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Hablando con Alicia Giménez Barlett

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Alicia Giménez Barlett

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La casualidad ha querido que en Mi querido asesino en serie (Destino), la nueva aventura de Petra Delicado, la inspectora creada por Alicia Giménez Barlett -además de con el subinspector Fermín Garzón- se vea obligada a trabajar con un mozo de escuadra: Roberto Fraile, "un oficial treintañero tan metódico y aplicado como insulso e intratable". La escritora se ríe al admitir que este dato sobre la colaboración entre las dos policías le ha convertido, sin ella pretenderlo, en una autora de anticipación. De una u otra manera, es como si la suerte pretendiera recochinearse de la inspectora favorita de los lectores: los superiores de Delicado confían al autonómico el mando del caso.

Las rivalidades y las tiranteces están servidas, pero son ajenas a lo vivido en Cataluña en las últimas semanas. Muy por el contrario, como la autora explica, "son un clásico, como la eterna lucha entre el FBI y el sheriff por los muertos y los casos. Esa rivalidad se da en todas partes. Entre la policía urbana y la nacional es muy frecuente. No ha habido ninguna incidencia especial a la que haya querido referirme en Mi querido asesino en serie. Pero acaban todos muy amiguetes. Quiera la suerte que también haya habido anticipación en esto".

 

Sí hay premeditación en la gravedad que cobra el curso del tiempo en la novela. Para empezar, el espejo devuelve a la inspectora la imagen de una cincuentona. "Hacía cuatro o cinco años que no escribía ningún libro de Petra Delicado. Cuando empecé a hacerlo me di cuenta de que el tiempo había pasado e hice una reflexión sobre ello. Que Petra descubra que tiene cincuenta años no es tan malo. Primero eres ՙero՚, treintañero; luego ՙon՚, cuarentón... Lo malo es cuando el adjetivo que define tu edad acaba en ario. Octogenario, por ejemplo. Por otro lado, pienso que, a partir de los 60 años, comienza una edad muy buena para los novelistas. Sobre todo, ahora, que la concepción de la vejez ha cambiado. Hay mucha gente que alcanza los noventa en la plenitud de sus facultades".

 

"Petra cumple diez libros, creo que en perfecto estado de revista". Por supuesto que Giménez Barlett es consciente de que serán los lectores quienes lo decidirán después de leer Mi querido asesino en serie. Ello no es óbice para que recuerde las dos décadas dedicadas a escribir sobre la inspectora con satisfacción. "Han sido años intensos en los que el personaje, sin olvidar a Garzón, ha evolucionado, ha envejecido (menos que yo), se ha enfrentado a los cambios sociales del país y ha procurado adaptarse a las circunstancias".

 

Llama poderosamente la atención la descripción de la autora del feroz ensañamiento del asesino con la primera víctima, otra mujer de cincuenta años. Giménez Barlett es consciente de que el retrato de esa violencia extrema, sin paliativo alguno, es una licencia que se concede, casi en exclusiva, a la novela negra. Ni siquiera a su equivalente en la pantalla se le permite. "Lo visual es mucho más escandaloso que lo escrito y tienes que rebajarle intensidad. De otra manera resulta insoportable. Y también es cierto que, cuando imaginamos las cosas podemos hacerlas más graves de lo que son en realidad. Cada uno se las apaña con sus miedos y sus fantasmas. Pero la imagen es mucho más cruel".

 

Puede por tanto que la crueldad obedezca a lo calenturienta que tenga la imaginación cada lector. "En todo lo que son procedimientos policiales, en la investigación, el las jerarquías, la novela negra siempre se atiene a la realidad. Luego, partiendo de ahí, ya puedes inventar lo que quieras, siempre que sea verosímil. En clave de novela negra se puede hablar de todo. Eso sí, hay que respetar sus reglas siempre. Y la primera es que los casos tienen que acabar resueltos y el criminal castigado. Por lo tanto, al final hay un montón de cosas en los que no cabe ni demasiada tragedia ni demasiada reflexión. Pero, dentro de los límites que tiene el género, es un vehículo de crítica y observación muy extenso y muy válido. Puedes hacer humor, puedes profundizar".

Ésa ha de ser la causa de que el montante total de festivales de novela negra celebrados en España, cifrados en más de una decena contando sólo los oficiales, sea mayor que la suma de los dedicados al cine y al teatro. Alicia Giménez Barlett muestra su asombro ante el dato. Naturalmente, desea que la novela negra no acabe por fagocitar a la totalidad del género novelístico. Pero también apunta: "Supongo que los festivales existen porque cuentan con público. Los lectores de novela negra son fieles y quieren conocer a los autores. Los festivales son un buen tejido cultural para eso. Cualquier cosa que sea cultura nunca es un exceso, me parece bien. En Francia o en Italia, cada pequeño pueblo tiene su festival de polar o de giallo, que es como llaman allí, respectivamente, al género.

Publicado el 2 de enero de 2018 a las 23:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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