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Blog de Javier Memba

El insolidario

Carole André

Archivado en: Inéditos, cine, Carole André

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            Todas son dichosas. Pero de cuantas tareas entraña la cinefilia, no hay ninguna tan grata como la de adorar a las actrices. Es un amor aún más platónico que aquellos no correspondidos, a menudo por ignorados, que tan plácido dolor causan en la adolescencia. Y lo es porque, a la postre, se trata de suspirar por una ilusión aún más excelsa que la que nos inspiraba aquella que nos hacía ruborizar al sorprendernos mirándola: la chica cuyo florecimiento a la feminidad, en el pupitre de al lado, nos interesaba mucho más que las declinaciones latinas y el no menos nefasto valor de Pi.

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Publicado el 1 de julio de 2010 a las 11:15.

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Un apunte sobre Georges Sadoul

Archivado en: Inéditos, cine, Georges Sadoul

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                   Salvo error u omisión, Georges Sadoul ni realizó ni interpretó película alguna. Sin embargo, fue un gran cineasta. Según la definición del término que Louis Delluc diera en 1922 -y que el mismo Sadoul recordara en el prefacio a la primera edición de su celebre Diccionario de cineastas- lo es todo aquel vinculado por sus aportaciones a la industria del cine. La suya fue una labor divulgativa, comparable a la de su admirado André Bazín. Su Historia del cine mundial (1949, 1967), resultado de su dilatada actividad como crítico y estudioso, es uno de los textos fundamentales sobre el medio. Si bien la pauta de su pluma siempre estuvo marcada por su ideología comunista, su mérito para su inclusión en estas páginas consiste en haber sido maestro de escritores cinematográficos. Algunos tan alejados de la dictadura del proletariado, la redención de los pobres y la causa de los desfavorecidos como yo mismo, su más humilde discípulo.

                   Nacido en París en 1904, el joven Georges fue un ardiente surrealista entre 1924 y 1932. De ahí su amistad con Luis Buñuel, que mantendría durante toda su vida, y de ahí su evolución al marxismo junto con André Breton y Louis Aragon. A diferencia de aquél ni siquiera fue trotskista, como Aragon fue un estalinista puro y duro.

                   Firmó sus primeras críticas en Regards, corría a la sazón el año 1936. Pertenece por tanto Sadoul a la segunda generación de críticos franceses, la que nace a la zaga de los vanguardistas -Jean Epstein, Abel Gance, Louis Delluc, etcétera- Dos años después de firmar sus primeros artículos, comienza a interesarse por la historia. Mientras sigue incluyendo reseñas en publicaciones de Francia, Italia e Inglaterra, van surgiendo sus textos monográficos sobre el cine francés, el inglés o el húngaro; o sobre realizadores como Méliès, Chaplin o los hermanos Lumière. Todos ellos convergerán en su Historia, en cuyas páginas se dará cuenta tanto de las modestas realizaciones en 16 mm hasta las superproducciones en los grandes formatos. Murió en París en 1968, cuando preparaba un apéndice sobre el cine de habla española para su historia.

Publicado el 24 de junio de 2010 a las 13:15.

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La inocencia de Anna Has

Archivado en: Ficciones, inéditos

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I

                   "Siempre que te acerques a ellos me bailas. ¿Eh? Hagas lo que hagas, tú siempre bailando... ¿No ves que es lo que más les gusta?"

                   Eso fue lo único que estuvo diciéndole Sanchidrián la primera semana.

                   Ella aún se paralizaba por el rubor. Luego, de un día para otro, apenas estrenó esas botas que le sobrepasaban las rodillas -desde que Michelle se presentó una noche con ellas fue un pequeño capricho que acabaron por permitirse todas-, empezó a bailar como una autómata. Como si no fuera con ella la cosa cuando la miraban. Incluso aparentaba ser quien no era. Todo pasó tal y como Lucyna, su hermana, le anunciara.

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Publicado el 15 de junio de 2010 a las 00:30.

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El cine italiano de géneros

Archivado en: Inéditos, cine, La gran pantalla italiana de género

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            Ya lo he contado en varias ocasiones. Espectador entusiasta comencé a serlo cuando una prima de mi madre, allá por el remoto año 63, contando yo tres primaveras, me llevó a ver Tres lanceros bengalíes (Henry Hathaway, 1935) y Hatari! (Howard Hawks, 1962). Fue en uno de aquellos entrañables programas dobles, en sesión continua, que ya todo el mundo parece haber olvidado. El primer éxtasis ante la belleza me fue dado en la secuencia final de Tres lanceros..., cuando, tras la muerte en la batalla del teniente Alan McGregor (Gary Cooper), siguiendo la costumbre en su regimiento, condecoran a su caballo.

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Publicado el 6 de junio de 2010 a las 20:30.

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Continúa el enigma de Alicia

Archivado en: Inéditos, cine, la Alicia de Tim Burton

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            Vi Alicia en el país de las maravillas (Clyde Geromini, Wilfred Jackson y Hamilton Luske, 1951) siendo un niño y me asustó. Tiempo después, ya experto en cierto placer que me callo, pero que sabrá adivinar el buen entendedor, al volver a visionarla bajo sus efectos, comprendí que aquélla era una cinta para alucinados, que no para niños. Entonces sí que me gustó. Ya en épocas más recientes he leído que Alicia... fue el fracaso, relativo pero fracaso al cabo, de cuantos largometrajes de animación produjo la Disney en vida de su fundador.

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Publicado el 21 de mayo de 2010 a las 01:45.

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Volver a Eric Rohmer

Archivado en: Inéditos, cine, Eric Rohmer

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            Antes que nada pido disculpas por no haber acudido ayer a mi cita diaria con el mundo digital. Tengo un buen motivo: he recuperado la calma. Esa serenidad que siempre pierdo cuando Cristina, mi equilibrio, se va a ver a sus padres y ese otro yo que habita en mí, y es mi peor enemigo, se desata. Mi álter ego fatal parece que se marcha. El delirio remite. Retorna la calma. Los días vuelven a serme favorables.

            Otra vez sosegado, de nuevo tranquilo, sin la dichosa autodestrucción a cuestas, puedo entregarme al mayor placer que me ha deparado la existencia: ver una película. Amar a Cristina es otro asunto, la lectura le va a la zaga y la escritura es un ajuste de cuentas con la realidad. Pero desquite al cabo.

            En este caso, la cinta que me ha devuelto lo sublime de lo cotidiano ha sido Les rendez-vous de Paris (1995), de Eric Rohmer, como es sabido: todo un maestro en el retrato de las ninfas galanteando.

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Publicado el 19 de mayo de 2010 a las 13:15.

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Recordando a Lena Horne

Archivado en: Inéditos, cine, Lena Horne

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I Remember Lena Horne

            Como el lector comprenderá, yo no tuve el honor de conocer a Lena Horne, fallecida el pasado día 10. Si afirmo en el título de este post que la recuerdo es a imitación de aquel I Remember Clifford de Benny Golson -inolvidable en la versión de Dizzy Gillespie- o aquel otro I Remember Django de Barney Kessel, que este guitarrista -uno de los mejores que dio el bop- grabó junto al violinista Stéphane Grappelli. ¡Ya es decir! Lo de "recuerdo" se me antoja una fórmula frecuente entre las mejores piezas de la historia del jazz y Lena Horne grabó una versión memorable de Stormy Weather.

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Publicado el 16 de mayo de 2010 a las 23:45.

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Tres camareras del año 83

Archivado en: Ficciones, inéditos

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Tres camareras del año 83

Está dedicado.

I. Lili

            "Aquí estuvo la antigua maravilla que imaginé bajo sus hombros con tanto ardor", me repetía a mí mismo mientras oía hablar a Lili. Nunca llegué a saber su verdadero nombre. Más aún: nunca llegué a saber si las "i" que lo componían eran griegas o latinas. Puede que la primera fuera de éstas y la segunda de aquéllas. ¡Qué sé yo!

Escribir que la escuchaba sería mucho decir. La oía, y muy lejana aunque estuviera junto a mí. Lejana había estado durante tantos años que lo seguía estando ahora, por más que camináramos juntos -tan juntos que percibía su perfume- por una glorieta que conozco desde siempre aunque, si alguien me preguntara su nombre, no sabría qué responder.

Era invierno -de un tiempo a esta parte siempre es invierno-, pero los días ya empezaban a ser más largos y más lenta la puesta del sol. Ese primer anuncio del verano me resultaba grato, como el perfume de Lili. Pero, al igual que los aromas de Lili, la primera prueba de que volvía la canícula me había dejado de seducir. Ya ni siquiera recordaba cuanto tiempo había pasado desde que comprendí que el estío -como el fulgor poético o el amor al rock- es una ficción de la juventud.

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Publicado el 5 de mayo de 2010 a las 18:00.

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Un texto inédito al hilo de la extraña muerte de David Carradine

Archivado en: Cine, David Carradine, inéditos

Blog de Javier MembaA finales de los años 60, cuando el American Film Institute rindió un merecido homenaje a Hitchcock, en un momento dado, uno de los ponentes advirtió que el auditorio se había quedado vacío. No era que el mago del suspense no mereciera el más encendido tributo por parte de cuantos debieron ocupar los asientos. Eran las miserias de la toxicomanía, que habían llevado a la totalidad de la audiencia a los retretes y otros lugares, más o menos discretos, a entregarse al protocolo de la ya consabida cocaína.

 Esa es la anécdota con la que suele iniciarse el relato de la experiencia de la generación que cambió Hollywood y David Carradine, fallecido el pasado miércoles en Bangkok, perteneció por derecho propio a ella. Es más, las extrañas circunstancias que rodean su muerte —ahorcado, encerrado en un armario y con la soga, supuestamente, ciñéndole los testículos—, llevan a pensar que no era tal ese sosiego que decía haber recuperado desde de Quentin Tarantino le encomendó la creación de Bill, el amante de la novia (Uma Thurman), en las dos entregas de Kill Bill (2003 y 2004).

 En efecto, esa generación, que tiene por abanderado a Dennis Hopper —el antiguo rey de los excesos—, en cuya nómina cuentan nombres como los de Martin Scorsese, Francis Ford Coppola o Robert de Niro, llevó a Hollywood del racismo a la tolerancia racial y del puritanismo a los desnudos fugaces de las actrices. Pero en su experiencia liberadora, pagó un alto precio a la autodestrucción y a los desequilibrios. Aunque todavía es pronto para aventurar conclusiones, muy probablemente, David Carradine ha sido el último de los caídos en ese combate contra el desasosiego.

 No deja de ser curioso que el Pequeño Saltamontes, tan tocado por el orientalismo como todos los hippies, haya ido a morir en Bangkok. Sin embargo, hay en ello una lógica tan aplastante como en cierto dato que observan los comentaristas más agudos: la heroína que el Vietcong dejó caer convenientemente sobre los soldados estadounidenses jugó un papel determinante en el galope del Caballo de la muerte en Estados Unidos y por ende en sus países satélites. En cualquier caso, la toxicomanía fue el comienzo de la experiencia errática de David Carradine.

 Al igual que los hermanos Fonda y algunos otros hijos de los grandes del Hollywood clásico, los hermanos Carradine —hijos de John Carradine, el gran villano de la Fox y uno de los actores favoritos de John Ford— fueron de los primeros hippies que conoció ese Hollywood que se resquebrajaba en los años 60. Casado en primeras nupcias —el 29 de diciembre de 1960— con Donna Lee Becht, el inquieto Carradine permaneció a su lado mientras interpretaba sus primeros westerns de escaso presupuesto y participaba en alguna que otra serie de televisión.

 Es harto significativo que fuese precisamente en 1968 —el año clave en la revolución juvenil del pasado siglo— cuando el joven Carradine se separó de su primera mujer para situarse en la estela de la sedición que se gestaba en los campus de Berkeley y en los conciertos de The Doors. En aquellas protestas se mezclaban los Panteras Negras con la insumisión frente al conflicto vietnamita, aderezado todo ello con ácido lisérgico. Ése era el telón de fondo de David cuando, en 1972, rodando Boxcar Bertha a las órdenes de Martin Scorsese —una de las más comprometidas visiones del sindicalismo de la pantalla estadounidense— conoció a la actriz Barbara Hershey. A la sazón, la joven sintetizaba a la perfección la belleza de las hippies californianas: iba descalza a los sitios, se hacía llamar "Gaviota", llevaba a los hijos colgando del cuello y estaba obnubilada con el orientalismo. La unión, tan libre como el amor en el flower power, no tardó en producirse.

 Ese hippismo -según contaba la revista Garbo y otras publicaciones de la crónica social de entonces, David y la bella Barbara vivían en una comuna- fue determinante para que el actor incorporara a Kwai Chang Caine, Kunfú para el Respetable.

 Marchitas ya las flores del sueño californiano, Carradine se incorporó malamente a esa vida burguesa que acaba por imponerse inexorable. En febrero de 1977 se casó con Linda Gilbert, de la que se separó seis años más tarde. Como tantos antiguos politoxicómanos, el actor superó su propensión a los estupefacientes mediante la botella. A la postre, el alcohol no acarrea más problemas que el fin de los matrimonios y la expulsión de los bares. Casado con la también actriz Gail Jensen, la unión se prolongó desde 1988 hasta 1997. Su ya cuarta mujer no le tuvo en cuenta una detención en 1989, por conducir borracho como una cuba, que le llevó a dormir la mona a la comisaría durante 48 horas y a los correspondientes servicios pringantes.

 El más corto de los matrimonios del actor fue el que le unió a la actriz Marina Anderson. El vínculo sólo duró cuatro años, los que se fueron entre 1998 y 2001. A la sazón, la actividad profesional del Pequeño saltamontes había decaído hasta el punto de que el antiguo protagonista de Scorsese y Hal Ashby rodaba lo que fuera con tal de que pagaran. Dudaban de él cuando aseguraba que había dejado la botella.

 Y entonces llegó Quentin Tarantino, que tanto admiró a Carradine en su creación de Kwai Chang Caine, dispuesto a recuperarle. En diciembre de 2004, el actor se casaba con su sexta mujer, Annie Bierman. Todo parecía haberse enmendado cuando las extrañas circunstancias de la muerte del Pequeño saltamontes vuelven a sumir su rehabilitación en las dudas.

 (junio, 09)

Publicado el 15 de abril de 2010 a las 16:45.

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Javier Memba

Javier Memba

            Periodista con más de cuarenta años de experiencia –su primer texto apareció en la revista Ozono en 1978-, Javier Memba (Madrid, 1959) fue colaborador habitual del diario EL MUNDO entre junio de 1990 y febrero de 2020. Actualmente lo es en Zenda Libros. Estudioso del cine antiguo, en todos los medios donde ha publicado sus cientos de piezas ha demostrado un decidido interés por cuanto concierne a la gran pantalla. Puede y debe decirse que el setenta por ciento de su actividad literaria viene a dar cuenta de su actividad cinéfila. Ha dado a la estampa La nouvelle vague (2003 y 2009), El cine de terror de la Universal (2004 y 2006), La década de oro de la ciencia-ficción (2005) –edición corregida y aumentada tres años después en La edad de oro de la ciencia ficción-, La serie B (2006), La Hammer (2007) e Historia del cine universal (2008).

 

            Asimismo ha sido guionista de cine, radio y televisión. Como novelista se dio a conocer en títulos como Homenaje a Kid Valencia (1989), Disciplina (1991) o Good-bye, señorita Julia (1993) y ha reunido algunos de sus artículos en Mi adorada Nicole y otras perversiones (2007). Vinilos rock español (2009) fue una evocación nostálgica del rock y de quienes le amaron en España mientras éste se grabó en vinilo. Cuanto sabemos de Bosco Rincón (2010) supuso su regreso a la narrativa tras quince años de ausencia. La nueva era del cine de ciencia-ficción (2011), junto a La edad de oro de la ciencia-ficción, constituye una historia completa del género, aunque ambos textos son de lectura independiente. No halagaron opiniones (2014) fue un recorrido por la literatura maldita, heterodoxa y alucinada. Por su parte, David Lynch, el onirismo de la modernidad (2017), fue un estudio de la filmografía de este cineasta. El cine negro español (2020) es su última publicación hasta la fecha.  

 


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Javier Memba en 2009

 

Javier Memba en 1988

 

Javier Memba en 1987

 

1996

 

 

Javier Memba en la librería Shakespeare & Co. de París

 

 

 

 

 

 

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Enlaces

-La linterna mágica

-Unas palabras sobre Vida en sombras

-Unas palabras sobre La torre de los siete jorobados

-50 años de la Nouvelle Vague en Días de cine

-David Lynch, el onirismo de la modernidad en Radio 3

-Unas palabras sobre Casablanca en Telemadrid

-Unas palabras sobre Tintín en Cuatro TV

 

 

ALGUNOS ARTÍCULOS:

Malditos, heterodoxos y alucinados

Malditos, heterodoxos y alucinados de la gran pantalla

Destinos literarios

Sobre La naranja mecánica

Mi tributo al gran Chris Marker

El otro Borau

Bohemia del 89

Unos apuntes sobre las distopías

Elogio de Richard Matheson

En memoria de Bernadette Lafont

Homenaje al gran Jean-Pierre Melville

Los amores de Édith

Unos apuntes sobre La reina Margot

Tributo a Yasujiro Ozu con motivo del 50 aniversario de su fallecimiento

Unos apuntes sobre la aportación de Run Run Shaw a la pantalla internacional

Unos apuntes sobre dos cintas actuales

Las legendarias chicas de los Stones

Unos apuntes sobre el "peplum"

El cine soviético del deshielo

El operador que nos devolvió el blanco y negro

Más real que Homeland

El cine de la Gran Guerra

Del porno a la pantalla comercial

Formentera cinema

Edward Hopper en estado puro

El cine de terror de los años 70

Mi tributo a Lauren Bacall

Mi tributo a Jean Renoir

Una entrevista a Lee Child

Una entrevista a William McLivanney 

Novelistas japonesas

Treinta años de Malevaje

Las grandes rediciones del cómic franco-belga

El estigma de La campana del infierno

Una reedición de Dalton Trumbo

75 años de un canto a la esperanza

Un siglo de El nacimiento de una nación

60 años de Semilla de maldad

Sobre las adaptaciones de Vicente Aranda

Regreso al futuro, treinta años después 

La otra cabeza de Murnau

Un tributo a las actrices de mi adolescencia

Cineastas españoles en Francia

El primer surrealista

La traba como materia literaria

La ilustración infantil de los años 70

Una exposición sobre la UFA

La musa de John Ford

Los icebergs de Jorge Fin

Un recorrido por los cineastas/novelistas -y viceversa-

Ettore Scola

Mi tributo a Jacques Rivette

Una película a la altura de la novela en que se basa

Mi tributo a James Cagney en el trigésimo aniversario de su fallecimiento

Recordando a Audrey Hepburn

El rey de los mamporros

Una guía clásica de la ciencia ficción

Musas de grandes canciones

Memorias de la España del tebeo

70 años de la revista Tintín

Ediciones JC regresa a sus orígenes

Seis claves para entender a Hergé

La chica del "Drácula" español

La primera princesa de la lejana galaxia

El primer Tintín coloreado

Paloma Chamorro: el fin de "La edad de oro"

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Heroínas de la revolución sexual

Muere George A. Romero

Un mito del cine francés

Semblanza de Basilio Martín Patino

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Entrevista a Benjamin Black

Un circunloquio sobre la provocación

Una nueva aventura de Yeruldelgger

Una dama del crimen se despide

Recordando a Peggy Cummins

Un tributo a las yeyés francesas

La última reina del Technicolor

Recordando a John Gavin

Las referencias de La forma del agua

El Madrid de 1988

La nueva ola checa

Un apunte sobre Nelson Pereira dos Santos

Una simbiosis perfecta

Un maestro del neorrealismo tardío

El inovidable Yellowstone Kelly

Que Dios bendiga a John Ford

Muere Darío Villalba

Los recuerdos sentimentales de Enrique Herreros

Mi tributo a Harlan Ellison

La inglesa que presidió el cine español

La última rubia de Hitchcock

Unos apuntes sobre Neil Simon

Recordando Musicolandia

Una novelista italiana

Recordando a Scott Wilson

Cämilla Lackberg inaugura Getafe Negro

Una conversación entre Läckberg y Silva

El guionista de Dos hombres y un destino

Noir español y hermoso

Noir italiano

Mi tributo al gran Nicholas Roeg

De la Escuela de Barcelona al fantaterror patrio

Recordando a Rosenda Monteros

Unas palabras sobre Andrés Sorel

Farewell to Julia Adams

Corto Maltés vuelve a los quioscos

Un editor veterano

Una entrevista a Wendy Guerra

Continúa el misterio de Leonardo

Los cantos de Maldoror

Un encuentro con Clara Sánchez

Recuerdos de la Feria del Libro

Viajes a la Luna en la ficción

Los pecados de Los cinco

La última copa de Jack Kerouac

Astérix cumple 60 años

Getafe Negro 2019

Un actriz entrañable

Ochenta años de "El sueño eterno"

Sam Spade cumple 90 años

Un western en la España vaciada

Romy Schneider: el triste destino de Sissi

La nínfula maldita

Jean Vigo: el Rimbaud del cine francés

El último vuelo de Lois Lane

Claudio Guerin Hill

Dennis Hopper: El alucinado del Hollywood finisecular

Jean Seberg: la difamada por el FBI

Wener Herzog y la cólera de Dios

Gordad, el gran maese de la heterodoxia cinematográfica

Frances Farmer, la esquizofrénica que halló un inquietante sosiego

El hombre al que gustaba odiar

El gran amor de John Wayne

Iván Zulueta, arrebatado por una imagen efímera

Agnès Varda, entre el faminismo y la memoria

La reina olvidada del noir de los 40

Judy Garland al final del camino de adoquines amarillos

Jonas Mekas, el catalizador del cine independiente estadounidense

El gran Edgar G. Ulmer

La última flapper; la primera it girl

El estigmatizado por Stalin

La controvertida Egeria del Führer

El gran Tod Browning

Una chica de ayer

El niño que perdió su tren eléctrico

La primera chica de Éric Rohmer

 

 

ALGUNAS RESEÑAS:

Un adelanto de David Lynch, el onirismo de la modernidad en Zenda libros

Una entrada de El Insolidario accesit del Premio Paco Rabal

No halagaron opiniones en El Mundo

No halagaron opiniones en elmundo.es

La nueva era del cine de ciencia-ficción en Lo que yo te diga

La nueva era del cine de ciencia-ficción en elmundo.es

Unas palabras sobre Cuanto sabemos de Bosco Rincón

No halagaron opiniones en Archivo de la Frontera

No halagaron opiniones en Literaturas.com

David Lynch, el onirismo de la modernidad en AISGE

El cine negro español en Zenda Libros

Tres películas para el confinamiento en De Cine 21

 

CORTOMETRAJES:

Pandémica (1985)

El gran amor de Max Coyote (1989) (primera parte) en Youtube

El gran amor de Max Coyote (final)


El gran amor de Max Coyote en la web de RTVE

 

 



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