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Blog de Luisgé Martín

El infierno son los otros

A por ellos, oé

Archivado en: ETA, Terrorismo, La Roja

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Esta fotografía la habrán visto hoy en todos los periódicos, en las televisiones, en blogs y en páginas digitales de cualquier afiliación. Procede de Facebook -el juego que van a dar las redes sociales en el futuro- y es de dos etarras que, acompañados de un amigo convenientemente pixelado, festejan a la selección española de fútbol. Van vestidos con la camiseta roja que ya se ha convertido en emblemática y que puede nombrarse, por lo tanto, con mayúsculas antonomásicas: la Roja. En el pecho de la camiseta, por supuesto, luce esplendente el escudo del Reino de España. Adur Arístegui, el terrorista que colgó la foto en su perfil personal, añadió al parecer un comentario: "¡Podemos!". Lo repito, por si alguien siente incredulidad: "¡Podemos!"

Un etarra vestido con la Roja es como un obispo en ligueros o un activista contra el maltrato animal ataviado de torero. ¿A qué nos remite? A la perturbación mental, al delirio, a la psicopatología. Ya sabíamos desde hace mucho tiempo que el terrorismo vasco hacía los alistamientos en los mismos caladeros que los Ultrasur o que las sectas religiosas: adolescentes descerebrados (valga la redundancia), de personalidad débil, que necesitan el gregarismo y las grandes causas para redimirse. A los diecisiete años todos queremos cambiar el mundo, da igual cómo, y todos queremos resolver las injusticias, da igual cuáles y da igual que sean verdaderas o inventadas. Queremos ser distintos, grandes. Sólo hace falta que alguien venga a decirnos que podemos serlo.

Para ser etarra hoy es necesario ser imbécil (en el sentido más descriptivo del término: "ser alelado, escaso de razón", como lo define el diccionario). Es necesario tener una disociación con el mundo real, no saber qué ocurre y no saber quién eres. Lo que siempre se ha llamado estar loco, aunque los grados sean diversos y los efectos también.

Esta foto no nos añade nada nuevo. Lo sabíamos desde hace tiempo. Pero resulta elocuente, pintoresca. Si yo fuera Rubalcaba o Patxi López, la usaría en una campaña pedagógica.

Publicado el 18 de febrero de 2010 a las 20:30.

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Luisgé Martín

Luisgé Martín

Un blog con olor a azufre y a carne quemada. Ciberllamas en las que arderán todos: no habrá ningún títere al que le quede la cabeza sobre los hombros. El convencimiento es claro: el infierno existe y son los otros. Basta con abrir los ojos y mirar el mundo alrededor. Hablaré de libros, de películas, de canciones y de paisajes extranjeros, pero siempre con el tridente desenvainado.

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Biografía: Madrid, 1962. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Gerencia de Empresas. Autor de los libros de relatos Los oscuros (1990) y El alma del erizo (2002), la colección de cartas Amante del sexo busca pareja morbosa (2002) y las novelas La dulce ira (1995), La muerte de Tadzio (2000), ganadora del Premio Ramón Gómez de la Serna, Los amores confiados (2005) y Las manos cortadas (2009, publicada, como la mayor parte de su obra, por Alfaguara). Ganador del Premio del Tren 2009 "Antonio Machado" de Cuento, que convoca la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, con el cuento Los años más felices.

 

La mujer de sombra Las manos cortadas Los amores confiadosAmante del sexo busca pareja morbosaEl alma del erizoLa muerte de TadzioLa dulce iraLos oscuros

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