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La noche de la iguana y otros relatos de Tennessee Williams

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "La noche de la iguana"

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                   Cautivado por cintas como Baby Doll (Elia Kazan, 1956) o Dulce pájaro de juventud (Richard Brooks, 1962), mis favoritas de cuantas se basan en piezas de Tennessee Williams, leí con sumo interés La noche de la iguana y otros relatos en noviembre de 2000. Bajo aquel título se reunió, en el número V de la colección Clásicos Modernos de Alba Editorial, una excelente selección de las narraciones del dramaturgo estadounidense. Mucho menos conocidas que sus piezas teatrales, son excelsas igualmente. Escritas entre 1928 y 1978, suponen una auténtica panorámica por la narrativa del gran Tennessee.

                   Se impone empezar apuntando que el relato que da título a esta colección poco tiene que ver con la película homónima de John Huston del 64, sólo en cierto sentido inspirada en él. El protagonista del original de Williams es una puritana estadounidense, varada en un hotel de México, el Costa Verde. Se debate entre el amor y el odio que le inspiran una pareja de artistas, probablemente homosexuales, alojados en la misma casa. En las primeras líneas, creí que su trasunto cinematográfico era Judith Fellowes (Grayson Hall), la capitana de la excursión norteamericana que nos presenta Huston. Pero en realidad es Hannah Jelkes, la mujer triste y religiosa que interpreta Deborah Kerr. Me quedo con la Miss Jelkes de Huston por el encanto de Deborah Kerr. Por lo demás, el revendo Lawrence Shannon, Maxine Faulk y Charlotte Goodall; es decir, los personajes incorporados por Richard Burton, Ava Gardner y Sue Lyon, respectivamente, no aparecen.

***

                   Sin ser el más interesante de los textos aquí reunidos, bien puede decirse que Algo de Tolstoi es representativo de la más interesante de las tres o cuatro temáticas sobre las que versan: el amor marginal y desdichado. Así, esta pieza, ante la que me descubro entusiasmado, nos propone la historia de un librero judío casado con una chica gentil: su amiga desde la adolescencia. Se quieren, es cierto. Pero a ella, la vida en la librería le resulta taciturna. De modo que un buen día decide irse a probar fortuna como actriz con el primero que se lo propone. Cuando va a darle a su marido la llave de la casa, éste le dice que se la quede porque un día volverá.

                   Tras la marcha de su esposa, el librero cae presa de una fuerte conmoción, de la que se repondrá leyendo con desmesura. Al cabo de los años, la mujer vuelve, como su marido presagiara. Lo malo es que él la ha olvidado. Cuando ella le refiere la historia común de ambos como si fuera el argumento de un supuesto libro que busca, él sigue sin reconocerse uno de los protagonistas y le dice que se parece a algo de Tolstoi. La mujer, para sorpresa del narrador -un empleado de la librería-, vuelve a marcharse.

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                   Retrato de una chica en cristal nos refiere los recuerdos acerca de su hermana de un tipo, que ha abandonado el hogar familiar "tan deslealmente" como su padre. La madre de los hermanos en cuestión, intentó casar a la chica de cristal con Jim, un compañero de trabajo del narrador. Invitado a tal efecto a una comida en el domicilio que nuestro hombre abandonará, cuando todo parece indicar que va a surgir el noviazgo, Jim confiesa que está a punto de casarse con otra mujer.

                   He aquí una de esas narraciones en las que aparentemente no pasa nada. No obstante lo cual, ésta en concreto me sugiere el hundimiento de una familia, un pequeño mundo al que nadie quiere pertenecer.

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                   La sexualidad bizarra y escondida fue una de las principales materias literarias del teatro de Tennessee Williams. De ahí que el erotismo sea otra de las constantes temáticas que se perfilan en estos relatos. A esta línea cabe adscribir Una manzana regalada. La historia que se nos cuenta bajo este título -en el que rezuma ni más ni menos que el fruto prohibido del Árbol del Bien y del Mal- es la de un joven hambriento. La mujer que atiende un puesto de fruta sito al borde de la carretera pretende seducirle a cambio de alimento, pero desiste ante los titubeos del muchacho.

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                   También rezuma erotismo Lo importante. Aquí se da cuenta de la primera experiencia sexual de dos estudiantes aficionados a la literatura. Como suele pasar en los primeros años, el coito es lo único que cuenta de entre todo el idealismo que rodea sus vidas en la universidad.

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                   Esa misma línea, que puede llamarse "erótica", alcanza su máxima cota en El reino de la tierra. Ambientada en el mismo Sur mítico del teatro del autor, su propuesta -en la que tampoco faltan resonancias bíblicas- es la historia de un hombre ninguneado por su hermano, Lot, quien heredó de la hacienda paterna. Así las cosas, cuando empieza a la narración, nuestro protagonista es despreciado por las mujeres del lugar a consecuencia de la sangre negra que -según su última novia- corre por sus venas. En realidad es cherokee. Ante este panorama, su principal obsesión es copular. Las consideraciones que pronuncia al respecto cuentan entre lo mejor de la selección.

                   Eso es lo que hay cuando Lot -que está en las últimas, enfermo de tuberculosis- se presenta en casa con Mirta, una prostituta a la que ha conocido en un burdel con la que se acaba de casar. La primera enemistad que surge entre Lot y Mirta, acabará por dar paso a una apasionada unión carnal que coincidirá con la muerte de Lot.

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                   Más pecaminosas y más sugeridas se nos antojan las cópulas entre un casado y una menor que tienen lugar en La habitación a oscuras. Lo sorprendente de esta pieza es la forma en que se nos descubre la aberración que supone -no hay que olvidar que nos encontramos en la tierra del Ku Klux Klan- la unión entre la muchacha y el hombre, un judío. Se hace mediante la conversación sobre el paro del padre de la chica, que mantienen la madre y una asistente social. La familia de la muchacha, que desde que el hombre la abandonara vive en la penumbra de su habitación, cuenta a su interlocutora las visitas que el ex hace a la niña como si no hubiera nada malo en ello. Será la visitante social quien decida tomar cartas en el asunto.

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                   Inventario en Fontana Bella -que toca tan de cerc a La primavera romana de la señora Stone, la novela del 50 del autor- es la más explícita de todas las narraciones eróticas. En sus páginas, para asombro de su servidumbre, una anciana aristócrata italiana recuerda una penetración de su último marido, muerto 50 años antes. Su memoria revive aquel coito con tal intensidad que la dama morirá en el éxtasis.

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                   La tercera constante argumental que se detecta en estos relatos puede definirse como "el retrato de diversos seres marginales", si bien ninguno de los protagonistas de Williams está integrado. Arena, otra de las narraciones más conmovedoras, versa sobre los recuerdos del viaje de novios de una anciana. Mira las fotos de aquellos días y cree que su marido ha muerto porque no contesta a su llamada.

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                   El Ángel del ático es el retrato de los habitantes de una mísera casa de huéspedes, quienes no son presentados a través de los ruidos de ellos que le llegan al gran Tennessee a través de las paredes y de las broncas que tienen con la tiránica casera.

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                   De título lo suficientemente elocuente, El chapero asesino y el carroza disimulón es la crónica del reconocimiento de una homosexualidad. El reprimido es un abogado, prototipo del afeminado norteamericano, que ha de recibir a su madre, una puritana, en su apartamento de Nueva York. Entre los invitados a esa misma cita se encuentra una mujer muy desenvuelta que insiste en presentar a su hermano a nuestro protagonista. Hechas las presentaciones, el desparpajo del hermano -es decir, el chapero al que alude el título- se ganará a la madre de nuestro protagonista. Ésta dialoga encantada con el joven. Está convencida de que es el resultado de un amor de juventud de su hijo con una chica muy fina.

***

                   Finalmente, La venganza de Nitocris es toda una rareza. Publicado en 1928, no hay duda de que es uno de los primeros relatos publicados por el autor. En él se cuenta cómo la mujer aludida en el título se desquitará de la muerte de su hermano, el faraón despechado que osó apagar los fuegos de encendidos en honor de Osiris, aunque dicha venganza le cueste la vida a ella misma.

 

 

Publicado el 11 de mayo de 2015 a las 19:00.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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