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Blog de Javier Memba

El insolidario

H. R. Giger, fallece un artista tenebroso

Archivado en: Inéditos cine, H. R. Giger

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            Hace más de treinta años, cuando descubrimos magnetizados los carteles que anunciaban Alien, el octavo pasajero (1979) en el madrileño -y por supuesto desaparecido- Real Cinema, creímos que lo que allí se anunciaba era un concierto de Emerson, Lake and Palmer. Si confundimos la cinta de Ridley Scott con una actuación del trío señero del rock sinfónico fue debido a Hans Ruedi Giger.

            En efecto, este artista suizo fue el ilustrador de la carpeta del Brand Salad Surgery (1973) -lo mejor, dicho sea de paso, de aquel álbum de la llamada escuela de Canterbury del rock sinfónico- y también el creador de la abominación que habría de enseñorearse de la Nostromo. De ahí que, en nuestro aún desordenado pensamiento, asociáramos las dos ilustraciones. Sobre ambas gravitaban las deidades de H. P. Lovecraft. Pero en el bicho de Alien, también estaba impreso el profundo dolor que abrumó al artista suizo tras el suicidio de la actriz Li Tobler, su compañera sentimental desde 1966 hasta que ella se descerrajó el romántico pistoletazo en 1975.

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Publicado el 14 de mayo de 2014 a las 12:45.

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Balzac en la Nouvelle Vague

Archivado en: Inéditos cine, Balzac en la Nouvelle Vague

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            Las lecturas de William Faulkner a las que alude Patricia Franchini (Jean Seberg) en Al final de la escapada (Jean-Luc Godard, 1960), la estrecha colaboración de Alain Resnais con Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet o la labor del gran Chris Marker dentro de Editions du Seuil... Entre otras muchas cosas, admiro tanto el cine de la Nouvelle Vague, en bloque, porque, grosso modo, es el más literario que la historia registra.

            Tanto afán de libro en la generación que inauguró el cine moderno, acaso tuviera su máxima expresión en la adaptación de Fahrenheit 451 de Ray Bradbury llevada a cabo por el gran Truffaut en 1966, donde unos juramentados para salvarlos de la quema se aprenden de memoria su texto favorito y así legarlo a la posteridad. Basta con echar un vistazo a la entrada anterior de esta bitácora para darse cuenta de la estimación que siento por Bradbury, uno de los grandes de la literatura fantástica del amado siglo XX. Sin embargo, de entre todas las citas bibliográficas de la Nouvelle Vague, me quedo con las referidas a la obra del novelista más grande de la centuria decimonónica, el suprarrealista por antonomasia, mi venerado Honoré de Balzac.

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Publicado el 29 de marzo de 2014 a las 09:00.

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Vigencia del musical estadounidense

Archivado en: Inéditos cine, sobre el musical estadounidense

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            No recuerdo a quien, pero en cierta ocasión escuché a un comentarista afirmar que la pantalla clásica estadounidense -esa que admiro tanto como abomino de la actual- tuvo sus tres pilares fundamentales en el western, el musical y el cine negro. Aunque cabrían matices -que hacemos con las screwballs de los años 30, por ejemplo, cuya sombra se proyectan hasta ciertas comedias trepidantes de nuestros días- en líneas generales comparto la opinión.

            Pues bien, de esos tres géneros sobre los que se alzó esa producción fascinante en los albores del sonoro, para extenderse hasta la inquisición mccarthista a comienzos de los años 50, cuando el clima de desconfianza sembrado por el Comité de Actividades Antiamericanas puso fin a tanta excelencia, creo que el musical es el único que puede darse por concluido. De vez en cuando, uno de los realizadores actuales tiene a bien soltar una patada al Oeste y nos enjareta un remake, la reinterpretación de uno de sus mitos o una cinta sin personalidad alguna y dudoso brío haciéndola pasar por un western crepuscular. Qué decir del cine negro, explotado hasta convertirse en uno de los ejemplos meridianos del agotamiento y el adocenamiento del Hollywood actual. Ahora bien, el musical a la antigua usanza, a la del Hollywood clásico, con mucha manga ancha, puede darse por finalizado con Empieza el espectáculo (Bob Fosse, 1979).

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Publicado el 9 de marzo de 2014 a las 13:45.

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El amor en el cine de Zhang Yimou

Archivado en: Inéditos cine, sobre el amor en el cine de Zhang Yimou

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            Reza el adagio que rectificar es de sabios. Sabio, desde luego, yo no soy. Como mucho, aprendiz de brujo. Pero vengo a rectificar aquí un apunte de esta misma bitácora, fechado el pasado siete de diciembre, referente a las primeras cintas de Zhang Yimou.

            Era un asiento dedicado a la occidentalización del cine asiático y escribí: "ya entonces, cuando aún se le distribuía en los circuitos de versión original, Zhang Yimou apuntaba maneras de ese realizador de coreografías de artes marciales para las megaplex que acabaría siendo". En las últimas semanas he tenido oportunidad de seguir el ciclo que la bienamada Filmoteca -alabado sea su nombre- ha dedicado a este gran cineasta chino y he podido comprobar cuán desdibujado estaba mi recuerdo del despuntar de su obra.

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Publicado el 23 de febrero de 2014 a las 00:15.

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Los tres paradigmas de Syd Field

Archivado en: Inéditos cine, sobre Syd Field

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            Los consejos de Syd Field fueron determinantes para la producción de títulos como American Graffiti (George Lucas, 1973) o Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976). También enriquecieron los libretos de La misión (Roland Joffé, 1986), Cuando un hombre ama a una mujer (Luis Mandoki, 1994) o Y tu mamá también (Alfonso Cuarón, 2001), entre otras destacadas películas de las cuatro últimas décadas. Sin embargo, los grandes éxitos de este guionista fallecido el pasado mes de noviembre en su casa de Beverly Hills de una anemia hemolítica fueron sus volúmenes sobre la redacción del libreto cinematográfico. Títulos como El libro del guión (1979), El manual del guionista (1984) o Cómo mejorar un guión (2001), son al día de hoy libros de texto en las universidades y escuelas de cine del mundo entero. Así las cosas, cabe decir que Field sentó cátedra en lo que a la escritura para la pantalla se refiere.

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Publicado el 10 de enero de 2014 a las 09:45.

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La ocidentalización del cine asiático

Archivado en: Inéditos cine, sobre la occidentalización del cine japonés

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            Aún me recuerdo hace cincuenta años, contándole a mi abuela la película que mi madre me acababa de llevar a ver. No mucho después, ya mostraba cierta propensión a quedarme con los títulos de las cintas y los nombres de sus autores e intérpretes.

            Ahora bien, creo que cinéfilo empecé a serlo al comenzar a ver los filmes que me conmueven cuantas veces sean menester. Esto es algo que jamás hace un mero espectador, quien raramente vuelve sobre un título por mucho que le haya gustado. Sin embargo, esas ansias de saber cuanto a la realización de las películas que me calaban concernía, no tardaron en exigirme varios visionados.

            Obedeciendo a ese mismo afán de estudio en profundidad del filme, hace ahora cuarenta años descubrí la literatura cinematográfica en El cine, una enciclopedia en fascículos dirigida por Luis Gasca y publicada por Buru Lan, que adquirí semana a semana en Gardevisa, una papelería que había en los números posteriores de la calle de Illescas. Aún conservo esos ocho tomos y su diccionario de actores como una de las principales joyas de mi tesoro bibliográfico.

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Publicado el 7 de diciembre de 2013 a las 18:30.

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Dos cintas de Mur Oti y un apunte acerca de la moralidad de los travelíns según Godard

Archivado en: Inéditos cine, Dos cintas de Mur Oti y un apunte acerca de la moralidad de los travelíns según Godard

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            Supe del famoso travelín de Cielo negro (1951) en los albores de mi cinefilia. Ya entonces me llamó la atención que, mediante este procedimiento, Manuel Mur Oti siguiera a Susana Canales -su Emilia en aquella película- desde el Viaducto hasta San Francisco el Grande. Siendo ese tramo de la calle Bailén uno de los lugares del mundo que más aprecio, y estando ya convencido de aquella sentencia del gran Godard que reza que todo travelín es una cuestión moral -porque es una responsabilidad ética del cineasta decidir qué ve y cómo lo ve el espectador-, ya entonces me llamó la atención que el travelín más famoso del cine español -y como el de Truffaut por la playa de Los cuatrocientos golpes (1959) siguiendo a Antoine Doinel (Jean-Pierre Leaud), estudiado en las escuelas de cine del extranjero- discurriera por una de las zonas de Madrid que me son más queridas.

            Pero el melodrama no es un género para cuando se tienen veinte años por muy aprendiz de cinéfilo que se sea. A esa edad apenas se sabe de la alternancia entre las sonrisas y las lágrimas que son la base del género y que, con tanto acierto, nos señala el profesor Echo (Lon Chaney) de El trío fantástico (Tod Browning, 1925) como la esencia misma de la vida. Cuando se tienen pocos años -o poca experiencia cinéfila- sólo interesan las películas resueltas con diligencia. Se exige concreción y rapidez a los argumentos. Al menos, yo así lo hacía.

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Publicado el 22 de octubre de 2013 a las 15:45.

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El cine "steampunk"

Archivado en: Inéditos cine, "El cine "steampunk"

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            Mi primer contacto con el cine steampunk fue el coche de Caractacus Potts (Dick Van Dyke) en Chitty Chitty Bang Bang (Ken Hughes, 1968). Gocé tanto viendo volar y navegar la invención de Potts; gocé tanto en mi dichosa infancia de aquella película, desde su primera hasta su última secuencia, que ésa ha de ser la causa de que el steampunk sea mi favorito frente al dieselpunk el tesalpunk y el resto de los retrofuturismos que asoman a la ciencia ficción de nuestros días.

            Todos los inventos del inefable Potts, y algunos de los artilugios exhibidos por los agentes del barón Bomburst (Gert Fröbe) en aquella entrañable cinta, pueden incluirse entre la utilería del steampunk canónico. Pero en aquel remoto visionado -y diría que casi único- de Chitty Chitty Bang Bang, yo sólo atendía al miedo que me causaba el esbirro de la baronesa Bomburst (Anna Quayle) puesto a raptar a todos los niños que tenían la desdicha de nacer en sus dominios, donde, a consecuencia de la esterilidad de esta dama, estaba prohibida la infancia.

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Publicado el 2 de julio de 2013 a las 12:30.

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Amor y muerte en el cine del gran Zulawski

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            A veces me despierto pensando en sitios a los que nunca he de volver. Verbigracia, el puerto de Denia en las madrugadas del tres de agosto, después de conducir durante toda la noche, esperando para coger el barco que habría de llevarnos a Cristina y a mí Formentera. En otras ocasiones me levanto evocando películas cuyo recuerdo, aún entre sueños, ha comenzado a obsesionarme. Como casi siempre atesoro el título en cuestión, ese mismo día doy cuenta de él con la avidez debida. Lo importante es amar (1975), la obra maestra de Andrzej Zulawski, es una de esas cintas.

            La vi por primera vez en el verano de 1984, en una reposición de la que fue objeto en el cine Bellas Artes, para deleite de la cinefilia madrileña. Ya había descubierto al gran Zulawski, siempre tan dado a los amores tumultuosos en La posesión, estrenada en los Cines Luna en el 81. Y, ya en el año 87, en esas mismas salas precisamente, conocí a Zulawski. Es decir, a modo de saludo, intercambié con él una sonrisa. Yo entonces trabajaba en el gabinete de prensa del IMAGFIC, que organizaba allí las proyecciones, y un día, el gran Zulawski entró en nuestro despacho. Visitaba Madrid en calidad de invitado especial de aquel festival ya que no presentaba en él ninguna película. Le acompañaba su mujer de aquellos días, la maravillosa actriz Sophie Marceau. Las sonrisas, que también intercambié con ella a modo de saludo, cuentan entre los grandes placeres que me ha proporcionado la cinefilia. Aquella noche escribí por primera vez sobre el gran Zulawski.

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Publicado el 7 de mayo de 2013 a las 10:15.

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No es la cinefilia quien muere, son los cinéfilos

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            Cuando nacen, todos parecen más poderosos que la vida. Pero la experiencia nos demuestra que hay amores que se acaban. De un tiempo a esta parte vengo comprobando que la cinefilia también puede ser una de esas pasiones con fecha de caducidad.

            Pasadas ya con creces las tres décadas de visión monomaniática de películas, de un tiempo a esta parte he vuelto a encontrarme con algunos amigos de los comienzos de mi obsesión y me han confesado la pérdida de su cinefilia. Recuerdo especialmente a Chema, con quien hice dos cortometrajes y coincidí en tantas proyecciones del monográfico que la Filmoteca -alabado sea por siembre su nombre- dedicó al cine francés en el año 81. Entonces, a falta aún de sala propia, la bienamada organizaba sus sesiones en el cine Príncipe Pío de la cuesta de San Vicente y las matinales en el Museo Español de Arte Contemporáneo. Recuerdo especialmente las del Príncipe Pío y esas cañas que nos tomábamos en las cervecerías de la Plaza de España al salir, hablando sobre los cineastas que acabábamos de descubrir. Chema era un entusiasta del gran Robert Bresson.

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Publicado el 31 de diciembre de 2012 a las 21:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) es colaborador habitual del diario EL MUNDO desde 1990. Estudioso del cine antiguo, tanto en este rotativo madrileño como en el resto de los medios donde ha publicado sus cientos de piezas, ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), un estudio de la filmografía de este cineasta, es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Obra en T&B Editores

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formetera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del iniferno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Luces y sombras del libro digital

Cuando la musa es una niña

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

Un festival de imágenes

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

La plástica del poder

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Reivindicación de Gustave Caillebotte

Una guía clásica de la ciencia ficción

Impresionistas y modernos

La Feria del Libro de Madrid cumple 75 años

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

Una entrevista a la fotógrafa Vanessa Winship

Una recuperación del Instituto Murnau

Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

Malevaje en la Gran Vía

Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en La Razón

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 

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