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Blog de Enrique Hormigos

Demasiada letra

Cálculo de Probabilidades.

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Imaginad que estáis pasando el fin de semana lejos de casa. En la ciudad a la que habéis ido a parar se celebra una de esas ferias del libro antigüo y de ocasión. Tenéis idea de pasar a echar un vistazo tranquilamente, pero la cosa se lía de mala manera y tan solo tenéis un cuarto de hora antes de que cierren para darle un repaso a toda castaña.
Elegís un puesto al azar. Hombre, novelas policíacas... Hombre, un libro de Raymond Chandler que no tengo... Hombre, si sólo son dos pavos... Me lo quedo. A la bolsa.

Más tarde, hojeáis la mercancía y descubrís en la segunda página el nombre del antigüo propietario. Un nombre y una fecha del año 87.
Y ahora viene lo bueno...

Conocéis a ese tío. Y no sólo eso. Es de esos amiguetes con los que seguís manteniendo el contacto después de los siglos. Si solo fuese un tío que se llama igual, ya sería una casualidad de lo más acojonante. Pero es que resulta que el libro es "El lápiz y otros cuentos", contiene tres cuentos, y al principio de cada uno podéis ver el cuño que este colega se diseñó en plan "ex-libris" para evitar que los tíos gorrones como vosotros se hiciesen los locos con el tema de las devoluciones.

Bueno. Pues esto mismo me pasó el sábado pasado.

Y la pena es que no pude verle a cara al dueño cuando se lo conté por teléfono.

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Publicado el 10 de noviembre de 2008 a las 18:15.

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Gajes del Oficio.

De la Wikipedia:

"Uno de los chistes más famosos del dibujante Gary Larson presenta a una pareja de chimpancés. La hembra encuentra un pelo rubio en el hombro del macho y le pregunta: "¿Más investigación con esa mujerzuela de Jane Goodall?"
El "Instituto Jane Goodall" se quejó de lo que consideraron una muestra de mal gusto y enviaron una carta a su distribuidora en la que calificaban su viñeta de "atrocidad". Retiraron la queja por la propia Goodall, quien afirmó que el dibujo le había parecido gracioso.
Desde entonces, todos los beneficios de la camiseta con ese chiste estampado van a parar al "Instituto Jane Goodall".

Pues eso.

p.d. Por cierto, aprovecho la ocasión para comentaros que en la dirección que figura más abajo está en marcha la teletienda marciana de navidad. Todos los fondos recaudados irán a parar al montepío de dibujantes sin hogar, o a lo mejor me los quedo yo. Que, para el caso, viene a ser lo mismo.

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Publicado el 7 de noviembre de 2008 a las 16:30.

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Fidelizando al Cliente.

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Como fino detalle con los 4,3 lectores habituales de este exigente y muy intelectual blog, he pensado colgar las viñetas que aparecen los viernes en tiempo real, según las vaya perpetrando. Esto tiene múltiples ventajas, aunque bien es cierto que, en este momento, no me viene al coco ninguna de ellas.

Y de regalo, una noticia divertida:
La semana pasada, durante la fiesta de Halloween en un colegio de Savannah (EEUU), un niño de diez años se curró de manera tan tremebunda la típica calabaza, que su profesora lo envió rápidamente a que le hicieran una evaluación psiquiátrica.

No; si al final va a ser verdad que las carga el diablo.

p.d. Por cierto, espero no equivocarme, pero creo que sobre la misma ciudad de Savannah y sus peculiares habitantes escribió John Berendt el excelente libro "Medianoche en el Jardín del Bien y del Mal", que después llevó al cine Clint Eastwood (Muchísimo mejor el libro. Compradlo y leedlo, no seáis perros...)

Un libro que, en mi opinión, debería leer 30 o 40 veces cualquiera que intente escribir crónica social.

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Publicado el 5 de noviembre de 2008 a las 13:00.

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Y si lo dice el Diablo...

La semana pasada volví a meterme hasta las cejas en un tertulia radiofónica, un género que no sé si será muy periodístico, poco periodístico o todo lo contrario, pero ha terminado convirtiéndose en lo más parecido a cinco uñas arañando una pizarra que puede oir uno por ahí desde que murió Gracita Morales.
Lento de reflejos, porque andaba a vueltas con unas viñetas acerca de otro tema de lo más moderno y molón (en este caso, la llamada "inteligencia emocional": cómo hacer las putadas de siempre de manera "empática y sensible"), estuve en el ajo el tiempo suficiente como para escuchar de boca de un merluzo bastante pomposo la famosa expresión: "Esa es la excepción que confirma la regla".

Maldición. Otra vez. Pues de esta vez no pasa.

A ver: Coja ud. su ejemplar del "Diccionario del Diablo" de Ambrose Bierce
("Ambrose Gwinet Alarico, hijo de Marco Aurélio Tácito y Laura Bierce, nació el 24 de junio de 1842 en Horse Cave, Ohio. A los cinco años, jugando con un hacha, cortó el pie izquierdo de su hermano mayor. A los once, bajo el desamparo de una sequía irremediable, asiste al suicidio por horca de su padre. Poco después su madre abandona a la familia, fugándose con un pistolero; su hermano Albert (el mutilado) entra en los Jesuitas; su otro hermano entra a trabajar de forzudo en un circo perdiéndose su rastro a las afueras de La Habana, mientras su hermana Cleopatra deviene misionera en una congregación de redenciones africanas y termina devorada por sus feligreses.
De esta manera tan rocambolesca, tras la muerte de su único protector, su tío Lucius (pirata y decorador), durante el naufragio del "Raquel" en aguas canadienses, el pequeño Ambrose queda solo en el mundo...").

Busque la letra "E".
Busque la entrada "Excepción".
¿Qué pone? Yo se lo diré:

"Excepción, s. Cosa que se toma la libertad de diferir de las otras cosas de su clase, como un hombre honesto, una mujer veraz, etc. "La excepción prueba la regla", es un dicho que ésta siempre en boca de los ignorantes, quienes la transmiten como loros de uno a otro, sin reflexionar en su absurdo. En latín, la expresión "Exceptio probat regulam" significa que la excepción "pone a prueba" la regla, y no que la confirma.
El malhechor que vació a esta excelente sentencia de todo su sentido, sustituyéndolo por otro diametralmente opuesto, ejerció un poder maligno que parece ser inmortal".

Pues eso.

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Publicado el 3 de noviembre de 2008 a las 20:30.

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Responsable Civil Subsidiario.

Hace unos años, mi hijo y yo fuimos a ver y tocar en persona al gran F. Ibáñez.

Firmaba ejemplares de su último trabajo en unos grandes almacenes y tuve la dicha personal de recoger su dedicatoria en un ejemplar mostoso y medio momificado de la colección OLÉ! que me compró mi papi por 60 pelas en el año 78, estrecharle la mano y soltarle aquello tan bonito de: "Sr. Ibáñez, yo me hice dibujante de tebeos por usted".

El Maestro terminó de dibujar al Mortadelo disfrazado de araña que remataba mi dedicatoria, levantó muy serio la vista del papel y me dijo:

"Caramba; no sabe cómo lo siento".

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Publicado el 3 de noviembre de 2008 a las 20:15.

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¡¡Hay bombón helado!!

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Cagüentodo... hoy que me he venido en la moto.

Publicado el 31 de octubre de 2008 a las 18:15.

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¡¡RELÁJENSE!!

El fin de semana pasado volví a ver "Perdición", una autentica maravilla de película y la excusa perfecta para releer a saltos las "Conversaciones con Billy Wilder".
Lamentablemente, el chorra modernete de Cameron Crowe no es François Truffaut, pero aún así, el libro esta lleno de opiniones contundentes y anécdotas divertidas, entre las que he elegido una que Wilder cuenta del excelente director alemán Otto Preminger:

"Soy una persona muy tranquila, muy amable, nunca levanto la voz en la segunda o tercera toma. Pero si es la número cincuenta...
Hay una anécdota muy buena al respecto. Preminger está dirigiendo una película (Margin for Error, 1943) y tiene a uno de los refugiados alemanes, un anciano. Quiere hacerlo bien, es un papel corto, sólo dos párrafos. Y no lo consigue. No lo consigue. Y Preminger va levantando la voz, y el hombre suda y, por fin, Preminger se le aproxima y grita: "¡¡RELÁJESE!!" Y el hombre se desmaya."

Esto es todo por ahora.
Llega el fin de semana, así que ¡¡RELÁJENSE!!

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Publicado el 31 de octubre de 2008 a las 18:15.

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Estamos en el aire.

Cuando yo era chaval, uno de mis juguetes favoritos era una grabadora Philips que mi hermano y yo utilizamos hasta que se cayó a pedazos, grabando tonterías de una variedad francamente apabullante.
Empezamos grabando nuestras voces, solo por la cosa de oírnos después y no reconocernos, y muy pronto empezamos a parodiar telediarios, entrevistas, programas de cocina, programas de OVNIs como el del Dr. Jiménez del Oso, concursos de eurovisión, anuncios de la tele y mil cosas más. Aquello enganchaba, nos partíamos de risa oyendo lo que grabábamos, pasábamos las cintas una y otra vez, atormentando a la familia con infinitas emisiones en sesión continua. Nuestra sola aparición con aquel mamotreto a pilas bajo el brazo parecía recordar de repente a todo el mundo que había olvidado hacer algo importantísimo en la otra punta de la ciudad. Éramos un par de coñazos. Grabamos concursos de eructos después de beber gaseosa, pedos, gritos destemplados y cantidad de sonidos corporales que no sabíamos que teníamos dentro. Agotados los géneros paródico y documental, supongo que la llegada a la ficción pura y dura era cuestión de tiempo.

Y vaya si llegó.

Historias de piratas, de guerra, policíacas, de ciencia ficción, de espías (con un curioso subgénero: las de James Bond, que entonces era Roger Moore), peleas entre bandas juveniles, historias de 200.000 zulúes escabechando a cuatro soldados británicos, tiroteos en el oeste, estampidas de ganado... no había género que se nos resistiese. Cualquier cosa que viésemos en la tele o en el cine era masticada y escupida en forma de serial interminable. Y siempre sin guión. Un, dos, tres...REC!! Y a lo que saliese, con una frescura y una diversión que solo nos fallaron una vez, el día que decidimos ponernos serios y escribir un "guión" antes de grabar. La cosa quedó bastante rígida, se notaba cantidad que estábamos leyendo un texto y la ausencia de "morcillas" nos convenció de que lo más divertido de esas historias eran precisamente las "morcillas". Así que pronto volvimos a nuestro caótico y charcuteresco sistema original, enriquecido esta vez con un descubrimiento genial: los "efectos especiales" de fabricación casera. Empezó entonces una época de explosiones con petardos de verdad, cataratas grabadas tirando una y otra vez de la cadena del váter, tambores de guerra a base de aporrear tambores de "Colón" con las cucharas de palo de mi abuela, portazos que simulaban cañonazos, ametralladoras a base de tracas chinas y otros mil recursos que, la verdad es que daban el pego que no veas.

Hasta que un día nos dio por otra cosa, o nos quedamos sin ideas, o descubrimos a las chicas, o yo que sé. Pero el caso es que la cosa se acabó. Abandonamos para siempre el estudio de grabación, para gran alivio de mi abuela (grabábamos en su cuarto de baño, donde éramos capaces de crear el efecto "sonido de caverna" con sólo correr y descorrer la cortina de la ducha) y abandonamos el mundo del espectáculo, dejando un legado de cintas de 60 que, oídas hoy, siguen dando la misma risa y divertida vergüenza ajena que entonces.

Resumiendo: que esta noche a las nueve retransmiten por la radio la versión de "La Guerra de los Mundos" con la que nuestro "colega" Orson Welles acojonó a media humanidad -la otra mitad no tenía radio- hace 70 años.

Con "efectos especiales" de fabricación casera, espero.

Y no sé cómo les va a quedar, pero yo no me la pierdo...

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Publicado el 30 de octubre de 2008 a las 20:15.

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El Remolino.

8:25 de la mañana.
Como todos los días, todo el mundo corriendo.
Café a tutiplén, bocatas para el almuerzo, secadores de pelo, revisión de mochilas para no encontrar luego los "deberes de sociales" encima del piano, lávate los dientes, ¿te has peinado? Si, mama. Pero ¿cómo que te has peinado? ¿Tu te has visto la cabeza por detrás? Efectivamente. Debe ser cosa de familia, porque a mi madre ya le pasaba, pero el caso es que todos nos peinamos solo la parte delantera de la cabeza, como si la parte trasera no existiera, o no hubiera pelo. Mujer, déjalo, se pasa un poco la mano y ya está. ¡¡Ras!! ¡¡Ras!! Hala, a correr.

Un rato después, dibujando una viñeta sobre un oso que ha mordido a un cazador en el Pirineo leridano (alegando "defensa propia", imagino), me viene a la cabeza -no me preguntéis por qué, porque a mi estas cosas también me intrigan- una historia, de las muchas y muy buenas, que contaba en sus memorias Luis Buñuel (del que poco después leo que se cumplen 25 años de su muerte. Caray, la cosa se pone cada vez más inquietante...).

El caso es que andaba él, creo que por Zaragoza, estudiando una de las 87 carreras que empezó y no terminó y como andaba mal de pasta compartía habitación con otro estudiante, creo que de medicina. Su compañero de habitación era un joven de buena familia, cumplidor y buen estudiante que todas las mañanas madrugaba y se arreglaba como un pincel antes de ir a la facultad. Desde la cama, Buñuel (que para mí que era de madrugar mas bien poquito) lo observaba cada día acicalándose delante del espejo. El tío se afeitaba con cuidado, se vestía, anudaba su corbata a la perfección y finalmente se peinaba... sólo la parte delantera de la cabeza, dejando en la parte de atrás un remolino de pelos tiesos que, además, le hacía parecer idiota.

Así un día tras otro, hasta el punto que Buñuel empezó a obsesionarse y a odiar ferozmente aquel remolino y, por extensión, al tío que lo llevaba en la cabeza, deseando día tras día saltar sobre aquel desalmado, agarrarlo por el cuello y peinarle la parte trasera de la cabeza como dios manda. Afortunadamente, la pereza de tener que levantarse de la cama para ejecutar el ataque salvó la vida de aquel indeseable capilar en más de una ocasión, pero lo cierto es que antes de terminar el curso, Buñuel abandonó a su compañero y un buen alojamiento, incapaz de soportar aquel horror ni un día más.

Y cómo sería la cosa, para que el tío la incluyese la en sus memorias, tropecientos años después...

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Publicado el 29 de octubre de 2008 a las 13:15.

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¡¡TAXI!!

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Si, si... ahora mucha risa.

Pero mañana tengo una cena, y ya se quién va a reir el último.

Joder, que frío voy a pasar.

Publicado el 28 de octubre de 2008 a las 20:15.

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Enrique Hormigos

Enrique Hormigos

Desde que me metí en el lucrativo negocio del humor con la idea de hacer una fortuna en un par de semanas y retirarme a vivir de las rentas en una hermosa finca en la Toscana, hay una escena que se repite de manera exacta cada vez que busco echarle el lazo a un nuevo cliente.

La cosa empieza en el despacho de la víctima, dónde me presento generalmente sin avisar (soy un fan del "Efecto Sorpresa"). Una vez que el director se da cuenta de que no me sacará de su despacho sin la ayuda de un revolver del 45, suspira resignado y abre mi viejo carpetón (Viejo desde el día en que lo compré. Lo até mal a la baca de mi motocicleta y, recién salido de la tienda, lo arrastré durante 200 metros por el asfalto. Pero bueno; no lo iba a tirar).

Silencio sepulcral. El tío estudia el material y, después de un rato sin decir ni pío, se rasca la barbilla y murmura: "Mmmm... Demasiada letra..."
Fin de la entrevista.

Y aunque nunca he entendido porqué la gente no se rasca la barbilla y murmura "Mmmm... Demasiada letra" cuando lee los chistes de Forges o de El Perich, espero que, en este caso, mi asqueroso defecto no os desanime demasiado.

De cualquier manera, gracias por sintonizar este canal.
Un saludo.

 

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