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Blog de Luisgé Martín

El infierno son los otros

Los chivos expiatorios

Archivado en: Embajadas autonómicas, Crisis, Manipulación

Se ha puesto de moda disparar contra algunas cosas (contra muchas cosas) para exorcizar los males que nos rodean. Hay que buscar culpables, pimpampums, monos de feria a los que derribar. Las consignas, como en el mejor fascismo, se repiten mecánicamente sin la más mínima reflexión ni el menos análisis. Es verdad que la mayoría de estos sofismas los ha introducido la derecha neoliberal, que es quien tiene casi todas las barracas en el parque de atracciones, pero los corifeos no tienen muchas diferencias ideológicas. Si se pregunta hoy a un falangista, a un democratacristiano, a un socialdemócrata y a un maoísta por las embajadas autonómicas, todos comenzarán a echar por la boca sapos con más o menos verrugas. Ni un instante para la cavilación o el estudio.

Vaya por delante que no tengo datos contables ni numéricos, por lo que es posible que mis valoraciones sean relativas. Pero no conozco a nadie que haya puesto esos datos contables y numéricos sobre la mesa para argumentar. Las embajadas autonómicas son oficinas que las Comunidades Autónomas han abierto por todo el mundo. Sobre todo Cataluña y el País Vasco, lo que las convierte en elementos altamente sospechosos. Lo que se ha transmitido a la opinión pública es que esas oficinas son chiringuitos de alto copete para colgar la bandera, hacer folletos en catalán o euskera y organizar convites con ministros y autoridades de los países de destino.

Algo de eso habrá, no digo yo que no (como en todas las embajadas, dicho sea de paso), pero lo cierto es que esas oficinas tienen fundamentalmente un sentido comercial. Es decir, pretenden abrir mercados, poner en contacto a empresarios de la comunidad correspondiente con las redes del país en el que estén ubicadas, facilitar exportaciones o intercambios mercantiles. Es decir, serían, por definición, oficinas plenamente rentables, porque gracias a ellas se abriría el mundo al fuet, al txacolí e incluso al salmorejo cordobés.

¿Pueden hacer esa tarea las embajadas del Reino de España? Sin duda, pero a costa probablemente de ampliar su personal, de modo que lo comido por lo servido. ¿Cuál es la ventaja de que el chiringuito sea autonómico y no nacional? La misma de todas las descentralizaciones: mayor cercanía, mayor conocimiento de la realidad y mayor vínculo emocional, lo que, si nada está pervertido, aumenta la eficacia de la gestión.

No me cabe duda de que, como en otros asuntos, se han producido adulteraciones y desenfrenos, pero habría que denunciar esas adulteraciones, y no el sistema en su totalidad. A mí hace ya años que me abruman y me irritan las perpetuas reivindicaciones de los nacionalismos catalán y vasco y el folclore jurídico que se gastan, pero al César lo que es del César.

Lo más desolador de todo esto es ese campo franco que se ha abierto para la necedad. "Esa España inferior que ora y embiste, cuando se digna usar la cabeza" ha resucitado más briosa que nunca. Nunca hemos sido un país que destacara por su propensión al pensamiento, pero al menos durante algunos periodos nos ha dado vergüenza que fuera así y hemos tratado de disimularlo.

Y como addenda: esta y otras falacias que se difunden van en la misma dirección de desacreditar lo público. Se sigue insistiendo en transmitir que los males de España están en la deuda pública (nacional o autonómica) y en el despilfarro. Por cada vez que se diga, habrá que repetir dos veces que es mentira, que el problema de España lo ha creado la deuda privada: la de las familias, estimulada por la banca para librar crédito, y la corporativa, la de las empresas que compraron y compraron sin mesura.

Publicado el 25 de julio de 2012 a las 22:45.

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Qué jóvenes éramos

Archivado en: Crisis, España, Transición, desamor

Yo he conocido parejas que después de diez, veinte o treinta años de amor y convivencia más o menos feliz -con lo que esto quiera decir: no hay diez años de felicidad ni de enamoramiento- han llegado a la ruptura, y que en ese momento, coléricos o desencantados, han abominado de todo. Han dicho encendidamente: "Ha sido todo mentira, todo una ilusión, todo un fuego de artificio que no tenía sustento. He estado engañado diez, veinte, treinta años, he estado viendo lo que no era real, la luminiscencia de una estrella inexistente".

Cuando vemos a parejas así nos parecen lamentables, aunque los queramos. Sabemos que deliran, que están arruinando lo único que pueden conservar: un amor que existió realmente, que tuvo su sustancia y que dio, durante muchos años, sus frutos verdaderos: noches inolvidables, viajes irrepetibles, una madurez emocional particular, quizás hijos... Nos dan ganas -yo a veces lo he hecho, metafóricamente- de abofetearlos y de recordarles que están drogados por el rencor, por la desesperanza o por cualquiera de los efectos narcóticos de la vida, y que justamente en ese estado no deben dar opiniones contundentes.

Algo así nos está empezando a pasar como sociedad y como país. Ahora todo, según se oye, es una cloaca y un sumidero. La Transición fue una gran mentira y un error tremendo. La Movida no existió. La modernización ideológica y social de España no tuvo nunca lugar. El Rey es igual que Franco. La verdadera literatura es la que se hacía durante el franquismo. Y todos los políticos, desde Suárez hasta Cayo Lara, son unos farsantes.

Hay algo de todo eso que se convierte en profecía autocumplida o en análisis autodemostrado en el propio acto de la enunciación (lo que debe de ser una figura retórica de cuyo nombre no me acuerdo): si decimos esto es que un poco imbéciles seguimos siendo y que la historia, en efecto, no ha hecho el lavado generacional que tenía que haber hecho.

Pero no es verdad. Nada de todo eso es verdad. Es muy duro que te dejen después de diez o veinte años, es difícil entender que esa mujer con la que pasaste tantas noches y con la que viviste tantos sueños se haya convertido en una extraña con la que no tienes nada en común, pero aquellos días existieron, y, lo que es más importante, dejaron en ti una huella que no se puede borrar. El amor fue real, y la metamorfosis que produjo en los que lo vivieron también lo fue. Tenemos muchas cosas de las que quejarnos, muchas barricadas que levantar y muchas miserias que lamentar, pero no deshagamos la memoria. La autocompasión es provechosa para sobrevivir, pero no es sana. Es, de hecho, una enfermedad mental.

 

Publicado el 23 de julio de 2012 a las 23:30.

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Patriotismo

Archivado en: Amancio Ortega, Inditex, Crisis, Bildu

Dado que vivimos en una sociedad rara, pensamos que el gran patriota irlandés de nuestros días es Gerry Adams, pero en realidad es Amancio Ortega, que acaba de decidir que el grupo Inditex seguirá liquidando los impuestos de su división on line en aquel país, salvo los que correspondieran a ventas realizadas desde ordenadores radicados en el territorio nacional. Es decir, que si un chino o un canadiense compra un jersey en la web de Zara, el beneficiario, además del comprador, que podrá abrigarse mejor, y de los accionistas de Inditex, es el estado irlandés. Había prometido que a partir de 2012 liquidaría esos impuestos en España, que es el país del que él tiene pasaporte y en el que está radicada la empresa, pero ha echado cuentas y ha llegado a la conclusión de que no tiene sentido pagar aquí un tipo fiscal del 30% (pongo por caso) si puede pagar el 15% en otro sitio. Amancio Ortega, además, nació en Galicia, una tierra celta, como Irlanda, de modo que entre unas lluvias y otras, entre unas meigas y otras, no encuentra demasiada diferencia.

 

Hoy, que empezaban las rebajas, fui a Zara a darme una vuelta. La tienda estaba atestada, como todos los grandes comercios, pero las colas para pagar parecían serpientes alargadas. En la planta de caballeros, si uno quería comprarse una camisa o unos calzoncillos tenía que esperar aproximadamente una hora a que le llegara su turno. En la caja había dos empleadas atendiendo, más o menos como siempre. Es decir, no se había contratado personal de refuerzo, o desde luego no el suficiente; supongo que para reforzar aún más los beneficios de la compañía (que en este año de crisis han crecido bastante) y poder seguir así expandiéndose por el mundo con ese orgullo tan español.

 

La culpa de lo que ocurre, de la crisis, del paro, de la creciente desigualdad social, no es de Amancio Ortega y de gente como él, sino de Zapatero (fundamentalmente) y a partir de ahora de Rajoy. Hace treinta años evadir dinero a Suiza era al menos vergonzante, además de ilegal. Hoy, pagar impuestos en Irlanda es una brillante estrategia financiera.

 

Juan Karlos Izagirre, el alcande de Bildu de San Sebastián, se ha negado a recibir este año a los Reyes Magos, como al parecer era tradición en la ciudad, para no hacerle un feo al Olentzero, el carbonero mitológico que baja de las montañas en Navidad para traerles los regalos a los niños vascos. (Mucha singularidad nacional y mucho particularismo antropológico, por cierto, pero al final el Olentzero escoge la Navidad, como Papá Noel o los Reyes Magos, pudiendo haber escogido el Aberri Eguna o el día de la muerte de Sabino Arana, por ejemplo). El pobre Izagirre se cree que eso es patriotismo. Pero si lo que de verdad intenta es engrandecer la patria vasca, lo que debería hacer es dispensar de pagar impuestos municipales a Amancio Ortega y a otros prohombres como él.

 

Publicado el 8 de enero de 2012 a las 01:15.

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La austeridad II

Archivado en: Crisis, Keynes, Consumo

Volvamos a lo que importa de verdad, a los modos de arreglar la situación de crisis en que vivimos, que es para lo que se predica la austeridad hoy día omnipresente. Y rastreemos para ello el rastro del dinero. Supongamos que, siguiendo la lógica verdadera (no la lógica de costado de la que hablábamos en el post anterior), decidimos suspender durante un año las fiestas patronales de todos los pueblos y ciudades de España (la lección vale igual para Alemania o para Uzbekistán), pagadas con dinero público. La medida sería muy razonable, puesto que nadie sufriría indeciblemente (podemos mantener como excepción a los sevillanos con su Semana Santa), no habría secuelas sociales como las derivadas de los recortes en sanidad o en investigación, y se ahorraría un dineral. Pongamos, inventándolo, que 500 millones de euros.

Sigamos su rastro. Esos 500 millones no se los quedaba el concejal de festejos. Se empleaban en pagar a los artesanos que elaboran los bizcochos, a los pirotécnicos, a las empresas de stands que montan las casetas y los escenarios de los bailes, a los músicos de las bandas y a los que confeccionan los trajes que llevan, a los que manufacturan los cabezudos que se lucen en algunos pasacalles, a los fabricantes de las bombillas que adornan las calles y a las costureras de los mantones de la Virgen que se saca en procesión.

Al suprimir las fiestas dejaremos sin sueldo (o sin una parte de su sueldo) a todas esas personas. Inevitablemente, muchas de ellas perderán su empleo, pues las fábricas de fuegos artificiales que antes necesitaban diez trabajadores ahora necesitarán cinco. Las personas que se queden en el paro comenzarán a cobrar el subsidio, aumentando las cargas del estado. Evidentemente, las empresas que se beneficiaban de esos presupuestos de fiestas, como la fábrica de fuegos artificiales, ganarán menos dinero o entrarán en pérdidas, de modo que pagarán menos impuestos y la recaudación fiscal se reducirá.

Pero el rastro del dinero aún no ha acabado. Esas personas que acaban de quedarse en paro iban a comprarse una lavadora nueva porque la suya estaba empezando a dar problemas. Habían hecho planes para pasar las navidades en Sierra Nevada, en una casa rural. Habrían guardado algo de dinero para comprarle al niño en Reyes un ordenador portátil para que comenzara a iniciarse en la informática. Todos esos propósitos -entre otros- quedarán ahora suspendidos, de modo que se venderán menos lavadoras y menos ordenadores y se alquilarán menos casas rurales. Es previsible, en consecuencia, que las fábricas de lavadoras y de ordenadores despidan a más personas, que comenzarán a cobrar el paro y que a su vez dejarán de comprar frigoríficos, ropa y latas de cerveza.

Como el desajuste entre los ingresos y los gastos ha ido creciendo (hemos ahorrado el importe de las fiestas patronales y un poco de intereses de la deuda, pero a cambio, como hemos visto, tenemos a más personas cobrando el seguro de desempleo y recibimos menos ingresos vía impuestos), no nos quedará más remedio que tener más austeridad. Dejaremos, por ejemplo, de asfaltar las carreteras. En el fondo no se estropean tanto, y bastará con circular más despacio.

Si los 500 millones se los quedará en su casa el concejal de fiestas, qué buena medida sería la de ahorrárselos. Pero desgraciadamente el dinero siempre trabaja. Genera rentas, que a su vez generan otras rentas, que a su vez generan capital, que paga impuestos con los que se pueden pagar las fiestas e incluso hacerlas más espectaculares.

Esta lección básica de economía (simplificada, pero básica) la conocían hasta hace unos meses todos, desde el director del FMI (en los ratos en los que no andaba follando) hasta Sarkozy o Angela Merkel, pasando por supuesto por Zapatero y los socialdemócratas de cualquier latitud. No me atrevería a decir que la conocía Rajoy, que de estas cosas suele conocer poco, pero sí Díaz Ferrán, por ejemplo. Lo conocían, entre otras cosas, porque gracias a ella se superó la crisis del 29, tan pregonada y al parecer tan ignorada. Ahora en cambio parece que no la conoce nadie.

Yo estoy empezando a tener ganas de que estalle todo. Quizá sea la única forma de que pueda arreglarse de verdad. Mientras tanto, voten ustedes a los que exigen austeridad. Pero luego no se quejen de los efectos.

Publicado el 14 de septiembre de 2011 a las 23:15.

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La austeridad I

Archivado en: Austeridad, Crisis, Lakoff

Aplicando la lógica familiar a la política de estado, la austeridad es sin duda una cosa excelente. No hay que gastar más de lo que se tiene, salvo en los casos en que se trate de hacer inversiones que de otro modo no podrían acometerse. O incluso, para ser exactos, ni siquiera en estos casos, pues cuando yo pido un préstamo hipotecario para comprarme una casa doy por supuesto que durante el año ganaré lo suficiente para pagar las doce mensualidades correspondientes, de modo que, aunque se cree una deuda, no habría déficit.

Esta lógica familiar es aplastante, y como la derecha mundial, según explica a la perfección Georges Lakoff, se rige por presupuestos sacados de la cartilla de la familia tradicional -el autoritarismo paterno, la jerarquización, la recurrencia a valores morales que se cumplen sólo en apariencia...-, los partidos conservadores la están esgrimiendo orgullosamente cada vez que pueden. Pero las lecciones básicas de economía son más complejas. Por eso las cuentas no salen y cada vez vamos a peor, con amenaza de nueva recesión o de flaqueza perpetua.

La lógica familiar, no obstante, se aplica sólo de boquilla, porque gobernar tiene sus servidumbres. Este fin de semana largo de Madrid lo he pasado en una cabaña apartada de la Sierra. La cabaña no estaba tan apartada como para que no se oyeran los fuegos artificiales de las fiestas de los pueblos del alrededor. Y en uno que visitamos pudimos ver las fanfarrias, las luces decorando las calles, las limonadas y bizcochos servidos en la plaza principal y algunas otras galas de las fiestas patronales. Si una familia se queda sin recursos, lo primero que hace es dejar de salir al cine, retirar al niño de las clases de hípica, suspender las vacaciones y quitarse el vicio del tabaco, no dejar de llenar la nevera. En asuntos macroeconómicos, sin embargo, somos más torcidos: recortamos los presupuestos de educación y de sanidad y dejamos de construir infraestructuras, pero no suspendemos las fiestas patronales ni un año. A lo mejor los bizcochos eran más baratos y en las fanfarrias había menos gente. En Navidad, como el año pasado, encenderemos menos bombillas en las calles y repetiremos los diseños de los árboles luminosos. Pero ay de aquel que predique la austeridad completa en estos asuntos. Se le acusará de aguafiestas (nunca mejor dicho) y se le retirarán los votos. "Con toda la desgracia que vivimos cada día, ¿no tenemos ni siquiera derecho a un poco de distracción?", dirán los más acérrimos.

Porque gobernar, ya se sabe, es un equilibrio en el que, en cualquier latitud y en cualquier época, no pueden faltar nunca las dosis justas de pan y de circo.

 

Publicado el 13 de septiembre de 2011 a las 00:45.

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La economía, el bazo y el espinazo

Archivado en: Economía, Crisis

Antes de ayer, en la Feria del Libro, escuché a dos hombres discutiendo acaloradamente mientras avanzaban por las casetas sin demasiada atención. "O sea que Alemania es también un desastre, ¿no?", decía uno con énfasis. "Que la Merkel es una inútil y una derrochadora, ¿verdad?" El otro sonreía con ese gesto de desdén que pone quien se siente superior y no puede responder a argumentos insustanciales sin rebajarse. Acababa de saberse que Alemania iba a aplicar un plan de recorte tan brutal como el español y que en todas partes, por lo tanto, cocían habas.

Cuando llegué a casa, vi que en Facebook el escritor Tino Pertierra había colgado en su muro un pensamiento semejante: "Alemania anuncia un gran recorte. ¿Aunque Zapatero lo hubiera hecho bien habría que haber dado el tijeretazo?", decía más o menos. De la pregunta colgaban un par de decenas de respuestas a la pregunta, evidentemente enconadas.

Yo, como todos los españoles en mayor o menos medida, llevo discutiendo de economía durante meses. En cualquier sobremesa o en cualquier reunión social -de amigos o de enemigos- se habla de la crisis, de las medidas del Gobierno y de las opiniones del FMI, la OCDE, Trichet y la Santísima Trinidad sobre la situación. Discuto, como siempre, con cierta furia, planteando preguntas que desde la postura de mi contertulio no tienen respuesta. Y es entonces cuando todos dicen la frase mágica: "Y yo qué sé. Yo no soy economista". No falla nunca. Ni una vez. En cuanto buscas las contradicciones o los absurdos, se lo pones en bandeja: "Y yo qué sé. Yo no soy economista".

Por ejemplo, ahora todo el mundo dice que si el Gobierno (Zapatero, en realidad, que es Mefistófeles) hubiera hecho recortes hace dos años, cuando empezó la crisis, no habríamos llegado a esta situación lamentable y los ajustes no habrían tenido que ser duros. Esto no es un disparate: es simplemente una gilipollez. Algo insostenible por cualquier economista, sea cual sea la escuela a la que pertenezca y el color político que tenga. Hace dos años nadie en el mundo reclamaba ajustes, sino todo lo contrario, porque de lo que se trataba era de empujar la economía, y si recortas el gasto público la economía se contrae aún más. Se puede acusar al Gobierno (con razón o sin ella) de gastar mal, pero no de gastar mucho. Y sin embargo la idea se ha hecho ahora hegemónica: pensamiento único. La última persona a la que se la escuché fue a un escritor famoso; es decir, a alguien instruido, que lee periódicos y tiene una cierta formación.

Hace un mes Zapatero decía que no quería acelerar la reducción del déficit porque se resentiría el crecimiento. Ahora, cuando ha pegado el tijeretazo, los que se lo exigían se echan las manos a la cabeza y dicen -unos hipócritamente; otros estúpidamente- que la economía va a crecer menos, que eso provocará más paro y por lo tanto más gasto en prestaciones y menos recaudación.

El espectáculo que se está produciendo me parece fascinante. Es parecido una vez más al del fútbol. Ojalá ganemos el Mundial o lleguemos a la final, pero si no es así, la culpa va a ser de Del Bosque. Porque en el alma de cualquier español habita un seleccionador nacional y un ministro de economía. Tenemos la alineación ideal y las recetas oportunas, aunque no seamos entrenadores ni economistas.

Yo estudié algo de economía (de macroeconomía) hace años, y me parece una disciplina tan apasionante como escurridiza. Saqué una conclusión que puede aplicarse casi sin excepción: "Lo que es bueno para el bazo es malo para el espinazo". Si bajas los tipos de interés se dispara la inflación. Si los subes, se retraen el consumo y la inversión y se frena el crecimiento, con el consiguiente aumento del paro. Si aumentas el gasto público, aumenta el déficit. Si lo reduces, disminuye la actividad y por lo tanto la recaudación. Y así hasta el infinito. Es como los medicamentos, a partir de una determinada edad: las pastillas para dormir te destrozan el hígado, los comprimidos para la alergia te estriñen y las pomadas para las contracturas musculares producen dermatitis.

Hace unos meses, cuando el Gobierno español habló de especuladores, muchos torcieron la sonrisa y se burlaron. Ahora, cuando Sarkozy y Merkel hablan de especuladores y piden que se tomen medidas contra esas operaciones, nadie tuerce la sonrisa ni dice nada. Cuando España hace un recorte, es por la torpeza y la mala gestión de su gobierno. Cuando lo hace Alemania, es por prudencia y por previsión. Cuando Francia aprueba una medida de auxilio financiero es por reflejos. Cuando la aprueba España es por improvisación. No sólo somos sectarios e ignorantes: seguimos siendo paletos. "Y yo qué sé. Yo no soy economista".

El Gobierno ha cometido errores, evidentemente. Quizá más que otros gobiernos, quizá menos, no lo sé. Uno de ellos -sin efecto real en la marcha de la economía, pero sí en su credibilidad y su prestigio- es haber dicho que íbamos a salir de la crisis al mismo tiempo que los demás. ¿Cómo va a salir España de la crisis al mismo tiempo que Francia y que Alemania? España no es Francia ni es Alemania. Les voy a poner un ejemplo que tengo muy a mano. Mi hermana está embarazada. Tiene un trabajo y vive en Madrid. Quiere hacer unas sesiones de pilates para embarazadas, como hacen obsesivamente las madres de hoy en día con el fin de mantenerse en forma y facilitar el desarrollo del feto y el posterior parto. Pero no quiere dejar el trabajo. Pues al parecer en Madrid no es posible. No hay centros de pilates que ofrezcan sesiones para embarazadas después de las siete de la tarde. Madrid es una ciudad con más de tres millones de personas y con más de medio millón de parados. No sé cuántas embarazadas habrá ni cuántas de ellas estarán buscando sesiones semejantes, pero estoy seguro de que muchas. ¿Cómo es posible que a nadie se le ocurra montar una empresilla para ofrecer ese servicio? No tengo respuesta. ¿Es culpa de Zapatero? Seguramente: podía habérselo dicho a Sonsoles, que está desocupada, y haber abierto un centro.

Los gobiernos cada vez mandan menos, que es lo que se pretendía. Cada vez tienen menos margen de maniobra, que es lo que se buscaba. Y además juegan los partidos con los jugadores que tienen. En este Mundial, con Busquets, Xabi Alonso, Cesc y Xavi en el centro del campo es posible que podamos ganar. Hace años, cuando los balones los tenía que sacar Alexanco desde la defensa, dando pases de veinte metros, haber pasado de cuartos habría sido un milagro. Y sin embargo nos lo creíamos. Como lo de salir de la crisis al mismo tiempo que Alemania.

¿No ha llegado el momento de hacer la revolución?

Publicado el 9 de junio de 2010 a las 21:45.

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Luisgé Martín

Luisgé Martín

Un blog con olor a azufre y a carne quemada. Ciberllamas en las que arderán todos: no habrá ningún títere al que le quede la cabeza sobre los hombros. El convencimiento es claro: el infierno existe y son los otros. Basta con abrir los ojos y mirar el mundo alrededor. Hablaré de libros, de películas, de canciones y de paisajes extranjeros, pero siempre con el tridente desenvainado.

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Biografía: Madrid, 1962. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Gerencia de Empresas. Autor de los libros de relatos Los oscuros (1990) y El alma del erizo (2002), la colección de cartas Amante del sexo busca pareja morbosa (2002) y las novelas La dulce ira (1995), La muerte de Tadzio (2000), ganadora del Premio Ramón Gómez de la Serna, Los amores confiados (2005) y Las manos cortadas (2009, publicada, como la mayor parte de su obra, por Alfaguara). Ganador del Premio del Tren 2009 "Antonio Machado" de Cuento, que convoca la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, con el cuento Los años más felices.

 

La mujer de sombra Las manos cortadas Los amores confiadosAmante del sexo busca pareja morbosaEl alma del erizoLa muerte de TadzioLa dulce iraLos oscuros

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