lunes, 27 de junio de 2022 14:20 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Javier Memba

El insolidario

"Satori en París", una rareza de Kerouac

Archivado en: Cuaderno de lecturas, "Satori en París", de Jack Kerouac

imagen

            Tuve mi primera noticia de Jack Kerouac en una serie que la revista Star -una de las referencias fundamentales de mi mitología personal- dedicó a varios escritores heterodoxos bajó el título genérico de "Los padres del cordero". Hará ahora unos cuarenta años. No mucho después compré En la carretera en la librería Panorama de la calle de Gaztambide. Se trataba de una edición argentina, debida a Miguel de Hernani y publicada por Losada en 1975 bajo el título de En el camino. A excepción de La ciudad y el campo (1950), de la que sí había una traducción española de Ramón Margalef Llambrich, dada a la estampa en 1971 por Luis de Caralt, las versiones españolas de Kerouac aún estaban por llegar. Empezaban a hacerlo las de William S. Burroughs de Martín Lendínez -seudónimo de Mariano Antolín Rato- en Ediciones Júcar. Así como las de Allen Ginsberg, Gregory Corso y algún otro poeta beat, vertidos a nuestro idioma por Antonio Resines para la colección Visor de Poesía.

            Ésa es la causa de que atesore tres títulos de Kerouac que no han conocido versiones españolas ni siquiera en Anagrama, la editorial que lo dio a conocer mayoritariamente entre los lectores de este país ya bien entrados los años 80.

            Visiones de Cody (1972), la primera de mis rarezas, está impresa en Barcelona por Grijalbo. Pero su traducción es tan rioplatense que en sus páginas el "volado" -modismo que me seduce, dicho sea de paso- es el "borracho", ese borracho arquetípico de la mítica experiencia Kerouac.

            Pic, la segunda de mis rarezas de Kerouac, es un relato sobre un niño negro de Carolina del Norte. Hermano de Silm, un saxofonista de Harlem -ese jazz también fundamental en la experiencia Kerouac-, los Sal y Dean de En la carretera los recogían cuando hacían autostop en una primera versión de la novela que nunca llegó a ver la luz. Publicado de forma independiente en 1971, mi edición es la argentina de Gránica Editor, fechada un año después.

            Pese al orgullo que me procura tener tres textos de Kerouac anteriores a su masificación española, siempre he sido consciente de que si permanecen inéditos aquí es porque no tienen el más mínimo interés. Así lo demuestra el hecho de su publicación póstuma, muy probablemente a instancias de Stella, la viuda del escritor, siempre atenta a los derechos de autor. Si Kerouac no hubiese sido uno de los escritores estadounidenses más leídos del siglo XX -de En la carretera se venden del orden de 100.000 ejemplares al año-, ninguno de mis inéditos en España hubiese merecido edición alguna.

            Visiones de Cody, al ser otra roman à clef, como casi todas las de Kerouac, es una vuelta más a los asuntos harto sabidos por cualquier lector al cabo del universo de la generación beat: el tiro que Burroughs le pegó a su esposa mientras jugaba a ser Guillermo Tell, el lío del propio Kerouac con Carolyn, la mujer de Neal Cassady -el Dean de En la carretera- y el resto de los lugares comunes de la historia del grupo. Fue la propia Stella quien encontró aburrida Pic cuando su marido aún vivía.

            Satori en París (1968), la tercera de mis rarezas de Kerouac, data de 1968. También edición argentina de Losada, se la compré, ya a finales de los años 70, a un infeliz que tenía un tenderete de libros para estudiantes en la esquina de la calle Princesa con la de Altamirano. Si hasta hace unas semanas no he dado cuenta de ella se ha debido a que, avanzando en mi experiencia de lector, perdí aquel entusiasmo con el que descubrí En la carretera (1957), Los vagabundos del Dharma (1958), Ángeles de desolación (1965) y el resto de las grandes novelas de Kerouac.

            A decir de Dennis McNally, su biógrafo definitivo, durante la redacción, de Satori en París, por primera vez, Kerouac escribió mientras bebía coñac. Se explica así que el coñac sea la bebida que preside la narración.

            Una de las grandes mentiras de la creación literaria es la concerniente a la supuesta lucidez del alcohol. He bebido como una bestia durante treinta y siete años, veintisiete de los cuales lo hice en aras de ese don de la ebriedad que, como mucho, da para una idea. Empero su desarrollo ha de hacerse con la resaca, o, mejor aún, con la debida serenidad. La lucidez del alcohol es una quimera, no ya porque ebrio se pierda la más mínima ponderación respecto al texto alumbrado, simplemente porque borracho no atinas puesto a darle a las teclas.

            Ese borracho legendario que fue Sal Paradise -el trasunto de Kerouac en En la carretera- en Satori en París no es más que ese alcohólico en las últimas, ya perfilado en la sobresaliente Big Sur (1962), acaso la postrera de sus grandes novelas. Sostiene McNally que su alcoholismo -ya terminal puesto que unos meses después le haría dar con sus huesos en el hoyo prematuramente- impresionaba negativamente a las estudiantes que le visitaban para la preparación de sus tesis.

            Los editores, que siempre son los primeros en darse cuenta cuando un autor está acabado, le negaban los adelantos de antaño y -siempre según McNally- el suplemento literario del New York Times dijo que Satori en París "tenía la sensibilidad de un tarjeta de crédito". Y es que el Keruac que viaja a Francia en sus páginas ya no es aquel joven entusiasta, que ha de hacerlo en autostop porque no tiene dinero. Muy por el contrario, pierde el avión que ha de llevarle de París a Bretaña por beber cerveza en el bar del aeropuerto y el único problema que se le platea es tirar de sus cheques de viajero para hacer el viaje en tren.

            Aunque el autor intenta imitarse a sí mismo en sus grandes borracheras de la carretera, del favorito de mi juventud queda muy poco en Satori en París. Su asunto es bien sencillo: corre 1965 y Kerouac se ha trasladado a Francia desde su residencia en Florida. Le lleva al país vecino la investigación sobre los orígenes de su apellido, desde la Biblioteca Nacional parisina a la Bretaña de sus ancestros. Todo se limita a la noticia de las conversaciones mantenidas con los hoteleros, bibliotecarios y algún que otro personaje irrelevante. El satori, al parecer la iluminación en el budismo zen, aquí tiene trazas de ser algo así como el alucine -por decirlo coloquialmente- que pone el texto en marcha. Del conjunto, estimo especialmente las referencias a Balzac y a Céline (pág. 198), que vienen a recordarme que fue Kerouac quien me descubrió a este último. Aunque no suele repararse en ello, en el autor de En la carretera también debe alabarse su afición a descubrir a otros escritores.

            Mis tres rarezas de Kerouac, como todos mis tesoros, se han quedado en nada.

Publicado el 11 de diciembre de 2015 a las 18:45.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Comentarios - 1

1 | TiJean - 12/12/2015 - 20:35

Ediciones Escalera ha publicado en España pulcrísimas traducciones de Visiones de Cody, Pic, Satori en París, Tristessa y Dr. Sax.
Le recomiendo (nunca es tarde) una revisitación a Visiones de Cody en su nueva edición, en ocasiones una traducción bien trabajada puede restituir la dignidad de una obra maestra.
Ps: Volado, high, en el original, también alude al cannabis, como bien se desprende de la parte de la cinta de Visions of Cody.

Tu comentario

NORMAS

  • - Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • - Toda alusión personal injuriosa será automáticamente borrada.
  • - No está permitido hacer comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • - Gente Digital no se hace responsable de las opiniones publicadas.
  • - No está permito incluir código HTML.

* Campos obligatorios

Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Actualmente lo es en Zenda Libros. Estudioso del cine antiguo, en todos los medios donde ha publicado sus cientos de piezas ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


 

          

 

Miniatura no disponible

 

Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

COMPRAR EN KINDLE:

 

 

 


contador de visitas com


 

Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Nuevos momentos estelares de la humanidad

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

El hombre al que gustaba odiar

El gran amor de John Wayne

Iván Zulueta, arrebatado por una imagen efímera

Agnès Varda, entre el feminismo y la memoria

La reina olvidada del noir de los 40

Judy Garland al final del camino de adoquines amarillos

Jonas Mekas, el catalizador del cine independiente estadounidense

El gran Edgar G. Ulmer

La última flapper; la primera it girl

El estigmatizado por Stalin

La controvertida Egeria del Führer

El gran Tod Browning

Una chica de ayer

El niño que perdió su tren eléctrico

La primera chica de Éric Rohmer

El último cadáver bonito

La exnovia de James Dean que no quiso cumplir 40 años

Don Luis Buñuel, "ateo gracias a Dios"

La estrella cuyo fulgor se extinguió en sus depresiones

El gran cara de palo

Sylvia Kristel más allá de Emmanuelle

Roscoe Arbuckle, cuando se acabaron las risas

Laura Antonelli, la reina del softcore que perdió la razón

Nicholas Ray, que nunca volvió a casa

El vuelo más bajo de la princesa Leia Organa

Eloy de la Iglesia y el cine quinqui

Entiérralo con sus botas, su cartuchera y su revólver

La chica sin suerte

Bela Lugosi y la sombría majestuosidad de Drácula

La estrella de triste suerte

La desmesura de Jacques Rivette

Françoise Dorléac

Klaus el loco

Una hippie de los 70

Jean Esustache, entre la Nouvelle Vague y el ascetismo

Nadiuska, un juguete roto

Thea von Harbou

Jesús Franco

David Cronenberg

Sharon Tate, como en un cuento de Sheridan Le Fanu

Un guionista sediento

La reina del fantaterror patrio

Dalton Trumbo y los diez de Hollywood

La primera chica que arrojó una tarta 

El desdichado Hércules contemporáneo

En la tradición familiar

El músico del realismo poético

Otro tributo a la gran Patty Shepard

Elmer Modlin y su extraña familia

Las coproducciones internacionales rodadas en España

Marilyn Monrore y su desesperado último gesto

Un amor más poderosos que la vida

El actor atrapado en sus personajes

Entre el fantasma de su madre y el final del musical

Barbet Schroeder

Amparo Muñoz

Samuel Bronston más alla de Las Rozas

Chantal Akerman

Françoise Hardy 

Un antiguo dogmático

Jane Birkin

Anna Karina, su turbulento amor y el Madison

Sandie Shaw, ya con calzado

El gran Serge Gainsbourg

Entre la niña prodigio y la mujer concienciada

La intérprete de Shakespeare que inspiró a The Rolling Stones

La maleta del capitán Wajda

Val Lewton y su dramatización de la psicología del miedo

La alimaña de Whitechapel

Cristina Galbó

La caravana Donner

Eddie Constantine

Un nuevo curso del tiempo

Rosenda Monteros

Una criatura de la noche

Una carta a Nicolás I

Edison y el 35 mm

Barbara Steele

El felón Esquieu de Floyran acaba con los templarios

Entre Lovecraft y Hitchcock

Tchang Tchong Yen recuerda a Hergé

La musa del ciberpunk

Néstor Majnó

Una leyenda del Madrid finisecular

El rey de la serie B

La primera cosmonauta soviética

Cuando la injuria sucede a la fatalidad

Bajo Ulloa y sus cuentos crueles

La cicerone de los Stones en el infierno 

Nace Toulouse-Lautrec

El París del Charlestón se rinde a Josephine Baker

Nastassja Kinski, la dulce hija del ogro

Un tributo a Sam Peckinpah

La leyenda del London Calling

Fiódor Dostoievski frente al pelotón de fusilamiento

Mi alucinada favorita

El hombre de las mil caras

El 7º de Caballería pierde la gloria

Un recuerdo de Silke

El genocidio camboyano

Peter Bogdanovich

Guy Debord y la sociedad del espectáculo

Un héroe de Iwo Jima 

Lupe Vélez tras el último tequila sunrise

El general Lee

Roman Polanski

Un hampón italoamericano

Jane Fonda en su juventud

Kraken en la Cuesta de Moyano

Josef von Sternberg

The Beatles en The Carvern y en el show de Ed Sullivan

Que la tierra le sea leve a Douglas Trumbull

El último superviviente del hampa de Chicago

Inma de Santis

El Álamo

Una musa insumisa

El malvado Zaroff y un elogio a las revistas pulp

Miles Davis

Un polaco y el amour fou

La Legión extranjera como género literario

Conchita Montenegro

Peter Lorre y su cara de villano

El juez de la horca

Syd Barrett

Kathleen Turner

Una caricatura de la hombría

Eric Clapton

Helga Liné

Butch Cassidy

Carlos Arévalo, un cineasta español

Nace el último bohemio

Pascual García Arano

María Perschy

El Combray de Ingmar Bergman

Carlos Castaneda

Una canción de Neil Young

Un suicida dandi

Hedy Lamarr

Nace la academia

Philip K. Dick y sus realidades bastardas

La última mujer fatal

Andréi Tarkovski, otro maldioto por la censura soviética

Nace la música de la New Age

"Wie einst" Lili Marleen

Una lectura de Byron en Villa Diodati

Un apostol de la sedición juvenil

Ava en mi ciudad

Rider Haggard

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

El cine negro español en Zenda Libros

Tres películas para el confinamiento en De Cine 21

 

EN TU MAIL

Recibe los blogs de Gente en tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Archivo

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD