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Blog de Javier Memba

El insolidario

Que la tierra le sea leve a Bertrand Tavernier

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            Acuso con tristeza la noticia del óbito de Bertrand Tavernier porque tengo su cine en alta estima y porque abunda en la muerte de esa cartelera que, de un tiempo a esta parte, añoro como cualquier anciano -supongo- ha de echar de menos el que fue el mayor placer de su existencia al comprender que aquella delicia ha llegado a su fin. Me abruma pensar que acaso estén contadas las veces que he de volver a sentarme en la fila "uno", mi favorita desde que dejé de ser un espectador aplicado para convertirme en ese cinéfilo, que no soporta la presencia de nadie entre la pantalla y él, que soy ahora; me entristece calcular que es fácil que no vuelva a ir a esa Filmoteca Española, que tanto amé; no quiero suponer que es muy probable que a los megaplex como mi queridísimo Kinépolis, donde siempre es un placer dar cuenta de esas cintas comerciales en 3D que todas las temporadas aún me llaman la atención, acabe corriendo la misma suerte que los multiplex del circuito de la versión original.

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Publicado el 26 de marzo de 2021 a las 07:45.

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Veinticinco años sin Krzysztof Kieslowski

Archivado en: Inéditos cine, Krzysztof Kieslowski, cine polaco

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            El pasado día trece se cumplió un cuarto de siglo de la prematura muerte del gran Krzysztof Kieslowski y el próximo veintisiete de junio se conmemorará el ochenta aniversario de su nacimiento. Estamos, pues, en el año de ese epígono, que fue Kieslowski, de ese glorioso plantel de cineastas polacos de los años 60 -Jerzy Kawalerowicz, Krzysztof Zanussi, Jerzy Skolimowski, Wojciech Has, Andrzej Munk...-, pléyade que tuvo en Andrzej Wajda a su heraldo y en el primer Polanski a su más celebrado representante en la cartelera internacional.

            Hace ya algún tiempo, en la presentación de un ciclo que por los años 10 recorrió las filmotecas de medio mundo, Martin Scorsese -copilador de aquel repertorio y doctor honoris causa por la Escuela Nacional de Cine, Televisión y Teatro en Lodz, la prestigiosa academia en la que se formaron la práctica totalidad de sus colegas polacos-, afirmó que ese nuevo cine, que alumbró Polonia en los años 60, merece un papel en la historia de la pantalla tan destacado como el de la Nouvelle Vague o el Neorrealismo Italiano. Yo no me canso de alabar su acierto desde que lo escuché. Eso sí, me permitiré añadir a un par de epígonos. Ya en los 70 y 80, mi dilecto Andrzej Zulawski y, un poco después, el gran Kieslowski, que hoy me trae, como brillante colofón.

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Publicado el 20 de marzo de 2021 a las 08:00.

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Unos apuntes sobre el Free Cinema inglés

Archivado en: Inéditos cine, Free Cinema

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            Merced a una estancia en París en julio de 1980 que me maravilló hasta el punto de hacerme caer rendido ante la cultura francesa, la piedra angular de mi cinefilia ha sido el estudio entusiasta, para su posterior exaltación, de la Nouvelle Vague. He prestado tanta atención a aquellos cineastas galos que apenas he atendido a sus homólogos del otro lado del Canal de La Mancha: el Free Cinema inglés. Ciertamente, ya en los albores de mi gran pasión, recuerdo haber dado cuenta de If (Lindsay Anderson, 1968), la última cinta de aquel repertorio británico, en una de las emisiones de La Clave, el legendario espacio televisivo de José Luis Balbín. E incluso antes, allá por el año 74, cuando tan sólo era un mero espectador, en base a una pasión anterior a la del cine, la que me inspiraba el rock, vi por primera vez, en otra emisión televisiva, Qué noche la de aquel día (1964). Aunque es obra del norteamericano Richard Lester, algunos comentaristas la incluyen en la nómina del Free Cinema y a mí me parece acertado. De hecho, el El Knac... y como conseguirlo, la excelente y estimulante cinta que Lester estrenó en el 65 y yo vi veinte años después por primera vez, es uno de los títulos canónicos tanto del repertorio del Free Cinema como del Swinging London.

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Publicado el 22 de enero de 2021 a las 13:45.

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Que la tierra le sea leve a Barbara Shelley

Archivado en: Inéditos cine, Barbara Shelley, fantastique británico

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            Acusado el óbito de Barbara Shelley -fue una de las ochocientas treinta víctimas que se llevó el Covid-19 el pasado día cuatro en el Reino Unido-, cumple recordarla mediado el amado siglo XX, antes de convertirse en una de las grandes damas de la Hammer, antes de presidir el panteón de la casa junto a Hazel Court, Dawn Addams e Ingrid Pitt. En fin, aquellas a las que ningún amante del cine de miedo menoscabaría recordándolas como meras hammerettes.

            Pues bien, antes de acceder al parnaso del estudio del que manaba sangre, la gran Barbara (Londres, 1933) trabajó como modelo en Italia. Pero fue en su país donde llevó a cabo su primera creación cinematográfica, ya para la Hammer y a las órdenes del más destacado de sus maestros: Terence Fisher. Se trata de un personaje secundario en Mantrap (1953), el segundo de los subyugantes thrillers que el entrañable Fisher rodó a la mayor gloria de Paul Henreid. En sus secuencias, la encantadora Barbara incorporaba a una comentarista de desfiles de moda. El avatar no era baladí. Un par de años antes, siguiendo un consejo de su profesora de interpretación ante la preocupante timidez de su pupila, la propia Barbara se había desempeñado como maniquí.

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Publicado el 6 de enero de 2021 a las 04:15.

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Que la tierra le sea leve a Kim Ki-duk

Archivado en: Inéditos cine, Kim Ki-duk, cine asiático

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            Puedo jactarme de haberme entusiasmado con el cine surcoreano, así, en su conjunto, mucho antes del éxito que conoció en la cartelera internacional Parásitos (Bong Joon Ho, 2019) la temporada pasada. Aunque tampoco fui de los primeros en rendirme a la que, a mi juicio, en líneas generales, hoy por hoy, es la filmografía prominente del panorama internacional.

            El propio Bong Joon Ho fue uno de los realizadores que me descubrieron la excelencia del cine de su país en cintas como Perro ladrador, poco mordedor (2000), Crónica de un asesino en serie (2003), The Host (2006), Mother (2009) o Snowpiercer (2013). Tengo a The Host como a una de las mejores películas de terror que ha dado el siglo XXI. Crónica de un asesino en serie y Mother son otro tanto en lo que al policiaco se refiere.

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Publicado el 17 de diciembre de 2020 a las 05:45.

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Algunas adaptaciones de Lovecraft (y II)

Archivado en: Inéditos cine, Lovecraft

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(Viene de la entrada anterior)

            Empero su prematura muerte con tan sólo cincuenta años, Rod Serling tuvo tiempo de ser uno de los más grandes creadores de teleseries fantásticas que han pasado por la antena. Suele recordársele como el productor, a menudo guionista y siempre anfitrión, puesto que él presentaba cada nueva entrega con independencia de lo contado en ella, de La dimensión desconocida (1959-1964), Pero también escribió -o participó en su redacción- los libretos de películas tan sobresalientes como Asalto al Queen Mary (1966), una espléndida aventura dirigida por Jack Donohue en la que yo, siendo un niño de ocho o nueve primaveras, quedé prendado para siempre de Virna Lisi. Un par de años antes el gran Serling había escrito para John Frankenheimer el guión de Siete días de mayo -sobre un supuesto golpe de estado en Estados Unidos- que, junto a El mensajero del miedo (1962), constituye el brillante díptico de política ficción de este gran cineasta.

            Sin embargo, no hay duda de que el libreto más conocido de los que Serling brindó al cine fue el de El planeta de los simios (Franklin J. Schaffner, 1967), coescrito junto a Michael Wilson sobre la novela de Pierre Boulle, el merecido prestigio que le procuró aquel trabajo terminó de convertirle en un mito, ya en vida, de la fantasía en las dos pantallas.

            Así de bien estaban las cosas cuando volvió a la pequeña y puso en marcha Galería nocturna. Fue en 1969 y la fórmula volvía a ser la misma que en La dimensión desconocida. Eso sí, en esta ocasión estaba producida por Jack Laird para la Universal. El maestro de la antena fantástica ejercía de anfitrión. Pero esta vez, siempre estaba en una galería de arte donde se mostraban los óleos del arquitecto Tom Wright. Dichas telas servían de disculpa para introducir de dos a cuatro historias macabras unidas entre sí por las palabras preliminares de Serling.

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Publicado el 20 de noviembre de 2020 a las 04:00.

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Algunas adaptaciones de Lovecraft (I)

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            Como ya vine a apuntar hará ahora un año, sigo prefiriendo El monte de las ánimas (1861), la célebre leyenda de Bécquer, a eso del truco o trato. Sigo siendo más de la Noche de los difuntos que de Halloween, celebración que cada vez me parece más espuria. Pero no sólo a las tradiciones españolas, también al culto a los muertos, a ese magnetismo que ejercen sobre quienes amamos los cuentos de miedo, al placer que nos procura la inquietud y el resto de las sombras a las que parece aludir esta desafortunada muestra del imperialismo cultural estadounidense.

            Particularmente, ahora, que como diría Luis Cernuda, las sombras van pesando más que los cuerpos, honro a mis muertos todos los días del año. Pero en la memoria, donde los tengo como ejemplo. Por lo demás, como huesos de santo el primero de noviembre y Halloween se reduce a una disculpa para escribir sobre películas fantásticas, preferentemente de miedo.

            Este verano, cuando las salas de cine volvieron a abrirse, asistí a una proyección de El color que cayó del cielo (2019), la adaptación de Richard Stanley de The Colour Out of Space, el célebre relato de Lovecraft publicado en Amazing Stories en septiembre de 1927 sobre el meteorito caído en las afueras de Arkham que libera una extraña entidad. Desde entonces vengo dándole vueltas a las películas basadas en las obras del outsider de Providence y empiezo a sacar algunas conclusiones. Lo primero que me llama la atención es el aplauso que han despertado entre algunos sectores del público -de la crítica no tanto- las abominaciones perpetradas por Stuart Gordon en la saga Re-Animator (1985), sobre Herbert West: reanimador (1922). Prolongada en La novia de Re-Animator (1990) y Beyond Re-Animator (2003), ambas de Brian Yuzna, a veces el productor, otras el acólito de Gordon, todo en esta serie de barbaridades es execrable.

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Publicado el 3 de noviembre de 2020 a las 04:15.

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Nuevos apuntes sobre la cartelera perdida

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            Tras una agonía de casi cuarenta años, parece que con el coronavirus la exhibición cinematográfica a la antigua usanza -eso que otrora se decía "ir al cine"- va a quedar definitivamente finiquitada. Puesto a echar las cuentas del balance final, y sin querer caer en la ya manida sensiblería de Giuseppe Tornatore y su Cinema Paradiso (1988), debo reconocer que a esa vieja costumbre de ir al cine le ha ocurrido como a los amores perdidos, cuyo recuerdo siempre es más duradero que el sentimiento en sí. Resulta que he estado más tiempo evocando aquel placer antiguo que practicándolo. Ir al cine como se iba antes -cuando mi madre compraba en el quiosco una pequeña guía impresa en papel de periódico llamada Cartelera, consultaba en sus páginas la programación de las casi dos mil salas que había en el Madrid de hace medio siglo, elegía un título e íbamos a ver la cinta- dejó de estilarse a finales de los 70. Yo diría que fue cuando la Guía del ocio sustituyó a aquella queridísima Cartelera y las salas de reestreno en programa doble y sesión continua, al amparo del fin de la censura, empezaron a programar filmes de destape y otras procacidades -desde violencia extrema, hasta alusiones religiosas y políticas-, que acabaron por echar a su público natural -las familias- de aquellas sesiones. Un lustro todo lo más, pero aún faltaban unos años para que el video se popularizase y los cines de barrio comenzasen a cerrarse a mansalva, marcando así el principio del fin de esa exhibición cinematográfica.

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Publicado el 2 de octubre de 2020 a las 02:15.

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Que la tierra sea leve a Diana Rigg

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            Ciertamente. De las dos pantallas, la de Diana Rigg fue la pequeña. Pero recordarla como a la Olena Tyrell de Juego de Tronos (2013-2017) tras la noticia de su fallecimiento es menoscabarla. No sólo porque es evocar como a una actriz secundaria a una interprete protagonista de una serie paradigmática de la televisión de los años 60. La infamia es aún mayor porque Emma Peel, la chica de Los vengadores (1965-1968), el personaje por el que en verdad cumple rememorarla, fue una de las grandes musas del Swinging London. Tanto como pudieran serlo Twiggy, Marianne Faithfull o la maravillosa Pattie Boyd.

            No es menos cierto que, siendo desde que se la recuerda una shakespeariana de pro -debutó en la antena dentro de una adaptación de El sueño de una noche de verano realizada por Peter Hall en 1959- siempre marcó cierta distancia con el resto de las musas de aquel Londres que irradiaba a todo el Occidente cristiano música, jovialidad y juventud. Las otras, o eran modelos o provenían del backstage del rock. Aunque el esplendor de todas ellas iluminaba desde Carnaby Street hasta King's Road, a Diana solo podía vérsela incorporando a Emma Peel. Es más, de las distintas intérpretes que acompañaron a Patrick McNee (John Steed) en aquella singular pareja catódica de agentes secretos -Honor Blackman (Cathy Gale), Julie Stevens (Venus Smith), Linda Thorson (Tara King)-, la que hizo historia fue Diana Rigg.

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Publicado el 10 de septiembre de 2020 a las 21:00.

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Dos cintas de Javier Aguirre

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            Coincidí a menudo con el realizador Javier Aguirre en mis últimas tardes en la Filmoteca. Los dos nos sentábamos en la primera fila y asistimos a muchas proyecciones en las que apenas nos separaban un par de butacas, esas que a los misántropos nos gusta dejar siempre para no tener nunca a nadie cerca. Bien es cierto que no le conocí lo suficiente como para dar por sentada su misantropía -supongo que la mía será harto sabida para el lector de esta bitácora-, pero ese detalle por su parte le delataba. Lo llevaba tan a rajatabla que incluso cuando acudía a la sesión junto a su esposa, la actriz Esperanza Roy, ella se sentaba en otra fila.

            Era mentira eso que decía un profesor de guión que tuve hace cuarenta años acerca de que el cine es un espectáculo colectivo, que las comedias, si no oyes cómo se ríen los de al lado, hacen menos gracia. El cine fue un espectáculo colectivo, de eso no hay duda. Pero desde que las pantallas domésticas, privadas, se han impuesto sobre las públicas en el favor de los espectadores, el cine, ver una película por mejor decir, está empezando a ser un placer tan privado como la lectura. Es una pena, pero lo cierto es que la reapertura de las salas tras el confinamiento ha sido un fracaso absoluto. La recaudación no deja lugar a dudas: sólo un seis por ciento de lo que fue la taquilla del año pasado en estas mismas fechas.

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Publicado el 20 de julio de 2020 a las 18:15.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Actualmente lo es en Zenda Libros. Estudioso del cine antiguo, en todos los medios donde ha publicado sus cientos de piezas ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


 

          

 

Miniatura no disponible

 

Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Nuevos momentos estelares de la humanidad

Chicas yeyés

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

El hombre al que gustaba odiar

El gran amor de John Wayne

Iván Zulueta, arrebatado por una imagen efímera

Agnès Varda, entre el feminismo y la memoria

La reina olvidada del noir de los 40

Judy Garland al final del camino de adoquines amarillos

Jonas Mekas, el catalizador del cine independiente estadounidense

El gran Edgar G. Ulmer

La última flapper; la primera it girl

El estigmatizado por Stalin

La controvertida Egeria del Führer

El gran Tod Browning

Una chica de ayer

El niño que perdió su tren eléctrico

La primera chica de Éric Rohmer

El último cadáver bonito

La exnovia de James Dean que no quiso cumplir 40 años

Don Luis Buñuel, "ateo gracias a Dios"

La estrella cuyo fulgor se extinguió en sus depresiones

El gran cara de palo

Sylvia Kristel más allá de Emmanuelle

Roscoe Arbuckle, cuando se acabaron las risas

Laura Antonelli, la reina del softcore que perdió la razón

Nicholas Ray, que nunca volvió a casa

El vuelo más bajo de la princesa Leia Organa

Eloy de la Iglesia y el cine quinqui

Entiérralo con sus botas, su cartuchera y su revólver

La chica sin suerte

Bela Lugosi y la sombría majestuosidad de Drácula

La estrella de triste suerte

La desmesura de Jacques Rivette

Françoise Dorléac

Klaus el loco

Una hippie de los 70

Jean Esustache, entre la Nouvelle Vague y el ascetismo

Nadiuska, un juguete roto

Thea von Harbou

Jesús Franco

David Cronenberg

Sharon Tate, como en un cuento de Sheridan Le Fanu

Un guionista sediento

La reina del fantaterror patrio

Dalton Trumbo y los diez de Hollywood

La primera chica que arrojó una tarta 

El desdichado Hércules contemporáneo

En la tradición familiar

El músico del realismo poético

Otro tributo a la gran Patty Shepard

Elmer Modlin y su extraña familia

Las coproducciones internacionales rodadas en España

Marilyn Monrore y su desesperado último gesto

Un amor más poderosos que la vida

El actor atrapado en sus personajes

Entre el fantasma de su madre y el final del musical

Barbet Schroeder

Amparo Muñoz

Samuel Bronston más alla de Las Rozas

Chantal Akerman

Françoise Hardy 

Un antiguo dogmático

Jane Birkin

Anna Karina, su turbulento amor y el Madison

Sandie Shaw, ya con calzado

El gran Serge Gainsbourg

Entre la niña prodigio y la mujer concienciada

La intérprete de Shakespeare que inspiró a The Rolling Stones

La maleta del capitán Wajda

Val Lewton y su dramatización de la psicología del miedo

La alimaña de Whitechapel

Cristina Galbó

La caravana Donner

Eddie Constantine

Un nuevo curso del tiempo

Rosenda Monteros

Una criatura de la noche

Una carta a Nicolás I

Edison y el 35 mm

Barbara Steele

El felón Esquieu de Floyran acaba con los templarios

Entre Lovecraft y Hitchcock

Tchang Tchong Yen recuerda a Hergé

La musa del ciberpunk

Néstor Majnó

Una leyenda del Madrid finisecular

El rey de la serie B

La primera cosmonauta soviética

Cuando la injuria sucede a la fatalidad

Bajo Ulloa y sus cuentos crueles

La cicerone de los Stones en el infierno 

Nace Toulouse-Lautrec

El París del Charlestón se rinde a Josephine Baker

Nastassja Kinski, la dulce hija del ogro

Un tributo a Sam Peckinpah

La leyenda del London Calling

Fiódor Dostoievski frente al pelotón de fusilamiento

Mi alucinada favorita

El hombre de las mil caras

El 7º de Caballería pierde la gloria

Un recuerdo de Silke

El genocidio camboyano

Peter Bogdanovich

Guy Debord y la sociedad del espectáculo

Un héroe de Iwo Jima 

Lupe Vélez tras el último tequila sunrise

El general Lee

Roman Polanski

Un hampón italoamericano

Jane Fonda en su juventud

Kraken en la Cuesta de Moyano

Josef von Sternberg

The Beatles en The Carvern y en el show de Ed Sullivan

Que la tierra le sea leve a Douglas Trumbull

El último superviviente del hampa de Chicago

Inma de Santis

El Álamo

Una musa insumisa

El malvado Zaroff y un elogio a las revistas pulp

Miles Davis

Un polaco y el amour fou

La Legión extranjera como género literario

Conchita Montenegro

Peter Lorre y su cara de villano

El juez de la horca

Syd Barrett

Kathleen Turner

Una caricatura de la hombría

Eric Clapton

Helga Liné

Butch Cassidy

Carlos Arévalo, un cineasta español

Nace el último bohemio

Pascual García Arano

María Perschy

El Combray de Ingmar Bergman

Carlos Castaneda

Una canción de Neil Young

Un suicida dandi

Hedy Lamarr

Nace la academia

Philip K. Dick y sus realidades bastardas

La última mujer fatal

Andréi Tarkovski, otro maldito por la censura soviética

Nace la música de la New Age

"Wie einst" Lili Marleen

Una lectura de Byron en Villa Diodati

Un apostol de la sedición juvenil

Ava en mi ciudad

Rider Haggard

Una entrada para la "Historia universal de la infamia"

La Marguerite Duras cineasta

Gallardo y calavera

El hombre que vendió su alma a Elizabeth Taylor

El crímen de Charlotte Corday

Un elogio entusiasta de la urbe

Un ángel caído

Mary Bradbury teme por su vida

Pierre Étaix y su triste gracia

El mejor verano de los Rolling

María Rosa Salgado y su conmovedora discrección

La valentía de Ramón Acín

Sylvie Vartan

La cruz de Malta de Wim Wenders

La epifanía de Louis Daguerre

Carroll Baker

Marie Laforêt y mi amigo Eloy

Eliseo Reclus atisba su quimera

Patty Pravo

Richard Pryor contra sí mismo

Miroslava, una actriz marcada por la fatalidad

France Gall y el doble sentido

Robert Bresson y el cine puro

La gesta de Alekséi Stajánov

Nace el Rimbaud del Rock & Roll seminal

Dominique Dunne, una filmografía que se quedó en el aire

Un actor vampirizado por un personaje

Tolkien publica El Hobbit

La segunda musa de Godard

John Dos Passos entra en la eternidad

Alain Resnais, el cine de la memoria

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

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