Tanta anarquía hizo que el film no igualase a Tommy, pero aun así fue un enorme éxito taquillero, algo imposible hoy en día.

Con Valentino (1977) parecía volver al biopic más convencional, si es que esta palabra se puede aplicar a Russell. Narra parte de la vida del mítico actor de cine mudo, curiosamente interpretado por Rudolf Nureyev.

Valentino fue un terrible fracaso crítico y comercial, lo que le hizo cambiar de aires e irse a América para dirigir la gran cinta de ciencia-ficción Viaje alucinante al fondo de la mente (1980). Supuso el debut de William Hurt que consigue una de sus mejores y mas intensas interpretaciones. Ciencia, ficción, terror, drogas y psicodelia nunca fueron tan de la mano. Un científico experimenta en sus propias carnes con una droga alucinogena que le puede hacer regresar a sus orígenes, tanto mental como físicamente. Como dice el título, alucinante.

Y luego, la otra cumbre de su etapa norteamericana. La pasión de China Blue (1984) es una película perversa, la que más después de Los demonios. Trata sobre una ejecutiva que por las noches se prostitulle en los bajos fondos. Katheleen Turner esta genial y más lasciva que en Fuego en el cuerpo y Anthony Perkins aparece más depravado que en la mismísima Psicosis. Oscura y sórdida a más no poder.

Gothic (1986) fue una decepción a pesar su interesante argumento.. Cuenta la famosa noche en la que Mary Shelley, acompañada de Lord Byron, crea a Frankenstain. Hay buenas intenciones pero es una película fallida desde todos los ángulos. Supuso el regreso de Russell a Inglaterra y su decadencia en el cine.

Desde aquí hasta su muerte poca cosa destacable para la gran pantalla, pero si para la pequeña, donde volvió a hacer documentales sobre figuras como Andrew Lloyd Webber o Sarah Brightman. Y telefilms de calidad como Prisioneros de honor y la adaptación, en forma de serie, de la novela más famosa de H. D. Lawrence, El amante de Lady Chatterley.
Aunque no hay que olvidar su regreso a Estados Unidos para dirigir Puta (1991). Otra interesante aproximación al mundo de la prostitución protagonizada por una gran Theresa Russell, que no tiene ningún parentesco familiar con Ken.

Este es Ken Russell, como dice el título de una de sus películas, un mesías salvaje. Alguien a quien el cine mundial y el ingles en particular deben mucho. Una inmensa personalidad que aunque nos haya dejado debe de permanecer en nuestras memorias para siempre. Así que quizá este sea un gran momento para descubrir o repasar el magnífico legado que nos ha dejado.

Publicado el 30 de noviembre de 2011 a las 18:00.

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Javi Somoza

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Desde este blog sólo pretendo dar mi humilde pero crítica opinión sobre todo lo que tenga que ver con el cine. Moderno o antiguo, americano o europeo, bueno o malo, comercial o independiente... También espero que todos los cinéfilos y no tanto se animen a compartir sus comentarios sobre estos posts.

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