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Blog de Javier Memba

El insolidario

Los cuentos de Stephen King (I)

Archivado en: Cuaderno de Lecturas, Pesadillas y alucinaciones, Stephen King

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            Un prejuicio, tan estúpido como suelen serlo estas ideas preconcebidas -en este caso el de desconfiar de los best Sellers como del resto de cuanto es popular- me había hecho no decidirme a leer Pesadillas y alucinaciones a su debido tiempo. Grijalbo, su sello español, tuvo la gentileza de obsequiarme un ejemplar de su primera edición, recién puesta a la venta. Corría el año 94 y el mensajero que me lo trajo no era tal. Se trataba de una señora, ya mayor -al menos me lo pareció a mí, con los treinta y cuatro años que tenía entonces-, a la sazón empleada en la editorial, que se vio obligada a subir las escaleras de mi casa.

            En aquellos días, en mi siempre mal avenida comunidad de vecinos -nada colectivo es bueno para mí- estábamos cambiando el ascensor. Vivo en un tercer piso y hasta él tuvo que subir andando las escaleras esa señora ya mayor. De modo que cuando abrí la puerta y la vi intentando recuperar el resuello mientras me entregaba el libro, me dejó tan impresionado que, sólo por eso, empecé a sopesar mis recelos ante el gran Stephen King.

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Publicado el 15 de octubre de 2021 a las 04:00.

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La biblioteca Juan Bordes

Archivado en: Recuperados, Biblioteca Juan Bordes.

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Un viaje a la formación de los artistas de antaño

(Este reportaje fue publicado originalmente, en febrero de 2015, en la desaparecida revista Tiempo)

            Los orígenes de la Biblioteca Juan Bordes, la última adquisición (2015) del Museo del Prado, son tan literarios que parecen un cuento de Jorge Luis Borges. A comienzos de los años 80 del pasado siglo, este arquitecto, escultor y miembro de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, entre otras instituciones, se quedó totalmente fascinado ante un fragmento de Arte e ilusión. Estudio sobre la psicología de la representación pictórica (1979), uno de los textos capitales del historiador Ernst Gombrich. El pasaje se refiere a los manuales utilizados por los artistas en su formación para la representación del cuerpo humano y en él se lee: "No es mera paradoja el decir que la rareza de estos libros en nuestras bibliotecas es sintomática de su pasada importancia. Sencillamente se gastaban, manoseaban y desgarraban en talleres y estudios, e incluso los conservados están a menudo mal encuadernados e incompletos".

            Inspirado por esa idea, Bordes, que también es historiador y profesor de arte, comenzó a buscar en las librerías de viejo y de lance, de cuántas ciudades visitaba, esos libros pretéritos. Su afán era el que "sólo puede otorgar la obsesión de un particular", recuerda ahora. Así fue adquiriendo tratados y cartillas de dibujo fechados entre los siglos XVI al XX. Los segundos constituyen la parte más importante del legado "tanto por el número de ejemplares reunidos, como por su rareza. El carácter eminentemente utilitario de estas cartillas ha motivado que se conserven en un número muy reducido, y en ocasiones en ejemplares únicos. Puesto que se copiaban o reeditaban en función de las diferentes necesidades de cada momento, muchas veces los volúmenes variaban de una edición a otra, de modo que cada uno de los ejemplares conservados es prácticamente único".

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Publicado el 24 de septiembre de 2021 a las 06:30.

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Que la tierra le sea leve a Jean-Paul Belmondo

Archivado en: Inéditos cine, Nouvelle Vague, Jean-Paul Belmondo

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                   Cuando Godard lo descubrió en un escenario y le convirtió en protagonista de su cortometraje Charlotte et son Jules (1958), Jean-Paul Belmondo ya tenía la nariz rota a consecuencia de su efímera experiencia como boxeador. Pese a que en los montajes teatrales en los que participaba siempre daba vida a personajes secundarios, el realizador, tan intuitivo como genial, vio en Belmondo al que habría de ser el más típico de los antihéroes presentados por la Nouvelle Vague.

                   Hijo rebelde del prestigioso escultor Paul Belmondo, el futuro actor vio la luz por primera vez en Neully-sur-Seine (París) el 9 de abril de 1933. Estudiante en el Conservatorio parisino antes de participar en giras teatrales que le llevan a provincias, ya en su debut en la pantalla interpretaba un célebre monólogo en el que se encuentra el origen de Michael Poiccard. Colaborador, a raíz de aquel trabajo, de algunos representantes del "cine de papá" -Marc Allégret (Una rubia peligrosa, 1958), Marcel Carné (Les tricheurs, 1958)-, que llamó el gran Truffaut, con un injusto despreció a la pantalla francesa que se aplaudía entonces, el nuevo cine que fue la Nouvelle Vague vuelve a reclamarle en la persona de Chabrol, quien le incluye en el reparto de Una doble vida (1959).

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Publicado el 6 de septiembre de 2021 a las 22:15.

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Que la tierra le sea leve a Mikis Theodorakis

Archivado en: Inéditos cine, Mikis Theodorakis

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            Yo también admiré a Mikis Theodorakis, básicamente por sus scores para la gran pantalla. Tras la noticia de su óbito, sirvan estos apuntes -extraídos de un texto antiguo, no impreso y de mayor extensión- de tributo a uno de los grandes músicos del siglo XX.

            Además de haber nacido en el mismo año -1925- son muchas las concomitancias que se registran entre la biografía y la obra de Mikis Theodorakis, el otro gran nombre del paquete griego, y Manos Hadjidakis. Ambos fueron autodidactas, ambos trabajaron con Jules Dassin y Georges Moustaki y la inquietud por difundir la música popular helena es la misma en los dos compositores. Pero en Theodorakis tuvo una mayor resonancia habida cuenta de su compromiso político, muy en la línea del que en los años 30 exaltó a Maurice Jaubert.

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Publicado el 2 de septiembre de 2021 a las 23:30.

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Una gran novela de Brian Aldiss

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Drácula desencadenado, Brian Aldiss

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            Tengo constancia de una primera edición española de Frankenstein desencadenado (Brian Aldiss, 1973) editada por Minotauro en 1990. Pero aún no he tenido oportunidad de leerla y, tras lo halagüeña que ha sido la lectura de Drácula desencadenado (1990), ya empiezo a tener ganas de dar cuenta de esa primera entrega de lo que me permitiré llamar el díptico de Joe Bodenland. Sí vi -¡faltaría más!- la adaptación a la pantalla, llevada a cabo por el gran Roger Corman, también el año 90, cuya distribuidora española tuvo a bien traducir el título de Corman, que conservó el de la novela original, como La resurrección de Frankenstein. Ellos, los responsables autóctonos de su distribución, sí que no debieron ver la película ya que, en sus secuencias, Frankenstein no resucita, como -creo recordar- sí lo hacía en alguna de las delicias del gran Terence Fisher para la Hammer. En líneas generales, lo que ocurre es que Bodenland viaja desde nuestros días a las gloriosas jornadas de Villa Diodati, tiene un lío con la gran Mary Shelley -entusiasta del amor libre- e intenta acabar con los crímenes que la abominación del barón lleva a cabo en la primera parte de la novela. Aunque el viajero del tiempo de Corman -interpretado por John Hurt- responde al nombre del Buchanan, la documentación que sí he podido leer sobre la novela original sostiene que también es Bodenland.

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Publicado el 28 de agosto de 2021 a las 07:45.

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Un Lefranc digno de le Carré

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Lefranc, "El niño Stalin" de Jacques Martin, Régric y Robberecht.

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            Considerando lo variados que son los avatares de los protagonistas de las grandes series de la bande dessinée, no debería sorprenderme que en El niño Stalin -la entrega de Lefranc del año 2013- este otro gran periodista del cómic belga resulte más próximo a la gente de Smiley, los agentes del Circus -la organización del servicio de inteligencia británico de las novelas de John le Carré-, que de esos grandes reporteros de la viñeta francófona: Ric Hochet Fantasio, también Spirou -tras ascender de su empleo original como botones, al comienzo de la serie, a reportero free lance de las entregas posteriores- y, por encima de todos ellos, el magisterio de Tintín.

            En efecto, el infatigable reportero de Le Petit Vingtième también se las vio con esa alegoría del estalinismo, que es la Borduria de Plekszy-Gladz, cuyo parecido con El zar rojo es sobresaliente en la estatua de Szohôd, la capital bordura que se nos muestra en las viñetas de El asunto Tornasol (1956).

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Publicado el 14 de agosto de 2021 a las 01:45.

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Los relatos más bellos del mundo (y XI)

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Los relatos más bellos del mundo

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(viene de la entrada del cuatro de marzo de 2021)

            Está claro: el antólogo anónimo de Los relatos más bellos del mundo reservó los mejores para el capítulo final. Reunidos bajo el epígrafe de Llega el futuro, los textos allí copilados también habían podido estarlo bajo el título de Ciencia Ficción. De una u otra manera, resultan igualmente encomiables. A diferencia de los incluidos en las paginas precedentes, entre los que, empero la abundancia de lo bueno, no faltan piezas que no merecen semejante dignidad, estos últimos sí que puede que sean la mejor representación de la narrativa fantacientífica de finales de los años 60. Seguramente lo he apuntado ya, en alguno de los artículos anteriores que he dedicado a esta lectura, una de las más dilatadas de toda mi experiencia. No obstante, para los que no lo hayan leído, repetiré que el pie de imprenta de la selección está fechado en el Madrid de 1969.

            Un año antes, en el 68, el estreno de 2001: una odisea del espacio, de Stanley Kubrick, había marcado un antes y un después en la historia del género. Arthur C. Clarke, su guionista, ya era una de las grandes referencias tanto de la ciencia aplicada como de la ficción. Sus artículos sobre satélites artificiales en la órbita geoestacionaria le habían procurado la admiración de la comunidad científica internacional. Como autor de ciencia ficción también se había hecho notar. Especialmente en el ámbito de la llamada Hard, que no es otra que aquella que concede una especial relevancia a los aspectos técnicos, lo que la mantiene dentro de la plausibilidad. Ya entonces -como ahora- la hard sf tenía en 2001... uno de sus paradigmas.

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Publicado el 29 de julio de 2021 a las 03:00.

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Nueva comunión con el universo de Blake y Mortimer

Archivado en: Cuaderno de lecturas, las aventuras de Blake y Mortimer, El grito del Moloch

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            En los seis años que han pasado entre mi lectura de La onda Septimus, en la primavera de 2015, y esta de estos días de El grito del Moloch, he tenido tiempo de descubrir la valía como guionista de Jean Dufaux en una buena parte de la serie Djinn y alguna que otra propuesta. Verbigracia, las aventuras de Lucius Murena, de las que sólo he tenido oportunidad de leer los dos primeros álbumes. Que me hayan sabido a poco es la demostración de que me han interesado de veras. No hay duda de que estamos ante uno de los grandes guionistas de la bande dessinée (BD) de nuestro tiempo.

            Belga como Hergé, Jacobs y de Mor. Dufaux -quien salvo error u omisión nunca ha dibujado- es un escritor diverso como el alsaciano Jacques Martin, quien inevitablemente -luego de haber sido el tercero de los grandes discípulos de Hergé- concibió tantas series que acabó dedicándose únicamente a los libretos. Desde que supe que el creador de Alix y Lefranc terminó sus días ciego, tiendo a pensar que Martín pudo haber ido perdiendo la vista paulatinamente, que, a medida que las sombras iban nublando sus ojos, se fue dedicando más a los guiones. Un texto, se puede dictar o grabar en un magnetófono para que alguien lo transcriba. Ese fue, sin ir más lejos, el método de trabajo seguido por Marcel Allain, uno de los creadores de la otrora célebre serie de novelas policiacas de Fantômas. Una ilustración no se puede dictar de ninguna manera.

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Publicado el 25 de julio de 2021 a las 03:15.

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Cuando la musa es una niña

Archivado en: Recuperados, Cuando la musa es una niña

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            La pieza que sigue es un artículo publicado originalmente en la revista Tiempo, en abril de 2015, con motivo del ciento cincuenta aniversario de la edición príncipe de Alicia en el país de las maravillas, de Lewis Carroll. Cumpliéndose ahora ese siglo y medio de la aparición de Alicia a través del espejo, segunda entrega de las peripecias de la pequeña, dada a la estampa por Macmillan Publishers de Londres en 1871, y estando aún de actualidad el tema de fondo, lo recupero aquí tal y como apareció entonces:

            El próximo 24 de mayo se cumplirán 150 años de la publicación de las aventuras de Alicia en el país de las maravillas -escribí en 2015-. En el siglo y medio transcurrido desde entonces, este cuento de Lewis Carroll que conoció su primera edición en el Londres de 1865 con el sello de Macmillan and Co y 42 ilustraciones de John Tenniel, se ha convertido en un clásico de la literatura infantil. Sin embargo, sobre la peripecia de Alicia cuando decide seguir a su madriguera al conejo blanco que llega a tarde a su mundo -la historia referida en sus páginas- aún siguen pesando muchas sombras. Sin ir más lejos, las alucinaciones que sufre la muchacha, a decir de algunos comentaristas, vienen a hacer referencia a las sustancias psicotrópicas.

            Pero, si bien no hay ninguna evidencia concluyente sobre el uso de alucinógenos por parte del escritor, sí las hay sobre la otra gran sombra que se cierne sobre su obra: la dudosa amistad que unió a Charles Lutwidge Dodgson -Lewis Carroll era el seudónimo tras el que se escondía uno de los más brillantes matemáticos del Oxford de su tiempo, que también era diácono de la iglesia anglicana- y Alice Liddell, la niña que le inspiró. A la sazón, Carroll contaba 31 años y ella 9. Ya adulta, y hasta cierto punto cansada de ser la Alicia de las maravillas, Liddell siempre se refirió a la honestidad de la amistad que mantuvo con Carroll, quien, como tantos abusadores de menores, era amigo de la familia de la pequeña. Pero nunca consiguió acallar a los más suspicaces.

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Publicado el 16 de julio de 2021 a las 15:15.

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Una lectura elevada (y IV)

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Heródoto, Los nueve libros de la historia

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(viene del la entrada del 23 de junio)

Tras leer sobre los hiperbóreos, naturales del norte de Tracia que tuvieron en Heródoto su primer cronista, descubro con cierta contrariedad que no todo el mundo comparte mi fascinación por las Historias del de Halicarnaso. Así, el profesor M. W. Frederiksen, del Wocester College de Oxford, pone en duda la información que aporta acerca de las migraciones prehistóricas, que, a su juicio, en el mejor de los casos es "vaga". Más aún, Frederiksen duda abiertamente de una diáspora posterior: la que, según el de Halicarnaso, llevó a los lidios a expatriarse en la que habría de ser Etruria hacia el 1.200 a. e. c.

            También son vagas las noticias biográficas de Heródoto que han llegado hasta nuestros días. Parece que su vida discurrió entre el 484 y el 425 a. e. c. La actual ciudad turca de Bodrum fue su Halicarnaso natal. Participó en la colonización de Thourion, en la actual Calabria, pero antes y después de aquella expedición residió en Atenas, ciudad que admira profundamente, más que ninguna otra. Sus ideas morales y religiosas son las de la vieja Jonia.

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Publicado el 9 de julio de 2021 a las 05:15.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Actualmente lo es en Zenda Libros. Estudioso del cine antiguo, en todos los medios donde ha publicado sus cientos de piezas ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


 

          

 

Miniatura no disponible

 

Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Nuevos momentos estelares de la humanidad

Chicas yeyés

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

El hombre al que gustaba odiar

El gran amor de John Wayne

Iván Zulueta, arrebatado por una imagen efímera

Agnès Varda, entre el feminismo y la memoria

La reina olvidada del noir de los 40

Judy Garland al final del camino de adoquines amarillos

Jonas Mekas, el catalizador del cine independiente estadounidense

El gran Edgar G. Ulmer

La última flapper; la primera it girl

El estigmatizado por Stalin

La controvertida Egeria del Führer

El gran Tod Browning

Una chica de ayer

El niño que perdió su tren eléctrico

La primera chica de Éric Rohmer

El último cadáver bonito

La exnovia de James Dean que no quiso cumplir 40 años

Don Luis Buñuel, "ateo gracias a Dios"

La estrella cuyo fulgor se extinguió en sus depresiones

El gran cara de palo

Sylvia Kristel más allá de Emmanuelle

Roscoe Arbuckle, cuando se acabaron las risas

Laura Antonelli, la reina del softcore que perdió la razón

Nicholas Ray, que nunca volvió a casa

El vuelo más bajo de la princesa Leia Organa

Eloy de la Iglesia y el cine quinqui

Entiérralo con sus botas, su cartuchera y su revólver

La chica sin suerte

Bela Lugosi y la sombría majestuosidad de Drácula

La estrella de triste suerte

La desmesura de Jacques Rivette

Françoise Dorléac

Klaus el loco

Una hippie de los 70

Jean Esustache, entre la Nouvelle Vague y el ascetismo

Nadiuska, un juguete roto

Thea von Harbou

Jesús Franco

David Cronenberg

Sharon Tate, como en un cuento de Sheridan Le Fanu

Un guionista sediento

La reina del fantaterror patrio

Dalton Trumbo y los diez de Hollywood

La primera chica que arrojó una tarta 

El desdichado Hércules contemporáneo

En la tradición familiar

El músico del realismo poético

Otro tributo a la gran Patty Shepard

Elmer Modlin y su extraña familia

Las coproducciones internacionales rodadas en España

Marilyn Monrore y su desesperado último gesto

Un amor más poderosos que la vida

El actor atrapado en sus personajes

Entre el fantasma de su madre y el final del musical

Barbet Schroeder

Amparo Muñoz

Samuel Bronston más alla de Las Rozas

Chantal Akerman

Françoise Hardy 

Un antiguo dogmático

Jane Birkin

Anna Karina, su turbulento amor y el Madison

Sandie Shaw, ya con calzado

El gran Serge Gainsbourg

Entre la niña prodigio y la mujer concienciada

La intérprete de Shakespeare que inspiró a The Rolling Stones

La maleta del capitán Wajda

Val Lewton y su dramatización de la psicología del miedo

La alimaña de Whitechapel

Cristina Galbó

La caravana Donner

Eddie Constantine

Un nuevo curso del tiempo

Rosenda Monteros

Una criatura de la noche

Una carta a Nicolás I

Edison y el 35 mm

Barbara Steele

El felón Esquieu de Floyran acaba con los templarios

Entre Lovecraft y Hitchcock

Tchang Tchong Yen recuerda a Hergé

La musa del ciberpunk

Néstor Majnó

Una leyenda del Madrid finisecular

El rey de la serie B

La primera cosmonauta soviética

Cuando la injuria sucede a la fatalidad

Bajo Ulloa y sus cuentos crueles

La cicerone de los Stones en el infierno 

Nace Toulouse-Lautrec

El París del Charlestón se rinde a Josephine Baker

Nastassja Kinski, la dulce hija del ogro

Un tributo a Sam Peckinpah

La leyenda del London Calling

Fiódor Dostoievski frente al pelotón de fusilamiento

Mi alucinada favorita

El hombre de las mil caras

El 7º de Caballería pierde la gloria

Un recuerdo de Silke

El genocidio camboyano

Peter Bogdanovich

Guy Debord y la sociedad del espectáculo

Un héroe de Iwo Jima 

Lupe Vélez tras el último tequila sunrise

El general Lee

Roman Polanski

Un hampón italoamericano

Jane Fonda en su juventud

Kraken en la Cuesta de Moyano

Josef von Sternberg

The Beatles en The Carvern y en el show de Ed Sullivan

Que la tierra le sea leve a Douglas Trumbull

El último superviviente del hampa de Chicago

Inma de Santis

El Álamo

Una musa insumisa

El malvado Zaroff y un elogio a las revistas pulp

Miles Davis

Un polaco y el amour fou

La Legión extranjera como género literario

Conchita Montenegro

Peter Lorre y su cara de villano

El juez de la horca

Syd Barrett

Kathleen Turner

Una caricatura de la hombría

Eric Clapton

Helga Liné

Butch Cassidy

Carlos Arévalo, un cineasta español

Nace el último bohemio

Pascual García Arano

María Perschy

El Combray de Ingmar Bergman

Carlos Castaneda

Una canción de Neil Young

Un suicida dandi

Hedy Lamarr

Nace la academia

Philip K. Dick y sus realidades bastardas

La última mujer fatal

Andréi Tarkovski, otro maldito por la censura soviética

Nace la música de la New Age

"Wie einst" Lili Marleen

Una lectura de Byron en Villa Diodati

Un apostol de la sedición juvenil

Ava en mi ciudad

Rider Haggard

Una entrada para la "Historia universal de la infamia"

La Marguerite Duras cineasta

Gallardo y calavera

El hombre que vendió su alma a Elizabeth Taylor

El crímen de Charlotte Corday

Un elogio entusiasta de la urbe

Un ángel caído

Mary Bradbury teme por su vida

Pierre Étaix y su triste gracia

El mejor verano de los Rolling

María Rosa Salgado y su conmovedora discrección

La valentía de Ramón Acín

Sylvie Vartan

La cruz de Malta de Wim Wenders

La epifanía de Louis Daguerre

Carroll Baker

Marie Laforêt y mi amigo Eloy

Eliseo Reclus atisba su quimera

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

El cine negro español en Zenda Libros

Tres películas para el confinamiento en De Cine 21

 

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