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Blog de Javier Memba

El insolidario

Un mito de la novela del amado siglo XX (y IV)

Archivado en: Cuaderno de lecturas, El cuarteto de Alejandría, Clea

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            He leído en estos días unos comentarios sobre El cuarteto de Alejandría cuyo autor sostiene que el verdadero alter ego de Durrell es Pursewarden, que no Darley, el narrador y lo más parecido al protagonista, pues la verdadera protagonista es la ciudad egipcia que da título al conjunto. La idea no me parece descabellada, pero yo prefiero seguir creyendo que el trasunto de Durrell es Darley. De serlo Pursewarden, Justine estaría enamorada de él y Darley no hubiera escrito ese orden de los amores del cenáculo que Durrell nos presenta como un texto autógrafo de su sosias en la pág. 132 de mi edición -la mítica de Edhasa de los años 80[1]- de Balthazar: "Mi amor por ella [Justine], el amor de Melissa por mí, el amor de Nessin por Justine, el amor de Justine por Pursewarden".

            En cualquier caso, ya en Clea, cuando al cabo de los años Darley regresa a Alejandría y vuelve a encontrarse con Justine (pág. 50) ha dejado de estar fascinado con ella. Ya no es ese amigo que no puede ser amante que fue en la primera entrega. Ahora sólo es un viejo camarada que verifica con melancolía el paso del tiempo por aquella a la que quiso amar. Y pocos juicios llegan a ser tan despiadados como el de aquel que amó en vano a una mujer cuando ésta deja de inspirarle y la ve vieja. Justine, naturalmente se da cuenta, y le pide que no se acerque mucho a ella, incluso le advierte que huele mal.

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Publicado el 3 de diciembre de 2019 a las 17:15.

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Un mito de la novela del amado siglo XX (III)

Archivado en: Cuaderno de lecturas, El cuarteto de Alejandría, Mountolive

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            A buen seguro se debe a que Mountolive, tercera novela de El cuarteto de Alejandría, a diferencia de sus dos predecesoras, está contada por un narrador omnisciente. El caso es que esa nostalgia de la ciudad que a las dos entregas anteriores les confiere un lirismo próximo a los versos de Kavafis, aquí no se aprecia. Más aún, la acción tarda en situarse en Alejandría y el Cenáculo, formado por los protagonistas de El cuarteto..., tarda en hacer su aparición. De Darley -el narrador mediante sus recuerdos de la primera entrega- no hay referencia hasta la página 116, donde es descrito como el amante de Justine, y de Balthazar -cuyas acotaciones al manuscrito de Darley articulan la segunda novela- no se habla hasta algo después.

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Publicado el 20 de febrero de 2019 a las 18:30.

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Un mito de la novela del amado siglo XX (II)

Archivado en: Cuaderno de lecturas, El cuarteto de Alejandría, Balthazar

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            Suele creerse, al menos yo lo hacía, que cada una de las novelas integrantes de El cuarteto de Alejandría nos propone una visión de los hechos contados en la primera entrega -Justine- desde una subjetividad diferente. En la nota preliminar a Balthazar, el segundo título de la tetralogía, Durrell sostiene que, más que a esos diversos puntos de vista, la diferencia obedece a "los tres lados del espacio". Dicho de otra manera, a las tres dimensiones de las cosas tangibles. Pero ¿qué alto?, ¿qué largo y qué ancho tienen los recuerdos? Porque, de eso sí que no hay duda, El cuarteto de Alejandría es la evocación de una ciudad "nunca olvidada" y los compañeros de la bohemia -le cénacle (el cenáculo) que los llamaba Capodistra- que vivió en ella el narrador cuando la convirtió en un mito. No quisiera que se me malinterpretase -soy un rendido admirador de la propuesta-, pero eso de las dimensiones me resulta retórica.

 

            Para alguien que tenga en menos estima que yo estas novelas, dicha retórica bien podría ser petulancia. En esa misma nota del comienzo, Durrell se desmarca de Proust y de Joyce, "pues a mi entender sus métodos ilustran la noción de duración de Bergson, no la relación espacio-tiempo". Aunque para mí El cuarteto es parangonable con En busca del tiempo perdido -obedece a un ejercicio de la memoria tan encomiable como el de Proust- lo cierto es que el lugar que ocupa en la historia de la novelística es muy inferior al ocupado por En busca del tiempo perdido de Joyce y su Ulises. De hecho, pasado ya el entusiasmo con que se leía a Durrell en la España de los 80 -aunque la primera edición patria es de 1970-, la historia de la literatura sólo se detiene en Justine.

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Publicado el 29 de noviembre de 2018 a las 10:30.

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Un mito de la novela del amado siglo XX (I)

Archivado en: Cuaderno de lecturas, El cuarteto de Alejandría, Justine

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            A diferencia de las películas, que si me cautivan las suelo ver varias veces, sólo ha habido dos novelas que lo hayan hecho hasta el punto de volverlas a leer: Yonqui (1953) de William S. Burroughs y Justine de Lawrence Durrell (1957). Regresé al primero de estos títulos por un motivo que no viene al caso. En cuanto a esa primera entrega de El cuarteto de Alejandría que es Justine, ha sido el recuerdo de su calidad literaria, el convencimiento de no haberla apreciado debidamente en su primera lectura, mediados los años 80, cuando era uno de los libros de la época, lo que me ha llevado de nuevo al texto.

 

            Se dice que el protagonista de la historia es la ciudad -junto con Tánger, la más cosmopolita del norte de África-, pero, en este primer volumen de la tetralogía, como el propio título indica, la protagonista es Justine, Justine Hosnani, la más cautivadora de sus vecinas. Al menos entre la colonia de extranjeros integrada por diplomáticos como Georges Pombal -compañero de apartamento del narrador-, artistas como Melissa Artemis -cantante de cabaret y ocasional prostituta-, escritores como Darley -el narrador, amante de Melissa y fascinado con Justine- y ociosos inmensamente ricos como Nessin Hosnani -un financiero egipcio, copto el marido de Justine-... Una tropa inmersa en "una atmósfera de desarraigo y fracaso", que se me antoja muy semejante a la formada en Tánger por los beats al socaire de la hospitalidad de Paul Bowles.

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Publicado el 24 de octubre de 2018 a las 23:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

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Una exposición sobre la UFA

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Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

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Recordando a Audrey Hepburn

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Una guía clásica de la ciencia ficción

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Seis claves para entender a Hergé

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Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

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Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

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Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

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Recordando Musicolandia

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El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

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Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

 

 

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 



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