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Blog de Luisgé Martín

El infierno son los otros

Vuelta a empezar

Archivado en: Ley del Menor, Populismo, Estupidez

Una de las frases célebres que más me fascina es ésa de Einstein que todos conocen: "Sólo hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro". Esto lo dijo Einstein en una época en la que no existían internet ni por lo tanto la blogosfera, de modo que él se basaba en la observación directa y personal. Ahora, en el auge de los foros y los blogs, cuando cualquier hijo de vecino (incluso yo mismo, que es el colmo) puede dejar su opinión orgullosamente a la vista de todos, enfática y rotunda, Einstein seguramente habría tenido una crisis cardiaca. Tal vez habría matizado su opinión acerca del Universo (no sé cómo están las investigaciones en ese campo), pero la de la estupidez humana la habría reforzado.

La noticia ya la conocen todos: acaban de matar a una niña de trece años en Seseña, un pueblo de Toledo. Y los periódicos digitales que cuelgan la noticia abren la posibilidad a los lectores de que opinen. Recojo sólo un centésima parte de los comentarios, y ni siquiera rebuscando demasiado entre los más granados (y respeto, eso sí, la ortografía y la sintaxis, que a veces forman parte del contenido).

"Este pais no esta en democracia, ni esta preparado para ciertas libertades, del mismo modo que tampoco lo esta el poder judicial, ni los elementos que tienen que administrar justicia en este pais. Cuantos casos hacen falta, para tomar medidas acordes a todo lo que sucede por falta de claridad y agilidad en la justicia, y no me digan que hacen falta mas medios, lo que hace falta es trabajar mas, por las tardes incluso y el que no quiera que vaya para la construcion", dice uno (fíjense en ese 'por las tardes incluso'. Debe de ser funcionario). Un Progresista de derechas (es su nick, no mi valoración) afirma: "Ley del talion, ojo por ojo diente por diente. Nuestra moral católica nos indica que hay que poner límites a la venganza, a mi éste me parece uno bueno. Que no se le haga al criminal nada peor que lo que él ha hecho". Pero un progresista de izquierdas, para evitar la confusión, escribe: "Este comentario va dirigido a los que acusan a la derecha de involucion y otras cosas en cuanto se opina sobre este tipo de casos...sea el rafita, este y otros muchos. Mire yo soy de izquierdas de toda la vida, y más a la izquierda del psoe, y pido la cadena perpetua, para aquel que le quite la vida a otra persona. El que asesina NO DEBE SER LIBRE NUNCA MAS. Cadena perpetua para los asesinos asi no se repetiran casos mari Luz etc. etc. cadena perpetua ya, referendum ya!! y estoy seguro que si se somete a refendum ganaria el SI a la cadena perpetua, Sres. politicos escuchen a la sociedad y hagan lo que la misma les reclame". Si yo hubiera querido definir el populismo no habría sabido hacerlo con tanto brillo. Hay otro que resulta conciso y elocuente: "¿Tiene derecho a reinsertarse el asesino de una cría de trece años? Espero respuesta de cualquier buenrrollista". Ya sabemos, por supuesto, la respuesta que espera: el asesino de una niña de 13 años no tiene derecho a reinsertarse. El siguiente forero no se arredra por algunas críticas, e incluso modifica (sin saberlo, supongo, pero le viene al pelo) un dicho popular que habla de la caridad: "Cómo se nota que vosotros no habéis pasado ese trago, ni el que está pasando la familia de Marta del Castillo, donde se demuestra que tenemos unas leyes obsoletas que permiten a los asesinos pasearse por la calle y reírse de todo un país. Es esta la justicia en la que confiáis? porque yo hace tiempo que dejé de hacerlo. La misma gente que trabaja en justicia, admite que hace falta una renovación porque está obsoleta. Pero aquí no nos movemos ni con grúa; hay demasiado miedo al qué dirán, hay que dar una segunda oportunidad a los asesinos (siempre y cuando a nosotros no nos toque, claro), de lo contrario te tachan de fascista. La verdadera justicia empieza por uno mismo. Quien perdona a un asesino cuando destruye a uno de su familia, en mi opinión, no merece el respeto de los suyos. Tiene que ser muy crudo ver cómo alguien de tu propia familia encima es el abogado de un asesino. Espero que no me toque ver nunca esa escena". La racionalidad se disuelve como azucarillo en agua caliente: "Hoy en dia la ley, los directores de colegio, alcaldes, y demás personal que tiene cargos y responsabilidad aunque parezca una exageración lo que voy a decir, aunque la realidad está ahi para golpearnos con toda su tremanda fuerza a la cara, optan por la solución más fácil defender al agresor, al delincuente, al ladrón... frente a los agredidos. Es la solución más fácil. Algo no está funcionando bien, si queremos un cargo aceptemos la responsabilidad del mismo y si la ley no funciona habrá que cambiarla. ¡¡Todos son buenos sino les dejamos ser malos!!" Los avances occidentales en la ley penal se ponen en solfa con ese orgullo saludable que siempre exhibe el bruto antes de sacudir con el garrote: "Está claro que Gandhi [nick de otro de los foreros] considera que el castigo debe ser menor que el daño que ha producido el criminal, no me opondría a que perdonases a tu verdugo y le pusieses 2 psicologos un piso y una pensión, pero ten un poco más de empatía y sentido de justicia, y permite que las víctimas de un crimen puedan al menos vengarse si así lo desean, eso es justicia. La rehabilitación que salga de tu nómina majo". Y aún queda espacio para la poesía (de tinte social, eso sí): "Pudrirse en la cárcel???? los asesinos lo hacen gustosamente pues saben q han corrido mejor suerte q sus víctimas...acaban por adaptarse a una vida sin preocupaciones ni responsabilidades ...los q estamos en la cárcel somos los q estamos fuera ...somos los presos de la sociedad moderna puesto q tenemos unas obligaciones q rondan la exclavitud y encima les tenemos q mantener por los crimenes q han cometido!!!" E incluso hay algunos pragmáticos que ven redentora la idea de los trabajos forzados (supongo que al saber que el culpable era una menor habría cambiado las carreteras por trabajos de cocina o de bordado): "Ese individuo no puede salir de la carcel. No hay rehabilitacion para esta gente. Deberian imponer otra vez los trabajos en carreteras etc. para estos casos, lo siento pero es asi, el daño que han hecho a la sociedad que lo paguen, que menos que 8 horas de trabajo al dia para pagar su manutencion y bajar un poco los impuestos al resto, que menos".

Habría comentarios para llenar decenas de posts y para hacer un tratado de sociología. Pena de muerte, cadena perpetua en sus diferentes modalidades, Ley del Talión... Es decir, un dechado de civismo. La cristalización del progreso, de la inteligencia, de la mesura. Y sobre todo de la compasión. Lo que vemos es a una turba de animales salvajes, zafios, delirantes, con colmillos llenos de sangre, que en realidad disfrutan de estos espectáculos: se sienten partícipes de una misión elevada, de una gran colectividad que reclama grandes cosas con mayúsculas: en este caso, Justicia.

Estoy cansado de tener que leer cada cierto tiempo las mismas cosas, las mismas naderías, las mismas tosquedades. La mayoría de edad penal la fija el Parlamento atendiendo a los estudios de los técnicos, que en este caso son psicólogos, psiquiatras y expertos penalistas. Yo no sé si esa edad debe ser 16, 14, 12 o 6 años. No lo sé, tengo que fiarme o estudiar. Sé -eso es de sentido común- que cualquier edad que se fije tendrá excepciones en ambas direcciones, pues los periodos de maduración de las personas son diferentes. Sé también que hay que fijar una edad, que todos los códigos penales la establecen. Y sé por último -esto es quizá lo más difícil de entender para una acémila- que establecer la edad penal a los 18 años (con exigencia de responsabilidad a partir de los 14, lo que en realidad es una mayoría de edad atenuada) no quiere decir que por debajo de esa edad nadie vaya a cometer delitos y crímenes abominables: precisamente para eso se establece una frontera, para determinar que las responsabilidades son distintas, que la percepción que se tiene del delito es diferente. Hablamos del Rafita, reincidente, pero ¿cuántos chavales que han salido de centros de internamientos para menores han aprovechado la oportunidad que se les daba? Cientos.

Ni siquiera voy a hurgar mucho en el hecho que los que ahora han empezado a clamar para revisar la edad penal a la baja son los mismos que ayer clamaban contra la posibilidad de que una chica de 16 años pudiera abortar bajo su propia responsabilidad. Les confieso (yo creo que ya lo han notado) que una de las cosas que más detesto de una persona es la inconsistencia.

En estos asuntos (y en otros parecidos) hay dos tipos de pensamiento. El de quienes creen que es preferible que haya un inocente en la cárcel que un culpable en libertad y el de quienes piensan, al contrario, que cualquier cosa es preferible antes de que alguien que podría haberse rehabilitado y haber vivido una vida normal no pueda hacerlo por culpa del sistema penal en el que vive.

Lo dijo Dostoievski: "El grado de civilización de una sociedad se mide por sus cárceles".

Publicado el 6 de abril de 2010 a las 09:30.

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Mens sana in corpore sano

Archivado en: Fútbol, Atlético de Madrid, Ultras

Como siempre me ocupo de temas elitistas, carentes de interés popular, según me reprochan veladamente algunos lectores, hoy voy a hablar de fútbol, que es algo sin duda medular en la vida nacional y -me atrevería a decir- en el mundo moderno, viva uno en la latitud que viva.

El jueves pasado estuve en el estadio Vicente Calderón. Atlético de MadridJugaban el Atlético de Madrid, equipo del que desde niño soy hincha, y el Athletic de Bilbao, equipo del que desde niño es hincha Axier, mi marido. Fuimos al estadio, por lo tanto, en busca del divorcio o, al menos, de la riña matrimonial. Nos acompañaban Pepelu y Eloy, unos amigos que estaban dispuestos a ejercer de padrinos en caso de duelo.

Hacía un año que no iba a un estadio. Me gusta el fútbol, pero sólo voy cuando me invitan, pues los precios de las entradas me parecen obscenos, perfectamente acordes con la impudicia social en la que vivimos. (Siempre me pregunto, por cierto, de dónde sacan el dinero todos esos adolescentes que van en masa). A partir de ahora posiblemente ya ni siquiera vaya cuando me inviten. A pesar de que mi equipo ganó, salí del estadio con mal cuerpo, con ganas de vomitar, de reencarnarme en vegetal o de irme, una vez más, a una isla desierta. No quiero saber en qué mundo vivimos, y acudir a un estadio de fútbol es una lección maestra de sociología.

Como el adversario era el Athletic de Bilbao, los cánticos de "Que viva España" y el ondear de banderas nacionales fueron continuos, de principio a fin. "No sois leones, sois maricones" fue otro de los lemas voceados que tuvieron mucha fortuna, casi tanta como "No son españoles, son maricones". Por supuesto, se coreó en varias ocasiones algo así como "ETA, puta ETA", y se repitió el nombre de la banda terrorista en diferente versificación.

Lo más espeluznante fue el jingle "Aitor, pardillo, devuélvenos el cuchillo". Aitor es Aitor Zabaleta, el joven hincha de la Real Sociedad (vascos también: es asociación primaria) que fue asesinado hace algunos años de un navajazo a la entrada de un partido. "Aitor, pardillo, devuélvenos el cuchillo". A quienes les oí el cántico no eran del Frente Atlético, los ultras del equipo, que estaban lejos de mi localidad: eran unos aficionados normales que estaban sentados detrás de mí. Es algo tan miserable, tan inesperadamente ruin, que me dieron ganas de levantarme y encarar a los cantantes. Por supuesto, no lo hice. Nadie lo hizo. Les rieron la gracia. Algo así es lo que dicen que ocurre en los fascismos: unos ladran y los demás, por miedo, por desdén o por conveniencia, callan. Los que ladran se van extendiendo, se apoderan de la voz, y al final, cuando se quiere reaccionar, ya es tarde.

"El domingo me van a chupar la polla los vikingos", coreaba el estadio. Los vikingos -para los profanos- son los hinchas del Real Madrid, que jugaba este domingo con el Atlético. Ha ganado el Real Madrid, de modo que serán aquellos hinchas que coreaban en el Vicente Calderón los que, en elemental justicia poética, estarán hoy chupando pollas de vikingos.

Me gusta el fútbol y lo veo con placer. Sigo la Liga, las competiciones. Me emociono y me decepciono con la selección nacional. Sé que un grado de alienación me viene bien: no voy a estar todo el día leyendo tratados de filosofía, escribiendo estas cosas sesudas que escribo en el blog y viendo cine de arte y ensayo. Pero lo que vi el jueves y veo siempre que voy a un estadio no es un grado de alienación, es la alienación absoluta. Matonismo de taberna, pensamiento subnormal, infantilismo, gregarismo atávico. Y fascismo, si mis lectores académicos de la lengua me permiten usar el término en su sentido más coloquial -que no amable-: intolerancia, agresividad violenta, mesianismo, simplismo ideológico, nacionalismo de pacotilla, xenofobia, homofobia, falta de compasión.

No me habría disgustado que mi equipo perdiera, aunque sólo fuera para disfrutar con el berrinche de esos energúmenos. Claro que en una de las gradas, lejos de mí, había un grupo de unos doscientos ultras del Athletic que hacían ondear ikurriñas y a buen seguro entonaban cancioncillas tan juiciosas y líricas como las del otro bando. En los estados está siempre lo mejor de la sociedad. Empezando por los presidentes.  

Publicado el 29 de marzo de 2010 a las 11:30.

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La France

Archivado en: Francia, Política, Intelectuales

Estos días he estado en Lyon. He ido a un encuentro literario y, de paso, a hacer un poco de turismo, que en Francia siempre es un alivio espiritual. El viernes, compartiendo mesa con españoles y franceses, hablamos, entre otras cosas, de política. Alguno de los españoles preguntó por los pronósticos de las elecciones regionales que se celebraban el domingo en segunda vuelta y nos enredamos. Los franceses decían: "Tenemos una clase política lamentable. Autismo, mediocridad, nepotismo, corrupción... Esto es un desastre."

No voy a decir que me sorprendí. Es más: no me sorprendí nada. Hace muchos años que sé que los políticos son tenidos por malos en todas partes del mismo modo que los jefes son odiados, los profesores son detestados y los padres, a una edad determinada, son despreciados. Es decir: pura estupidez humana en su modalidad más pura.

Me quedé pensando, eso sí, en lo especiales que somos en España en este asunto. Digo especiales pero quiero decir imbéciles, egocéntricos y necios. Porque aquí, desde hace tiempo, hay mucha gente respetable y con estudios que anda diciendo, cada vez que le preguntan, que el problema de España es su clase política. Aquí no tenemos, como en Francia, "una clase política lamentable", sino "la peor clase política". Y quien lo dice, aparte de la frutera de la esquina y del taxista, son catedráticos, escritores de lustre y periodistas de postín. Gente que viaja y que habrá escuchado conversaciones como ésta que escuché yo miles de veces. ¿La inteligencia no les alcanza para mayor reflexión? Estupidez humana, simplicidad mental, unicelularidad cerebral. Nunca se fíen de las apariencias: los que escribimos o los que ostentan doctorados honoris causa son tan imbéciles como los demás. O más, seguramente.

Lo que me ha preocupado realmente es enterarme (aquí en España no me había alcanzado la onda, que seguramente ya ha llegado) de que Sarkozy y Carla Bruni atraviesan una grave crisis y que tal vez cada uno de ellos ya tiene un amante.

Publicado el 24 de marzo de 2010 a las 00:45.

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La ingenuidad de David Grossman

Archivado en: Israel, David Grossman

David Grossman es un escritor judío que está en España presentando su última novela, La vida entera, y un libro de ensayos -una recopilación de conferencias, en realidad- titulado Escribir en la oscuridad. Grossman es una de esas mentes lúcidas que saben elevarse por encima de la realidad para mirarla. De la realidad terrible.

La siguiente cita es de una conferencia titulada "Reflexiones sobre la paz". Él habla del conflicto árabe-israelí, pero lo que dice puede servir para cualquier situación de conflicto en el mundo. Yo, al leerla, me acuerdo mucho de España y de sus profetas.

Debo admitir que soy un gran partidario de la "ingenuidad adquirida". Es decir, de la decisión firme y consciente de ser un poco ingenuo precisamente en una situación casi descompuesta debido a la sobriedad y el cinismo que desde hace años nos están conduciendo a la ruina. Se trata de una ingenuidad que sabe y conoce bien lo que tiene delante, frente a ella, pero que también sabe que la desesperación crea más desesperación, odio y violencia, mientras que lo que lentamente puede provocar la esperanza -aunque sea fruto de esta misma "ingenuidad adquirida"- son mecanismos de expectación, de creencia en una posibilidad de cambio, de escapatoria de un sentimiento de sacrificio permanente.

Yo, como él, soy partidario de esa ingenuidad adquirida. No le había puesto nombre, pero éste que le pone Grossman me parece excelente. Porque quienes reinan en el infierno son los cínicos.

Publicado el 15 de marzo de 2010 a las 11:45.

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Black black black

Archivado en: Literatura, Marta Sanz

BlackNo voy a ser objetivo (tampoco en esto), pero no lo pretendo. Si la ideología me pierde, la amistad me pierde más. Nunca he estado seguro de si algunos de mis amigos escritores son mis amigos porque me gusta como escriben o si me gusta como escriben porque son mis amigos. Posiblemente, como en la Santísima Trinidad, son las dos cosas.

Marta Sanz es una escritora con ambición literaria, y se nota. Queda poso después de leerla. Queda un regusto: amargo a veces, doloroso, pero un regusto. Ella dice (y yo repito en ocasiones) que no escribe para complacer a nadie, que para eso ya están sus padres (los del lector, no los de Marta). Dice que escribe para incomodar, para molestar, para enfermar. Y a mí me gusta que lo haga.

Hoy presenta su última novela, Black black black (no se fíen del título, la novela es excelente). Es una novela negra (negra negra) pasada por el pasapuré de Marta Sanz. Es decir, es una extraña novela negra. Los personajes protagonistas, el detective y su ex esposa, son dos de esos hallazgos literarios que se dan sólo de tiempo en tiempo. Él, homosexual reprimido, la abandonó cuando por fin se decidió a salir del armario. Ella, resentida de aquel desamor, le maltrata verbalmente, pero le acompaña en sus pesquisas.

Un edificio de vecindad en el que hay vecinos de todo tipo: viejecitos insoportables, una escritora algo vanidosa, una madre con un hijo adolescente del que el detective se enamora, inmigrantes sospechosos... Hay crímenes, claro. Y hay médula. Como en los huesos del cocido, lo más rico de las novelas de Marta Sanz es el tuétano.

No es pasión de amigo.

Publicado el 12 de marzo de 2010 a las 02:00.

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Chilenadas

Archivado en: Bachelet, Simonetti, Literatura, Chile

BacheletMichelle Bachelet, la presidenta de Chile que hoy abandona el cargo, se va con un 84% de aprobación popular. Lo repito de otra forma: el 84% de los chilenos aprueban su mandato, su gestión. El 84% -perdónenme la didáctica escolar- quiere decir más de ocho personas de cada diez. Qué envidia, ¿no? En los pasados días hemos hablado mucho en este blog de sectarismo. ¿Se imaginan ustedes que alguien pudiera obtener en España una aprobación semejante? Imposible, lo sé. Ningún presidente, lo haga bien, mal o regular, lo lograría.

La cosa en Chile se enreda más, pues acaba de ganar las elecciones el partido contrario. Bachelet no se presentaba, por impedimento constitucional, pero Frei, el candidato de la Concertación, perdió ante Sebastián Piñera, el candidato de la derecha. Es decir, el pueblo chileno se inclina hacia la derecha pero respalda la gestión del gobierno saliente de la izquierda. Puede parecer una contradicción, pero yo creo que sólo es patriotismo. O falta de sectarismo, como prefieran. Es decir, se tienen unas determinadas ideas pero se reconoce que quien gobierna está haciendo lo que puede y lo que debe por el país. Si alguna vez he tenido -que la he tenido- la tentación de comparar a Chile con España, en la polarización ideológica, la he perdido. Tener el 84% de aprobación significa que muchos anti-socialistas (o como ustedes los quieran llamar) apoyan la gestión de Bachelet. Con esas cifras, yo me atrevería a decir que incluso muchos pinochetistas la aprueban. Ello quiere decir dos cosas. Primera: que Bachelet, sin duda alguna, lo ha hecho bien. Y segunda: que los chilenos tienen el cuajo de llamar a las cosas por su nombre y sentir orgullo por los suyos. Yo creo que eso sólo puede pasar, además de en Chile, en Estados Unidos (si excluimos dictaduras y países en guerra). Merece envidia.

Hoy, el mismo día que la Bachelet abandona el cargo y que Piñera la releva, un gran escritor, de cuya amistad me precio, presenta una novela en Madrid. Hace un par de semanas escribí en Babelia sobre él y sobre la incomunicación literaria que hay entre España e Hispanoamérica. SimonettiLa novela, publicada por la editorial La otra orilla se titula La barrera del pudor y cuenta la historia de una pareja que, para recobrar el pulso de su amor, conduce su vida sexual por una pendiente de perversidad o de morbosidad que les destruye. Los límites que tiene la intimidad, los vasos comunicantes que hay entre los afectos y el deseo o el desgarro que se produce en la convivencia de dos personas que abren su alcoba a otros son los hilos que tensan este relato. En él, como en los libros anteriores de Simonetti, hay mucho más. Su capacidad de hurgar sin estridencias en el centro mismo del corazón humano es formidable. Y su capacidad para contarlo con la transparencia del aire -literatura- es prodigiosa.

A la misma hora en la que yo presento en sociedad a mis fantasmas, él presenta su novela en Casa de América. La competencia cultural en Madrid está al rojo vivo.

Publicado el 11 de marzo de 2010 a las 02:00.

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Mis fantasmas

Archivado en: Escritor, Fantasmas, Literatura

Flyer

Esto no es publicidad, sino autopromoción. Como Televisión Española.

El jueves 11 de marzo (infausta fecha por otras razones) actuaré en la Fundación MAPFRE (Paseo de Recoletos 23) a las 19:30 dentro del ciclo El escritor y sus fantasmas.  Estaré acompañado de mis fantasmas y de Nuria Barrios, que tratará de ponerme en aprietos (como hace siempre) con su agudeza. En la entrada habrá un arco de detección de metales y hortalizas, y los lectores del blog serán además cacheados manualmente. Si se confirma finalmente la nevada, a la salida podremos ajustar nuestras diferencias a bolazos.

Vengan a ver a mis fantasmas.

Publicado el 9 de marzo de 2010 a las 21:15.

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La resaca

Archivado en: Oscar, Outing, Curro Cañete

Fiesta de CANAL+

El domingo estuve en la fiesta que, a propósito de los Oscar, organizaba Canal+. Intenté ir a las de Veo TV o a la de Telemadrid, pero no organizaban. Fui, no obstante, con cilicio (véase el dolor contenido en mi gesto), porque mi amigo Toni Mondragón, que es psicólogo conductista, me ha dicho que si asocias el dolor a algo, ese algo acaba produciéndote repugnancia. Y yo quiero presentarme puro y objetivo ante ustedes. Voy a ir con cilicio a todas las fiestas del grupo PRISA. A las fiestas del grupo de Roures no me han invitado todavía (y mira que me extraña), pero cuando lo hagan iré con cilicio y chinitas en los zapatos. Para las de Unedisa, en cambio, me he comprado uno de esos vibradores anales que se manejan con mando a distancia (todo por consejo de mi amigo Toni, que yo de estas cochinadas no tengo conocimiento).

Ni que decir tiene que no aguanté mucho en la fiesta: a las dos estábamos en casa, antes de que empezara la alfombra roja. A mi edad, provecta, el alcohol penetra en la sangre con mucha más rapidez y se vuela al cerebro enseguida. Por lo demás, hice una de las cosas que más me gusta en el mundo: mirar. Qué hoguera de vanidades. Estábamos todos allí tan contentos, comiendo, bebiendo y flirteando como si nunca tuviéramos que morirnos. Había belleza, claro. En estas fiestas es fundamental. Actores, modelos, ladillas... No sé si es por mi perpectiva de género, o de transgénero, pero me pareció que la belleza era mayormente masculina. Aunque yo iba matrimonialmente acompañado. Insisto: qué corta es la vida, qué escasa.

Con Curro Cañete, que aparece en la foto junto a su amiga María Blázquez (ella es heterosexual, no tiene compromiso -al menos hasta que nos fuimos- y puedo conseguir su teléfono, por si algún lector está interesado), firmé un contrato verbal: vamos a escribir un libro-outing. Haremos trabajo de campo -con gabardina y gafas negras- para sacar del armario a todos esos gays gritones que rompen la pana con chulerías de machitos. Estuvimos haciendo un poco de casting en la fiesta, aunque los de allí eran casi todos transparentes. Tendremos que seguir buscando. Hay opciones muy sugerentes. Será un best seller. Y esperamos, además, que nos demanden, lo que a mí me parece el colmo del éxito.

Volví a casa contento y me levanté ayer contento: no ganó Avatar, de modo que puedo creer que el infierno, aunque lleno de llamas, no es infinito. Jeff Bridges, El secreto de sus ojos, Christhop Waltz, Up... No es la alegría perfecta pero no hay ningún disparate. Que así sea siempre.

Publicado el 8 de marzo de 2010 a las 23:30.

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La quiniela de los Oscar

Archivado en: Oscar, Cine

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Este año no son cinco, sino diez, las candidatas a mejor película en la ceremonia de los Oscar que se celebra hoy de madrugada. Ganará seguramente una de las peores, como suele ser habitual, de modo que si me desahogo ahora, antes del veredicto, lo haré con menos ira y menos mal humor.

Avatar, de James Cameron, es la gran favorita. Uno de los productores dijo, al parecer, que habían tardado diez años en hacer la película y quince días en escribir el guión. Seguramente es una más de las declaraciones encaminadas a hacer bulla y vender la película, aunque sea denigrándola, pero la verdad es que resulta particularmente sincera. Ñoña, cursi, trivialmente violenta, con un ecologismo de manual de boy scout y con un dibujo de personajes propio de culebrón venezolano. Ni una gota de ironía ni una gota de literatura. En 3D, eso sí. Si nadie lo remedia, engordará la lista de las mejores películas ignominiosas.

The Blind Side, protagonizada por Sandra Bullock, es también una película ñoña. Pertenece a un subgénero muy del gusto estadounidense: la superación personal. Un negro gordo y asocial es acogido (inverosímilmente) en una familia de ricos que le dan el afecto y los medios que necesita para triunfar. El negro deja poco a poco de ser asocial (gordo no, pero con su agilidad eso es una ventaja en el football americano, donde brilla) y logra que las universidades se disputen su ingreso. El conflicto que surge entonces es casi fallero, pero permite que afloren los buenos sentimientos y que el llanto de corazón esté servido. Sería una broma increíble que pudiera ganar.

Es una alegría que District 9 esté entre las finalistas. Antítesis de Avatar, es una película en la que, al modo clásico, la ciencia ficción no se usa para contar una historia de indios y vaqueros, sino para hurgar en el futuro y en la moralidad de las sociedades en las que vivimos. Los extraterrestres no son en este caso malos ni buenos, sino simplemente distintos. Y justamente por ello sufren la persecución y el extrañamiento. No va a ganar, pero es bueno que esté en la final.

An education tiene un par de torpezas de guión, pero es una película sobresaliente. Resulta asombroso que hoy, en 2010, cuando todo está ya dicho, podamos ver una película o leer un libro que, hablando de lo mismo una vez más, nos parezcan casi nuevos.An education An education habla de la educación sentimental de una niña que, en los años sesenta, sueña con vivir intensamente, con comerse el mundo, con cometer todos los excesos de la juventud al precio que sea. Estúdiese en las escuelas de cine cómo se consigue que en cada momento adoptemos el punto de vista emocional de la niña: cuando enaltece la vida y cuando moraliza, al final. Una película triste, desengañada, que debería ganar.

The Hurt Locker (que en España se ha traducido por En tierra hostil) no me gustó demasiado. Es la otra gran favorita, y su directora es la ex esposa de James Cameron, de modo que en la apertura del sobre habrá también una rivalidad de alcoba. Cuenta el trabajo de una patrulla de desactivación de bombas en la guerra de Irak. El horror, la brutalidad, la fatalidad del destino. Las miserias de la guerra. La locura que trae. Todo eso está en sus fotogramas. Pero le falta emoción, carne, corazón. Es una película fría que probablemente quiso ser fría. A mí esa distancia intelectual entre el narrador y lo narrado me aburre. No me escandalizaría que ganase, pero no debería hacerlo.

Malditos bastardos es cine en estado puro. Es quizás el mejor Tarantino. Imágenes que cortan la respiración, que abruman. Sólo la primera secuencia bastaría para darle el Oscar. No escamotea el salvajismo visual de sus películas, pero su mayor violencia es la que se siente, no la que se ve. El campesino que tiene bajo sí a una familia judía y va siendo presionado por el oficial nazi, o la escena en la que éste conversa en el restaurante con la joven judía, masticando sonoramente los bocados de su tarta, son secuencias antológicas. Y además muere Hitler. ¿Quién, sino Tarantino, podría atreverse a hacer todo esto?

Precious pertenece al mismo subgénero que The Blind Side, y, como ella, ‘está basada en hechos reales'. Hay que ver los hechos reales tan lamentables que tienen los estadounidenses y el partido que les sacan. La película es convencional: está hecha con el tiralíneas de los modelos hollywoodienses. Pero está muy bien hecha. No inventa nada (no da la vuelta, como An education, a algunos tópicos), pero lo que cuenta lo cuenta sin flaquear y sin avergonzarse. Se le va la mano en el efectismo, quizá, pero yo, que tengo un corazón sensible (aunque trate de disimularlo ante ustedes), me conmoví. Podría ganar, y no habría lamentos.

A serious man, la última de los Coen, es a mi modo de ver una solemne tontería. No es ni carne ni pescado ni verdura. A lo mejor si fuera judío habría entendido cosas que no he entendido y le habría sacado más jugo, no lo descarto, pero habida cuenta de la imposibilidad de contar ya con ese bagaje, me pareció una banalidad colosal. Los Coen son célebres por dar una de cal y otra de arena. Ésta es claramente de arena, y no entiendo qué hace entre las mejores películas del año. En cualquier caso, no ganará.

Up, la película de animación de Pixar, ha conseguido colarse en este top ten. No es la mejor película de Píxar, pero es una buena noticia que se vayan rompiendo las barreras. La primera mitad es excelente. En la segunda se ven demasiadas deudas narrativas con Disney: la película se infantiliza sin remedio y se pierde esa fascinante creatividad que suele acompañar a los chicos de Píxar. Ganará sin duda en el apartado de Mejor Película de Animación, en el que también está nominada.

Y por último, la décima, mi otra bestia negra: Up in the air. Es verdad que ha gustado a espectadores de todo tipo, pero a mi modo de ver eso sólo muestra los grados de alienación mental a los que estamos llegando. La idea de un hombre que vive casi en los aeropuertos, que se dedica a despedir empleados de empresas ajenas y que ve amenazado su trabajo por una jovencita que ha descubierto la posibilidad de hacer eso mismo a través de ciberconferencias, son excelentes puntos de partida. Pero la película enseguida empieza a deslizarse por el más putrefacto y trillado basural de tópicos cinematográficos. El soltero de oro de repente se enamora sin que sepamos a qué se debe el cambio (porque chicas como ésa ha debido encontrar a cientos antes). No sólo se enamora, sino que lleva a su supuesta novia a la boda de su hermana. (La escena en la que el novio de la hermana se arrepiente de la boda y Clooney tiene que ir a convencerle debería estar en cualquier antología de aberraciones cinematográficas). El tramo final de la película no voy a comentarlo por respeto a los que no la hayan visto, pero es difícil acumular en tan poco metraje tantas incoherencias, tantos tópicos y tantas estupideces. No se sabe por qué él hace, no se sabe por qué ella no le dijo, no se sabe por qué él no la avisó. En fin, sería terrible que ganara.

La cinta blanca

En la categoría de actor hay tres merecidos ganadores: George Clooney, Jeff Bridges y Morgan Freeman, aunque mi favorito es éste último. Sin haber visto la película por la que Helen Mirren es candidata, mi elección para la mejor actriz es Carey Mulligan, que en An Education lo borda. El guión adaptado podría ganarlo cualquiera menos Up in the air, pero An Education o Precious serían buenas elecciones. El guión original debería llevárselo de calle Malditos bastardos. (En esta categoría aparece como candidato uno de los peores guiones que yo he visto filmados últimamente: The messenger). De las candidatas a Mejor Película Extranjera sólo he visto cuatro de las cinco. La teta asustada me aburrió sin pausa. Las otras tres -El secreto de sus ojos, de Campanella, Un profeta y La cinta blanca- son excelentes. Pero sería impensable que no ganara Haneke.

Pasen y vean.

Publicado el 7 de marzo de 2010 a las 12:45.

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El sectarismo sectario

Archivado en: El Mundo, El País, Periodismo, Sectarismo

En España se habla mucho de sectarismo. Es posible que en otros países también y que los males sean parecidos o iguales a los de aquí. Viajo mucho, pero nunca he vivido en otro lugar ni he llegado a tener una conciencia precisa de los males diferenciales que aquejan a otras sociedades respecto a la nuestra, salvo, quizás, a la italiana. Digo todo esto porque tal vez en todas partes se cuezan las mismas habas.

Me parece, sin embargo, que hay un rasgo muy español que tiene que ver con la Transición y con la educación política que en aquella época recibimos. La generación de mis padres no tuvo educación política: crecieron y vivieron durante el franquismo, y en el franquismo -ya se sabe- ni Franco se metía en política. En la Transición, en cambio, crecimos escuchando a todas horas que cualquier opinión era respetable. Todas las ideas debían estar en pie de igualdad, no había que denigrar ninguna.

De aquellos polvos vienen estos lodos, creo yo. Hemos aprendido a callar ante cualquier desmán, y a quien no lo hace, aunque sea razonando, se le acusa de sectarismo. Se recuerda muy a menudo, con ironía, esa actitud futbolística de algunos españoles: a los de mi bando, como a los de mi equipo, les perdono todo y les río todas las gracias; a los del bando contrario, en cambio, sólo les injurio. Sin embargo, no se recuerda tan a menudo -o no se recuerda en absoluto- la actitud ameba de muchos otros españoles, que crecen y se multiplican cada vez más: todos los bandos son iguales, todos los comportamientos son iguales, todas las opiniones son iguales.

Sólo así puede explicarse que un lector de este blog acuse a otro de pensar que la Guerra Civil fue "una guerra de buenos y malos" y añada que tiene "la certeza de que si hubiera ganado el otro bando, el horror hubiera sido exactamente el mismo". ¿Cómo hemos podido llegar hasta aquí? En 1977, en 1980, nadie habría puesto en duda que la Guerra Civil fue una guerra de buenos y malos, o, si ustedes lo prefieren, para no parecer más sectario de lo que soy, de malos contra muy malos. En 1977 nadie habría dudado de que si hubiesen ganado los republicanos el horror habría sido muy distinto, la reconciliación habría llegado mucho antes, los fusilamientos y los encarcelamientos habrían cesado y la prosperidad española habría comenzado con décadas de anticipación.

Hoy, en cambio, si hablas mal de Jiménez Losantos tienes que hablar mal a la vez de Gabilondo. Si hablas mal de la COPE, tienes que menospreciar también a la SER. Si criticas las tonterías de Aznar tienes que hacer inmediatamente una glosa de las necedades de Zapatero. Todo es equidistante, un círculo perfecto cuyos radios tienen la misma medida.

El otro día escribí un post sobre Pedro J. Ramírez. Ningún lector me discutió los argumentos (eran irrebatibles, puesto que sólo citaba dos textos documentales que probaban una mentira), pero varios me acusaron enseguida de sectario: para poder criticar a Ramírez tenía que criticar a Cebrián, para poder criticar a El Mundo tenía que criticar también a El País. Un lector lo proclamaba transparentemente: "En cuanto a las mentiras periodisticas, El País, periódico de referencia para la izquierda, tiene una historia, no solo de mentiras, sino de silencios complices (incluso con delitos de sangre), que quien esté libre de culpa tire la primera piedra". Los delitos de sangre a los que se refería, por supuesto, eran los de los GAL, como él mismo aclaró después. Es el ejemplo perfecto de lo que a mi modo de ver está ocurriendo en España: la falsedad campea a sus anchas, la tergiversación se ufana de sí misma y la ignorancia se exhibe sin pudor.

¿Qué ocurrió con los GAL realmente? En 1982 José Barrionuevo es nombrado Ministro de Interior e inicia una tarea política desastrosa. Curiosamente, sin embargo, es el ministro más apreciado por la derecha. Hay una imagen célebre e insólita de un discurso de Barrionuevo en el Congreso aplaudido por los diputados de Alianza Popular mientras los diputados socialistas disimulaban para no tener que aplaudir. Fraga, en esos años, decía que "el mejor terrorista es el terrorista muerto".

En los años previos, un periodista joven llamado Pedro J. Ramírez escribía su crónica en ABC, donde trabajaba entonces, diciendo que "el desenlace de esta guerra psicológica [entre ETA y el Estado] depende de que el Ejército tome conciencia de que está siendo utilizado por un enemigo inteligente y de que sea capaz de instrumentar una respuesta adecuada con la misma frialdad y el mismo cálculo. Medios no le faltan para ello. La dificultad a la hora de darles operatividad podría estribar en la actitud pusilánime que caracteriza" a la UCD de la época.

Tres años más tarde ya era flamante director de Diario 16 y escribía editoriales con la misma intención pero mucho menos sutiles. En uno de ellos decía: "Ante los que han hecho del crimen todo un fin en sí mismo, no cabe más que una contundente acción represiva que conlleve la eliminación de su presencia en la calle y su exterminio físico si es preciso". Tres días después reiteraba: "No hay derechos humanos a la hora de cazar al tigre. Al tigre se le busca, se le acecha, se le acosa, se le coge y, si hace falta, se le mata". Les aconsejo que pinchen en los links y lean los textos íntegros, porque no tienen desperdicio.

Cuando ya gobernaba Barrionuevo, el 23 de octubre de 1983, Ramírez escribe:  "A Barrionuevo no habría que cesarle por estar consintiendo acciones irregulares en el sur de Francia, sino por cosechar tan pocos éxitos, a pesar de la infinita buena voluntad con que ejerce el cargo. ¿Existe alguna fuerza política o social de cierta relevancia dispuesta a reclamar la cabeza de González por esta circunstancia? Desde luego que no." Y el 4 de noviembre de ese mismo año: "Es preciso cerrar filas en torno a este buen Gobierno que tenemos, formado por hombres competentes y patriotas, dispuestos a conciliar los valores esenciales de la libertad y seguridad. Sus aciertos en la lucha antiterrorista deben recibir aplauso, y sus errores comprensión".

¿Les parece mentira? ¿Les parece increíble? Corran a las hemerotecas. Los que en aquella época teníamos edad (y sectarismo) suficiente lo recordamos bien. Y según los estudiosos de las obras de Ramírez hay en aquellos años más de setenta editoriales y artículos firmados en los que se defiende la guerra sucia.

Pero no he acabado. ¿Qué hacía en aquella época El País, ese periódico que según mi lector tiene las manos manchadas de sangre? El País, que por entonces dirigía todavía Cebrián, denunciaba la guerra sucia y ponía en duda la respetabilidad del Gobierno y de su Ministro del Interior. Hasta el punto de que Barrionuevo, en marzo de 1985, interpuso una demanda contra el periódico por las informaciones que éste había dado sobre el asesinato de Santiago Brouard y sobre las dificultades que el Gobierno estaba poniendo a la investigación judicial.

La historia periodística de los GAL también fue de buenos y malos, ya ven. Como pueden imaginar, nada de todo esto es un descubrimiento mío. Es algo sabido, publicado, republicado y multiplicado. Cualquier escéptico tiene la posibilidad de comprobar su veracidad acudiendo a una hemeroteca (en el caso de Diario 16, que no está digitalizado; en el caso de ABC o de El País puede hacerse la comprobación desde casa, a través de internet). ¿Cómo es posible, por lo tanto, que se siga diciendo lo que se dice? La Esfera de los Libros (la editorial del grupo de Ramírez, por cierto) acaba de publicar una contundente e interesante biografía de Goebbels: quizás ahí estén las respuestas a esta pregunta.

Todos dicen mentiras, The New York Times y Granma (por poner un ejemplo que seguro que es muy del gusto de algunos de mis lectores), pero The New York Times y Granma no son iguales, no están a la misma distancia del centro del círculo, no son las dos caras de una moneda. Uno es blanco y otro es negro, uno es bueno y otro es malo. Podemos matizar todo lo que ustedes quieran, y estaré de acuerdo en hacerlo, pero la esencia no cambiará. Y convertir en parejas especulares de Iñaki Gabilondo, Wyoming o Cebrián a Jiménez Losantos, Hermann Tersch y Pedro J. Ramírez es simplemente (sin querer ofender a nadie, y menos aún a mis lectores) un desatino. Una majadería. Una estolidez. O, si alguien lo prefiere, un complejo de culpa mal llevado y perfectamente psicoanalizable.

Por hoy ya he predicado suficiente, pero volveré.  

Publicado el 3 de marzo de 2010 a las 00:00.

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Luisgé Martín

Luisgé Martín

Un blog con olor a azufre y a carne quemada. Ciberllamas en las que arderán todos: no habrá ningún títere al que le quede la cabeza sobre los hombros. El convencimiento es claro: el infierno existe y son los otros. Basta con abrir los ojos y mirar el mundo alrededor. Hablaré de libros, de películas, de canciones y de paisajes extranjeros, pero siempre con el tridente desenvainado.

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Biografía: Madrid, 1962. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Gerencia de Empresas. Autor de los libros de relatos Los oscuros (1990) y El alma del erizo (2002), la colección de cartas Amante del sexo busca pareja morbosa (2002) y las novelas La dulce ira (1995), La muerte de Tadzio (2000), ganadora del Premio Ramón Gómez de la Serna, Los amores confiados (2005) y Las manos cortadas (2009, publicada, como la mayor parte de su obra, por Alfaguara). Ganador del Premio del Tren 2009 "Antonio Machado" de Cuento, que convoca la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, con el cuento Los años más felices.

 

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