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Recordando a Lena Horne

Archivado en: Inéditos, cine, Lena Horne

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I Remember Lena Horne

            Como el lector comprenderá, yo no tuve el honor de conocer a Lena Horne, fallecida el pasado día 10. Si afirmo en el título de este post que la recuerdo es a imitación de aquel I Remember Clifford de Benny Golson -inolvidable en la versión de Dizzy Gillespie- o aquel otro I Remember Django de Barney Kessel, que este guitarrista -uno de los mejores que dio el bop- grabó junto al violinista Stéphane Grappelli. ¡Ya es decir! Lo de "recuerdo" se me antoja una fórmula frecuente entre las mejores piezas de la historia del jazz y Lena Horne grabó una versión memorable de Stormy Weather.

            Y en verdad que fue tormentoso el tiempo de esta cantante y actriz estadounidense. Bien es cierto que aunque por sus venas corría sangre negra e india -como por las de Jimi Hendrix-, pertenecía a esa elite, a cierta burguesía afroamericana que, si bien segregada de la blanca, ya existía en 1917, cuando Lena vino al mundo en Brooklyn. Sus primeras actuaciones tuvieron lugar en el café Society del Greeneich Village. De ahí pasó a ser corista en el Cotton Club -Lena at Cotton Club es uno de sus discos más celebrados-, también en su Nueva York natal. Como a Louis Armstrong, Duke Ellington y Billie Holiday se obligaba a entrar por la puerta de atrás y nunca como clienta. Los afroamericanos no podían serlo. Si el destino de Lena no fue tan desdichado como el de Billie, fue porque Lena nunca tuvo una experiencia errática con las drogas y el alcohol como Lady Day. Pero en verdad sorprende comprobar las concomitancias que registran las existencias de ambas. Lena también fue una de esas mujeres que padecieron los prejuicios raciales a lo largo de toda su existencia.

            No obstante, jamás quiso que la maquillaran, lo que hubiera podido disimular fácilmente el color de su piel ya que en realidad era mulata, o zamba si nos atenemos al Sistema de castas de la Nueva España. El bueno de Michael Jackson aún estaba por llegar. "Morena, apasionada y bonita", decían las primeras noticias que hablaban de ella como vocalista de la orquesta de Noble Sissle allá por los años 30.

            Se dice que Lena debutó en el cine en Una cabaña en el cielo (Vincente Minnelli, 1943). En realidad lo había hecho cinco años antes en The Duke is Tops, un musical de William L. Nolte en el que incorporaba a Ethel Andrews. Bien es verdad que la de Georgia Brown, la mujer fatal que pierde a Joseph Little Joe Jackson en Una cabaña en el cielo, cinta interpretada únicamente por actores de color y dirigida al público de idénticas características, fue la mejor de sus creaciones. Pero el racismo imperante en aquellos días impidió que su contrato con la Metro pudiera desarrollarse como cabía esperar. Tras un nuevo musical a las órdenes de Andrew L. Stone, Stormy Weather (1943), las protestas de algunos sectores del público blanco comenzaron a hacerse notar.

            Fue entonces cuando los productores intentaron convencerla de que aclarara el color de su piel mediante el maquillaje. Pero Lena siempre se negó con un ahínco mucho mayor. No obstante, en su filmografía hay títulos como Ziegleld Follies (1945) o Hasta que las nubes pasen (1946). Ambas son consideradas como dos obras maestras de Vincente Minnelli, aunque la segunda no fuera firmada por él. Sin embargo, a Lena se le negaron los papeles pensados originalmente para ella en Pinky, dirigida por Elia Kazan en 1949, y en Magnolia (George Sidney, 1951). Lo más curioso es que en ambos casos, hubiera debido dar vida a una negra que pasaba por blanca.

            Además de todo esto, la asociación de la actriz con el actor y cantante Paul Robeston -uno de los incluidos en las listas negras de la inquisición mccarthysta- no hizo más abundar en el fatal estigma que siempre obró sobre ella. Así las cosas, Lena se dedicó con mayor entrega a su actividad como cantante, tanto en su Broadway natal como en Hollywood, donde apareció interpretando su buen jazz en innumerables películas. El único destino -junto al de payasos- que La Meca del cine reservó a los afroamericanos hasta bien entrados los años 60 fue la música. Recuérdese que Hollywood veía a las afroamericanas únicamente como criadas gordas e idiotas y a la esclavitud de forma tan romántica como se presenta en títulos tan abominables como Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, 1939).

            Como a la gran Lady Day, hasta 1942 a Lena se le prohibió alojarse en hoteles para blancos. Pero cuando fue a cantar para las tropas que combatían en la Segunda Guerra Mundial, se negó a hacerlo ante audiencias segregadas. Las noches del Cotton Club ya habían quedado atrás. De su primer matrimonio -Louis Jones (1937-1944)- nació la escritora Gail Buckley, casada con el realizador Sidney Lumet. El segundo marido de Lena, Lennie Hayton, era blanco. Ante las amenazas de muerte que recibían entonces las uniones interraciales, se vieron obligados a casarse en Francia -el exilio por antonomasia de las gentes del jazz- y ocultar durante muchos años una unión que se prolongó entre 1947 y 1971.

            No soy solidario. Pero ha sido un honor escribir sobre esta mujer y sé que se debe a algo más que a mi amor al jazz. I remember Lena Horne.

Publicado el 16 de mayo de 2010 a las 23:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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