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Blog de Javier Memba

El insolidario

Otra aventura de Jhen

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "El ogro y la Flor de Lis", de Jacques Martin y Jean Pleyers

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            Los estudiosos de Mortadelo y Filemón -entre los que yo, aun siendo un rendido admirador de sus aventuras, no me cuento- se refieren a ciertas entregas del año 90 como "apócrifas con firma tampón". Son títulos como El rescate botarate, El Inspector General o El gran sarao, de tan escasa calidad que hicieron que la entonces editora de la serie, Julia Galán, cuestionase a Ibáñez sobre la calidad gráfica y argumental de lo que estaba presentando.

 

            Los estudiosos más devotos del maestro barcelonés hablan de esa "firma tampón" porque son entregas tan malas que se atribuyen a ese equipo editorial, que prosiguió con las aventuras de los de la TIA, mientras el entrañable Ibáñez litigaba con Bruguera por sus derechos sobre sus personajes. Sólo tengo un álbum apócrifo con firma tampón; o, por mejor decir, firmado directamente por el "equipo editorial": El crecepelo infalible. Su pie de imprenta data de mayo de 1986, aunque los expertos consideran que fue dibujado en 1985. De lo que no hay duda es de que se trata de un apócrifo. Si aún lo guardo entre mi colección de Mortadelos, es debido a un procedimiento semejante al que me lleva a ver una película mala, sabiendo a ciencia cierta que lo es, si la actriz que la protagoniza me gusta lo bastante como para deleitarme solo con mirarla.

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Publicado el 24 de junio de 2018 a las 14:45.

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La última aventura de Jhen

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "Draculea", de Jacques Martin

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            A diferencia del nombre de Jacques Martin, que sólo aparece en la portada para recordarnos que el maestro fue el guionista de las primeras entregas de la serie, el título de este nuevo álbum de las aventuras de Jhen no es baladí: estas viñetas nos van transportar a los Cárpatos de Drácula. Más aún, dada la variación de la grafía con la que se escribe aquí el nombre del conde -que al parecer es la original en rumano-, hasta puede imaginarse que se nos va a presentar la verdadera historia del personaje real que se esconde tras el mito. Y, en efecto, esta nueva entrega de las aventuras de Jhen apunta en ese sentido. Estamos en los tiempos de Vlad Tepes, la Transilvania del siglo XV.

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Publicado el 31 de agosto de 2015 a las 08:30.

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Barba Azul

Archivado en: Cuaderno de lecturas, Barba Azul, de Jacques Martin

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            Creo haber leído, en alguno de los foros de la Red en los que se debate la obra de Jacques Martin, que Barba Azul (1984) cierra un ciclo dedicado al nefasto Gilles de Rais dentro de las aventuras de Jhen, el arquitecto de catedrales con trazas de caballero andante que recorre la Europa del siglo XV deshaciendo entuertos. A fe mía que Jhen es el tercer gran personaje de Martin, tras Alix y Lefranc. De este último atesoro sus aventuras desde la edición de Grijalbo de las diez primeras en los años 80. Estos días me dispongo a releerlas.

            No acabo de entender qué ciclo es ése que cierra Barba Azul (1984) ya que Gilles de Rais, el infausto asesino de infantes que también fuera mariscal de Francia, es un personaje habitual en toda la colección: algo así como César a las aventuras de Alix. Su castillo (Tiffauges) casi puede entenderse como Moulinsart a las de Tintín. Más aún, siendo el caso de que ésta es una serie sin secundarios habituales, el monstruoso barón de Rais, aunque en algunas entregas sólo aparece por alusiones, es, tras el propio Jhen Roque, quien tiene un mayor protagonismo en la colección.

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Publicado el 14 de diciembre de 2014 a las 11:15.

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¡Oh, Alejandría!

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "IOh, Alejandría!", de Jacques Martin

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            Ya decidido a leer sólo las aventuras de Alix dibujadas por Jacques Martin, me hice con ¡Oh, Alejandría! (1996) en el convencimiento de que era la última ellas. De modo que me sentí algo contrariado cuando, al empezar su lectura, descubrí que los decorados eran de Rafael Moralès y el propio Moralès, junto a Marc Henniquiau, había participado en los personajes. Sin que ello signifique menoscabo alguno para la obra de estos dos primeros colaboradores de la serie, sí que he de decir que acusé la carencia de la impronta de Martin en los dibujos. En cualquier caso, al igual que me ocurriera en las primeras entregas, cuando el trazo de Martin aún no había alcanzado la maestría con la que daría la forma definitiva a las aventuras, en la segunda página ya me había hecho a esas diferencias con agrado.

            En esta ocasión, Alix y Enak acuden a Egipto respondiendo a una llamada de Senoris, el jefe de los arqueros reales de La esfinge de oro (1950) que tanto les ayudó en aquella aventura. Pero ahora, las cosas han cambiado mucho para él. Siendo visir de Alejandría, cayó en desgracia durante una guerra entre los diferentes sacerdotes del país. Obedeciendo órdenes del rey Ptolomeo XII, al ir a castigar a los responsables de las matanzas desatadas entonces, se le apareció un hombre-leopardo. Éste le anunció que le revelería un secreto, a la vez que le advirtió que ser conocedor de dicho secreto le acarrearía la desgracia. Naturalmente, como hubiera hecho cualquiera ante semejante propuesta -todo un hallazgo del guión, lo único que es en exclusiva de Martin-, Senoris acepta.

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Publicado el 8 de octubre de 2014 a las 00:30.

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Iorix el grande

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "Iorix el grande", de Jacques Martin

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            Nada es para siempre. Todo toca a su fin y si hay dos cosas especialmente efímeras, ésas son la gloria y la dicha. Mi dicha de este verano han sido las lecturas de las aventuras de Alix dibujadas por Jacques Martin y en estas líneas vengo a dar cuenta de la última. Aún me resta La torre de Babel, cuya segunda edición aguardo para dar puntual cuenta de ella, y Oh, Alejandría (1996), que compré la primavera pasada creyendo que también era obra de Martin en exclusiva. Empero al hojearlo en esos vistazos previos a la verdadera lectura, he descubierto que el maestro contó con colaboradores. Será que esa ceguera, que según cuentan en las esplendidas misceláneas de estas segundas ediciones acabó por impedirle trabajar en sus últimos años -triste destino para un dibujante de cómics-, ya había empezado a hacer mella en él.

            En cualquier caso, este Iorix el grande (1972) del que hoy vengo a dar noticia, fue la primera entrega que sucedió a esa "época dorada de Alix" y, a todas luces, revalida la bonanza de aquélla. No recuerdo las aventuras que la sucedieron puesto que las leí hace mucho tiempo, en las primeras ediciones de Norma de los años 80, y aún no tomaba notas. No obstante, tengo la sensación de que el nivel se mantiene hasta La cólera del volcán (1978) que, por estar ambientado íntegramente en una isla, se me antoja menos rico en lo que a escenarios se refiere.

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Publicado el 28 de agosto de 2014 a las 16:15.

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El dios salvaje

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "El dios salvaje", de Jacques Martin

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            La vida me gusta especialmente cuando no es como la espero. Imaginaba que éste, que ahora se encuentra en su máximo apogeo, habría de ser un verano triste, como lo vienen siendo desde que no visito Formentera la primera quincena de agosto, y sin embargo está siendo muy bonito por un viaje relámpago a Soria, para participar en unos encuentros sobre poesía maldita organizados por Expoesía 07, y la lectura de las aventuras de Alix en la terraza.

            El díos salvaje, el último de estos queridos álbumes de los que vengo dando cuenta, es el que pone punto final a lo que los expertos llaman "La época dorada de Alix". Dicha edad arranca en 1962, cuando comienza la publicación de las primeras entregas de Las legiones perdidas en el semanario Tintín y concluye en 1969, cuando aparecen las últimas de este El dios salvaje en la misma revista.

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Publicado el 14 de agosto de 2014 a las 15:45.

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La tumba etrusca

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "La tumba etrusca", de Jacques Martin

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            Las chicas no menudean en mi amado cómic belga. De hecho, sólo alcanzo a recordar a la maravillosa Seccotine, de las entrañables aventuras de Spirou y Fantasio dibujadas por Franquin, y a la no menos adorable Cerecita de Gil Pupila, la gran serie de Maurice Tillieux. Seguro que no es gratis que ambas colecciones pertenezcan a la Escuela de Marcinelle, en principio opuesta a la de Bruselas y su Línea Clara. Que esta última sea mi favorita no significa que la lectura de algunas aventuras de Spirou y Fantasio -La mina y el gorila (1956), El viajero del Mesozoico (1957)- no constituyeran una de las más preciadas glorias de mi feliz infancia. Dicha recuperada en parte en uno de estos veranos que tanto placer encuentro leyendo cómics al sol en la terraza. Fue así como di cuenta del resto de las aventuras de Spirou y Fantasio dibujadas por Franquin, en una edición completa de Ediciones Junior con pie de imprenta 1995, y de dos tomos del integral de Gil Pupila publicados por Planeta De Agostini. Ya atesoraba los cuatro primeros álbumes de este simpático detective, en su primera versión española -creo- de Editorial Casals.

            Vaya esta digresión para dejar constancia de que, aun admirador de la Escuela de Bruselas desde hace cincuenta y dos años, ello no significa que desprecie la de Marcinelle. Antes al contrario, como el gran Hergé -el primer admirador del gran Franquin- también tengo en la más alta estima las delicias de ese otro gran pilar del cómic belga capaz de alumbrar maravillas como las encantadoras Cerecita y Seccotine.

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Publicado el 30 de julio de 2014 a las 23:30.

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La tiara de Oribal

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "La tiara de Oribal", de Jacques Martin

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            Si he de ser exacto, anhelé La tiara de Oribal desde marzo de 2012, cuando tuve noticia de su excelencia en 1001 cómics que hay que leer antes de morir (Grijalbo), de Paul Gravett. Sé que fue entonces porque el día treinta de aquel mes, los editores de esta estimable guía coordinada por Gravett tuvieron la gentileza de obsequiármela para mis reseñas. Ávido de toda la obra de Jacques Martin, como lo estoy desde que descubrí a Lefranc -su otro gran personaje- en sus primeras traducciones españolas, dadas a las estampa por Ediciones Junior en los años 80, fue la suya la primera referencia que busqué en la páginas de Gravett y un artículo del inglés David A. Roach me remitió a esta aventura.

            Al punto me puse a buscarla, pero su primera edición en Netcon2 ya estaba agotada. Ha sido recientemente, en la última Feria del Libro de Madrid, donde finalmente he adquirido uno de los primeros ejemplares de la segunda. Pero ya estaba yo metido en la lectura de las aventuras de Alix por estricto orden cronológico y a La tiara de Oribal (1958) no le llegó el turno hasta la semana pasada.

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Publicado el 18 de julio de 2014 a las 10:45.

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La esfinge oro

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "La esfinge de oro", de Jacques Martin

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            Las primeras aventuras de Alix, que bien pueden ser llamadas las de viñeta pequeña, destacan por la complejidad de sus asuntos. Su grafía aún está en formación y, como ya observé en las notas correspondientes a Alix el intrépido, todavía carecen de la perfección de las de las últimas entregas. A cambio, sus tramas son tan complejas -si cabe más que las de dibujo perfecto- que atrapan al lector con el mismo magnetismo que esas entregas posteriores de grafías mucho más conseguidas. A mi entender, dicha proliferación de asuntos en el argumento principal -como también creo haber apuntado en alguna de las notas anteriores- se debe a su concepción como entregas semanales para la revista Tintín. Tanta capacidad de trabajo, comparable a la del gran Hergé y Bob de Moor, me lleva a pensar que Jacques Martin también fue un stajanovista. Si acaso, a excepción de gran Edgar P. Jacobs, lo fueron todos los primeros discípulos del gran Hergé.

            Ambientada en las postrimerías de esa batalla de Alesia que es una de las referencias fundamentales de la colección, la primera trama de La esfinge de oro queda en el conjunto del álbum como una especie de prólogo que no tiene nada que ver con la aventura posterior. Con el correr de los años, ya en 1985, en Vercingétorix, Martin desarrollaría lo mostrado en esas primeras viñetas fechadas en 1949. Si este dibujante hubiera revisado sus álbumes, tal fue el caso de Hergé cuando en la posguerra se le impidió publicar acusado de haberlo hecho durante la ocupación, es muy probable que todo ese prólogo -el rescate de Vanik por parte de su primo Alix, favor que le será devuelto por Vanik a nuestro paladín en la espléndida Las legiones perdidas-, se hubiese suprimido. Pero ahí está.

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Publicado el 7 de julio de 2014 a las 21:15.

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El último espartano

Archivado en: Cuaderno de lecturas, sobre "El último espartano", de Jacques Martin

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            Hergé supo inculcar el didactismo de las aventuras de Tintín, que tuvo su máxima expresión en los documentadísimos viajes del periodista, a sus discípulos. De ahí que Alix, el gran personaje de Jacques Martin -el más pródigo en creaciones de los discípulos de Hergé-, fuese tan viajero o más que el infatigable reportero de Le Petit Vingtième. Sin embargo, acaso sean los de Alix los viajes más célebres de toda la Línea Clara. Objeto de una serie independiente, en España se editaron algunas entregas con el sello de Glenat en los años 2000. Hojeé los primeros de aquellos álbumes con un interés que perdí al comprobar que no eran cómics sino esos libros de viajes que el lema de la colección indicaba de forma inequívoca.

            Mi anhelo era adentrarme en el universo de Alix a través de las aventuras del personaje y ahora, tras una espera digna de Penélope de la que ya he dado noticia en esta bitácora, al fin lo estoy haciendo. En la última edición de la feria del libro he tenido oportunidad de comprar las siete entregas originales de Jacques Martin que me faltaban y a la espera de La torre de Babel -la única que aún me resta-, ya auguro en ellas mis lecturas más felices de este verano. Recientes aún las de El caballo de Troya y El niño griego, una de las cosas que más me llaman la atención de esos viajes de Alix es la frecuencia con que éstos le llevan a los restos de la antigua Hélade. Creo entender que la fijación de Martin con dicho lugar y dicho tiempo -habrá que recordar que Orión, allí ambientada, es otra de sus series más personales- es consecuencia de la trascendencia que esa antigua Grecia tuvo en el Imperio Romano, de cuya peripecia Alix es partícipe.

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Publicado el 24 de junio de 2014 a las 13:00.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

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1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

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Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

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Del porno a la pantalla comercial

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Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

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Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 

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