Sin servicio médico, privados de comunicación en ocasiones, hacinados, maltratados... Así viven los extranjeros en Centros de Internamiento como el de Aluche, en Madrid. Esta semana he charlado con un hombre africano que pasó allí 53 días, y con una mujer, boliviana, que vio como deportaban y golpeaban a su pareja sin motivo aparente. Participan también en el siguiente reportaje la ONG Pueblos Unidos, que recientemente presentó el informe 'Miradas tras las rejas'; y la red de apoyo Ferrocarril Clandestino, que pide el cierre de los CIE:
Los casos de maltrato de hijos a padres se han triplicado desde 2007. Buscando soluciones, GINSO (Asociación para la Gestión de la Integración Social) y la Sociedad Española UrraInfancia, acaban de inaugurar Campus Unidos. Se trata de un centro ubicado en Brea de Tajo, Madrid, un recurso terapéutico que tratará esos casos concretos de violencia filioparental. A esta iniciativa, pionera en España, tendrán acceso jóvenes de entre 12 y 18 años
La nueva víctima tiene doce años y se llama Luis Fernando. "Ingresó este martes en Galapagar, por la tarde, la madre le llevó y quiso ver el centro, pero los educadores no se lo enseñaron. Entonces ella les pidió la licencia, y le dijeron que como estamos en crisis están sin ella", explica Juan Carlos.
"Luis Fernando está muy asustado, y también su madre", continúa. Al parecer, el chico tan sólo padece "hiperactividad". Tiene dos hermanos, Alejandro, de 14 años, que vive en otro centro en Aranjuez; y Andrea, de 16, que ingresó en Picón de Jarama.
Según Juan Carlos, la tutela de los tres hijos le fue retirada a la madre tras la denuncia de su propia hija mayor "tras una discusión sin importancia", comenta. "Servicios sociales le comió el coco. Andrea tiene problemas con el alcohol y las drogas", apunta. Antes de derivar a cada uno a un lugar diferente, los tres hermanos estuvieron en un centro de Hortaleza.
"Luis Fernando se encuentra muy mal y no quiere estar ahí. La madre conoce las denuncias que existen, y no quiere que su hijo sufra un trauma como el que otras personas hemos sufrido. Tenemos que hacer algo", concluye.
Hace ya unos nueve meses, Amnistía Internacional presentaba el informe 'Si vuelvo, ¡me mato!', que daba cuenta de las graves violaciones a los derechos humanos de niños y niñas cometidas en centros terapéuticos.
Ahora, la ONG publica la segunda parte de este estudio, analizando esta vez la vaga reacción de la Administración a dicho documento. Y lo hace al mismo tiempo que el Ministerio de Sanidad da un paso adelante al suscribir un protocolo básico de actuación en centros o residencias para menores con trastornos de conducta, que permitirá, entre otras cosas, recurrir a medidas de aislamiento y contención física, de forma "excepcional", siempre y cuando se produzca una situación "de crisis" con los jóvenes.
Amnistía denuncia que con esta medida, insuficiente, el Gobierno pretende "regularizar la existencia de estos dispositivos, a medio camino entre centros de detención ilegales y clínicas psiquiátricas para adolescentes víctimas de exclusión social"; y sigue reclamando una ley estatal que regule todos los centros y que proteja a los menores que en ellos residen, y que siguen saliendo a la luz para denunciar episodios de malos tratos, lejos de gozar de garantías.
"Bajo la protección y el cuidado del Estado, menores que no han cometido ningún delito pueden sufrir privación de libertad sin orden judicial, malos tratos, ser encerrados en celdas de aislamiento, atados y amordazados. Pueden verse privados de su derecho a la salud al ser sometidos a tratamientos médicos sin diagnóstico, administrados sin la debida diligencia, sin información y sin su consentimiento, a veces medicados forzosamente con fines sancionadores", explica AI en su página web.
'Si vuelvo, ¡me mato!' (II) denuncia la indiferencia de las autoridades estatales y autonómicas que, a pesar de conocer la primera parte del informe, poco o nada han avanzado, relegando tan grave problemática a un asunto más de alarma social, lejos de dedicarle todos los esfuerzos necesarios.
Así que, de momento, los castigos corporales, los aislamientos forzados, la sobremedicación y contenciones físicas seguirán siendo una realidad, y casos como el del centro hogar de Galapagar (Madrid), al que han denunciado cuatro jóvenes, continuarán sucediéndose a lo largo de toda la geografía española.
P.D.: Tolerancia Cero a la violencia, tolerancia cero a la indiferencia.
Publicado el 17 de septiembre de 2010 a las 08:30.
Más de 8.000 mujeres y niñas africanas sufren diariamente la ablación, aunque esta práctica también se realiza en Oriente medio y Asia, según el informe más reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), titulado 'Eliminando la mutilación genital femenina'.
Asha Hussein es una de esas 'niñas'. Vive en Madrid desde hace siete años. Es somalí, aunque nació en Kenia. Cuando sólo tenía 5 años, un día su madre le dijo: "hoy te vamos a purificar". Entonces, Asha se sintió "la niña más feliz del mundo. Iba a pasar de una categoría a otra. Me bañé, me puse mi mejor vestido. Incluso, yo misma fui a la tienda a comprar las cuchillas y llamé a la matrona".
¿No sabías qué ocurría?
Asha: No me di cuenta de lo que me iba a pasar hasta que me sentaron en la cocina de mi abuela, que era de barro. Hicieron un agujero y allí me colocaron. Mi abuela me agarró las piernas, mi madre los brazos, y me colocaron un trapo en la boca para evitar que gritase. Lloré sin lágrimas. Aquello era muy doloroso, terrible. Todavía oigo y siento el sonido del cuchillo cortando mi carne. Luego me cosieron, porque había que cerrarlo completamente, dejando un agujero muy pequeño para la menstruacción, la orina...
Sulekha es hermana de Asha. Tiene 44 años y también reside en Madrid. "Fue brutal, algo que recuerdo mucho, un castigo que estoy viviendo todavía. Quería vomitar y quería hablar con mi madre. Yo le decía 'tranquila, no pasa nada, estoy bien'. Pero ella estaba muy nerviosa, no quería hacerlo. Mi padre insistió y le decía que si no me practicaban la ablación me echarían fuera de la comunidad. Y también supondría un divorcio seguro para mi madre, claro", explica.
¿Cuál es tu principal recuerdo de ese día?
Sulekha: Después de la ablación cerré los ojos, y mi madre le dijo a mi padre: "Es tu culpa", y mi padre le respondió: "¿Y qué? Es una niña. Si muere, no pasa nada". Entonces, abrí los ojos y le dije a mi madre: "Mami, no voy a morir". Lo peor es que estas cosas siguen ocurriendo y, mientras hablo, muchas niñas están muriendo en Somalia.
Hawaya tiene 22 años, y es la hija de Sulekha quien, por cierto, se vino a España para evitar que a su otra hija, de ahora 13 años, la sometiesen el macabro rito. "Me protegió mi madre. Me hicieron algo de sangre, nada más, para que la gente pensase que ya estaba hecha la ablación. Mi madre habló antes con la matrona, pero había otras dos niñas, muy pequeñas, a las que sí se les practicó. Sangraban y se las llevaron al médico. Estábamos en una habitación, y al lado había otro cuarto. Las niñas teníamos que pasar una a una, por eso no pudieron saber qué me habían hecho exactamente.
¿Qué consecuencias tiene todo esto?
Asha: Aparte de problemas psicológicos, cuando te llega la primera regla es terrible. Más tarde, me casaron con un hombre que nunca había conocido. Ese hombre me abrió y se acostó conmigo la misma noche. Y tuve el dolor más grande que una mujer puede pasar. Era virgen, y ese hombre quería a una mujer virgen. ¿Cómo no iba a ser virgen, si yo no sabía que era el sexo, no tenía sensaciones?
Sulekha: Mi primer embarazo fue muy complicado y no tenía 'feeling' como mujer. Date cuenta que tu marido puede pensar que ya no te gusta o que tienes otra relación.
¿Por qué se practica la ablación en vuestro país?
Asha: Por la necesidad del hombre de dominar a la mujer. Ha existido toda la vida, pero en esta ocasión se ha disfrazado de religión y de cultura. El hombre no quiere que tengas sentimientos, si no que seas un aparato para parir toda la vida.
Sulekha: No es religioso. Los árabes, que son musulmanes, no practican todos la ablación, y si lo hacen es sólo un poco, no como en Somalia, tan cruel.
Hawaya: No es religioso, porque en el Corán no está escrito. Es una tradición que además las mujeres practican a otras mujeres. No sé si es para controlarlas, para que no sean infieles, para que permanezcan vírgenes hasta que se casen, para que no tengan sentimiento alguno...
La ablación está prohibida en España y en buena parte de la UE. Incluso, en muchos países de África, como Gambia o Senegal, pero la realidad es otra. Es una práctica que continúa, y las prohibiciones únicamente han conseguido que se lleve a cabo de forma clandestina, en malas condiciones. En España, si se sospecha que una niña va a viajar a su país de origen para ser sometida a la ablación, las autoridades pueden llegar a quitar la custodia a sus progenitores.
¿Sigue ocurriendo?
Asha: A miles de niñas se les realiza la ablación en países donde está prohibida. Ahora se hace en los lugares más oscuros que te puedas imaginar, más sucios... Y cuando se desangra una niña no van a llevarla al médico por miedo a que metan a alguien en la cárcel. Antes de prohibir hay que enseñar, educar.
¿Cómo luchas contra este maltrato?
Asha: Lo que hago es informar a la gente a través de la ONG ‘Salvar una niña, salvar una generación'. Trabajamos directamente con las mujeres del campo, hablamos con aquellas a las que nos les llegan periódicos, ni la televisión, ni siquiera saben leer... Estamos en el norte de Somalia, en el este de Kenia y esperamos llegar a todas las mujeres.
Un deseo.
Asha: Pediría que algún día la mujer fuese ella misma y tomase las riendas de su vida, que sea su propio conductor.
Sulekha: Un cambio, pero pronto, para terminar con los maltratos de las mujeres de todo el mundo, pero sobre todo las de Somalia, por favor.
En este vídeo, un usuario nos explica en qué consiste el juego puesto en marcha por la ONG danesa 'Born og Unge I Voldsramte familier', dentro de una campaña contra la violencia de género.
Si entras en hitthebitch.com, podrás darle golpes a una joven para convertirte en todo un macho ibérico, dejándole la cara llena de heridas, mientras ella te insulta. ¿Divertido? Se trata de un polémico juego que se llama 'Hit the bitch', algo así como 'Golpea a la zorra', una iniciativa impensable por parte de una organización que intenta ayudar a los niños que viven rodeados de esta lacra social, el maltrato.
Publicado el 19 de noviembre de 2009 a las 11:15.
Patricia Costa
Asuntos Pendientes. ¿Cuántos tienes tú? A mí todavía me quedan muchos que tratar. En este blog recogeré mi punto de vista y breves reportajes sobre temas sociales y todo tipo de desigualdades, cetrándome especialmente en la mujer.
Nací en Redondela (Pontevedra), en 1981, y me licencié en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Vigo allá por 2003.Xesús Lodeiro (jefe de Deportes en Radio Galega) fue la persona que me dio mi primera oportunidad en radio. Trabajé dos años en esta emisora, en el programa 'Galicia en Goles', junto a Xoan Galán, cantando goles y leyendo resultados a cien por hora.
Al mismo tiempo, escribía en Atlántico Diario, donde pasé por diferentes secciones a lo largo de tres años, hasta terminar coordinando Deportes. También estuve en la Escuela Gallega de Consumo (dependiente del Instituto Gallego de Consumo). A través de una beca universitaria, elaboraba materal didáctico sobre temas vinculados a la publicidad, e impartía talleres a niños y padres. Además, a lo largo de estos años y gracias a Fernando Ramos, he participado en diferentes cursos para el Ministerio de Administraciones Públicas, como profesora.
En 2006 me trasladé a Madrid para cursar el master de Radio Nacional de España, donde comencé a trabajar en 2007, tras terminar el master, en Bienvenido a 'Casa'. Desde 2008 soy colaboradora de RNE, en el programa 'Tolerancia Cero' de Radio 5 y en 'Abierto hasta las 2'. Compagino mis tareas en esta emisora con Genteen Madrid, donde me encargo de cubrir la información del sur de Madrid, como redactora.
Desde septiembre de 2011 colaboró también en Radio 5 elaborando el microespacio 'Tendencias'.
En 2009 gané el premio Carmen Goes de Periodismo en la modalidad de Radio por un reportaje sobre la ablación que podéis escuchar en este programa de Tolerancia Cero.
Entre mis planes futuros: terminar mi tesis doctoral.