lunes, 15 de agosto de 2022 14:39 www.gentedigital.es
Gente blogs

Gente Blogs

Blog de Javier Memba

El insolidario

Los relatos más bellos del mundo (II)

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Los relatos más bellos del mundo

imagen

Simenon en París (1962)

 

            (viene del asiento del 14 de diciembre de 2018)

          A los compiladores de Los relatos más bellos del mundo, supongo que algún responsable anónimo de Selecciones del Reader’s Digest aunque su nombre no figura ni por el forro, debió parecerles obligado que la primera de las piezas reunidas bajo el segundo epígrafe -Investigación y delincuencia- estuviese protagonizada por Sherlock Holmes. Pero me parece excesivo que el detective consultor -como tal se nos presenta en Estudio en escarlata, su primera entrega- comience con sus deducciones desde las primeras líneas, apenas irrumpe en casa de Watson cuando el doctor ya da cuenta de la última pipa luego de una larga jornada de trabajo.

            A la postre, creo que esos alardes de las dotes para la observación de Holmes son los que han hecho que El jorobado, la pieza en cuestión, en cierto sentido, me resulte una obra que no responde a las expectativas que ella misma despierta. Al cabo, no se nos dan las pautas para que deduzcamos quien ha sido el asesino, como es el caso en las narraciones protagonizadas por el Auguste Dupin de Poe. Por el contrario, se nos explica que no ha sido el crimen que parece. Es decir, se nos dan unos datos equívocos, se conduce nuestra atención por otro lado.

 

            El asesinato que resolver es el del coronel Barclay, quien ha aparecido muerto en su domicilio. Su esposa, víctima de un fuerte estado de shock, está detenida y acusada de su asesinato. Se cree que el arma homicida es un singular bastón que ha sido encontrado en la escena del crimen. Hay un rastro de un extraño animal en la habitación que -además de cierta reminiscencia de Los crímenes de la calle Morgue de Poe- viene a sugerirnos que las cosas no son tan sencillas como parecen.

 

            Una amiga de la señora Barclay pone a Holmes y Watson en antecedentes sobre un encuentro que la detenida tuvo con anterioridad al crimen con un tipo mal encarado, un tal Henry Wood, el jorobado en cuestión. Cuando nuestros investigadores le interrogan, éste nos cuenta la historia por un procedimiento semejante al que el inspector Hércules Poirot, de Agatha Christie -uno de los discípulos de Holmes, por cierto-, al final de sus investigaciones reúne a todos los implicados en el caso para demostrarles cómo acontecieron los hechos.

 

            Treinta años antes, cuando todos estaban en la India, Wood era un soldado a las órdenes del sargento Barclay. Y también era el elegido por Nancy, la bella hija del sargento de color Devoy, la mujer más guapa de las militaras del regimiento en el que los dos prestaban servicio. El color, y la corrección política con que Conan Doyle hace alusión al dato, me han llamado más la atención que la conclusión del asunto. Barclay y Wood, rivalizaban por el amor de Nancy. De modo que, al sargento, cuando el regimiento se vio sitiado durante un motín acaecido en la India -y debió de ser muy importante, pues no creo que sea iniciativa del traductor que aparezca escrito con mayúscula- se le abrió el cielo al ofrecerse Wood como voluntario para llevar un mensaje a la columna de rescate.

 

            El entonces felón Barclay, no dudó en poner en conocimiento de ello a los nativos. Éstos, apenas abandonó Wood a los ingleses, le estaban esperando para capturarlo. El desdichado perdió la apostura que atrajo a Nancy durante el cautiverio. Mientras Barclay se casaba con ella, el infeliz que la hija del sargento de color había elegido era esclavizado y molido literalmente a palos. Su antigua gallardía dio paso a la joroba durante los tormentos. Cuando al fin pudo escapar, se ganó la vida en la India como ilusionista con una mangosta, el animal experto en cazar serpientes que dejará un rastro en la escena del crimen.

 

            Treinta años después de la traición, cuando Wood consigue el dinero suficiente para volver a Inglaterra, se encuentra fortuitamente con Nancy. Puesta ésta al corriente de todo, se lo reprocha a su marido durante esa discusión, que atestiguan los criados, por la que se la ha detenido. Pero Wood asegura que el coronel Barclay murió de un ataque de apoplejía al volver a verle a él al cabo de los años. Cuando el parte médico certifica que esa misma ha sido la causa del óbito, resulta que no ha habido asesinato.

 

            Así las cosas, el conjunto del relato se me hace como una de esas historias que prometen mucho y concluyen -porque no saben hacerlo de otra manera- con que todo ha sido un sueño de su protagonista.

***

 

            Ese hombre por las calles, de Georges Simenon, me ha interesado mucho más, aunque en realidad cuenta mucho menos, que la pieza de Conan Doyle. Empleado en resolver el reciente crimen de un atildado medico vienés, el comisario Maigret organiza una reconstrucción de los hechos en el Bosque de Bolonia, el conocido parque parisino. Parte de esa teoría de que un criminal siempre regresa al lugar del crimen. Pero a nosotros se nos da a entender mientras Maigret va preguntando, a cada uno de los agentes que tiene camuflados entre los curiosos, lo que han observado entre los asistentes a la reconstrucción.

 

            Cuando da con el que considera sospechoso del asesinato, comienza a seguirle personalmente. El tipo, quien resultará ser un polaco que responde al nombre de Esteban Strevzky, al descubrir que la policía le sigue, decide no volver a su casa. Se establece así un extraño duelo entre Maigret y él.

 

            Puestos a ver quién aguanta más en la calle, Maigret cuenta el dinero del que dispone el polaco. Es el que llevaba cuando salió de su casa en la idea de que iba a regresar ese mismo día. Total, que sólo le llega para mantenerse a base de croissants, huevos duros y cerveza, dormir en hostales baratos y matar el tiempo en cines de sesión continua. Lo que sea con tal de no volver a su domicilio, donde le aguardan todas las comodidades que corresponden a un arquitecto, su profesión. Mientras el comisario le sigue, asistimos a su degradación. Tanto es así que, cuando acaba por entregarse a la policía, Strevzky está a punto de dar cuenta de una escudilla de sopa en la beneficencia. Si al cabo decide ponerse voluntariamente a disposición de nuestro policía es debido a una noticia que lee en un periódico donde se da cuenta de la desaparición de su domicilio de su mujer, Dora, al igual que la del propio Esteban. No sabe que ha sido Maigret quien ha ordenado la publicación de dicha información.

 

            Ya en comisaría, Esteban le confiesa que ha estado haciendo tiempo y distrayéndoles, llevándolos a creer que el asesino era él, para que su mujer -a la que sabe autora del crimen del vienés, con quien estaba liada- pudiera huir. Pero Dora ya estaba detenida por el asesinato. Aun así, haciendo gala de esa comprensión, que según dicen sus admiradores tiene Maigret con tanta frecuencia con los culpables, la amistad que parece empezar a unir a perseguidor y perseguido mientras dura la vigilancia en las calles, acabará por nacer.

 

***

 

            Julieta y el mago, del argentino Manuel Peyrou, es un relato de construcción perfecta. Pero tanta perfección acaba por adelantar cuál será el único final posible del argumento. Prudencio Gómez es un ilusionista rioplatense que, cuando empieza a representar su espectáculo en Inglaterra y Escocia, se hace llamar Fang. El público cree que acaba de llegar de Shanghái. En los párrafos anteriores, el autor nos ha puesto en antecedentes sobre la genealogía del mago con tanta precisión que sabemos que de pequeño ayudaba en misa y que se compró los kimonos para convertirse en un falso chino con la herencia que le dejó su padre. Salvo que los kimonos son japoneses, que no chinos -y en este caso no hay error atribuible a la traducción que valga-, las descripciones son tan concisas como breves. Ya digo, perfectas.

 

            Tras cruzar el Canal de La Mancha, como el clásico argentino instalado en París, Fang no tarda en camelar a una francesa, la belle Juliette. La parisina tampoco tarda en abandonar a su compañero y algo más en los escenarios de Montmartre. Y cuando se traslada con Prudencio a Sudamérica, al comprobar que las ganancias junto a él no son las esperadas y no teniendo la bella más patrón sentimental que el dinero, la pasión que siente por Fang remite.

 

            Al punto, este apunte me ha recordado aquel tango escuchado en la voz de Carlos Acuña, Madame Ivonne. La peripecia de Ivonne y la de Julieta son la misma: una belleza del viejo Montmartre que “supo a los puntos del verso inspirar/ pero fue que un día llegó un argentino”. Julieta consideraba que haberse casado con el suyo era “el fracaso de su vida y se vengaba de él de forma minuciosa”. Debo insistir: las descripciones, uno de los pilares del estilo de Peyrou, son en verdad brillantes.

 

            Corre 1937 cuando Venancio, un hombre “humilde y fiel” según se presenta él mismo, comienza a colaborar con Fang y Julieta en el espectáculo. Tres años después, como el propio autor ya nos ha comunicado al anunciar que el infeliz demostrará su humildad y fidelidad con su vida, durante una función es asesinado en escena. “No culpen a nadie. Yo mismo me maté”, afirma con su último aliento.

 

            En efecto, como se ve venir desde que termina de plantearse la narración, corre 1940 cuando Prudencio y Venancio planean asesinar a Julieta de cara al público, simulando un accidente durante la ejecución de un truco. Mas la francesa, oliéndoselo, ocupa el lugar que debió haber ocupado Venancio y viceversa. De modo que el “humilde y fiel” es el asesinado.

 

            Al margen del relato, en su introducción me ha llamado mucho la atención esa afirmación del antólogo en la que sostiene que, de todos “los países de habla española, la Argentina es el que más se ha distinguido en el cultivo del género detectivesco”.

 

            Y ya buscando documentación sobre Peyrou, me ha sorprendido de igual modo que en el artículo que se le dedica en Wikipedia, entre las dignidades merecedoras de su obra, se destaque la de estar recogida entre estas piezas reunidas bajo el título de Los relatos más bellos del mundo.

 

***

 

            Leí Una cama terriblemente extraña el verano pasado. Aunque esta narración de Wilkie Collins aquí aparece con el título de Una cama extraordinariamente rara, el año pasado no me interesó lo suficiente como para volverla a leer ahora. Así que remito estos apuntes a lo anotado entonces en el artículo titulado Una antología de Valdemar (II). Dicho esto, paso a la propuesta de Lord Dunsany, uno de los incluidos por Lovecraft en El horror en la literatura.

 

            Dos botellas de salsa, la pieza que trae a mi lord a estas páginas, viene a dar cuenta de un caso de canibalismo con una sutileza en verdad exquisita, considerando lo execrable del tema. Smithers, su protagonista, es “lo que podría llamarse un tipo insignificante que vive en un ambiente también insignificante”. Es representante de la Num-numo, que según él es la salsa para carne y otros platos más famosa del mundo. De hecho, será este condimento lo que dé la pista para resolver un caso que no ha resuelto Scotland Yard.

 

            Un tal Steeger es sospechoso de haber asesinado a una tal Nancy, una chica con la que se fue a vivir, para quedarse con su dinero. Ahora bien, como no ha parecido el cadáver de la infeliz, a la que se sospecha cortó con un hacha, no se le ha podido detener. La cosa cambia cuando Linley, el compañero de piso de Smithers, una mente preclara de cuya cabeza fluyen sin cesar las ideas, entra en escena. Será Linley, luego de que Smithers le comente todo lo referente al caso, y teniendo además conocimiento de que Steeger adquirió dos botellas de la susodicha salsa pese a ser un conocido vegetariano, quien nos dé a entender que su asesino se comió a Nancy después de matarla.

 

            No hay duda de que éste y el de Simenon son los dos mejores textos reunidos en ese segundo capítulo de Los relatos más bellos de mundo: Investigación y delincuencia.

(continúa en el asiento siguiente)

Publicado el 10 de enero de 2019 a las 05:15.

añadir a meneame  añadir a freski  añadir a delicious  añadir a digg  añadir a technorati  añadir a yahoo  compartir en facebook  twittear  votar

Comentarios - 0

No hay comentarios



Tu comentario

NORMAS

  • - Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.
  • - Toda alusión personal injuriosa será automáticamente borrada.
  • - No está permitido hacer comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
  • - Gente Digital no se hace responsable de las opiniones publicadas.
  • - No está permito incluir código HTML.

* Campos obligatorios

Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Actualmente lo es en Zenda Libros. Estudioso del cine antiguo, en todos los medios donde ha publicado sus cientos de piezas ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


 

          

 

Miniatura no disponible

 

Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

COMPRAR EN KINDLE:

 

 

 


contador de visitas com


 

Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Nuevos momentos estelares de la humanidad

Chicas yeyés

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

El hombre al que gustaba odiar

El gran amor de John Wayne

Iván Zulueta, arrebatado por una imagen efímera

Agnès Varda, entre el feminismo y la memoria

La reina olvidada del noir de los 40

Judy Garland al final del camino de adoquines amarillos

Jonas Mekas, el catalizador del cine independiente estadounidense

El gran Edgar G. Ulmer

La última flapper; la primera it girl

El estigmatizado por Stalin

La controvertida Egeria del Führer

El gran Tod Browning

Una chica de ayer

El niño que perdió su tren eléctrico

La primera chica de Éric Rohmer

El último cadáver bonito

La exnovia de James Dean que no quiso cumplir 40 años

Don Luis Buñuel, "ateo gracias a Dios"

La estrella cuyo fulgor se extinguió en sus depresiones

El gran cara de palo

Sylvia Kristel más allá de Emmanuelle

Roscoe Arbuckle, cuando se acabaron las risas

Laura Antonelli, la reina del softcore que perdió la razón

Nicholas Ray, que nunca volvió a casa

El vuelo más bajo de la princesa Leia Organa

Eloy de la Iglesia y el cine quinqui

Entiérralo con sus botas, su cartuchera y su revólver

La chica sin suerte

Bela Lugosi y la sombría majestuosidad de Drácula

La estrella de triste suerte

La desmesura de Jacques Rivette

Françoise Dorléac

Klaus el loco

Una hippie de los 70

Jean Esustache, entre la Nouvelle Vague y el ascetismo

Nadiuska, un juguete roto

Thea von Harbou

Jesús Franco

David Cronenberg

Sharon Tate, como en un cuento de Sheridan Le Fanu

Un guionista sediento

La reina del fantaterror patrio

Dalton Trumbo y los diez de Hollywood

La primera chica que arrojó una tarta 

El desdichado Hércules contemporáneo

En la tradición familiar

El músico del realismo poético

Otro tributo a la gran Patty Shepard

Elmer Modlin y su extraña familia

Las coproducciones internacionales rodadas en España

Marilyn Monrore y su desesperado último gesto

Un amor más poderosos que la vida

El actor atrapado en sus personajes

Entre el fantasma de su madre y el final del musical

Barbet Schroeder

Amparo Muñoz

Samuel Bronston más alla de Las Rozas

Chantal Akerman

Françoise Hardy 

Un antiguo dogmático

Jane Birkin

Anna Karina, su turbulento amor y el Madison

Sandie Shaw, ya con calzado

El gran Serge Gainsbourg

Entre la niña prodigio y la mujer concienciada

La intérprete de Shakespeare que inspiró a The Rolling Stones

La maleta del capitán Wajda

Val Lewton y su dramatización de la psicología del miedo

La alimaña de Whitechapel

Cristina Galbó

La caravana Donner

Eddie Constantine

Un nuevo curso del tiempo

Rosenda Monteros

Una criatura de la noche

Una carta a Nicolás I

Edison y el 35 mm

Barbara Steele

El felón Esquieu de Floyran acaba con los templarios

Entre Lovecraft y Hitchcock

Tchang Tchong Yen recuerda a Hergé

La musa del ciberpunk

Néstor Majnó

Una leyenda del Madrid finisecular

El rey de la serie B

La primera cosmonauta soviética

Cuando la injuria sucede a la fatalidad

Bajo Ulloa y sus cuentos crueles

La cicerone de los Stones en el infierno 

Nace Toulouse-Lautrec

El París del Charlestón se rinde a Josephine Baker

Nastassja Kinski, la dulce hija del ogro

Un tributo a Sam Peckinpah

La leyenda del London Calling

Fiódor Dostoievski frente al pelotón de fusilamiento

Mi alucinada favorita

El hombre de las mil caras

El 7º de Caballería pierde la gloria

Un recuerdo de Silke

El genocidio camboyano

Peter Bogdanovich

Guy Debord y la sociedad del espectáculo

Un héroe de Iwo Jima 

Lupe Vélez tras el último tequila sunrise

El general Lee

Roman Polanski

Un hampón italoamericano

Jane Fonda en su juventud

Kraken en la Cuesta de Moyano

Josef von Sternberg

The Beatles en The Carvern y en el show de Ed Sullivan

Que la tierra le sea leve a Douglas Trumbull

El último superviviente del hampa de Chicago

Inma de Santis

El Álamo

Una musa insumisa

El malvado Zaroff y un elogio a las revistas pulp

Miles Davis

Un polaco y el amour fou

La Legión extranjera como género literario

Conchita Montenegro

Peter Lorre y su cara de villano

El juez de la horca

Syd Barrett

Kathleen Turner

Una caricatura de la hombría

Eric Clapton

Helga Liné

Butch Cassidy

Carlos Arévalo, un cineasta español

Nace el último bohemio

Pascual García Arano

María Perschy

El Combray de Ingmar Bergman

Carlos Castaneda

Una canción de Neil Young

Un suicida dandi

Hedy Lamarr

Nace la academia

Philip K. Dick y sus realidades bastardas

La última mujer fatal

Andréi Tarkovski, otro maldito por la censura soviética

Nace la música de la New Age

"Wie einst" Lili Marleen

Una lectura de Byron en Villa Diodati

Un apostol de la sedición juvenil

Ava en mi ciudad

Rider Haggard

Una entrada para la "Historia universal de la infamia"

La Marguerite Duras cineasta

Gallardo y calavera

El hombre que vendió su alma a Elizabeth Taylor

El crímen de Charlotte Corday

Un elogio entusiasta de la urbe

Un ángel caído

Mary Bradbury teme por su vida

Pierre Étaix y su triste gracia

El mejor verano de los Rolling

María Rosa Salgado y su conmovedora discrección

La valentía de Ramón Acín

Sylvie Vartan

La cruz de Malta de Wim Wenders

La epifanía de Louis Daguerre

Carroll Baker

Marie Laforêt y mi amigo Eloy

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

El cine negro español en Zenda Libros

Tres películas para el confinamiento en De Cine 21

 

EN TU MAIL

Recibe los blogs de Gente en tu email

Introduce tu correo electrónico:

FeedBurner

Archivo

Grupo de información GENTE · el líder nacional en prensa semanal gratuita según PGD-OJD