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Blog de Javier Memba

El insolidario

Nostalgia de la Cruz de Malta

Archivado en: Inéditos cine, "Nostalgia de la Cruz de Malta"

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            Dicen las asociaciones de exhibidores que la puntilla al celuloide fueron a dársela la alta definición y el moderno 3D, posibles únicamente mediante un soporte digital. Pero no hay duda de que fue el viento de la historia. El cine en tres dimensiones ya existía, como poco, desde Los crímenes del museo de cera (André de Toth, 1953). En cualquier caso, desde mucho antes de la eclosión que, en efecto, conoció con Avatar (James Cameron, 2009).

            Cierto, fue ese viento de la historia, siempre en contra de los ya rudimentarios procedimientos analógicos, lo que acabó por poner fin a ese celuloide cuya simple alusión sintetizaba al cine en general. Ya no se proyectan películas mediante este viejo soporte ni en la Filmoteca -alabado sea por siempre su nombre-. Aquel primer nitrato de celulosa, que por ser altamente inflamable fue sustituido en 1950 por el acetato de celulosa -ininflamable- del safety film, ya sólo es un objeto de culto cinéfilo. De hecho, las películas, a decir verdad, ya no lo son. Ahora, en puridad, son un archivo.

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Publicado el 15 de abril de 2015 a las 15:30.

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Dos antiguas aventuras de Blake y Mortimer

Archivado en: Cuaderno de lecturas, las aventuras de Blake y Mortimer, La maquinación Voronov y La extraña cita

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                   Ultimo estos días la lectura de La onda Séptimus, una vuelta al asunto de La marca amarilla (1956). Ávido por tanto de volver a adentrarme en el universo del gran Edgar P. Jacobs en busca de las referencias comunes a ambos álbumes, he vuelto a revisar el capítulo correspondiente a su adaptación de Ellipse Animation (1997) para ratificarme en mi teoría de que a los grandes cómics no suelen hacerle justicia sus adaptaciones animadas. He vuelto también a mis notas sobre las entregas anteriores de la serie. Leída La marca amarilla en su primera edición española -la de Grijalbo del 84, que naturalmente aún atesoro-, no tomé apunte alguno entonces ni en las relecturas posteriores. En aquel tiempo me dedicaba sólo al placer de leer y no a la tarea de escribir sobre mis lecturas.

                   Sin embargo, recuerdo que cuando, ya en 1996, la serie fue retomada por nuevos autores y descubrí El caso de Francis Blake (con guión de Jean Van Hamme y dibujos de Ted Benoit) mientras buscaba miniaturas de Tintín en una tienda especializada en estas filigranas, fue tanta la alegría que experimenté con el regreso del capitán Blake y el profesor Mortimer -los dos amigos del Centaur Club- que también decidí escribir sobre los cómics que leo. Se trató, como siempre mi tarea, de una forma de prolongar el placer que me causa una lectura. A la espera de que andando en mis archivos le llegué el turno a El caso de Francis Blake, publico ahora las notas concernientes a La maquinación Voronov, tomadas en el año 2000, y a La extraña cita, en 2003.

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Publicado el 12 de abril de 2015 a las 22:30.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XVI)

Archivado en: Apuntes para unas estampas madrileñas

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Recordando a Moncho Alpuente

            Tuve noticia del fallecimiento de Moncho Alpuente recién tomada tierra en el aeropuerto de Gatwick para una estancia de cuatro días en Londres. Vaya este dato como disculpa de mi demora en dejar constancia de la muerte de un buen amigo. Bien es cierto que también allí hubiera podido escribir estas líneas. Pero calculé que la distancia de Madrid habría de ser beneficiosa para evocar a alguien que, amén de una buena persona en toda la extensión de la palabra, fue uno de los principales patrocinadores del Madrid de los años 80. Es más, si no fue él quien llamó por primera vez a todo aquello "La movida madrileña" le faltó muy poco. Desde luego -junto con el también entrañable Oscar Mariné-, fue el que acuñó la expresión Madrid me mata. Nombre que dieron a una las revistas legendarias de aquellos años.

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Publicado el 27 de marzo de 2015 a las 23:00.

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El último Capote

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "Plegarias atendidas"

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            Tras concluir Plegarias atendidas, puedo jactarme de otra cosa que no sirve para nada: haber leído toda la narrativa de Truman Capote. Sí acaso, puedo afirmar con conocimiento de causa que Plegarias atendidas, la célebre novela inacabada de uno de los maestros indiscutibles e indiscutidos de la literatura norteamericana del siglo XX, no está a la altura -ni de lejos- de sus grandes títulos. A mi juicio, éstos son Desayuno en Tiffany's (1958) y A sangre fría (1965). Plegarías atendidas es un mito y, como tantos mitos, una vez conocido, se desmorona.

            Es sabido que en sus páginas Capote quiso hacer la crónica de ese gran mundo que le encumbró, como sólo lo hace la alta sociedad con sus autores y artistas favoritos, tal que Proust fue a hacer la crónica de su tiempo perdido. Pero lo que en el francés es sincera nostalgia o admiración por el mundo de los duques de Guermantes, en Capote es insidia y un afán de escandalizar que no se entiende en un escritor tan celebrado como él. Máxime si se considera que lo que está aireando son las intimidades de ese gran mundo que le adoraba. Por eso precisamente se abrió a él. De hecho, cuando el tercer capítulo, La Côte Basque, apareció publicado en el número de noviembre de 1975 de la revista Esquire, la mayor parte de los que ensalzaban a este gran autor -empezando por Jacqueline Onassis- dejaron de dirigirle la palabra. Capote entonces resultó ser mucho menos cínico de lo que parecía.

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Publicado el 14 de marzo de 2015 a las 17:45.

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Alabados sean los "selfies"

Archivado en: Entre la imagen y las mil palabras

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            Me intereso por la fotografía desde que hace cuarenta y muchos años me regalaron una Kodak Brownie Fiesta. Además de la toma de mis propias vistas, siempre he atendido a las de los demás. Así he llegado a conmoverme con las instantáneas que muestran una visión singular de la vida y a aborrecer la fotografía contaminada por la pintura -"pictorialista", que se dice- tanto como odio el cine contaminado por el teatro. Este pictorialismo cobró un auge especial en los años 70. En aquellos días, con las gasas, los flous y demás difuminados del bueno de David Hamilton a la cabeza, las fotos tenían tanto grano que apenas se veían. Pero hoy vengo a hablar de filias, que no de fobias.

            Sobre una de las cosas que he observado en todo este tiempo de interés por el hecho fotográfico -el miedo que inspiraban las fotos a la gente en mi feliz infancia-, Cristina fue a llamarme la atención el otro día. Decía ella que, cuando éramos pequeños, la gente miraba a las cámaras asustada. Basta con fijarse en esas filmaciones documentales de los años 60, en las que el reportero formula cualquier pregunta en la calle, para rendirse ante la certeza de la afirmación.

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Publicado el 2 de marzo de 2015 a las 09:30.

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La Casa de la Cruz y otras historias góticas

Archivado en: Cuaderno de lecturas, "La Casa de la Cruz y otras historias góticas" de Emilio Carrere

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(Como tantos de sus lectores actuales, descubrí a Emilio Carrere merced a la adaptación de La torre de los siete jorobados (1944) de Edgar Neville. Sus visiones mi amada ciudad en tiempos pretéritos me cautivaron desde sus primeras narraciones. De las reunidas bajo el título de La Casa de Cruz y otras historias góticas di cuenta en Formentera en agosto de 2009. Una vez más, lo que sigue son las notas que tomé entonces).

La leyenda de San Plácido, que Carrere noveliza en la primera de las narraciones aquí reunidas, está ambientada en el Madrid del siglo XVII. El Santo Oficio, que tiene sus cárceles en la calle de Leganitos, aún campa a sus anchas. Maese Blas de Toledo es un "hábil tañedor de flauta". Interpreta sus melodías desde el tejado de su casa para temor de los vecinos de la calle de La Luna y aledaños, quienes confunden su silbo con un canto del Diablo. Sus músicas le hacen pasar por un brujo. En realidad, lo que persiguen es distraer la atención del vecindario. Pues cuando suena la flauta del falso nigromante se producen las visitas, nocturnas y furtivas, que un misterioso admirador de la novicia Margarita hace al convento de San Plácido al que alude el título.

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Publicado el 19 de febrero de 2015 a las 13:45.

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El horror de Dunwich

Archivado en: Cuaderno de lecturas, "El horror de Dunwich", de H. P. Lovecraft

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                                     "Tras un prólogo tan interesante como el de Los mitos de Cthulhu, aunque antes de empezarlo fuera el motivo de que postergara la lectura de este libro hasta el último momento, los relatos en él reunidos han sido los que más me han satisfecho de todo lo leído en mi tercer encuentro con la obra de Lovecraft", apunté al comienzo de mis notas referidas a El horror de Dunwich tras su lectura, en marzo del 99.

                   Obedeciendo sin duda a una matemática tiniebla, estaba escrito que me adentrara en la obra de Lovecraft en tres tandas separadas entre sí por un intervalo de diez años exactos. La primera de estas ocasiones fue a finales de los años 70, cuando descubrí al outsider de Providence en dos tomos de obras escogidas de Ediciones Acervo. La segunda llamada de Cthulhu, nunca mejor dicho, fue a finales de los 80 y atendí a ella en las esplendidas selecciones de Alianza Editorial. Textos, estos mismos, a los que volví cuando, ya a finales de los años 90, dándome yo a ciertos placeres que el buen entendedor sabrá imaginar, el universo de Lovecraft me volvió a magnetizar.

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Publicado el 14 de febrero de 2015 a las 21:45.

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Un viaje al Cretácico

Archivado en: Cuaderno de lecturas, "Entre dinosaurios", de George Gaylord Simpson

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            Calculo que en breve, a raíz de la inminente emisión de El ministerio del tiempo, la nueva serie de TVE, tan sugerente en principio, los viajes a otras épocas suscitarán el natural interés por parte del Respetable. Hace ya cuarenta y nueve años, también en el ente público, seguí con avidez las emisiones de El túnel del tiempo, una maravilla de Irwin Allen para la ABC protagonizada por James Darren (el doctor Tony Newman) y Robert Colbert (su colega Douglas Phillips). Varias de aquellas entregas, como la dedicada a la caída de las murallas de Jericó, estaban dirigidas por el gran Nathan Juran.

            Desde entonces, los viajes en el tiempo son uno de mis asuntos favoritos de cuantos acomete con mayor frecuencia la ciencia ficción. Incluso he visto con agrado la trilogía de Regreso al futuro del bueno de Robert Zemeckis.

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Publicado el 2 de febrero de 2015 a las 22:30.

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Cuatro inmortales de Poul Anderson

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Cuatro inmortales de Poul Anderson

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                   Incluidas en un volumen titulado La nave de un millón de años (1989), una de las últimas entregas de Poul Anderson, las cuatro piezas reunidas en 1998 por la entrañable Biblioteca del Mundo bajo el título de Relatos de inmortales me devolvieron ese placer que procuran los buenos textos, algo perdido en mis lecturas anteriores del otoño de 1998.

                   El camarada, la primera de estas narraciones, de las que tanto tiempo después sigo guardando tan buen recuerdo, nos transporta a la decadencia del imperio romano. Allí, un tal Lugo, salva a Rufus de la turba que lo persigue y lo lleva a su casa. Una vez en ella, con una naturalidad admirable, mediante la conversación mantenida por los dos hombres, se nos cuenta que la muchedumbre perseguía al huésped por ser éste inmortal. El anfitrión le ha salvado porque él también lo es. Dada la singular coincidencia, Lugo explica a su invitado cómo cada cierto tiempo, cuando la gente está a punto de darse cuenta de su condición, abandona familia y lugar para iniciar una nueva vida en otro sitio. La exposición, de esta suerte de servidumbre del don que ambos posen, imprime a la narración un innegable encanto.

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Publicado el 27 de enero de 2015 a las 14:30.

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"Neuromante", más que el inicio del cyberpunk

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Neuromante, de William Gibson

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            En la página 179 de la edición de Neuromante (1984) de William Gibson, dada a la estampa por Minotauro en julio de 2002 -la que yo atesoro-, hay un pasaje que a mi juicio sintetiza uno de los grandes asuntos de la ciencia ficción contemporánea, si no el principal. Es aquel en que Molly refiere a Case cómo fue mejorada cibernéticamente en una clínica de Chiba City (un puerto imaginario de Japón) para que ejerciera la prostitución "especial", sin enterarse de nada, en un burdel donde "la casa tiene el software para cualquier cosa que el cliente quiera pagar". Lo malo fue que en cierta ocasión se enteró de lo que un cliente la estaba haciendo. "El problema era que el circuito recortado y los que me pusieron en la clínica de Chiba no eran compatibles".

            En efecto, en líneas generales, los problemas generados por la convivencia entre organismos celulares y circuitos electrónicos, entendiendo el concepto en toda su extensión -desde la atracción que Rick Deckard siente por Rachael en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, 1968) a este Neuromante en que Case tiene implantado en la cabeza una suerte de memoria USB- son a la ciencia ficción actual lo que el viaje a La Luna en los albores del género, los platillos volantes en los años 50 o la pastoral poscatástrofe atómica en la década siguiente. A mi entender, las cuchillas que le han injertado a Molly bajo las uñas, tan prácticas en su nuevo empleo de asesina a sueldo como lo hubieran sido con esos clientes que se empeñaban en hacerle cualquier cosa que pudieran pagar, no son más que pequeñeces, prodigios de superhéroes que quizás imaginara Gibson en las viñetas de Lobezno.

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Publicado el 18 de enero de 2015 a las 15:00.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formetera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del iniferno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Luces y sombras del libro digital

Cuando la musa es una niña

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

Un festival de imágenes

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

La plástica del poder

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Reivindicación de Gustave Caillebotte

Una guía clásica de la ciencia ficción

Impresionistas y modernos

La Feria del Libro de Madrid cumple 75 años

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 

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