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"El conformista" de Alberto Moravia

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "El conformista" de Alberto Moravia

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                   Aludida hace unas semanas, en el asiento referido a ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, vuelvo ahora sobre los apuntes que tomé de mi lectura de El conformista, una de las novelas fundamentales de Alberto Moravia. Dije entonces que la adaptación de Bertolucci me parecía superior. Pero no quería con ello menoscabar el original en modo alguno. Junto con Crónica de pobres amantes de Vasco Pratolini, El desierto de los tártaros de Dino Buzzati y El barón rampante de Italo Calvino, El conformista es una de las grandes ficciones italianas del siglo XX que he tenido oportunidad de leer. Lo que siguen son las notas que tomé al acabarla, en mayo del 99:

                   Tres son los capítulos dedicados a lo que podría entenderse como un prólogo a la aventura de Marcello Clerici, que se nos va a contar con una asombrosa ausencia de artificios para lo que fue la novela en el siglo XX.

                   El primero de esos preámbulos está dedicado a mostrarnos cómo Marcello busca la complicidad en un amigo (Roberto) después de haber matado a una lagartija; el segundo; a cómo el padre de Marcello está abocado a perder la cabeza, lo que debemos entender en el extraño comportamiento del hombre con su esposa, en los cotilleos de la criadas y en unos dibujos que el aprendiz de desquiciado hace en una foto del matrimonio. Finalmente, el tercero y más importante de estos preliminares se refiere a cómo el pequeño Marcello es objeto de las burlas de sus compañeros a causa de un incipiente afeminamiento que detectan en él. Precisamente están intentando ponerle una falda cuando Lino, un cura secularizado por pederasta que trabaja de chofer, intercede por el muchacho. En su segundo encuentro, cuando Lino pretende abusar del niño prometiéndole que va a regalarle una pistola, Marcello lo mata.

                   Ya en la primera parte de la novela, Moravia nos presenta a Clerici convertido en un adulto. Al cabo de los años, consulta en los periódicos la noticia de la muerte de Lino. El Marcello que ahora se nos propone es funcionario en un ministerio de Mussolini. Está a punto de casarse con Giulia, una mujer a la que no ama pero le gusta por su normalidad. Tal vez por las burlas de sus compañeros y por el incidente de Lino, ser como el resto de la grey es cuanto preocupa a nuestro protagonista. En vista de lo cual, se congratula de la comida en casa de su suegra -ésta desprecia el anónimo donde se le indica que Marcello sufrirá la misma suerte que su padre, enajenado por la sífilis-, tanto como de confesar sus pecados a un sacerdote.

                   Más adelante, el ministerio le envía a París con la misión de identificar a un antiguo profesor suyo en la Universidad (Quadri), convertido en conocido antifascista exiliado en la capital francesa. Ha de señalarle para que Orlando, otro agente del fascio, acostumbrado a lo que sea "por la familia y la patria", lo mate. En cuanto al fascismo que cabe suponerle a Marcello Clerici a excepción de la repugnancia que le inspira su madre -quien vive amancebada con su chofer en el más completo abandono- y su padre -internado en un hospital psiquiátrico- nada hay que nos demuestre la supuesta fe de Marcello en el fascio. El título de la novela de deja lugar a dudas: Clerici es un conformista -como el noventa por ciento de los mortales por otro lado-, lo que equivale a decir que de quien manda por el simple hecho de que manda, sea cual sea la ideología que le ha llevado al poder.

                   Durante el viaje a la capital francesa, Giulia, al confesarle a su marido que no es virgen, le contará cómo ha sido víctima durante años de los abusos de un viejo verde que ha sido testigo en la boda. Es el tipo que mandó el anónimo. Pero Marcello, indiferente a casi todo, sólo reaccionara ante la belleza de una prostituta que trabaja en un burdel al que ha de acudir en busca de instrucciones.

                   Ya en París, Lina -seguro que no es casualidad que el nombre sea el femenino de Lino-, la mujer de Quadri, cautivará a Clerici desde el primer momento. Sin embargo, la mujer del antifascista por quien se siente atraída es por Giulia. De modo que, asqueada, aceptará las efusiones de Marcello -al que, al igual que Quadri, sabe un agente del Gobierno italiano- en la esperanza de que así se mantendrá al lado de Giulia. Tras llevarla de compras, los dos matrimonios pasarán juntos la velada en un restaurante de lesbianas. Lina propone a los extranjeros unas vacaciones en una casa de campo. Giulia, que se siente incómoda ante el cariño que Lina le profesa, se muestra reacia, pero a Marcello no le resulta muy difícil convencerla para que acepte la invitación.

                   Pero el viaje que cuenta es otro, aquel que, en contra de lo previsto, en el último momento, Lina decide acompañar a su marido. Es entonces cuando Orlando mata al profesor Quadri.

                   La última parte del libro, el epílogo, comienza con la caída de Mussolini. Tras terminar de acostar a su hija, Giulia, muy preocupada porque la buena posición de la que goza se venga abajo, pregunta a Marcello si lo de Quadri tendrá alguna consecuencia. Ante la sorpresa de él, ella confiesa que lo sabe desde que leyó la noticia. Resuelta a seguir junto a su marido, aunque él mismo le ofrezca la separación, Giulia y Marcello salen a ver el ambiente que se respira en la calle. Aturdida por los acontecimientos y la alegría de la gente, Giulia le pide a Marcello que hagan el amor en un parque. Están a punto de ponerse a ello cuando el rayo de una linterna se queda pendiente de ellos: el portador de la lámpara resulta ser Lino.

                   A la mañana siguiente, la familia emprende el viaje a su residencia de verano con el fin de evitar las posibles represalias en Roma. Morirán durante el bombardeo de un aeródromo que se encuentran en el camino.

                   Accesible en todo momento, la claridad con la que está escrita la convierte en una de las novelas más amenas que he leído en mucho tiempo. Muy probablemente, esa narración lineal, sin artificios, que vengo a alabar aquí, se deba a la fragmentación cronológica de la película, vista por primera vez con anterioridad a la lectura del texto original. Revisada la cinta de Bertolucci inmediatamente después de finalizada la novela, hay que apuntar que ésa, junto con la inclusión del personaje de Italo, es una de las principales diferencias entre el libro y el filme. El resto es la supresión de la muerte de Clerici y su familia, el cambio del nombre de Lina por el de Ana, que le da el cineasta, y la introducción de Marcello en la cuadrilla que dará muerte al profesor. En la novela, como ya he apuntado, Clerici sabe por la prensa de que la misión -por cierto, cancelada en el último momento sin que los sicarios lleguen a enterarse- ha sido llevada a buen término.

 

 

Publicado el 26 de julio de 2014 a las 11:15.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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