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La obra maestra de Arthur Machen

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "Los tres impostores" de Arthur Machen

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            Destacada por Lovecraft como una de sus novelas de terror favoritas, incluso por encima de las narraciones de William H. Hodgson, y calificada por Borges de "obra maestra", Los tres impostores de Arthur Machen es arte mayor, de eso no hay duda.

            Como con tanto acierto señala el gran Howard Phillips en El horror en la literatura, hay en esta obra maestra una "desenfrenada imitación del modo narrativo de Stevenson". A mi juicio, esto se debe a su construcción mediante la técnica de Caja China, una historia en apariencia independiente pero que sin embargo entraña las claves de la pieza que la precede y los planteamientos de la que la sucede. Una estructura circular, que dirían algunos.

            Bien es cierto que este procedimiento se remonta, como poco, a Las mil y una noches. Pero no lo es menos que en Los tres impostores recuerda especialmente Las nuevas noches árabes de Stevenson. Siendo el caso de que la traducción inglesa de Las mil y una noches es Arabian Nights no es raro que pieza de Stevenson, que yo atesoro en la Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges -aquella fabulosa colección puesta a la venta por Orbis en 1987-,obre en poder de otros comentaristas con el Nuevas mil y una noches. En cualquier caso, todos coincidimos en señalar las analogías entre los procedimientos narrativos de Machen y Stevenson.

            El juego de Los tres impostores da comienzo en el prologo, que -¡oh paradoja!- viene a ser el final de todos los relatos que integran el libro. En dichas páginas, el sr. Dyson y el sr. Phillips se nos muestran inquietos respecto al terrible secreto que encierra un cuarto.

            En La aventura del Tiberio de Oro, el primero de los capítulos, Dyson encuentra la antigua moneda a la que alude el título. Su poseedor la pierde al ser perseguido entre las sombras de Londres.

            En El encuentro en la calle, siguiente pieza, asistimos al relato que le es referido a Dyson por un sujeto que hace extraños aspavientos en la vía pública. Wilkins, el tipo en cuestión, según confiesa a Dyson en un fragmento titulado Novela del callejón oscuro, se hallaba sin trabajo y agobiado por la necesidad cuando fue contratado como "secretario y amanuense" por un tal sr. Smith.

            Trasladado con su patrón a un recóndito lugar de las Montañas Rocosas, allí será rechazado por la escasa población. Preocupado por ello, un día escucha cómo algunos de sus vecinos se disponen a darle muerte "como se le ajustan las cuentas a los negros".

            Posteriormente es despertado por un murmullo, al salir al exterior de la cabaña en que ha pasado la noche, descubre a una multitud que se dispone a lincharlo. El motivo de su triste destino es que la turba le confunde con su jefe, quien cambia vidas por oro a tipos de muy mala catadura en un siniestro lugar conocido como el Cañón Negro, donde antaño los indios dieron muerte entre torturas a unos colonos. Rociado ya de gasolina, es salvado de su suerte por el sheriff en el último momento.

            De nuevo en Inglaterra, los aspavientos con que Wilkins ha llamado la atención de Dyson no eran sino señas para que detuviera a Smith, a quien acababa de ver pasar a su lado.

            La aventura del hermano desaparecido es la que le refiere a Phillips una joven a la que encuentra en un parque desesperada ante el secuestro de su hermano. Contada dentro de la Novela del Sello Negro, también incluida en El gran dios Pan, la señorita Lally, su protagonista, la muchacha en cuestión, también atravesaba por una difícil situación económica cuando fue contratada por el sr. Gregg como institutriz para sus hijos.

            Siendo su patrón un estudioso de las culturas primitivas, a la sazón le ocupa el estudio de un sello de piedra caliza de unos cuatro mil años de antigüedad. Más tarde, trasladados al oeste de Inglaterra, Gregg contratará como chico de los recados a un extraño idiota que, al igual que la región y el idioma de sus gentes, suscita las sospechas de miss Lally.

            Así las cosas, la joven descubre que la piedra convoca ciertos poderes conocidos por los antiguos habitantes de Libia y que el idiota es capaz de comunicarse con unos extraños seres.

            Avanzando en estas sugerentes cajas chinas se nos ofrece La relación de William Gregg, incluida entre los relatos que suceden a El gran dios Pan con el título de El sello negro. En este fragmento, el profesor deja dicho a la institutriz cómo, ayudándose del Sello Negro, ha ido al encuentro de la "gente pequeña". Se trata de unos demonios de los bosques, tan malignos que, para evitar la verdadera dimensión del problema que suponen, se las ha dado el nombre de duendes en la idea de que así se les supondrá cierto halo simpático.

            Burton, el protagonista del siguiente episodio que además inaugura un capítulo, Incidente en una taberna, entra en contacto con Dyson en dicho establecimiento. Después de que el segundo cuente al primero la historia sobre Wilkins, que le ha narrado un hombre de "unos anteojos más bien grandes", Burton comienza a referir la suya.

            Tras definirse como un coleccionista, da cuenta de cómo se hizo con una extraña pieza, el ópalo del Khan, que obraba en poder de un matrimonio italiano. Viéndose obligado para la adquisición -un tanto fraudulenta, por cierto- a requerir la colaboración de un tal Robbins, éste se ha quedado con la gema. Más tarde, Burton contará el asunto de la Novela de la dama de hierro. Ésta no es sino el relato de un episodio en que el que se nos dice cómo Burton, perdido en un extraño barrio de Londres, acepta la invitación del sr. Mathias para dormir en su casa. Allí, en la morada de su huésped, descubrirá aquel antiguo instrumento de tortura, la dama de hierro, presto a ser utilizado.

                        El siguiente capítulo puede definirse como un clásico de Arthur Machen. No es otro que la Novela del polvo blanco, también incluida entre los relatos que suceden a El gran dios Pan y en Los mitos de Cthulhu bajo el título de Vinum Sabbati. Harto conocido, su asunto versa sobre la experiencia de un tipo a quien el médico le manda un preparado y el boticario por error le prepara la sustancia ingerida en los aquelarres, el vinum sabbati en cuestión. Aquí es referido a Dyson misteriosamente por la señorita Leicester y su relectura me ha resultado igual de placentera que su descubrimiento en Los mitos de Cthulhu. Hay comentaristas que sostienen que Machen escribió Los tres impostores para dar una mayor entidad a La novela del polvo blanco, El polvo blanco o Vinum Sabbati, como el lector prefiera pues ha conocido traducciones españolas con cualquiera de estos tres títulos.

                        Finalmente, la Historia del joven de los anteojos -Josehp Walters- acabará por cerrar el círculo abierto en el primero de los relatos. Walters, interesado por los conocimientos ocultos, entra en contacto con el doctor Lipsius, un extraño personaje que dirige una red de siniestros anticuarios que hubiera hecho feliz a Fritz Lang. Lipsius obliga Walters a participar en una celada que se tiende a James Headly, el hombre que habrá de recibir el Tiberio de oro. Aterrado ante lo que ha hecho, Walters huye, siendo objeto de la persecución de la que se nos ha dado cuenta en las primeras páginas del libro.

            En un último capítulo asistimos al descubrimiento por parte Dyson y Phillips del cadáver calcinado del joven de los anteojos. También es aquí donde sabemos que todos los que les han contado las inquietantes historias que conforman esta obra maestra a Dyson y Phillips, son los tres impostores: Davies -Burton-, Richmond -el secretario de Wilkins- y Helen -miss Lally y miss Leicester-. Suponiendo que Dyson sabe el paradero de Walters, han adoptado dichas personalidades y contado sus respectivas historias para intentar sonsacarle. Ahora también comprendemos esa despedida que los tres impostores llevan a cabo en el prologo, las referencias que hacen al sufrimiento de Walters, no en vano acaban de quemarle vivo y cortarle la mano que osó robar el Tiberio de Oro.

 

Publicado el 11 de mayo de 2013 a las 18:15.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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