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El insolidario

El otro Arthur Conan Doyle

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "Historias espeluznantes" de Arthur Conan Doyle

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            No sé si se debe a lo harto que estoy desde hace veinte años de la omnipresencia en el panorama literario de la novela negra, detectivesca, de investigación y demás temas afines. Pero lo cierto es que a mí, Sherlock Holmes no me interesa. Con todo, atesoro la biografía apócrifa del "detective consultor" debida al talento de William S. Baring-Gould. También guardo tres de sus aventuras, que leeré con agrado cuando la histeria colectiva por el relato criminal remita -si es que vivo para ver cómo este furor sosiega- y, siempre que vuelvo a Londres, hago las fotos de rigor en Baker Street.

            Pero lo que en verdad cuenta de este asunto es que hay varios admiradores de Holmes que me han descubierto tantas lecturas fundamentales, que han hecho que me interese por el Arthur Conan Doyle ajeno a célebre detective. Con este afán, en 2003 leí con avidez Historias espeluznantes apenas me fue obsequiado por sus editores. Lo que sigue son las notas que tomé en aquel momento.

            Escrito a modo del diario de su protagonista, El parásito -primera de las Historias espeluznantes- nos traslada a los días en que hacía furor el hipnotismo en las reuniones de la alta sociedad inglesa de principios del siglo XX. Acaso finales del XIX. Es entonces cuando un profesor universitario, escéptico ante cuanto se refiere a temas esotéricos, conoce a una mujer, especialmente repulsiva físicamente pero capaz de ejercer un poderoso magnetismo sobre cualquiera. Tras hacer saber sus dudas a la hipnotizadora sobre sus dones, ésta le anuncia que se lo demostrará. A la mañana siguiente, la prometida de nuestro profesor se presenta su casa para anunciarle, sin motivo alguno, que su compromiso queda roto. Horas después, cuando el escéptico, desolado, visita a su novia, descubre sorprendido que la joven no recuerda haberle visto con anterioridad a lo largo del día y menos aún la ruptura.

Poco durará la calma que halla el profesor tras descubrir que sigue teniendo novia, la magnetizadora comienza a apoderarse de su voluntad y, lo que es peor, se enamora de él. Así las cosas, mientras su prometida esta de viaje, el antiguo descreído visita a su nueva amada para ensalzar su belleza y decirle las palabras dulces que ella quiere escuchar. A la mañana siguiente, cuando el docente vuelve a ser dueño de sus actos, se avergüenza terriblemente de lo que la mujer le ha obligado a hacer.

Cuando en posesión de sus facultades nuestro protagonista confiesa a la hipnotizadora que lo único que le inspira es una profunda repugnancia, ésta le anuncia que donde pudo tener a una amiga tendrá a la peor enemiga. Efectivamente, los desvaríos que poseído por El parásito comienza a protagonizar el profesor durante sus clases le cuestan el puesto. Más aún, incluso llega a pegarse con un amigo sin ser consciente de ello. Durante unos días se cree a salvo de su terrible dueña, pero se debe a una enfermedad temporal de la magnetizadora. Con su novia a punto de regresar, el profesor ya da por perdida su vida cuando, repentinamente, vuelve a ser dueño de sus actos: la hipnotizadora ha muerto.

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El embudo de cuero es una de las mejores piezas de la selección. Basada en la teoría de que dormir junto a ciertos objetos puede suscitar en el durmiente sueños referidos a los usos que dichas cosas tuvieron, se nos propone la visita del narrador al domicilio de un amigo en 1882. Instalado por su anfitrión -Dacre, un coleccionista de curiosidades- junto a un extraño embudo, éste le pide que duerma allí.

En sus sueños, nuestro protagonista asiste a la tortura de una mujer por medio del embudo[1], "el tormento del agua o, como se decía en los días del simpático Rey Sol ‘el interrogatorio extraordinario'". Tras despertarse muy sobresaltado, recibe la visita del anfitrión, quien le explica que el embudo sirvió para el suplicio de una mujer de 1616 acusada de haber asesinado a su padre y a sus hermanos.

En aras de demostrar la veracidad de cuanto dice, Dacre coge un antiguo tomo de su biblioteca y comienza a leer los detalles del suplicio, que concuerdan con toda exactitud con los del sueño de su huésped. Finalmente, cuando el narrador pregunta a qué obedecen las muescas que muestra "el gollete de cuero", Dacre le explica que deben deberse a los mordiscos que dio en él la asesina mientras la torturaban.

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El espanto de la cueva de Juan azul es un monstruo pretérito. Se trata que un antiguo oso de las cavernas, "enormemente desarrollado", que vive en la gruta donde abunda el mineral al que alude el título.

Habiendo tenido noticia de su existencia por el escrito de un desconocido, nuestro hombre se acerca a la región donde se supone a la bestia, que a la sazón ha devorado algunas cabezas de ganado. Tras adentrarse en la gruta donde mora el espanto, el narrador se enfrenta a él y salva la vida al enfocarle con su linterna. Ello es debido a que, los largos años pasados en la cueva le han atrofiado la vista -sus ojos son dos "grandes globos blancos"- y la luz le hiere. He aquí un relato que no responde a las expectativas que despierta.

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El caso de lady Sanox es la mejor pieza de las aquí reunidas. Su protagonista es un cirujano -Douglas Stone- que mantiene una aventura, pública y notoria, con una hermosa mujer casada: la dama del título.

Una noche en que se dispone a ir al encuentro de su querida, el médico recibe la visita de un misterioso personaje, un turco que le requiere por una urgencia. Su mujer se ha desmayado y se ha cortado el labio con uno de los puñales de los almohades. Son éstas unas dagas impregnadas en un veneno que no conoce nadie, ni en Oriente ni en Occidente. La única salvación posible consiste en cortar, a la mayor brevedad, el miembro afectado. Aceptado el encargo, Douglas se desplaza hasta el domicilio del turco, quien le indica que no lleve cloroformo ya que los preceptos del profeta prohíben a sus fieles el uso de cualquier tipo de bebidas "espirituosas".

Ya en el domicilio del musulmán, víctima del primero de los síntomas del veneno -según se le explica a Douglas-, la mujer dormita con el rostro cubierto por el yashmak, sólo los labios permanecen al descubierto. El médico se muestra reacio a operar, habida cuenta de que el labio no presenta ninguna inflamación y la paciente no parece estar todo lo inconsciente que debiera merced al opio que su marido dice haberla suministrado. Pero la gran cantidad de dinero que el turco le ha entregado le convence.

Cuando finalmente Douglas da el tajo, la mujer se despierta sobresaltada por el dolor. No es otra que lady Sanox; el turco, su marido. La idea de los puñales envenados con una sustancia desconocida me ha resultado tan fascinante como la sutileza de la venganza del marido.

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Obedeciendo a una lógica tan exacta como la matemática tiniebla de Poe, y quien sabe si exorcizando alguna relación adulterina que le tocara a Conan Doyle de una u otra manera, La catacumba nueva narra la venganza de otro amante humillado. Sus protagonistas son dos arqueólogos desplazados en Roma. Kennedy, el primero de ellos, es un mujeriego; Burger, el segundo, se nos presenta como un hombre más interesado en su trabajo.

De hecho es este último quien acaba de descubrir una nueva catacumba. Kennedy le reprocha que no tenga confianza en él y le oculte su ubicación. Burger accede a darle noticia de su hallazgo a cambió de que Kennedy le refiera su aventura con una muchacha que ha dado mucho que hablar. En un principio, Kennedy se niega, pero acaba por acceder. Ya al corriente del romance, Burger lleva a su colega a la catacumba que acaba de descubrir. Se trata de una excavación llena de galerías. Inspeccionando una de las más recónditas, Burger confiesa a Kennedy que él era el prometido a quien la muchacha despachó para vivir su aventura con Kennedy y le deja abandonado sin luz y sin posibilidad de salir del laberinto construido por los primeros cristianos.

Dos meses después, la prensa da noticia del descubrimiento de Burger. En el artículo se dice que Kennedy fue el primero en descubrir la catacumba, pero que halló la muerte intentando salir de ella, según se deduce del estado de sus botas y sus pies. Nadie se preocupó en buscarle porque se supuso que había abandonado Roma por un escándalo sentimental.

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El gato del Brasil es un puma llevado a Inglaterra por Everard King, un primo del narrador que hizo dinero en el país carioca. Nuestro protagonista es un joven con aficiones caras que ha agotado el crédito que se le ha dado a cuenta de que su tío -del que es heredero- es una de una de las primeras fortunas del país. Así que cuando su primo le invita a pasar unos días en su mansión, no duda en aceptar la hospitalidad de su pariente.

Una vez en la suntuosa villa, todo es un primor, incluso el peligroso puma. Sólo dos cosas llaman la atención del narrador, la insistencia de la señora King en que se vaya y la gran cantidad de telegramas que recibe su anfitrión. Nuestro hombre está a punto marcharse, pero decide no hacerlo antes de haber puesto a Everard al corriente de su situación económica. El primo se muestra sensible ante el problema y le pide que vaya a verle después de la cena, cuando todo el mundo en la casa esté dormido. Se trata de una estratagema para encerrar al narrador en la habitación donde pasa la noche el puma, al que Everard no ha dado de comer...

Habiendo comprendido que él ha de ser el alimento de la bestia, consigue salvarse sin más daño que un zarpazo encaramándose a un lugar de la jaula donde el animal no tiene acceso. A la mañana siguiente, cuando el primo vuelve al cuarto esperando encontrar a nuestro hombre devorado, es él quien sufre el destino que había reservado para su pariente: el puma, excitado por la sangre probada tras el zarpazo, no reconoce a su amo y le devora.

Siendo Everard el segundo heredero de ese tío rico, y puesto al corriente por los telegramas de que éste ha muerto, el anfitrión urdió el plan para matar a su huésped. Se explica así también la insistencia de su mujer en que nuestro protagonista abandonara su casa.

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            En El espanto de las alturas, como en el de la cueva, vuelve a caer el alto nivel de la selección. Bajo la forma de la trascripción de las notas de un teniente del arma aérea desaparecido en vuelo, encontradas por un peón de labranza, se nos habla de la existencia de unas formas -como las medusas que "cruzan por nuestros mares en verano"- que habitan tras las nubes, en un determinado punto del cielo.

Después de haberse salvado una vez de ellas, hemos de suponer que en un segundo vuelo en su busca no ha corrido la misma suerte, yendo a ser pasto de esos monstruos del espacio. Además del que escribe las notas que conforman el relato, en su principio, Conan Doyle -para demostrar su veracidad- nos dice que ha habido otro piloto desaparecido por el mismo procedimiento.

 

 


[1] Aunque esto no se cuenta, se trata, según creo, de colocar al reo un embudo en la boca y hacerle tragar agua -o cualquier otro líquido- hasta reventar.

 

Publicado el 16 de abril de 2013 a las 12:00.

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Comentarios - 2

1 | Magliette Arsenal Bambino (Web) - 22/5/2018 - 16:07

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2 | real madrid trøje (Web) - 23/5/2018 - 02:57

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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