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Blog de Javier Memba

El insolidario

Un maestro del cuento fatalista

Archivado en: Cuaderno de lecturas

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                   Descubrí al uruguayo Horacio Quiroga en una edición deliciosa De los perseguidos de amor, de locura y de muerte de El Libro Aguilar, colección que siempre imaginé heredera de la Crisol de esta misma editorial. Fue en el 96 y la lectura de cuentos como La gallina degollada me dejó totalmente fascinado. En él se da noticia de la historia de a un matrimonio que sólo es capaz de engendrar hijos anormales. Cuando Berta, la madre, finalmente, da a luz una bella niña, ésta es devorada por hermanos idiotas.

                   Después llegaron piezas como El almohadón de pluma. Su protagonista es una mujer que agoniza consumida por una extraña enfermedad. El mal resulta ser un parásito gigante, alojado en su almohada, que le está chupando la sangre. El perro rabioso era un maravilloso flash-back donde se contaba la historia de un tipo mordido por un can, que le contagia la enfermedad. Encontrará la muerte a manos de los propios vecinos de su pueblo. En A la deriva -el drama de otro hombre mordido, éste por una serpiente en la jungla, que expirará en la barca con la que intenta llegar a la ciudad- ya había elevado al gran Quiroga al altar de mis cuentistas favoritos, junto Maupassant, Lovecraft y Bradbury.

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Publicado el 7 de noviembre de 2014 a las 11:30.

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Recordando al gran Truffaut

Archivado en: Inéditos cine,

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            Hoy se cumplen treinta años de la prematura muerte del gran François Truffaut y a mí me viene a la cabeza lo cierto que resultó ser ese anuncio, que el maestro hizo en el 80, acerca de que se retiraría cuando se implantara el vídeo. A la postre, eso fue lo que pasó hoy hace tres décadas.

            Y ahora, que sus actores están viejos y también el video ha sido desplazado por los nuevos procedimientos. Ahora, que las películas en puridad ya no lo son -se trata de archivos que no se ruedan, sino que se graban con una cámara-, es cuando la pentalogía de Antoine Doinel -Los cuatrocientos golpes (1959), Antoine et Colette (su episodio de El amor a los 20 años fechado en 1962), Besos robados (1968) y Domicilio conyugal (1970)- me sigue pareciendo las visión más equilibrada del sentimiento amoroso, desde que nace hasta que se extingue, de toda la historia del cine. Más aún, junto con el Poema 20 de Pablo Neruda -"es tan corto el amor y es tan largo el olvido"-, el ciclo Doinel es el retrato más certero del sentimiento amoroso de toda la cultura del siglo XX.

            Ya en la gloria que su sin par filmografía le dispensó, creo que el gran Tuffaut ha quedado como un cineasta romántico. Esa modernidad, con la que la Nouvelle Vague irrumpe en la historia del cine para un marcar un antes y un después de ella, en él escasamente duró un par de cintas -Tirad sobre el pianista (1960) y Jules et Jim (1962)- que, por otro lado, también son historias de amor. Porque el maestro, incluso cuando rodaba un relato criminal -La novia vestida de negro (1968), La sirena del Mississippi (1969)-, éste llevaba implícita una historia de amor.

 

            Maestro igualmente de filmófilos -la cinefilia y el cine de autor también nacieron con la Nueva Ola francesa-, yo estimo especialmente al gran Truffaut porque su amor al cine -expreso en textos como El cine según Hitchcock (1967) o Las películas de mi vida (1975)- marcó el mío de forma indeleble. Y yo, que tengo en las películas la redención de la realidad, hoy no puedo dejar de evocar aquel primer verso de la canción que le dedicó Aute tras su fallecimiento: "Recuerdo bien aquellos cuatrocientos golpes de Truffaut".

Publicado el 21 de octubre de 2014 a las 11:30.

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El anciano que se creía Peter Pan frente a un sombrío capitán Garfio

Archivado en: Ficciones, "El anciano que se creía Peter Pan Frente a un sombrío Capitán Garfio"

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            Volvió en sí aún entumecido. Un dolor punzante le trepanaba la cabeza de sien a sien. Tardó en hacerse la más mínima composición de lugar. Todavía aturdido, se esforzaba en concentrar su mirada en algún punto cuando reparó en un ruido. Se le antojó insólito para el lugar. Por más que no supiera dónde se encontraba ni cómo era aquel sitio, aquel ruido, oído más que escuchado, fue todo un mal presagio. Era como si alguien estuviese trasvasando agua de un cubo a otro. Al punto volvió a írsele la cabeza. La vista se le nubló otra vez. En esta segunda ocasión, el desvanecimiento fue breve. Algo más que una de esas cabezadas en que, en los días que sucedían a las noches mal dormidas, le vencía el sueño.

           Esta segunda vez, apenas estuvo unos minutos transpuesto. Al recobrar el conocimiento y verla a ella, empezó a comprender. La mujer le miraba fijamente, sin expresión alguna en su rostro, con la inquietante frialdad de un maniquí. De hecho, por un instante, la creyó una de esas figuras que, en la alta madrugada, parecen acecharnos en los escaparates de las calles solitarias. Inútil intentar mantenerle la mirada con esa migraña centelleando en su cabeza.

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Publicado el 19 de octubre de 2014 a las 21:45.

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"Pilón" de William Faulkner

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "Pilón", de William Faulkner

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            Atesoro desde hace treinta y cinco años una colección de obras escogidas, reunidas por Editorial Marín del fondo de otros sellos a comienzos de los años 60. Entre los autores españoles destacan novelistas como el inspector de policía Tomás Salvador, quien -a decir de Francisco Candel, otro de los incluidos en aquellos textos-, no fue un hombre tan del anterior régimen como cabe suponer a la vista de su empleo. Adaptado a la gran pantalla en tres ocasiones. Dos de ellas lo fue por Francisco Rovira Beleta y una con el acierto de Los atracadores (1962), todo un clásico de ese spanish noir que tanto estimo últimamente. Sí fue del anterior régimen, a todas luces, Manuel Halcón. Consejero nacional del Movimiento antes de pasar a dirigir la revista Semana durante más de veinticinco años, su actividad periodística no le impidió escribir algunas de las novelas que le llevaron a la colección de la que hablo.

            En lo que a los autores extranjeros se refiere, no hay duda de que la selección se hizo en base a un catálogo del gran editor barcelonés Luis del Caralt, quien en 1971, al dar a la estampa La ciudad y el campo -primera novela de Kerouac- también se convirtió en el primer editor español del heraldo de la generación beat. Pero no adelantemos acontecimientos. El criterio que primó en Marín -más distribuidora que editorial-, puesta a reunir a los autores extranjeros, fue la popularidad de las adaptaciones cinematográficas de las que la obra del elegido fue objeto. Así, entre los títulos seleccionados sobresalen Rebeca (1938) de la inglesa Daphne du Maurier, Sinuhé el egipcio (1945), del finés Mika Waltari, o Sublime obsesión (1929), de estadounidense Lloyd C. Douglas. Sabido es que todas ellas han sido objeto de películas sobresalientes de Alfred Hitchcock, Michael Curtiz y Douglas Sirk respectivamente.

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Publicado el 14 de octubre de 2014 a las 16:00.

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¡Oh, Alejandría!

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "IOh, Alejandría!", de Jacques Martin

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            Ya decidido a leer sólo las aventuras de Alix dibujadas por Jacques Martin, me hice con ¡Oh, Alejandría! (1996) en el convencimiento de que era la última ellas. De modo que me sentí algo contrariado cuando, al empezar su lectura, descubrí que los decorados eran de Rafael Moralès y el propio Moralès, junto a Marc Henniquiau, había participado en los personajes. Sin que ello signifique menoscabo alguno para la obra de estos dos primeros colaboradores de la serie, sí que he de decir que acusé la carencia de la impronta de Martin en los dibujos. En cualquier caso, al igual que me ocurriera en las primeras entregas, cuando el trazo de Martin aún no había alcanzado la maestría con la que daría la forma definitiva a las aventuras, en la segunda página ya me había hecho a esas diferencias con agrado.

            En esta ocasión, Alix y Enak acuden a Egipto respondiendo a una llamada de Senoris, el jefe de los arqueros reales de La esfinge de oro (1950) que tanto les ayudó en aquella aventura. Pero ahora, las cosas han cambiado mucho para él. Siendo visir de Alejandría, cayó en desgracia durante una guerra entre los diferentes sacerdotes del país. Obedeciendo órdenes del rey Ptolomeo XII, al ir a castigar a los responsables de las matanzas desatadas entonces, se le apareció un hombre-leopardo. Éste le anunció que le revelería un secreto, a la vez que le advirtió que ser conocedor de dicho secreto le acarrearía la desgracia. Naturalmente, como hubiera hecho cualquiera ante semejante propuesta -todo un hallazgo del guión, lo único que es en exclusiva de Martin-, Senoris acepta.

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Publicado el 8 de octubre de 2014 a las 00:30.

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La conquista de lo inútil

Archivado en: Ficciones, "La conquista de lo inútil"

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La conquista de lo inútil

(ficción complementaria al artículo del asiento anterior. Recordando a M. P.)

            Recuerdo a Juliet Berto, aquella musa de Godard y Jacques Rivette, y me parece volver a ver a Lalá Valdés en su juventud. Las dos eran flacas y tristes, tal y como me gustaban las chicas a mí; las dos sintetizaban el ideal de belleza femenina de mi adolescencia; las dos eran actrices y yo las conocí. En realidad, Lalá quería ser actriz y a Juliet sólo llegué a verla una vez. Fue durante la presentación de su película Nieve, cinta que protagonizó y codirigió en el 81 junto a Jean-Henri Roger. Su estreno español la trajo a Madrid aquel mismo año, a uno de aquellos encuentros entre cineastas y cinéfilos que tenían lugar en la cafetería de los cines Alphaville, al que acudimos Lalá y yo.

            Acabábamos de recorrer el camino que nos llevó de la revuelta a la posmodernidad. De modo que la Juliet que vimos ya no era aquella que sintetizaba la estética de la revuelta -estética hippie que se diría en la más tosca simplificación- de los filmes de Godard y Jacques Rivette. Sin llegar a peinarse una cresta ni a teñirse el pelo de color naranja, como mandaba el canon de la posmodernidad, Juliet ya no era la Yvonne de la célula maoísta que nos presenta Godard en Le Chinoise (1967). "¡Eso sí que son rojas!", me dije al verla por primera vez junto a Anne Wiazemsky en las secuencias de aquel filme. Cautivo de su belleza, me enamoré al punto de Juliet. Fue durante la primera proyección española de La Chinoise, que tuvo lugar en la Filmoteca cuando aún estaba en el cine Covadonga de la calle López de Hoyos. Así que debió de ser en 77 o poco más. Sí señor, unos años antes de aquella velada en los Alphaville en la que Lalá y yo conocimos -léase "vimos en persona"- a Juliet Berto.

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Publicado el 27 de septiembre de 2014 a las 14:15.

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Treinta años de grabaciones

Archivado en: Inéditos cine, treinta años de grabaciones

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            La pasada primavera hizo treinta años que comencé a grabar películas. Quería ponerme a ello desde que se comercializaron los primeros magnetoscopios a principios de los 80. Pero fue el 84 cuando, con los estipendios de un oportuno empleo como ayudante de montaje en unos estudios de Alcobendas, tuve dinero para mi primer JVC. Recuerdo sus trazas de armatoste: el mando a distancia tenía un cable. Largo como para operar con él desde el sillón, pero cable al cabo. Aun así, con aquel aparato grabé Un perro andaluz (Luis Buñuel, 1929) y El sirviente (Joseph Losey, 1963). Fueron las dos primeras cintas -nunca mejor dicho ya que entonces grababa en VHS- de una colección que hoy cifro en torno a los dos mil quinientos ejemplares. Todavía las conservo en perfecto estado. Y eso que, mi montador jefe de entonces, auguraba una vida efímera a mis grabaciones.

            Creo que fue él -un buen amigo y una buena persona por otro lado- el primero de todos los derrotistas que desde entonces han querido que desistiera en mi empeño. A excepción de eso muy corto, pero que si te lo da la mujer que quieres -como es mi caso- es lo mejor del mundo, no hay nada en la vida que me guste más que ver una película. Así que hace treinta y cinco años, apenas tuve noticia de la existencia de los magnetoscopios, comprendí las posibilidades que me ofrecían para ir haciéndome con ese tesoro videográfico del que ahora vengo a jactarme.

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Publicado el 25 de septiembre de 2014 a las 08:15.

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El asunto Rubén Caldas

Archivado en: Bibliografía, "El asunto Rubén Caldas"

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            Fruto de dos de mis pasiones, el cómic belga y la novela de miedo, El asunto Rubén Caldas es una ficción que escribí hace ya algunos años y que ahora puede descargarse en Kindle. Se convierte así en mi primer libro digital -segundo si se considera una edición pirata de Malditos, heterodoxos y alucinados que, me consta, obra en la Red. Su título viene a evocar el de El asunto Tornasol, una de mis entregas favoritas de las aventuras de Tintín. He aquí una sucinta noticia de su argumento:

 

            Rubén Caldas fue un sombrío dibujante de cómics del Madrid finisecular. Recién fallecido en extrañas circunstancias al comienzo de la narración, cultivó la llamada Línea Clara como el ardiente admirador de Hergé y sus discípulos -Edgar P. Jacobs, Jacques Martin, Bob de Moor- que era. Sin más argumento que la crónica de su propia existencia, concibió su obra en una serie de álbumes protagonizados por Bruno Guardiola -trasunto de Caldas- y su perra, una "lobilla sin raza" llamada "Moneypenny", a la que le unió una "franca camaradería". Aunque apenas le apreciaron los lectores, sí hubo un colega -Fabián Bescos- que consideró a Caldas su maestro. Será Bescos quien, tras la muerte de Caldas, habiendo tenido acceso a la última historieta -aún inédita aunque no en vano titulada El sabor a hierro de la sangre- intente desvelar el fabuloso misterio que rodeó la desaparición del dibujante. Una aventura fantástica, en la que la licantropía dejó de ser un mito, que Rubén Caldas intentó exorcizar en esas planchas que guían a Bescos en su investigación.

Publicado el 18 de septiembre de 2014 a las 12:45.

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Apuntes para unas estampas madrileñas (XIV)

Archivado en: Apuntes para unas estampas madrileñas, "Elogio y exaltación del metro"

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Elogio y exaltación del metro

            Hace muchos años, en un bar muy castizo donde solía emborracharme a finales del pasado siglo, hubo una noche que el dueño me habló de lo raro que se la hacía ir a los sitios donde no hay metro. No porque necesariamente fuera a viajar en él, sino porque como buen madrileño, ir a un sitio cuyo subsuelo no estuviera horadado por sus túneles le resultaba extraño. Siendo el caso que a mí me ocurre igual, aunque nunca había llegado a considerarlo, al punto me rendí ante la certeza de su argumento.

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Publicado el 12 de septiembre de 2014 a las 00:15.

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Apuntes sobre "El gran Gatsby"

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "El gran Gatsby" de Francis Scott Fitzgerald

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                   Tengo la impresión de que, de ese triunvirato rector de la novelística estadounidense en la primera mitad del siglo XX -Ernest Hemingway, William Faulkner y Francis Scott Fitzgerald-, nuestro tiempo es más favorable a Fitzgerald que a ningún otro. Hemingway, en el mejor de los casos, se me antoja un autor consabido; el atormentado universo de Faulkner -que particularmente me interesa mucho más y que tanto se aireó en los años 90, a raíz del treinta aniversario de la muerte del escritor, conmemorado 1992- se me hace demasiado cruel para el lector de nuestros días, que no acepta más violencia que la falsa brutalidad de la manida novela negra.

                   Sin embargo, Fitzgerald, quien junto con mi admirado Balzac acaso sea el autor que ha dado más importancia en su obra al culto dinero, sintoniza plenamente con un tiempo como el nuestro sin otro dios, patria o ley que la del vil metal. Incluso me atreveré a encontrar ciertas concomitancias entre las flappers de Fitzgerald, bebiendo cuando estaba prohibido hacerlo y siempre bailando alegres su charlestón, y las it girls de nuestros días con sus simpáticas frivolidades. No en vano fue una flapper canónica -la gran actriz de la pantalla silente Clara Bow- quien acuñó el término it girl. Sí señor, son tantas las semejanzas entre esa Era del jazz de Fitzgerald y nuestro tiempo que habrá que esperar que estos días no sean el preludio a un Apocalipsis similar al que sucedió a la Jazz Age del novelista.

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Publicado el 3 de septiembre de 2014 a las 21:30.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formetera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del iniferno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Luces y sombras del libro digital

Cuando la musa es una niña

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

Un festival de imágenes

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

La plástica del poder

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Reivindicación de Gustave Caillebotte

Una guía clásica de la ciencia ficción

Impresionistas y modernos

La Feria del Libro de Madrid cumple 75 años

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 



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