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Blog de Patricia Costa

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Microcréditos para víctimas de violencia machista

Archivado en: microcreditos, violencia machista, ico, fundacion genus

Por aquí os dejo el link al reportaje sobre un proyecto pionero desarrollado en Sevilla sobre microcréditos concedidos a mujeres víctimas de violencia machista para salir adelante (a partir del 14,30').

Ana María Jiménez y Auxiliadora del Valle son dos víctimas de la violencia machista, usuarias de la Fundación Genus, que participan en el Proyecto Piloto de Cajasol, ahora Banca Cívica. A través de los microcréditos, Ana María, que sufre una importante discapacidad auditiva, ha montado su propio negocio. Auxiliadora, enferma de esclerosis múltiple, arregló su dentadura, destrozada por una patada de su agresor.

Publicado el 14 de marzo de 2012 a las 22:00.

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¿Centros de Internamiento de Extranjeros o cárceles modernas?

Archivado en: cie, aluche, maltrato, violencia, inmigracion, madrid, pueblos unidos, ferrocarril clandestino

Sin servicio médico, privados de comunicación en ocasiones, hacinados, maltratados... Así viven los extranjeros en Centros de Internamiento como el de Aluche, en Madrid. Esta semana he charlado con un hombre africano que pasó allí 53 días, y con una mujer, boliviana, que vio como deportaban y golpeaban a su pareja sin motivo aparente. Participan también en el siguiente reportaje la ONG Pueblos Unidos, que recientemente presentó el informe 'Miradas tras las rejas'; y la red de apoyo Ferrocarril Clandestino, que pide el cierre de los CIE:

 

 

 

Publicado el 7 de febrero de 2012 a las 09:00.

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Campus Unidos: recurso terapéutico para hijos maltratadores

Archivado en: maltrato, violencia, campus unidos, javier urra, ginso

Los casos de maltrato de hijos a padres se han triplicado desde 2007. Buscando soluciones, GINSO (Asociación para la Gestión de la Integración Social) y la Sociedad Española UrraInfancia, acaban de inaugurar Campus Unidos. Se trata de un centro ubicado en Brea de Tajo, Madrid, un recurso terapéutico que tratará esos casos concretos de violencia filioparental. A esta iniciativa, pionera en España, tendrán acceso jóvenes de entre 12 y 18 años

 

Publicado el 16 de enero de 2012 a las 14:30.

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El Supremo otorga el derecho de asilo a una víctima argelina de violencia machista

Archivado en: violencia machista, asilo, argelia, tribunal supremo

Estamos de enhorabuena. El Tribunal Supremo ha sentenciado que las víctimas extranjeras de violencia de género son también víctimas de una persecución y, por tanto, son merecedoras del derecho de asilo en España "cuando se evidencia que la tutela dispensada por las autoridades nacionales del país de origen se revela inútil o ilusoria" ante los malos tratos que padecen.

El fallo se produce por el caso de una mujer argelina que fue forzada a casarse por acuerdo familiar y sufrió a manos de su marido "continuas agresiones y vejaciones caracterizables como continuos malos tratos físicos y psíquicos", un maltrato que también padecieron sus hijos menores de edad y que los jueces han acabado definiendo como "trato inhumano o degradante".

Esperamos que este sea sólo el principio.

 

Publicado el 6 de julio de 2011 a las 10:45.

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"Los hombres también somos víctimas, aunque de otra manera"

Archivado en: violencia machista, agresores, terapia, reeducacion, cupif, cupid

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Hombre, de unos 40 años, español, con un perfil cultural medio-bajo, condenado por violencia machista a una pena inferior a dos años. Así se presenta, a grandes rasgos, parte del problema social que nos ocupa: el agresor. Al menos, si echamos un vistazo a los que han pasado ya por el programa CUPID ('Con Un Pie Dentro') de reeducación contra el maltrato. Dirigido a hombres condenados por un delito leve de violencia entre convivientes, que se encuentran bajo suspensión de condena, este proyecto de intervención terapéutica ha sido desarrollado por la Asociación CUPIF ('Con Un Pie Fuera'), atendiendo a las líneas establecidas por Instituciones Penitenciarias.

Hace apenas un par de semanas, Jon todavía acudía a las sesiones en el Centro de Inserción Social Victoria Kent de Madrid, donde los psicólogos voluntarios de CUPIF llevan a cabo su trabajo. Es de nacionalidad extranjera, aunque lleva 18 años en España, estaba casado en el momento de cometer el delito y tiene tres hijos. Menos reciente lo tiene Ángel, madrileño, que hasta hace 2 años se sometía al tratamiento. Ahora, orgulloso, muestra en el móvil una imagen de su segundo hijo, de 9 meses, fruto de una nueva relación.

Sesión de seguimiento

Llegan juntos para reunirse en una sesión de seguimiento con María Socorro Gómez, coordinadora del programa CUPID, y con Joaquín García, psicólogo voluntario. "¿Recordáis la fase de dominio de la ira? Cuando uno se enfada mucho hay ciertas señales que puede registrar -tensiones musculares o subida de temperatura, por ejemplo- para controlar esa escalada. Pensad en alguna situación reciente en la que os hayáis sentido así", explica la terapeuta.

Le observan atentamente, repasando los apuntes que ha traído y que ha colocado sobre la mesa. Parecen relajados, al menos bastante más que cuando se conocieron. "No sabía que me encontraría. Vas un poco retraído, con miedo, a la defensiva. Me costó un par de meses encajar todo", confiesa Ángel. Con él coincide Jon: "Estaba asustado, pensaba que me meterían en la cárcel, pero me encontré con más personas como yo. Entonces, me tranquilicé. Desde el primer día, me convencieron de que era importante lo que estaba haciendo, que sólo querían evitar que sufriese más problemas".

Escépticos, asustados, reactivos, doloridos. Así llegan la mayoría al programa, apunta Socorro. Porque se consideran maltratados por el juez, la policía, por la sociedad entera, convencidos, incluso, de que no han hecho nada malo. "Traen ansiedad, dudas y tienen poca asunción de la responsabilidad", añade Joaquín. Profundizando sobre su perfil, Gómez aclara que han atendido a penados "de entre 18 y 73 años. La edad media se sitúa en los 40, los grupos son de 12 personas y suele haber unos 8 españoles y 4 extranjeros de diferentes nacionalidades. El perfil cultural lo definiría como medio-bajo y su situación económica, digamos, media".

Como punto en común, todos ellos mantendrán el haber sido condenados -por delitos de violencia machista- a una pena inferior a dos años. "El juez, valorando ciertas características, puede darles el beneficio de la suspensión de condena. A partir de ahí, no entrarán en prisión, pero tendrán que cumplir ciertos requisitos obligatorios, como asistir a estas terapias o no salir del territorio nacional", comenta Socorro. "Son personas que como se descuiden entran en la cárcel, y nuestro objetivo es que no ocurra eso, que no haya más víctimas, que no reincidan".

De seis a nueve meses

Las terapias suelen durar entre 6 y 9 meses aunque, reconocen, en ocasiones se necesitaría más tiempo y sesiones individuales. En los primeros encuentros se establecen las normas que van a funcionar (respeto en el turno de palabra o a las opiniones de los demás, por ejemplo), y se les dota de herramientas que precisarán a lo largo del tratamiento: habilidades para comunicar, expresión emocional o distorsiones de pensamiento. Ya en la segunda fase, se les explicará cuáles son los mecanismos de defensa y se les hablará de la violencia psicológica y emocional como precursoras de la física. Otra cuestión que se impartirá será el significado de género, prejuicios, estereotipos o igualdad, temas que la mayoría desconocen. Con cada uno de estos pasos se pretende tratar al agresor para que, al seguir su vida, no repita los modelos de pareja vigentes hasta entonces.

"La erradicación de la violencia pasa por tratar a la víctima, al agresor, y también a los niños que asisten como espectadores. Si no se aplican programas como CUPID, y no se rehabilita al agresor, una condena por delito leve puede transformarse en otra más grave", advierte la psicóloga, al tiempo que hace hincapié en la necesidad de prevenir "centrándonos en jóvenes, adolescentes y mujeres. Con los primeros porque las viejas formas de violencia aparecen ahora vía móvil o redes sociales, y en cuanto a ellas porque deben averiguar las trampas culturales que pueden convertirlas en víctimas algún día". En cualquier caso, nadie ha dicho que ayudar a víctima y agresor -la otra víctima, al fin al cabo- sean conceptos incompatibles.

"Te enseñan que se podía haber evitado"

"Si me hubiese sometido a este curso antes del matrimonio, hubiese evitado muchos problemas. Porque entonces hubiese sabido que tiene que haber empatía en la pareja, y que uno siempre debe saber ponerse en el lugar del otro. Eso es lo que he aprendido en estos meses. Me han enseñado que podía haberlo evitado", explica Jon ante la alegre mirada de Socorro: "Estamos muy satisfechos con lo que hacemos, aunque hay casos que necesitan un mayor seguimiento".

Ardua búsqueda de motivaciones y de un nuevo planteamiento de vida

Después de someterse a terapias de estas características, uno termina grabando en su mente para siempre una serie de frases, de conceptos, tal y como cuenta Jon. "Cuando pasan cosas malas tengo que buscar la salida, no seguir autocastigándome, porque siempre hay solución, y por eso he asistido al programa, para ver qué he hecho mal y cuál ha sido mi responsabilidad". Con él coincide Ángel. "Consiguen que te veas de otra manera y que tires hacia adelante, gracias también a la paciencia que tienen con nosotros", reconoce.

A mitad de reunión, Ángel, que concluyó su terapia hace un par de años, nos habla de su nueva vida. "Tengo una pareja y un crío de nueve meses. La convivencia ahora está bastante bien, algo ayuda todo lo que nos explican, te superas a ti  mismo, vives tranquilo… No afronté aquel matrimonio de la misma forma, la verdad". Jon, por el contrario, todavía no ha empezado de nuevo, aunque se muestra seguro de que "en el futuro me ayudará con las parejas, no volveré a ir a la Policía ni al juzgado".

A pesar de que sus sesiones con los psicólogos han finalizado, Ángel asegura que cada vez que surge un problema "me leo los apuntes para recordar lo que me enseñaron, y eso te evita salir a la jungla de la calle y volver otra vez a donde estabas antes".

El seguimiento finaliza, y Socorro les recuerda la pregunta que les formuló minutos atrás: "¿Cuándo os habéis enfadado por última vez?". "Hace mucho que no me enfado, pero si lo hago pienso siempre en algo positivo para calmarme", responde Jon. "Fue antes de nacer mi hijo. Tuve un pequeño conflicto con mi mujer, me di la vuelta, noté que la escalada empezaba a subir, busqué los truquillos que nos enseñan y todo salió bien. Las cosas se calmaron, hablamos y no fue a mayores", continúa Ángel. "¿Qué truquillos?", le pregunto. "Eso forma parte de nuestro programa y cada uno sabe los suyos".

"La mujer necesita herramientas para no volver a situarse en una pareja con un maltratador"

Las primeras terapias dirigidas a agresores surgieron en España a mediados de los 90. Fue Enrique Echeburúa, catedrático de Psicología Clínica de la Universidad del País Vasco, el coordinador de aquellos primeros proyectos. ¿El motivo? Muchas de las víctimas de violencia machista no abandonaban a su agresor, y había que ayudarles. Desde entonces, muchas han sido las teorías vertidas acerca de la eficacia o ineficacia de los intentos de reeducación. "Los hombres somos víctimas de otra manera y también deben ayudarnos. Hay muchos compañeros sin trabajo, que no tienen ni para el autobús", comenta Jon, poniendo sobre la mesa una cuestión más que interesante.

"Las mujeres necesitan  también estos cursos, hay que enseñarles a comunicar, a hablar sin insultar, a controlar su ira, su enfado". Socorro Gómez asiente. "Es necesario dotar a la mujer de herramientas para que no vuelva a situarse en una pareja con un maltratador. Pero antes de esa dotación de herramientas hay que reparar todo el daño causado en una mujer que lleva tiempo aguantando esa situación de maltrato".

"Tendría que haber algo más, también somos víctimas, te quitan tu casa, tus hijos… No es plato de buen gusto", completa Ángel, aún asumiendo su culpa.

Gracias al programa CUPID de reeducación, reconoce que ha logrado cambiar su actitud. "No sabía la mitad de las cosas, no me autocontrolaba, no veía más allá de mi nariz. Ahora me pienso más las cosas, sales con las ideas claras:  no quieres hacer daño a nadie, sólo miras por ti, por tus hijos". Dolido, pero con un rostro cargado de optimismo y esperanza, Jon recuerda que "no todo es la guerra, siempre hay un hueco de amor para querer a alguien y seguir adelante en la vida. No vale la pena condenarse a uno mismo. La vida sigue y hay muchas salidas ante un problema. Uno no puede  quedarse sentado culpándose y castigándose".

LA VIOLENCIA MACHISTA EN CIFRAS

14.000 agresores
Fueron condenados en 2010 a asistir a este tipo de programas de rehabilitación, tras haber cometido delitos leves de violencia machista

Desde 2005
Instituciones Penintenciarias aplica estas terapias

2.300 condenados
Han asistido desde entonces a estos programas, y a principios de año lo hacían 420

134.105 denuncias
Se presentaron en 2010 por malos tratos en los 103 Juzgados de Violencia sobre la Mujer que existen en España, así como en los 358 juzgados con competencias compartidas, según los datos del Consejo General del Poder Judicial

15 cada hora
Se presentaron un total de 368 denuncias diarias por violencia machista, es decir, una media de 15,3 denuncias cada hora.

21.368 agresores
En el pasado ejercicio, 21.368 agresores fueron enjuiciados en los juzgados especializados

El 71%, españoles
De esa cifra, el 71% era de nacionalidad española, frente a un 29% de extranjeros

El 76%, condenados
El 76% de los agresores fueron condenados. Sólo un 24% resultó absuelto

 

Publicado el 15 de abril de 2011 a las 10:15.

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Violencia al cuadrado en Trípoli

Archivado en: violencia, tripoli

Lamentable tener que despertarse un sábado con noticias como la que sigue. Lamentable comprobar, una vez más, la especial vulnerabilidad de la mujer en los conflictos, en las revueltas, en las guerras...

Al Obeidi ha sufrido y sufre en Trípoli la violencia al cuadrado. Violencia por tratarse de una persona y violencia por el hecho de ser mujer. Aún así, se ha levantado y ha demostrado mucha más valentía que los 15 soldados de Gadafi demostraron al violarla, orinarle encima y cometer otros abusos que ella misma ha denunciado esta mañana en un hotel de la ciudad. Aquí os dejo la crónica de El País.

P.D.: Tolerancia Cero.

Publicado el 26 de marzo de 2011 a las 19:00.

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El perro como medida de protección, un complemento perfecto

Archivado en: violencia de genero, proteccion, perros, security dogs

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"Hablar de Leo es hablar de Dios, de mi muro protector. Me da fuerza, me obliga a levantarme de la cama...". Así habla Ana del pastor alemán que le acompaña las 24 horas del día desde hace dos años, cuando sufrió un grave caso de acoso laboral. Perros como él son adiestrados por Security Dogs en Navalcarnero (Madrid), con la finalidad de proteger especialmente a víctimas de violencia de género. "El objetivo es repeler la agresión, nunca agredir", explica Ángel Mariscal, su director. "Se trata de darle tiempo a ella a reaccionar, a pedir ayuda. Son perros de defensa que sólo empujarán gracias a un bozal específico que deben llevar siempre", añade Ángel Serrano, coordinador.

Laguna legal

Uno y otro plantean esta medida como el complemento perfecto a otras formas de protección ya implantadas, como la pulsera GPS. Pero existe un gran problema: la laguna legal. "Estos perros no pueden acceder a lugares públicos, como los que acompañan a los ciegos, y la defensa de la mujer se ve entonces limitada. Catalogarlos como perros de asistencia sería fundamental, porque pueden salvar una vida", explica Serrano. Antes de recibir uno de estos animales de acompañamiento, la mujer tendrá que someterse a varias pruebas psicológicas, y habrá que comprobar si el can puede adaptarse a ella, y viceversa. Entonces comenzará el 'acople', que puede durar un mes o un año, con trabajos de obediencia, tratando situaciones cotidianas y, en último lugar, la violencia.

Comando neutro, verbal y gestual

Llego a la escuela canina Security Dogs. Ángel Mariscal me presenta a Sioux, un pastor belga 'malinois'. Le han enseñado a positivizar la imagen de la mujer, y se viene conmigo sin problema. Hacemos un simulacro de ataque, y me enseñan para ello tres comandos. Uno neutro, una palabra que sólo yo conozco y que pone en alerta a Sioux. Otro gestual, que consiste en la tensión suave del arnés. Y otro verbal, un vocablo que activa al perro en caso de ataque si yo le doy la orden.

El pastor alemán o el pastor belga 'malinois' son las razas más adecuadas y su alquiler mensual no supera los 400 euros, según Security Dogs, la empresa contratada por Global Security para adiestrar a estos animales, una suerte de salvavidas que, quizás, ayuden más de lo que imaginamos a reducir el número de muertes.

Publicado el 26 de noviembre de 2010 a las 15:00.

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Terapias para hijos 'agresores' y padres 'víctimas' de violencia

Archivado en: violencia familiar, leganes, violencia ascendente, terapias

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Escuchar que un hijo maltrata a su progenitor todavía resulta extraño a nuestros oídos. Sin embargo, la llamada 'violencia ascendente' es más habitual de lo que imaginamos. Sin ir más lejos, las derivaciones referentes a esta tipología han aumentado en un 35% este año en el Centro de Estudios de Violencia Familiar de Leganés, que pertenece a los Servicios Sociales del municipio.

Coordinado por la psicóloga Natalia Villanueva, el CEVF ofrece atención psicosocial a personas que ejercen violencia en el entorno familiar, y se centra especialmente en la parte agresora. Lo hace desde 2006, dando prioridad a la intervención, a través de terapias dirigidas, en el caso de la 'violencia ascendente', tanto a los padres que la sufren como a los hijos 'agresores'. Y teniendo muy claro que "la violencia es aprendida y se puede erradicar", como explica Natalia.

TRATAMIENTOS INTENSOS

Las terapias que desarrolla Villanueva junto a otra psicóloga, se programan una vez por semana. "Lo primero es reconocer que tu hijo te agrede y dejar de minimizar lo ocurrido, aguantando, en muchos casos, niveles de violencia altísimos", asegura. Y lejos de lo que podamos pensar, la familia que se suele encontrar es "de perfil económico medio-alto, aparentemente normalizada". A la terapia, insiste, deben acudir el padre y la madre, "porque el estilo educativo es de los dos, y es muy importante que estén unidos", concluye Natalia. Todo esfuerzo será poco para eliminar la violencia de sus vidas.

LA MADRE PRINCIPAL VÍCTIMA

El 40% de los jóvenes que agreden a sus padres son chicas, la madre se erige como la víctima más frecuente, y "el hedonismo o la poca tolerancia a la frustración", están detrás de estas agresiones, según Villanueva. Algunos de los jóvenes se someten a estos tratamientos de forma voluntaria, pero otros no, llegando derivados del ARRMI (Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor), por ejemplo. El CEVF de Leganés trabaja en red y a él llegan casos derivados de los Servicios Sociales municipales, de los de la zona sur, de colegios, hospitales, etc..

Publicado el 26 de noviembre de 2010 a las 14:45.

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"A menos cuatro grados, en Galapagar, nos sacaban desnudos al patio y nos enchufaban agua fría con la manguera"

Archivado en: derechos humanos, violencia, centros de menores, picon de jarama, hogar galapagar, madrid, comunidad de madrid, la jarosa

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Comienza la proyección, apago el móvil. Las primeras escenas me dan una idea de lo que me espera. En diciembre de 2009, Amnistía Internacional pone sobre la mesa el informe 'Si vuelvo, ¡me mato!', que denuncia la violación de derechos humanos en centros terapéuticos de menores. Posteriormente -hace un mes-, la ONG publica la segunda parte del estudio, analizando la pasividad de la Administración, que nada hace, de momento, para garantizar la protección de estos niños.

Los créditos iniciales me presentan a los protagonistas. Sin embargo, y aunque se ha intentado minimizar por todos los medios las denuncias que han recaído sobre estos lugares en los últimos años, madres, hijos y trabajadores, todos ellos víctimas de este 'descuido' continuo, siguen dando la cara para que sus casos no se olviden, y para que nadie vuelva a pasar por los que ellos un día pasaron.

Quiero imaginarme que lo que escucho pertenece a una buena película de cine social, escrita por Fernando León de Aranoa o Ken Loach. Pero la interpretación de los actores sería sospechosamente talentosa. Entra en escena Juan Carlos, de 20 años. Vivió poco más de un año en 'Hogar Galapagar', centro madrileño al que él mismo denunció por maltrato, junto a otros tres supervivientes y un testigo:

"En pleno invierno, a menos cuatro grados, en la sierra de Galapagar, nos sacaban desnudos al patio y nos enchufaban agua fría con la manguera. Y porque ellos querían. En ese centro ha habido hasta abusos sexuales a chicas por parte de los trabajadores, o palizas a niños de 7 u 8 años", cuenta en primer plano.

Jose Antonio, que tiene la misma edad, residió tres años y medio en el mismo centro:

"Mi estancia fue como estar en una cárcel, no había actividades, los educadores nos contenían cada dos por tres, haciéndonos daño... Pero lo peor que he visto fue una niña de 15 años que se intentó tirar por un balcón porque estaba desesperada y pensaba en suicidarse. O una paliza de un educador a un niño de 11 años por robar en un colegio".

Me remuevo en la butaca. Cuesta escuchar.

"¿El peor día que recuerdo? Era el cumpleaños de un compañero. Vino un educador. Le pregunto si le habían comprado el regalo. Contesta que no. De broma, entre nosotros, le digo al que estaba de cumpleaños: 'No te han comprado el regalo'. Me responde: 'Déjame en paz'. Le replico: 'Déjame tú'. Él sigue: 'Me cago en tu puta madre'. Y yo continúo: 'Me cago yo en la tuya'. Entonces vino Antonio, el vigilante, 'el Puertas', me pegó un empujón contra el sofá, y me amenazó: 'Como no te tranquilices, te vamos a tener que contener, tirarte al suelo y llevarte a la cama para atarte'. Y así ocurrió. Me tiraron al suelo, me subieron los brazos, me sujetaron las piernas, me arrastraron hasta la habitación y me ataron. Así estuve toda la noche, y al día siguiente no me dejaron ir al instituto", explica J.C.

Nudo en la garganta. Demasiada violencia en el guión.

"Era algo normal, nos insultaban, nos pegaban, nos daban medicación forzosa, sin informarnos, se ponía un niño nervioso y enseguida lo echaban al suelo... Y yo he ido a la Comunidad de Madrid a denunciarlo, pero no te hacen ni caso. También visité al Defensor del Pueblo, hablé con la secretaria, le avise: 'tenéis que ir a este centro'. Pero te responden que no es para tanto, que están informados, que realizan visitas...", continúa J.C.

La trama avanza y nos presenta a una nueva víctima.

Se llama Santiago, es psicólogo, y en 2007 trabajó en uno de los primeros centros terapéuticos denunciados y cerrados en Madrid: 'La Jarosa'. Nos revela que en 2009 hubo ni más ni menos que 48 bajas de trabajadores en otro centro que todavía permanece abierto, a pesar de las denuncias, el de Picón de Jarama (Madrid):

"En La Jarosa me encontré un centro que olía mal, con pesonas que no sabían como tratar a adolescentes con problemas, con un nivel de violencia muy alto, con prácticas impensables. Por ejemplo, una persona -que no era médico ni enfermera-, al ver a un niño nervioso le introducía sedantes en la leche. También se producían castigos en celdas de aislamiento, donde un niño podía estar hasta tres días. Pero, sobre todo, lo más grave era la situación de indefensión en la que se encontraban unos chavales que en teoría estaban siendo protegidos. Lo puse en conocimiento del Defensor del Pueblo, y una semana después se cerró, pero lamentablemente todos los chavales fueron trasladados a Paracuellos de Jarama, al centro de Picón de Jarama, que pertenece a la misma empresa".

El film nos aclara ciertos conceptos que quizás desconocemos.

¿Qué es un centro de menores?

"El término centro de menores es muy confuso. Pensamos en un reformatorio, un lugar donde van chavales que han cometido delitos, pero también hay centros a donde van niños sin familia, con padres toxicómanos, o presos en la cárcel, o que no quieren vivir con ellos. Los centros que ha denunciado Amnistía pertenecen a este tipo", añade Santiago.

¿Cuánto cuesta 'proteger' a cada uno de estos niños?

"Dinero hay. La consejera de la Comunidad, Engracia Hidalgo, confesó que entregaba a estas empresas unos 5.000 euros por niño, pero no se invierte en las familias, sólo cuando el niño está en una situación extrema. Cuando sacamos a una persona de su entorno, y le introducimos en una institución de este tipo, ya le estamos poniendo en riesgo. No es lo mismo que estén en un entorno familiar, que en un edificio masificado, con rejas, celdas de aislamiento, seguridad... Y la Comunidad habla de un 85% de resinserción, pero a mí me gustaría saber cuántos de estos chicos tienen el graduado, cuántos hay indigentes, ejerciendo la prostitución, en prisión... Quizás las cifras sean muy altas y no nos las dan por eso", afirma el psicólogo.

"Haciendo el cálculo, partiendo como mínimo de los 3.800 euros por niño que ha dicho el Defensor del Pueblo concede la Comunidad, la inversion pública en estos dos chicos -Juan Carlos y Jose Antonio-, ha supuesto unos 320.000 euros", concluye.

¿Qué futuro les espera a los protagonistas?

Juan Carlos salió de 'Hogar Galapagar' sin la ESO y no tiene trabajo. Jose Antonio sí salió con la ESO, aunque estuvo un año sin escolarizar.

"Va a ser muy difícil que salgan hacia adelante. Salen con miles de euros de inversión, pero no pueden trabajar ni en un supermercado", analiza Santiago.

"Se han beneficiado únicamente ellos, el dueño del centro, recibían un dinero y en nosotros invertían lo mínimo, en comida, ropa... Ni siquiera 500 euros al mes, de esos 3.800. En tres años me compraron unas zapatillas y un pijama", confiesa J.A.

J.C. y J.A. hablan de Nacho, el director del centro, constantemente. Y recuerdan las inspecciones de la Comunidad, que siempre avisaba con tiempo de sus visitas: "nos llevaban de excursión, disimulando, para aparentar que todo iba bien, y no te dejaban hablar con ellos. Era imposible contarles lo que vivías allí", dice J.C.

Tercera víctima

Ángel Alonso Pozo, de 18 años, vivió en el ya mencionado centro de Picón de Jarama alrededor de un año y medio:

"Lo peor es la impotencia que sientes cuando están haciendo una contención y no te puedes meter. Aunque el peor castigo era estar un mes sin salir, o 24 horas en un cuarto, encerrado, sin ir al patio. Eso si hacías algo leve, y hasta una semana si cometías una falta gorda, como amotinarte. A mí me dislocaron un hombro en una contención, y me lo hizo un educador, que en teoría no puede. No me llevaron ni al médico, y me lo tuve que colocar yo mismo. Más cosas... Si te negabas a algo, limpiabas el patio o hacías otro trabajo para el centro, tareas para las que ya había personas asignadas".

Violaciones. Vuelven las agresiones. Cierro los ojos.

"Hay gente que dice que la situación ha cambiado, pero sigue habiendo contenciones, sala de reflexión...Y me han dicho que han echado a un vigilante por violar a una menor. Le han expulsado y eso es todo, pero no se ha hecho justicia".

Estoy enganchada, pero miro el reloj. Entra un nuevo personaje.

Se llama Noelia y es educadora social. Trabajó en distintos centros de menores, uno de ellos el de El Escorial, que es la misma compañía que gestiona 'Hogar Galapagar', la empresa de salud mental 'Consulting':

"No llegué al año de estar allí. La gota que colmó el vaso fue un fin de semana que yo no había trabajado. Cuando volví, me enteré de que le habían dado una paliza a dos niñas de 16 años, con un palo. Me las encontré llenas de moratones. Nos lo contaron porque dos días después venía la Comunidad, y preparaban una excursión para que las chicas desapareciesen ese día. Era un sábado por la mañana, una de ellas se despertó muy temprano, se levantó, hizo ruido, despertó a este hombre, al agresor, y él empezó a pegarle. La compañera le defendió, y entonces él descargó también su ira contra ella. En este centro siempre había insultos, humillaciones, medicación... Mucho maltrato, de todo tipo".

Nueva dosis de maltrato.

"Y debido a ese maltrato se están creando delincuentes y toxicómanos, porque esa rabia tiene que salir por algún sitio. Meten a todos en el mismo saco, y a niños que los han sacado de sus familias por un problema de maltrato, por ejemplo, los ponen hasta arriba de pastillas. Recuerdo a una niña de siete años, sentada en una silla, no se podía mover porque le habían subido la medicación. Estaba babeando, con los ojos en blanco. Se me cayó el alma a los pies. Otra vez, por un exceso de medicación, tuve que llevar a un niño de 17 años a urgencias con mi coche, porque ni movía la mandíbula, le habían puesto hasta arriba de pastillas también. Era totalmente frecuente. Otros niños se pasaban durmiendo el día entero. Y lo peor era la falta de preparación de la plantilla. La misma persona que cuidaba a los tres mayores, por ejemplo, se encargaba de mantenimiento y de hacer la compra".

Nada se mueve en la sala. Hablan las madres.

Marta es madre de acogida de una niña que ahora tiene 18 años. La sacó de Picón hace cuatro años, porque la conocía y porque no estaba en las mejores condiciones. "Me la encontré medicada, sin escolarizar, muy deprimida… Ella no quería estar allí, se autolesionaba, como otros muchos, porque no tenía actividades, no iba al colegio. Estamos yendo al psicólogo todavía. Fue maltratada, tenía el cuerpo lleno de golpes en una salida. Les encerraban en una habitación sin derecho alguno, ni siquiera a ir al baño. También le quitaban el colchón a modo de castigo, a ella y a su compañera de habitación, para que no durmiesen juntas. Y cuando la recogí no me dieron nada, sólo una tableta de pastillas, pero no tenía ningún diagnóstico, no sabía qué tenía".

Marisa Garro Martín tiene dos hijos, David (14) y Diego (11). El primero se encuentra en estos momentos ingresado en el centro de menores Picón de Jarama, y el segundo lleva tres cursos en otro centro, en Berzosa del Lozoya (Sierra Norte de Madrid), porque tiene un trastorno de hiperactividad. David duerme allí desde el pasado mes de julio. Antes estuvo en un centro de Leganés, de lunes a viernes, después de que su madre solicitase una guarda. Pero empezó a autolesionarse al verse encerrado. De ahí fue al Gregorio Marañón, y de allí a Picón, después de que su padre denunciase a su madre por abandono, y después de que la Comunidad de Madrid le quitase la tutela a Marisa.

"Mi hijo me dice que le saque de allí, que no aguanta más, y que va a hacer algo. Tiene sólo una hora de patio, no le ponen a estudiar, tan sólo hace jardinería una hora por la mañana. No les hacen ni caso. No le dejan salir fuera a estudiar porque tiene que pasar unas fases o algo así. Lo aislan completamente. Además, al principio le hacían muchas contenciones, me lo contaba por teléfono y me cortaban las llamadas. Le dolían hasta los hombros, de cogerle entre tres o cuatro educadores. Mi hijo me llegó a decir que llevaba calzoncillos de cuatro días, la ropa se la dan contada... y eso no lo puedo permitir. Todos los días hablo con él por teléfono y me pregunta cuánto le queda".

El día de su traslado a Picón, Marisa pidió al director que le enseñasen el centro para saber dónde viviría su hijo, nada más llegar allí, pero se lo negó.

"En un cuarto pequeño, con la cama atornillada al suelo, una puerta muy gruesa, una ventanita... Así estuvo una vez desde por la noche hasta el día siguiente, y eso es inhumano, no se le puede hacer a una criatura. Y sólo por contestar o por no cumplir los objetivos de los educadores. Están todo el día adormilados con la medicación, y lo veo excesivo. Salen peor, y aprenden cosas que no tienen que aprender, porque mezclan a unos niños y a otros".

Lo ve una vez a la semana. Se queja de que las visitas a casa estén sumamente controladas por los educadores que acompañan a David. También de que no tiene coche, y tiene que arreglárselas para ver a uno y a otro, ya que sus hijos se encuentran en centros separados.

"Entiendo que un chaval no puede estar solo en casa tantas horas, pero también es cierto que pueden ponerme un asistente en casa, alguien que me ayude, con todo ese dinero que paga la comunidad de Madrid por cada uno de ellos, o sino que lo manden a un centro de día y que por la tarde pueda volver a casa. He pedido informes médicos, escolares... y no me dan nada".

"A mi hijo Diego también le han hecho muchas contenciones, le han cogido por el cuello, le han tirado al suelo, le han subido los brazos hasta la nuca. Diego tampoco quiere estar allí, echa de menos su casa. Ha visto hasta niños con escayola después de las contenciones. Mis hijos no se merecen estar ahí. Les ha condenado a ellos y a mí".

El desenlace. Hora de pedir cambios.

Jose Antonio: "Que contraten a gente titulada para trabajar en los centros de menores".

Juan Carlos: "Salí muy mal viendo lo que me hacían a mí y a mis compañeros, necesité tiempo, y sigo yendo al psiquiatra para superarlo".

Santiago: "Debería intervenirse en los propios barrios de esos niños, llevar a alguna persona a su casa, a su familia".

Ángel Alonso: "Sólo pido que se cierren estos centros, o que se intente cambiar a la gente que está dentro".

Noelia: "Yo le diría a la Comunidad de Madrid que no deje estos centros en manos de empresas privadas con ánimo de lucro. ¿Por qué no ven la despensa cuando visitan estas residencias para comprobar qué alimentación tienen los niños?. Era penosa, unos críos en edad de crecimiento con una dieta a base de fritos. ¿Por qué no abren el armario para ver la ropa que tienen? La que vestían era la que donábamos nosotros. Y las instalaciones también dejaban que desear, no era un centro cálido, sino destartalado...".

Marta: "Si se hacen cargo de ellos, que lo hagan de verdad. Me gustaría saber cómo llegan a estos centros, si hay algún juez que lo dictamine. También orqué están medicados, y si hay alguien al que se le haya dado el alta terapéutica y se lo hayan dado a sus padres antes de los 18".

Marisa: "Entiendo que tenga que haber centros, pero de otra manera. Solicité una ayuda a los servicios sociales y me han condenado. Quiero que me ayuden, pero no así, porque mi hijo no es un niño problemático".

Se encienden las luces, pero los actores no se han ido. Aquí están, sentados junto a mí, en esta particular sala de proyección, cada uno en su butaca, esperando a la señora 'Justicia', tratando de olvidar los golpes y de borrar las crueles escenas que un día vieron sus ojos.

Publicado el 27 de octubre de 2010 a las 13:00.

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"A mi hermano Najen el Kerji lo enterraron sin contar con su familia"

Archivado en: Najen el Kerji, Essayda el Karji, Marruecos, violencia, asesinato

La cadena Ser ha colgado este miércoles en su web un vídeo de Essayda el Karji, hermana del menor fallecido este domingo por presuntos disparos del Ejército marroquí, Elgarhi Nayem. El niño ha sido enterrado durante la noche sin el conocimiento de su familia, según ha denunciado también este martes el Frente Polisario en un comunicado. "Queremos enterrar a mi hermano y no sabemos dónde está", asegura Essayda.

"Yo soy Essayda el Karji, hermana del martir, Najem el Karji, hija de Fuedal Uold Sueidi. A mi hermano lo mataron los marroquíes con una bala. Toda mi familia se encuentra en el campamento, mi madre , mi abuela y mi hermano nos traían productos alimenticios, con él estaba su hermano y otros jóvenes que fueron interceptados por el ejército marroquí y les dispararon con balas. Cuando nos enteramos de la noticia nos fuimos al hospital para saber la verdad de los hechos pero el ejército marroquí nos interceptó impidiendo acercarnos al hospital con porras. Al cabo de un rato nos confirmaron la noticia de la muerte de mi hermano y que Zuber, su hermano, se encontraba herido de gravedad. En estos momentos queremos que se investigue lo sucedido con detalles. A mi hermano Najen el Kerji lo enterraron sin contar con su familia", cuenta Essayda en el vídeo, según la web de la cadena Ser.

P.D.: No a la violencia.

Publicado el 27 de octubre de 2010 a las 09:45.

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Patricia Costa

Patricia Costa

Asuntos Pendientes. ¿Cuántos tienes tú? A mí todavía me quedan muchos que tratar. En este blog recogeré mi punto de vista y breves reportajes sobre temas sociales y todo tipo de desigualdades, cetrándome especialmente en la mujer.

Nací en Redondela (Pontevedra), en 1981, y me licencié en Publicidad y Relaciones Públicas por la Universidad de Vigo allá por 2003.Xesús Lodeiro (jefe de Deportes en Radio Galega) fue la persona que me dio mi primera oportunidad en radio. Trabajé dos años en esta emisora, en el programa 'Galicia en Goles', junto a Xoan Galán, cantando goles y leyendo resultados a cien por hora.

Al mismo tiempo, escribía en Atlántico Diario, donde pasé por diferentes secciones a lo largo de tres años, hasta terminar coordinando Deportes. También estuve en la Escuela Gallega de Consumo (dependiente del Instituto Gallego de Consumo). A través de una beca universitaria, elaboraba materal didáctico sobre temas vinculados a la publicidad, e impartía talleres a niños y padres. Además, a lo largo de estos años y gracias a Fernando Ramos, he participado en diferentes cursos para el Ministerio de Administraciones Públicas, como profesora.

En 2006 me trasladé a Madrid para cursar el master de Radio Nacional de España, donde comencé a trabajar en 2007, tras terminar el master, en Bienvenido a 'Casa'. Desde 2008 soy colaboradora de RNE, en el programa 'Tolerancia Cero' de Radio 5 y en 'Abierto hasta las 2'. Compagino mis tareas en esta emisora con Gente en Madrid, donde me encargo de cubrir la información del sur de Madrid, como redactora.

Desde septiembre de 2011 colaboró también en Radio 5 elaborando el microespacio 'Tendencias'.

En 2009 gané el premio Carmen Goes de Periodismo en la modalidad de Radio por un reportaje sobre la ablación que podéis escuchar en este programa de Tolerancia Cero.

Entre mis planes futuros: terminar mi tesis doctoral.

 

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