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Jacques Martin total

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "El lago sagrado" de Jacques Martin

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            Admiro a Jacques Martin cuando trabaja sin colaboradores, sin que esto signifique que no aprecie sus historietas cuando sus dibujos son obra de André Juillard, Jean Pleyers y, por supuesto, Bob de Moor, tercer miembro del triunvirato de grandes discípulos de Hergé, junto con Edgar P. Jacobs y el propio Martin. Ahora bien, ni que decir tiene, que el auténtico Martin es el que trabaja en solitario.

            Lástima que las diez colecciones que inició acabaran por ir en detrimento de su actividad como dibujante en aras de su quehacer como guionista. Es lástima porque a mi juicio, el cómic es dibujo antes que texto y a la postre, Jacques Martin -sin duda el más ambicioso del triunvirato de discípulos del gran Hergé, uno de los maestros de la Línea Clara- fue más guionista que ilustrador. Si bien es cierto que dibujó y escribió veinticinco álbumes, no lo es menos que su bibliografía como guionista únicamente, dobla esta cantidad.

            Los dos últimos de esos veinticinco álbumes dibujados por Martin fueron los primeros de las aventuras de Orion y su lectura ha sido uno de los pocos placeres que me han deparado los últimos meses. Del segundo, El río Estigia, ya di debida noticia en estas mismas páginas en una de las entradas de este verano; del primero, vengo a hacerlo ahora.

            El lago sagrado, el título en cuestión, es una maravilla, que además he ido magnificando a medida que pasaba sus páginas con el presentimiento de que ésta ha de ser mi última lectura del gran Jacques Martin. Algo muy semejante a lo que me ocurrió con el universo de Lovecraft en Cthulhu una celebración de los mitos. Además, aunque por supuesto nunca dejaré de hacerlo, ya no tengo edad para seguir leyendo cómics con la avidez que quisiera. Atesorando los más preciados desde hace cincuenta años, ya empieza a faltarme sitio para aumentar el tesoro. Total, que no voy a poder seguir como quisiera todas esas colecciones de Martin que están conociendo sus primeras ediciones españolas -salvo los primeros números de Alix, Lefranc y Arno, el gran Martin apenas había sido traducido a nuestro idioma- gracias al encomiable esfuerzo de NetCom2 Editorial.

            Concebido en 1989, parece ser que Orion nació de unas diferencias de Martin con Casterman -sus editores originales, al igual que de los álbumes de Tintín- por la gestión de los derechos de Alix. Así como de un deseo de Martin de llevar a un personaje a una antigüedad aún más remota que la Roma de César y Alix. Nos encontramos pues en la Grecia clásica que se debate en la Guerra del Peloponeso. Esparta y Atenas están enfrentadas. La pasión de Martín por la antigüedad se remonta en esta ocasión cuatrocientos cincuenta años antes de nuestra era.

            Orión es un joven ateniense que descansa en el lago aludido en el título, a la espera de ir a la guerra, junto a dos compañeros de infancia. Tras jurar a los dioses del Olimpo que un día volverá al lugar para alzar en las inmediaciones su casa, apenas reanudan el camino, observan que una aldea que les sale al paso está siendo atacada por unos traficantes de esclavos. Los tres amigos salen en defensa de los lugareños. Los compañeros de nuestro protagonista, dejarán la vida en el empeño.

            Ya solo, el aún aprendiz de héroe lleva a los supervivientes a Atenas, donde es detenido. Pero su extraño arco, que también puede utilizarse como látigo, llama la atención del mismísimo Pericles. El estratega de la ciudad le ofrece la posibilidad de redimirse y volver a Atenas como un héroe tras infiltrarse en las filas de los espartanos y provocar una revuelta entre los ilotas, los siervos de Esparta,

            Dicho y hecho, abandonado por los atenienses en las inmediaciones del puerto de Esparta, como se acostumbra a hacer con los traidores, los espartarnos recogen a Orion en su ciudad, tal y como mandan sus leyes de la hospitalidad. Entre las pruebas a las que someten al aprendiz de héroe para probar su fidelidad, hay una cacería de Ilotas. Pero el ateniense se conjura con los siervos de Esparta -aquí simplemente esclavos- para organizar su huida. En ello está cuando conoce a Hilona, esa dulce compañera a la que buscará al comienzo de El río Estigia.

           En la peripecia de la huída, Orion y los ilotas volverán al lago sagrado. De hecho será en allí donde encuentren refugio de los espartanos ya que éstos, aunque les vigilan desde la orilla, no pueden hacer nada mientras se encuentren en esas aguas protegidas por los dioses del Olimpo. Ante este panorama, los fugitivos deciden seguir dentro del río que nace en el lago hasta llegar al mar, no sin antes aventurarse en la gruta por la que se adentran las aguas y dejarse llevar por su cauce. Ya en la costa, roban una embarcación y navegan hasta el Pireo, que ya entonces era el puerto ateniense.

            A su vuelta a Atenas, Orion es recibido como un héroe. Mas su felicidad ha de durar poco. Los espartanos han empezado a arrasar los alrededores de Atenas. Para que cesen los ataques, y en base a las leyes de Atenas, Brásidas, su general, exige a Pericles la entrega de Orion e Hilona, los únicos supervivientes de la fuga. Aunque Pericles se niega a dar a Orion, sí devuelve a Hilona a los espartanos. Orion va entonces en su busca, dando así pie a la aventura que se desarrollará en El río Estigia, mucho más fantástica que ésta primera entrega, más didáctica, más apegada a la historia. Lastima que ya no tenga ni edad ni espacio para leer y atesorar todas las colecciones de Jacques Martin que quisiera.

 

Publicado el 9 de febrero de 2013 a las 22:30.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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