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Blog de Javier Memba

El insolidario

Alix en Iberia

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Alix, Jacques Martin, El Íbero

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Mientras estuvo operativo, consulté con regularidad un sitio, no oficial pero sí muy fanático, de Alix. En uno de sus menús desplegables, se ofrecía un análisis del personaje a través de las distintas fases de su dibujo. Desgraciadamente, hace ya algún tiempo que se clausuró esta interesante página y no he podido averiguar a qué periodo corresponde el dibujo de El íbero (2007). Es una pena porque las diferencias de la plástica de éste con el resto de los álbumes de la serie leídos hasta ahora, ya sean anteriores o posteriores, son lo primero que he acusado en estas páginas. Y eso que, de entre la siguientes entregas -esta que hoy me ocupa es la vigésimo sexta para ser exactos-, una de las que atesoro es la ulterior, El demonio de Pharos (2008), y el dibujo en ambos es del mismo autor: Christophe Simon.

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Publicado el 28 de octubre de 2022 a las 02:45.

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Alix en Icaria

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, La caída de Ícaro

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Ese retorno a la niñez que conlleva la entrada en la senectud, en lo que a mí respecta, se manifiesta en el afán -por otro lado, nunca perdido- de bande dessinée. Bien es cierto que, desde hace sesenta años, nunca ha dejado de interesarme el cómic belga. Pero, desde que soy un sesentón, busco los álbumes de Jacques Martin y sus discípulos con una avidez mucho mayor que cuando sólo contaba cuarenta inviernos. Perfectamente puedo dedicar un día entero a comprar uno que ofertan en una librería en la otra punta de Madrid.

Maravillado con los acólitos del gran Jacques -vaya evocando el título de la célebre canción de Brel-, he resuelto el problema que tenía con los continuadores de su obra comprendiendo que son auténticos discípulos como Martin lo fue de Hergé, y disfruto con el trabajo de todos ellos. La caída de Ícaro (2001), aún cuenta con un guión de Martin, siendo el dibujo de Rafaël Morales, cuyo trabajo ya me era conocido, por ejemplo, por ¡Oh, Alejandría! (1996).

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Publicado el 23 de septiembre de 2022 a las 04:15.

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Alix en Babilonia

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Alix, Jacques Martin, La torre de Babel

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            Hasta en tres ocasiones he escrito en las últimas semanas sobre la torre de Babel. La primera fue en mi reseña de Metrópolis, el entusiasta elogio de la urbe de Ben Wilson, que tanto he celebrado frente a esa eclosión del sempiterno ruralismo, renovado con la idea de la España vaciada. En sus páginas, Wilson me ha hecho ver el ruralismo de la Biblia, en la que se condena abiertamente a tantas ciudades -Babilonia, Sodoma, Gomorra...- y se nos recuerda que Dios creó al hombre y a la mujer para que se reprodujeran y desperdigasen por todo el mundo, que no para que se agrupasen en ciudades, que siempre son cenáculos del pecado y la blasfemia.

            Hoy mismo he publicado una pieza, sobre la llegada de Eliseo Reclus a Aspinwall, en la que me detenía en cómo la mezcolanza de idiomas, que encontró el geógrafo al tomar tierra en el istmo de Panamá, debió de parecerle esa confusión de las lenguas con la que Yahveh maldijo a los hombres por querer alzar la Torre de Babel hasta el cielo.

            Finalmente, vengo a dar noticia en estas líneas de la lectura de La Torre de Babel (1981), la décimo sexta aventura de Alix y la que más he deseado leer, de las escritas y dibujadas por Martin, de la serie original propiamente dicha. Su primera traducción española data de 2010 y fue dada a la estampa en enero de 2011 por NetCon2 en una edición numerada de un millar de ejemplares. Merced a la gestión de la Biblioteca Ángel González, de mi barrio, y al préstamo de la Biblioteca Municipal de Tres Cantos, he tenido oportunidad de leer el ejemplar 401. Quiero dejar aquí constancia de mi agradecimiento.

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Publicado el 18 de agosto de 2022 a las 04:45.

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Iorix el grande

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, "Iorix el grande"

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            Nada es para siempre. Todo toca a su fin y si hay dos cosas especialmente efímeras, ésas son la gloria y la dicha. Mi dicha de este verano han sido las lecturas de las aventuras de Alix dibujadas por Jacques Martin y en estas líneas vengo a dar cuenta de la última. Aún me resta La torre de Babel, cuya segunda edición aguardo para dar puntual cuenta de ella, y Oh, Alejandría (1996), que compré la primavera pasada creyendo que también era obra de Martin en exclusiva. Empero al hojearlo en esos vistazos previos a la verdadera lectura, he descubierto que el maestro contó con colaboradores. Será que esa ceguera, que según cuentan en las esplendidas misceláneas de estas segundas ediciones acabó por impedirle trabajar en sus últimos años -triste destino para un dibujante de cómics-, ya había empezado a hacer mella en él.

            En cualquier caso, este Iorix el grande (1972) del que hoy vengo a dar noticia, fue la primera entrega que sucedió a esa "época dorada de Alix" y, a todas luces, revalida la bonanza de aquélla. No recuerdo las aventuras que la sucedieron puesto que las leí hace mucho tiempo, en las primeras ediciones de Norma de los años 80, y aún no tomaba notas. No obstante, tengo la sensación de que el nivel se mantiene hasta La cólera del volcán (1978) que, por estar ambientado íntegramente en una isla, se me antoja menos rico en lo que a escenarios se refiere.

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Publicado el 28 de agosto de 2014 a las 16:15.

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El dios salvaje

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, "El dios salvaje"

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            La vida me gusta especialmente cuando no es como la espero. Imaginaba que éste, que ahora se encuentra en su máximo apogeo, habría de ser un verano triste, como lo vienen siendo desde que no visito Formentera la primera quincena de agosto, y sin embargo está siendo muy bonito por un viaje relámpago a Soria, para participar en unos encuentros sobre poesía maldita organizados por Expoesía 07, y la lectura de las aventuras de Alix en la terraza.

            El díos salvaje, el último de estos queridos álbumes de los que vengo dando cuenta, es el que pone punto final a lo que los expertos llaman "La época dorada de Alix". Dicha edad arranca en 1962, cuando comienza la publicación de las primeras entregas de Las legiones perdidas en el semanario Tintín y concluye en 1969, cuando aparecen las últimas de este El dios salvaje en la misma revista.

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Publicado el 14 de agosto de 2014 a las 15:45.

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La tumba etrusca

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, "La tumba etrusca",

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            Las chicas no menudean en mi amado cómic belga. De hecho, sólo alcanzo a recordar a la maravillosa Seccotine, de las entrañables aventuras de Spirou y Fantasio dibujadas por Franquin, y a la no menos adorable Cerecita de Gil Pupila, la gran serie de Maurice Tillieux. Seguro que no es gratis que ambas colecciones pertenezcan a la Escuela de Marcinelle, en principio opuesta a la de Bruselas y su Línea Clara. Que esta última sea mi favorita no significa que la lectura de algunas aventuras de Spirou y Fantasio -La mina y el gorila (1956), El viajero del Mesozoico (1957)- no constituyeran una de las más preciadas glorias de mi feliz infancia. Dicha recuperada en parte en uno de estos veranos que tanto placer encuentro leyendo cómics al sol en la terraza. Fue así como di cuenta del resto de las aventuras de Spirou y Fantasio dibujadas por Franquin, en una edición completa de Ediciones Junior con pie de imprenta 1995, y de dos tomos del integral de Gil Pupila publicados por Planeta De Agostini. Ya atesoraba los cuatro primeros álbumes de este simpático detective, en su primera versión española -creo- de Editorial Casals.

            Vaya esta digresión para dejar constancia de que, aun admirador de la Escuela de Bruselas desde hace cincuenta y dos años, ello no significa que desprecie la de Marcinelle. Antes al contrario, como el gran Hergé -el primer admirador del gran Franquin- también tengo en la más alta estima las delicias de ese otro gran pilar del cómic belga capaz de alumbrar maravillas como las encantadoras Cerecita y Seccotine.

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Publicado el 30 de julio de 2014 a las 23:30.

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La tiara de Oribal

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, "La tiara de Oribal",

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            Si he de ser exacto, anhelé La tiara de Oribal desde marzo de 2012, cuando tuve noticia de su excelencia en 1001 cómics que hay que leer antes de morir (Grijalbo), de Paul Gravett. Sé que fue entonces porque el día treinta de aquel mes, los editores de esta estimable guía coordinada por Gravett tuvieron la gentileza de obsequiármela para mis reseñas. Ávido de toda la obra de Jacques Martin, como lo estoy desde que descubrí a Lefranc -su otro gran personaje- en sus primeras traducciones españolas, dadas a las estampa por Ediciones Junior en los años 80, fue la suya la primera referencia que busqué en la páginas de Gravett y un artículo del inglés David A. Roach me remitió a esta aventura.

            Al punto me puse a buscarla, pero su primera edición en Netcon2 ya estaba agotada. Ha sido recientemente, en la última Feria del Libro de Madrid, donde finalmente he adquirido uno de los primeros ejemplares de la segunda. Pero ya estaba yo metido en la lectura de las aventuras de Alix por estricto orden cronológico y a La tiara de Oribal (1958) no le llegó el turno hasta la semana pasada.

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Publicado el 18 de julio de 2014 a las 10:45.

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La esfinge oro

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, "La esfinge de oro"

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            Las primeras aventuras de Alix, que bien pueden ser llamadas las de viñeta pequeña, destacan por la complejidad de sus asuntos. Su grafía aún está en formación y, como ya observé en las notas correspondientes a Alix el intrépido, todavía carecen de la perfección de las de las últimas entregas. A cambio, sus tramas son tan complejas -si cabe más que las de dibujo perfecto- que atrapan al lector con el mismo magnetismo que esas entregas posteriores de grafías mucho más conseguidas. A mi entender, dicha proliferación de asuntos en el argumento principal -como también creo haber apuntado en alguna de las notas anteriores- se debe a su concepción como entregas semanales para la revista Tintín. Tanta capacidad de trabajo, comparable a la del gran Hergé y Bob de Moor, me lleva a pensar que Jacques Martin también fue un stajanovista. Si acaso, a excepción de gran Edgar P. Jacobs, lo fueron todos los primeros discípulos del gran Hergé.

            Ambientada en las postrimerías de esa batalla de Alesia que es una de las referencias fundamentales de la colección, la primera trama de La esfinge de oro queda en el conjunto del álbum como una especie de prólogo que no tiene nada que ver con la aventura posterior. Con el correr de los años, ya en 1985, en Vercingétorix, Martin desarrollaría lo mostrado en esas primeras viñetas fechadas en 1949. Si este dibujante hubiera revisado sus álbumes, tal fue el caso de Hergé cuando en la posguerra se le impidió publicar acusado de haberlo hecho durante la ocupación, es muy probable que todo ese prólogo -el rescate de Vanik por parte de su primo Alix, favor que le será devuelto por Vanik a nuestro paladín en la espléndida Las legiones perdidas-, se hubiese suprimido. Pero ahí está.

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Publicado el 7 de julio de 2014 a las 21:15.

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El último espartano

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, "El último espartano"

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            Hergé supo inculcar el didactismo de las aventuras de Tintín, que tuvo su máxima expresión en los documentadísimos viajes del periodista, a sus discípulos. De ahí que Alix, el gran personaje de Jacques Martin -el más pródigo en creaciones de los discípulos de Hergé-, fuese tan viajero o más que el infatigable reportero de Le Petit Vingtième. Sin embargo, acaso sean los de Alix los viajes más célebres de toda la Línea Clara. Objeto de una serie independiente, en España se editaron algunas entregas con el sello de Glenat en los años 2000. Hojeé los primeros de aquellos álbumes con un interés que perdí al comprobar que no eran cómics sino esos libros de viajes que el lema de la colección indicaba de forma inequívoca.

            Mi anhelo era adentrarme en el universo de Alix a través de las aventuras del personaje y ahora, tras una espera digna de Penélope de la que ya he dado noticia en esta bitácora, al fin lo estoy haciendo. En la última edición de la feria del libro he tenido oportunidad de comprar las siete entregas originales de Jacques Martin que me faltaban y a la espera de La torre de Babel -la única que aún me resta-, ya auguro en ellas mis lecturas más felices de este verano. Recientes aún las de El caballo de Troya y El niño griego, una de las cosas que más me llaman la atención de esos viajes de Alix es la frecuencia con que éstos le llevan a los restos de la antigua Hélade. Creo entender que la fijación de Martin con dicho lugar y dicho tiempo -habrá que recordar que Orión, allí ambientada, es otra de sus series más personales- es consecuencia de la trascendencia que esa antigua Grecia tuvo en el Imperio Romano, de cuya peripecia Alix es partícipe.

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Publicado el 24 de junio de 2014 a las 13:00.

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Alix vuelve a Grecia

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Jacques Martin, Alix, "El caballo de Troya"

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            Otra de las muchas cosas que me maravillan de las aventuras de Alix es la frecuencia con que Jacques Martin alude en ellas a los mitos de la antigüedad. En este sentido, puede perfectamente compararse con Robert Graves. Al menos, yo acabó de leer El caballo de Troya con la misma satisfacción que hace treinta años leía El vellocino de oro, La hija de Homero, Rey Jesús y el resto de las novelas grecolatinas -si se me permite la expresión- de Graves en aquellas espléndidas ediciones que ponía a la venta Edhasa.

            Aunque se tienda a asociar todos los mitos de la antigüedad clásica en una misma época, lo cierto es que la guerra de Troya, en cuyo final se enmarca el episodio del caballo, dista más de un milenio del siglo I a de C. que sirve de telón de fondo a las aventuras de Alix. Puesto a salvar semejante anacronismo, el gran Jacques Martin inventa una conjura integrada por los descendientes de los troyanos. Se han unido a fin de destruir el para ellos nefasto caballo, que ahora, más de mil años después de llevar la destrucción a Troya, se venera en un templo de Priene.

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Publicado el 13 de mayo de 2014 a las 17:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Actualmente lo es en Zenda Libros. Estudioso del cine antiguo, en todos los medios donde ha publicado sus cientos de piezas ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


 

          

 

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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Nuevos momentos estelares de la humanidad

Chicas yeyés

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

El hombre al que gustaba odiar

El gran amor de John Wayne

Iván Zulueta, arrebatado por una imagen efímera

Agnès Varda, entre el feminismo y la memoria

La reina olvidada del noir de los 40

Judy Garland al final del camino de adoquines amarillos

Jonas Mekas, el catalizador del cine independiente estadounidense

El gran Edgar G. Ulmer

La última flapper; la primera it girl

El estigmatizado por Stalin

La controvertida Egeria del Führer

El gran Tod Browning

Una chica de ayer

El niño que perdió su tren eléctrico

La primera chica de Éric Rohmer

El último cadáver bonito

La exnovia de James Dean que no quiso cumplir 40 años

Don Luis Buñuel, "ateo gracias a Dios"

La estrella cuyo fulgor se extinguió en sus depresiones

El gran cara de palo

Sylvia Kristel más allá de Emmanuelle

Roscoe Arbuckle, cuando se acabaron las risas

Laura Antonelli, la reina del softcore que perdió la razón

Nicholas Ray, que nunca volvió a casa

El vuelo más bajo de la princesa Leia Organa

Eloy de la Iglesia y el cine quinqui

Entiérralo con sus botas, su cartuchera y su revólver

La chica sin suerte

Bela Lugosi y la sombría majestuosidad de Drácula

La estrella de triste suerte

La desmesura de Jacques Rivette

Françoise Dorléac

Klaus el loco

Una hippie de los 70

Jean Esustache, entre la Nouvelle Vague y el ascetismo

Nadiuska, un juguete roto

Thea von Harbou

Jesús Franco

David Cronenberg

Sharon Tate, como en un cuento de Sheridan Le Fanu

Un guionista sediento

La reina del fantaterror patrio

Dalton Trumbo y los diez de Hollywood

La primera chica que arrojó una tarta 

El desdichado Hércules contemporáneo

En la tradición familiar

El músico del realismo poético

Otro tributo a la gran Patty Shepard

Elmer Modlin y su extraña familia

Las coproducciones internacionales rodadas en España

Marilyn Monrore y su desesperado último gesto

Un amor más poderosos que la vida

El actor atrapado en sus personajes

Entre el fantasma de su madre y el final del musical

Barbet Schroeder

Amparo Muñoz

Samuel Bronston más alla de Las Rozas

Chantal Akerman

Françoise Hardy 

Un antiguo dogmático

Jane Birkin

Anna Karina, su turbulento amor y el Madison

Sandie Shaw, ya con calzado

El gran Serge Gainsbourg

Entre la niña prodigio y la mujer concienciada

La intérprete de Shakespeare que inspiró a The Rolling Stones

La maleta del capitán Wajda

Val Lewton y su dramatización de la psicología del miedo

La alimaña de Whitechapel

Cristina Galbó

La caravana Donner

Eddie Constantine

Un nuevo curso del tiempo

Rosenda Monteros

Una criatura de la noche

Una carta a Nicolás I

Edison y el 35 mm

Barbara Steele

El felón Esquieu de Floyran acaba con los templarios

Entre Lovecraft y Hitchcock

Tchang Tchong Yen recuerda a Hergé

La musa del ciberpunk

Néstor Majnó

Una leyenda del Madrid finisecular

El rey de la serie B

La primera cosmonauta soviética

Cuando la injuria sucede a la fatalidad

Bajo Ulloa y sus cuentos crueles

La cicerone de los Stones en el infierno 

Nace Toulouse-Lautrec

El París del Charlestón se rinde a Josephine Baker

Nastassja Kinski, la dulce hija del ogro

Un tributo a Sam Peckinpah

La leyenda del London Calling

Fiódor Dostoievski frente al pelotón de fusilamiento

Mi alucinada favorita

El hombre de las mil caras

El 7º de Caballería pierde la gloria

Un recuerdo de Silke

El genocidio camboyano

Peter Bogdanovich

Guy Debord y la sociedad del espectáculo

Un héroe de Iwo Jima 

Lupe Vélez tras el último tequila sunrise

El general Lee

Roman Polanski

Un hampón italoamericano

Jane Fonda en su juventud

Kraken en la Cuesta de Moyano

Josef von Sternberg

The Beatles en The Carvern y en el show de Ed Sullivan

Que la tierra le sea leve a Douglas Trumbull

El último superviviente del hampa de Chicago

Inma de Santis

El Álamo

Una musa insumisa

El malvado Zaroff y un elogio a las revistas pulp

Miles Davis

Un polaco y el amour fou

La Legión extranjera como género literario

Conchita Montenegro

Peter Lorre y su cara de villano

El juez de la horca

Syd Barrett

Kathleen Turner

Una caricatura de la hombría

Eric Clapton

Helga Liné

Butch Cassidy

Carlos Arévalo, un cineasta español

Nace el último bohemio

Pascual García Arano

María Perschy

El Combray de Ingmar Bergman

Carlos Castaneda

Una canción de Neil Young

Un suicida dandi

Hedy Lamarr

Nace la academia

Philip K. Dick y sus realidades bastardas

La última mujer fatal

Andréi Tarkovski, otro maldito por la censura soviética

Nace la música de la New Age

"Wie einst" Lili Marleen

Una lectura de Byron en Villa Diodati

Un apostol de la sedición juvenil

Ava en mi ciudad

Rider Haggard

Una entrada para la "Historia universal de la infamia"

La Marguerite Duras cineasta

Gallardo y calavera

El hombre que vendió su alma a Elizabeth Taylor

El crímen de Charlotte Corday

Un elogio entusiasta de la urbe

Un ángel caído

Mary Bradbury teme por su vida

Pierre Étaix y su triste gracia

El mejor verano de los Rolling

María Rosa Salgado y su conmovedora discrección

La valentía de Ramón Acín

Sylvie Vartan

La cruz de Malta de Wim Wenders

La epifanía de Louis Daguerre

Carroll Baker

Marie Laforêt y mi amigo Eloy

Eliseo Reclus atisba su quimera

Patty Pravo

Richard Pryor contra sí mismo

Miroslava, una actriz marcada por la fatalidad

France Gall y el doble sentido

Robert Bresson y el cine puro

La gesta de Alekséi Stajánov

Nace el Rimbaud del Rock & Roll seminal

Dominique Dunne, una filmografía que se quedó en el aire

Un actor vampirizado por un personaje

Tolkien publica El Hobbit

La segunda musa de Godard

John Dos Passos entra en la eternidad

Alain Resnais, el cine de la memoria

Una musa del filme noir

El cadáver de Nancy Spungen en el Chelsea Hotel

La historia de Bobby Driscoll

Un icono del feminismo

Recordando a Tina Aumont

Colgaron a Gilles de Rais

Dario Argento

Nico en el cine

Dylan Thomas en su último trance

Brigitte Helm

Un punkie en la Disney 

Nace Billy el Niño

The Wall

Tennessee Williams

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

El cine negro español en Zenda Libros

Tres películas para el confinamiento en De Cine 21

 

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