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Blog de Javier Memba

El insolidario

Tintín, Hergé y los coches

Archivado en: Cuaderno de lecturas sobre "Tintín, Hergé y los coches"

Foto: Javier Memba

Detalle de mi colección de coches de Tintín.

De idéntica manera que los barcos -el medio de transporte trasatlántico en la juventud de Hergé-, los coches juegan un papel determinante en las aventuras de Tintín. Tanto es así que -aunque aquí se dice que es en la viñeta en que coge la moto de la policía alemana por primera vez-, el tupé se le levanta al Valiente cuando, perseguido por los guardias berlineses en Tintín en el país de los soviéticos, les roba el coche a los agentes (pág. 7, tercera viñeta). En la anterior, cuando se tira del árbol en que se encuentra escondido, su mata de pelo aún luce hacia delante.

Gran amante de los coches -cuando pudo permitírselo se compró todos los que le gustaban-, Hergé trabajó como ilustrador para la edición belga de una revista publicitaria de Ford. De ahí la profusión de automóviles de esta marca. De lectura tan grata como todos los textos tintinófilos, como todas las traducciones de Zendrera Zariquiey cuenta con los ya tradicionales errores de traducción -El caso Tornasol, Serafín Bombilla, los Dupont- a los que aquí hay que añadir los hermanos G. Orrión por los hermanos Pájaro. A la postre no es más que una minucia en una maravilla donde, con un tino asombroso, se habla de algo que ya intuí en mis primeras lecturas de Tintín, los dos ciclos en los que se dividen sus aventuras. El primero de ellos es aquél en el que el infatigable reportero va en busca de aventuras; el segundo -tras un punto de inflexión marcado por El asunto Tornasol- es el doméstico. En él, Tintín se encuentra disfrutando de la paz de Moulinsart cuando la aventura va a buscarle a casa y el periodista se deja llevar por ella a regañadientes.

Aunque sale indemne de los dieciséis accidentes que registran sus álbumes, en cada uno de estos ciclos los coches juegan un papel muy diferente. En el primero son positivos, siempre le ayudan en las persecuciones y demás; en el segundo, negativos. Así se empieza a perfilar en la primera de las invasiones automovilísticas de Moulinsart: última viñeta de la página 13 de El asunto... Lo nefasto del automóvil alcanza su máxima expresión en la última viñeta de Stock de coque, cuando Serafín Latón y su club automovilístico invaden los jardines del castillo rompiéndolo todo.

En una y otra ocasión, los coches de los buenos siempre avanzan de izquierda a derecha, en el sentido de la lectura, para que no haya nada que chirríe; los de los malos, de derecha a izquierda, para que sea justamente todo lo contrario. Estas y otras cuestiones, sobre el papel que juegan los automóviles en los determinados campos de la escena, se explican con sorprendente detalle en el cáp. 4.

Hay entre tanta delicia un apunte que me lleva a reflexionar sobre lo decididamente antialemán -es decir antinazi- que era Hergé: todos los Mercedes son coches de personajes malos. Tanto es así que en los que aparecen en El asunto... el escudo de la fábrica se confunde con los bigotes del mariscal bordurio Plekszy-Gladz. Señala de Choiseul que esta mixtura entre el Mercedes -todo un símbolo de la Alemania capitalista- y Plekszy-Gladz -una caricatura de los tiranos socialistas- es una prueba tan inequívoca del escepticismo de Hergé como la ya proverbial viñeta final de Tintín y los Picaros, con el avión que lleva a nuestros héroes alejándose, que reproduce una miseria idéntica a la que había en la viñeta que se nos mostró cuando llegaban los valientes.

            Un último apunte referido a Andy Jacobs, autor del texto concerniente a las reproducciones de los coches. A buen seguro que el tal Jacobs es algo de Edgar Pierre, el creador de Blake y Mortimer.

Publicado el 13 de octubre de 2010 a las 23:30.

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Comentarios - 3

1 | aless (Web) - 04/11/2010 - 17:56

Dale una mirada a este nuevo Blog sobre tintin....

2 | aless (Web) - 04/11/2010 - 17:57

elsecretodelunicornio.blogspot.com

3 | Javier Memba - 07/11/2010 - 00:03

Muchas gracias. No dudes que lo haré.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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