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Blog de Javier Memba

El insolidario

El último Capote

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "Plegarias atendidas"

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            Tras concluir Plegarias atendidas, puedo jactarme de otra cosa que no sirve para nada: haber leído toda la narrativa de Truman Capote. Sí acaso, puedo afirmar con conocimiento de causa que Plegarias atendidas, la célebre novela inacabada de uno de los maestros indiscutibles e indiscutidos de la literatura norteamericana del siglo XX, no está a la altura -ni de lejos- de sus grandes títulos. A mi juicio, éstos son Desayuno en Tiffany's (1958) y A sangre fría (1965). Plegarías atendidas es un mito y, como tantos mitos, una vez conocido, se desmorona.

            Es sabido que en sus páginas Capote quiso hacer la crónica de ese gran mundo que le encumbró, como sólo lo hace la alta sociedad con sus autores y artistas favoritos, tal que Proust fue a hacer la crónica de su tiempo perdido. Pero lo que en el francés es sincera nostalgia o admiración por el mundo de los duques de Guermantes, en Capote es insidia y un afán de escandalizar que no se entiende en un escritor tan celebrado como él. Máxime si se considera que lo que está aireando son las intimidades de ese gran mundo que le adoraba. Por eso precisamente se abrió a él. De hecho, cuando el tercer capítulo, La Côte Basque, apareció publicado en el número de noviembre de 1975 de la revista Esquire, la mayor parte de los que ensalzaban a este gran autor -empezando por Jacqueline Onassis- dejaron de dirigirle la palabra. Capote entonces resultó ser mucho menos cínico de lo que parecía.

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Publicado el 14 de marzo de 2015 a las 17:45.

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La Casa de la Cruz y otras historias góticas

Archivado en: Cuaderno de lecturas, "La Casa de la Cruz y otras historias góticas" de Emilio Carrere

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(Como tantos de sus lectores actuales, descubrí a Emilio Carrere merced a la adaptación de La torre de los siete jorobados (1944) de Edgar Neville. Sus visiones mi amada ciudad en tiempos pretéritos me cautivaron desde sus primeras narraciones. De las reunidas bajo el título de La Casa de Cruz y otras historias góticas di cuenta en Formentera en agosto de 2009. Una vez más, lo que sigue son las notas que tomé entonces).

La leyenda de San Plácido, que Carrere noveliza en la primera de las narraciones aquí reunidas, está ambientada en el Madrid del siglo XVII. El Santo Oficio, que tiene sus cárceles en la calle de Leganitos, aún campa a sus anchas. Maese Blas de Toledo es un "hábil tañedor de flauta". Interpreta sus melodías desde el tejado de su casa para temor de los vecinos de la calle de La Luna y aledaños, quienes confunden su silbo con un canto del Diablo. Sus músicas le hacen pasar por un brujo. En realidad, lo que persiguen es distraer la atención del vecindario. Pues cuando suena la flauta del falso nigromante se producen las visitas, nocturnas y furtivas, que un misterioso admirador de la novicia Margarita hace al convento de San Plácido al que alude el título.

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Publicado el 19 de febrero de 2015 a las 13:45.

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El horror de Dunwich

Archivado en: Cuaderno de lecturas, "El horror de Dunwich", de H. P. Lovecraft

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                                     "Tras un prólogo tan interesante como el de Los mitos de Cthulhu, aunque antes de empezarlo fuera el motivo de que postergara la lectura de este libro hasta el último momento, los relatos en él reunidos han sido los que más me han satisfecho de todo lo leído en mi tercer encuentro con la obra de Lovecraft", apunté al comienzo de mis notas referidas a El horror de Dunwich tras su lectura, en marzo del 99.

                   Obedeciendo sin duda a una matemática tiniebla, estaba escrito que me adentrara en la obra de Lovecraft en tres tandas separadas entre sí por un intervalo de diez años exactos. La primera de estas ocasiones fue a finales de los años 70, cuando descubrí al outsider de Providence en dos tomos de obras escogidas de Ediciones Acervo. La segunda llamada de Cthulhu, nunca mejor dicho, fue a finales de los 80 y atendí a ella en las esplendidas selecciones de Alianza Editorial. Textos, estos mismos, a los que volví cuando, ya a finales de los años 90, dándome yo a ciertos placeres que el buen entendedor sabrá imaginar, el universo de Lovecraft me volvió a magnetizar.

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Publicado el 14 de febrero de 2015 a las 21:45.

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Un viaje al Cretácico

Archivado en: Cuaderno de lecturas, "Entre dinosaurios", de George Gaylord Simpson

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            Calculo que en breve, a raíz de la inminente emisión de El ministerio del tiempo, la nueva serie de TVE, tan sugerente en principio, los viajes a otras épocas suscitarán el natural interés por parte del Respetable. Hace ya cuarenta y nueve años, también en el ente público, seguí con avidez las emisiones de El túnel del tiempo, una maravilla de Irwin Allen para la ABC protagonizada por James Darren (el doctor Tony Newman) y Robert Colbert (su colega Douglas Phillips). Varias de aquellas entregas, como la dedicada a la caída de las murallas de Jericó, estaban dirigidas por el gran Nathan Juran.

            Desde entonces, los viajes en el tiempo son uno de mis asuntos favoritos de cuantos acomete con mayor frecuencia la ciencia ficción. Incluso he visto con agrado la trilogía de Regreso al futuro del bueno de Robert Zemeckis.

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Publicado el 2 de febrero de 2015 a las 22:30.

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Cuatro inmortales de Poul Anderson

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Cuatro inmortales de Poul Anderson

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                   Incluidas en un volumen titulado La nave de un millón de años (1989), una de las últimas entregas de Poul Anderson, las cuatro piezas reunidas en 1998 por la entrañable Biblioteca del Mundo bajo el título de Relatos de inmortales me devolvieron ese placer que procuran los buenos textos, algo perdido en mis lecturas anteriores del otoño de 1998.

                   El camarada, la primera de estas narraciones, de las que tanto tiempo después sigo guardando tan buen recuerdo, nos transporta a la decadencia del imperio romano. Allí, un tal Lugo, salva a Rufus de la turba que lo persigue y lo lleva a su casa. Una vez en ella, con una naturalidad admirable, mediante la conversación mantenida por los dos hombres, se nos cuenta que la muchedumbre perseguía al huésped por ser éste inmortal. El anfitrión le ha salvado porque él también lo es. Dada la singular coincidencia, Lugo explica a su invitado cómo cada cierto tiempo, cuando la gente está a punto de darse cuenta de su condición, abandona familia y lugar para iniciar una nueva vida en otro sitio. La exposición, de esta suerte de servidumbre del don que ambos posen, imprime a la narración un innegable encanto.

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Publicado el 27 de enero de 2015 a las 14:30.

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"Neuromante", más que el inicio del cyberpunk

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Neuromante, de William Gibson

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            En la página 179 de la edición de Neuromante (1984) de William Gibson, dada a la estampa por Minotauro en julio de 2002 -la que yo atesoro-, hay un pasaje que a mi juicio sintetiza uno de los grandes asuntos de la ciencia ficción contemporánea, si no el principal. Es aquel en que Molly refiere a Case cómo fue mejorada cibernéticamente en una clínica de Chiba City (un puerto imaginario de Japón) para que ejerciera la prostitución "especial", sin enterarse de nada, en un burdel donde "la casa tiene el software para cualquier cosa que el cliente quiera pagar". Lo malo fue que en cierta ocasión se enteró de lo que un cliente la estaba haciendo. "El problema era que el circuito recortado y los que me pusieron en la clínica de Chiba no eran compatibles".

            En efecto, en líneas generales, los problemas generados por la convivencia entre organismos celulares y circuitos electrónicos, entendiendo el concepto en toda su extensión -desde la atracción que Rick Deckard siente por Rachael en ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (Philip K. Dick, 1968) a este Neuromante en que Case tiene implantado en la cabeza una suerte de memoria USB- son a la ciencia ficción actual lo que el viaje a La Luna en los albores del género, los platillos volantes en los años 50 o la pastoral poscatástrofe atómica en la década siguiente. A mi entender, las cuchillas que le han injertado a Molly bajo las uñas, tan prácticas en su nuevo empleo de asesina a sueldo como lo hubieran sido con esos clientes que se empeñaban en hacerle cualquier cosa que pudieran pagar, no son más que pequeñeces, prodigios de superhéroes que quizás imaginara Gibson en las viñetas de Lobezno.

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Publicado el 18 de enero de 2015 a las 15:00.

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Doce historias y un sueño de H. G. Wells

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Doce historias y un sueño de H.G. Wells

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                   Cuando se habla de los textos en papel Biblia, puestos a evocar las joyas de la edición pretérita, suele pensarse en la colecciones de editorial Aguilar. Sin embargo, junto a los crisoles, crisolines y la biblioteca de Premios Nobel -los papel Biblia de Aguilar de mi tesoro- conservo con igual primor sus pares de Plaza & Janés: los Premios Pulitzer, los Goncourt y Los Clásicos del Siglo XX. En esta última colección tengo las obras completas de Rudyard Kipling, las de Thomas Mann y las de H. G. Wells. Después de haber leído en la adolescencia las grades novelas de Wells con la natural avidez -La máquina del tiempo (1895), La isla del doctor Moreau (1896), El hombre invisible (1897), La guerra de los mundos (1898)-, volví a él en octubre de 2000. Pero la obra elegida, Doce historias y un sueño (1906), no fue una lectura tan placentera como las de mis primeros años, cuando Wells -junto a mi entonces dilecto Hermann Hesse- era uno de mis favoritos. Es más, Julio Verne, al que releo con cierta regularidad desde que me hice con la edición completa de los Viajes extraordinarios en 1987, me resulta mucho más divertido. Ahí van, en cualquier caso, las notas que tomé entonces, en octubre de 2000, de mi rencuentro con uno de mis favoritos:

                   Esa ciencia ficción, cuya paternidad suele atribuirse a Wells junto con Julio Verne, no preside en modo alguno estos relatos. Sin embargo, estas páginas también son representativas de su autor. Ello se sigue al considerar la faceta idealista de Wells -sus ideas socialistas, su pertenencia a la sociedad fabiana-, de la que se desprende la ingenuidad que encierran piezas como la última, El sueño de Armageddon (pág. 696). En ella la experiencia onírica de su protagonista, compuesta por unas vividas imágenes en las que el amor por una bella se entremezcla con los manejos en el partido al que Armageddon pertenece, sirve al autor para hacer toda una apología de la honestidad en política. Ésta, al igual que tantas otras, es una historia referida por su protagonista a un interlocutor -casi siempre compañero del clásico club inglés- en los que será uno de los procedimientos narrativos más frecuentes en su autor.

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Publicado el 24 de diciembre de 2014 a las 10:00.

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Barba Azul

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Barba Azul, de Jacques Martin

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            Creo haber leído en alguno de los foros de la Red en los que se debate la obra de Jacques Martin que Barba Azul (1984) cierra un ciclo dedicado al nefasto Gilles de Rais dentro de las aventuras de Jhen, el arquitecto de catedrales con trazas de caballero andante que recorre la Europa del siglo XV deshaciendo entuertos. A fe mía que Jhen es el tercer gran personaje de Martin, tras Alix y Lefranc. De este último atesoro sus aventuras desde la edición de Grijalbo de las diez primeras en los años 80. Estos días me dispongo a releerlas.

            No acabo de entender qué ciclo es ése que cierra Barba Azul (1984) ya que Gilles de Rais, el infausto asesino de infantes que también fuera mariscal de Francia, es un personaje habitual en toda la colección: algo así como César a las aventuras de Alix. Su castillo (Tiffauges) casi puede entenderse como Moulinsart a las de Tintín. Más aún, siendo el caso de que ésta es una serie sin secundarios habituales, el monstruoso barón de Rais, aunque en algunas entregas sólo aparece por alusiones, es, tras el propio Jhen Roque, quien tiene un mayor protagonismo en la colección.

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Publicado el 14 de diciembre de 2014 a las 11:15.

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Los cuentos de Leopoldo Lugones

Archivado en: Cuaderno de lecturas

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                   Atesoro El imperio Jesuítico (1904), de Leopoldo Lugones, desde que apareció en la Biblioteca Personal de Jorge Luis Borges, hace ya la friolera de veintiséis años. Aunque lo he hojeado algunas veces desde entonces, el tema -las reducciones que la Compañía de Jesús fundó en Argentina, Paraguay y Brasil- no acaba de atraparme. De modo que llegué a Lugones merced a la referencia que hace de él Horacio Quiroga en uno de los relatos del excelente De los perseguidos, de amor, de locura y de muerte. Apenas acabé tan grata lectura, me obsequiaron sus responsables los cuentos de Lugones reunidos en una selección de Ediciones Internacionales Universitarias, bajo el título del primero de ellos, La lluvia de fuego. Los leí con la natural avidez en octubre de 2000. No sin cierta sorpresa, comprobé que las analogías entre ambos autores no son tantas como imaginé. Ahora bien, no por ello dejé de maravillarme ante unas piezas -probablemente extraídas de Las fuerzas extrañas (1906) o Cuentos fatales (1926), no consta en la edición- que, a decir de la crítica, convierten a Lugones en todo un precursor del cuento latinoamericano. Siguen las notas tomadas tras su feliz lectura.

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Publicado el 27 de noviembre de 2014 a las 17:00.

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Dos cuentos macabros y otro triste de Eça de Queiroz

Archivado en: Cuaderno de lecturas

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                   De las no pocas editoriales que he visto nacer y morir en los ya muchos años que llevo atendiendo a estos asuntos, recuerdo con especial cariño a Celeste Ediciones. Especializada en esos títulos pretéritos, de fondo editorial que se les llama porque nunca deberían faltar en el mercado aunque siempre faltan, desarrolló su fugaz actividad en el cambio de siglo. Entre las distintas colecciones que sus responsables pusieron en marcha, hubo delicias como Letra Minúscula. En ella dieron a la estampa selecciones de relatos y fragmentos de obras mayores, siempre de clara vocación fantástica. El número 13 de aquella serie era El difunto y otros cuentos de viva muerte de José María Eça de Queiroz, aparecido con motivo del centenario del óbito en París (dieciséis de abril de 1900) de este maestro de la narrativa portuguesa. Siendo Eça de Queiroz, junto con Fernando Pessoa, mi favorito de las letras lusas, di  cuenta de El difunto... con avidez apenas me fue obsequiado por sus editores. Como en tantas otras ocasiones en esta bitácora, lo que sigue son las notas que tomé entonces, tras su deliciosa lectura en julio de 2000:

                   Obsesionado con una infidelidad que no lo es, merced a las maledicencias de la vieja ama de su esposa, el señor de Lara, un noble segoviano de 1470, obliga a doña Leonor, su bella mujer, a escribir una carta a don Ruy de Cárdenas convocándole para una cita galante. Percatada la gentil Leonor de que la convocatoria no es más que un ardid para dar muerte a un hombre que no merece tal destino, la dama ruega ayuda al cielo.

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Publicado el 16 de noviembre de 2014 a las 11:15.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formetera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del iniferno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Luces y sombras del libro digital

Cuando la musa es una niña

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

Un festival de imágenes

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

La plástica del poder

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Reivindicación de Gustave Caillebotte

Una guía clásica de la ciencia ficción

Impresionistas y modernos

La Feria del Libro de Madrid cumple 75 años

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 

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