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Blog de Josean Pérez

Rebufo. Lecturas, bufidos, sapos y rebufos

Y dijo el Lobo a Caperucita: ¡Cómo ha cambiado el cuento!

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Vivimos en un mundo que prefiere las posibilidades antes que las certezas. La gente quiere imaginar que puede tener amigos virtuales (no verdaderos amigos). Y ya se presenta a algunas personas en la prensa como Fulanito (abren comas), con tropecientos amigos en Facebook (cierran comas).

Se cuenta de otra manera aquí con la tabla de la imagen : la ilusión de la relación con otros gana al porno.

P.D.: Sé que esta última palabra del texto condena de nuevo al blog al lado oscuro del ciberespacio.

P.D.2: No tengo ningún amigo en Facebook.

P.D.3: Sylvia tiene razón en su comentario, estoy muy categórico. La primera frase de mi entrada deja demasiadas puertas cerradas.

Publicado el 18 de agosto de 2009 a las 22:30.

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Números

Archivado en: Números, deshumanización, suicidio, aborto, Piqué, Resnais, Adorno, Levi, Kertész

Aristóteles escribió que la poesía (por extensión, la literatura) es mímesis de la realidad... (Cuidado, se podrían escribir libros a propósito de esa mímesis, esa imitación, y del concepto de realidad).

Apunto una realidad compleja. El suicidio. Alguien toma el timón de su vida, porque considera que le pertenece, y encalla para siempre la nave; puede ser un enfermo de desesperación; alguien con el entendimiento nublado... o alguien muy listo que comprende que no puede terminar con el mundo sin el dichoso maletín nuclear y que, entonces, termina consigo mismo; alguien que no soporta el dolor o el sufrimiento (no es lo mismo)... Podría seguir. Lo dicho: una realidad compleja.

Hubo un tiempo en el que los libros creaban modas o participaban activamente en la configuración del pensamiento de la sociedad. Lo que ahora puede hacer entre nosotros Sexo en Nueva York, por ejemplo, podía superarlo con creces Goethe con Las penas del joven Werther. Hubo un tiempo, no demasiado lejano, en el que se habló del suicidio como el mal du siècle. ¿Tendremos en el presente unas tasas de suicidio superiores o inferiores a las del comienzo del siglo XIX? De momento, tenemos algo que no existía entonces: la tasa en cuestión. La confianza en una manera de cuantificar (por favor, haced clic y leed) y configurar la realidad. La ventaja de estar informado, y, lamentablemente, de poder apartar la vista con limpieza.

El suicidio, con sus números de hoy, no se percibe como el mal de este siècle. Tampoco las tasas de aborto. Los números, excepto los rojos en la cuenta corriente, no nos afectan demasiado. En España, el aborto afecta a 115.000 personas al año, como poco, también a 115.000 mujeres. Quisiera pensar que afecta, también, a 115.000 hombres. Un pronóstico. El año que viene afectará a más de 115.000 personas, a más de 115.000 mujeres y quién sabe si a más 115.000 hombres. Así que dentro de 10 ó 15 años, estadísticamente, tengo muchas probabilidades de que me aborten (sí, es una ironía), de ser una de esas mujeres o de ser ese hombre cercano al aborto. Escribo España, pero podría escribir Gales, como hace con fineza Toni Piqué.

Camus ya señaló el suicidio como la gran cuestión filosófica. Creo que se quedó corto. La gran cuestión filosófica de este tiempo es la deshumanización. Comprende el suicidio y el aborto, y más. Pasa por no entender la vida como un regalo, como una donación, por pensar que otros sobran, por eludir cualquier acercamiento al sufrimiento del otro (para eso están los profesionales: médicos para el cuerpo; psicólogos, psiquiatras, tarotistas o teléfono de la esperanza para "lo otro"). Los números avanzan y/porque no nos incomodan. Dijo Adorno en una frase ya muy rodada: "No es posible la poesía (y de nuevo por extensión, la literatura) después de Auschwitz." Una vez al año muestro a mis alumnos las cifras del Holocausto, la Soah. Después enseño fotografías terribles. A continuación proyecto Noche y Niebla, de Alain Resnais. Por último, nos acercamos a la escritura de ese horror. ¿Qué aproximación a la realidad del mal creéis que conmueve más? Por los números pasamos sin mojarnos, sin un ¡ay! Gana Resnais porque da un sentido a la historia e interpela al espectador. También ganan Levi o Kertész, pero ésa es una batalla más lenta.

Y ahora un par de sentencias. La buena literatura aspira a la Realidad, no a las simplificaciones de la Realidad. La buena literatura construye la humanidad.

P.D.: Cuando vi por cómo corrían los números en la pantalla con Mátrix, me entró Vértigox.

Publicado el 15 de agosto de 2009 a las 15:45.

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Participe en el progreso de la definición occidental

Archivado en: Definiciones

El hombre es la medida de todas las cosas. El hombre es naturaleza creada. Yo soy naturaleza creada. Creo, luego existo. Pienso, luego existo. Siento, luego existo. Yo soy mis ruinas.

 

P.S.: a) Busque al autor o principal provocador de la definición. b) Observe la secuencia cronológica de las definiciones. c) Defina la naturaleza humana sin referirse al fútbol ni a un concepto económico.

Publicado el 11 de agosto de 2009 a las 17:15.

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Miranda July. Vino joven

Archivado en: Nadie es más de aquí que tú, Miranda July, vino joven

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Nadie es más de aquí que tú, se lee en el título del libro de cuentos de la californiana Miranda July (EEUU, 1974), pero da la sensación de todo lo contrario, de que todos son más de ahí que los personajes de July. Esta autora "en proceso de publicación en diecisiete países" (Seix Barral dixit) es una excelente narradora en el uso de la primera persona, levanta cuentos con poca acción, donde predominan los devaneos mentales del personaje. No hay grandes gestas, sí situaciones ridículas, frustraciones íntimas, desengaños, quieros y no puedos... Y una tendencia predominante: deslizarse de la realidad por una tierra de nadie. La voz narradora dirá que cree soñar, o que le pareció imaginar para volver al tono realista y, después, colarse por un mundo de sentimientos fugados... La técnica de combinar los planos en tono de ficción y en tono de realidad (ficción, realidad: estas dos palabras merecerían comillas) ya cuajó, por ejemplo, de maravilla en los cuentos de Cortázar. A Cortázar le bastaba una mano agarrada en la barra del autobús para construir un cuento, y los viajes entre la "realidad" y la "ficción" (ya no me resisto a las comillas) sostenían cuentos completos. Recordad La noche boca arriba, o La continuidad de los parques.

 

La obra de July, permitidme la comparación, recuerda un vino joven de autor (sumad ahora toda la panoplia de las modernas etiquetas de botella de vino: fresco en boca, tonos afrutados, ¿frambuesa?...). Sus "uvas": realismo y cierta conciencia femenina.

Realismo

El desgarrado tono realista marca de la casa narrativa breve estadounidense, en la exploración de la pus de heridas abiertas. No se atreverán a decir, como decían con Lorrie Moore, la "sucesora de Carver". No encuentro el poso del bien para enfrentar el vacío que leo en Yiyun Li. Y así podría seguir comparando...

Cierta conciencia femenina

Escribo cierta con premeditación y alevosía, con acento francés: certain. El fluir de una conciencia femenina, con el predominio de un yo maniático y frustrado (maniática, frustrada). No se atreverán a decir, como con Homes, que explora las frustraciones de América; perdón, EEUU. Y aquí se abre otra cuestión. Creo que compararán a July con otras escritoras, no con otros escritores. Y si llegan a compararla con otros escritores, me temo, la compararán con otros escritores americanos; o sea, estadounidenses.

Como soy un bruto y como el todo no es simplemente la suma de las partes, reúno realismo y cierta conciencia femenina en este parrafillo que regalo para el cortapega de citas críticas:

"La felicidad en los cuentos de July es un horizonte cada vez más lejano, Nadie es más... hurga en la desilusión, en la frustración (generalmente femenina), el sexo aparece inopinadamente, raro, como si te metieran mano, pero con la barra de pan envuelta en el nailon, en la cola de la caja rápida del supermercado".

(Sí, esta imagen podría ser útil para varios cuentos de July).

Y fin

Así que tenemos un vino californiano, joven y de autora. ¿Pero cómo envejecen esos caldos? No me atrevo a decir que los cuentos de Nadie es más... soporten bien el paso del tiempo. Pero esa es sólo una apuesta personal. Y por eso he traído antes en la comparación a Cortázar, más que nada para que se entienda mejor mi apuesta: porque los relatos de Cortázar trascienden el género (masculino/femenino); porque era americano (de Argentina), pero universal. Porque sus cuentos tienen permanencia.

Añado para los sentenciosos, que estoy contento de haber leído esta cosecha narrativa de July y cito tres cuentos de los que me han gustado, para ver si leéis y coincidís.

1. "El patio común". Por su hábil manejo de la cita, con doble e incluso triple sentido, y la obsesión del personaje que da una coherencia feroz al relato.

2. "El equipo de natación". Imágenes muy visuales para una historia sándwich (la verdadera historia está en el arranque y el final del relato.

3. "Fue un gesto romántico". Hay algo bondadoso, entrañable en este cuento triste.

Creo que July es una excelente narradora. Ojalá escriba algo de crianza o reserva.

 

P.D.: En este verano boreal de 2009, el vino que más hemos disfrutado entre los amigos ha sido un Somontano, Viñas del Vero (2008). Tempranillo. Probamos el del 2007 y fue un fracaso.

P.D.2: Espero no haber puesto los relatos de Cortázar bajo la lupa sexista. ¡Glup!

 

Publicado el 6 de agosto de 2009 a las 13:00.

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Democracia narrativa. Dos apuntes de Werther

Archivado en: Werther, la negación, crítica literaria romántica

Decía Chesterton que la tradición es la democracia de los muertos. Así, la lectura de los clásicos (los que nuestros muertos mantuvieron vigentes hasta nosotros) pueden ofrecer algunas pistas para comprender el presente y lo permanente.

Uno.

“¡Qué feliz soy de no estar ahí!”. Me llamaréis profeta, agorero y pesimista, pero ¿puede tener un final feliz la novela que empieza así? No. Traigo aquí la primera frase de Las desventuras del joven Werther porque la escucho demasiado a mi alrededor. No es el dominio de los filósofos (se supone que aciertan en lo que niegan y fallan en lo que afirman); tampoco el no de Bartleby, el escribiente, aquel “preferiría no hacerlo” apartado de los compromisos. Es mucho más enfermizo: experimenta el gozo de la separación, del desarraigo, de la negación de algo. Y suelo pensar en que algunos caracteres son como los agujeros negros.

Dos.

“Como tengo tan poco tiempo para leer, el libro que elija ha de ser de mi gusto. Y el autor que más me gusta es aquél en el que encuentro retratado mi mundo y donde ocurre lo mismo que sucede a mi alrededor, y cuya historia es tan interesante y entrañable como mi vida diaria, que, sin ser un paraíso es, en su conjunto, manantial de indecible felicidad”. Si no fuera por el dichoso manantial final, lo que dice Lotte, en Las desventuras del joven Werther, lo firmarían tantos jóvenes lectores actuales.

Publicado el 28 de julio de 2009 a las 19:30.

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Escritura, lectura y bolos

Archivado en: Paul Auster, san Google, arañas, bolos, oralidad en la escritura

Las respuestas al por qué se escribe son como los caminos: al final todos llevan a Roma. Pero, de momento, nos perdemos por algunos vericuetos...

Transcribo aquí una explicación de Paul Auster (que no es santo de mi devoción) en Experimentos con la verdad: "Creo que las historias son el alimento básico del alma. No podemos vivir sin historias. De una manera u otra, toda persona se alimenta de ellas desde que tiene dos años hasta que muere. La gente no tiene por qué leer necesariamente novelas para satisfacer su ansia de historias. Ven la tele o leen tebeos o van al cine. Les lleguen como les lleguen, estas historias son cruciales. A través de las historias luchamos por hallarle sentido al mundo. Eso es lo que me hace seguir adelante: lo que justifica que me pase la vida encerrado en una pequeña habitación, poniendo palabras sobre el papel. El mundo no se acabaría si no volviera a escribir otro libro. Pero a fin de cuentas no creo que sea una actividad completamente inútil. Formo parte de la gran empresa humana que intenta encontrar sentido a lo que hacemos en este mundo. En el proceso de escribir hay muchos momentos de desolación, muchos momentos en que te preguntas por qué lo haces y qué sentido tiene: a veces es importante recordar que no lo haces en vano. Ésta es la única cosa que he encontrado que para mí tiene sentido".

La historia de la comprensión de la realidad es una gran empresa humana que gracias a la escritura rompe con la memoria, con el recitado. Así se entiende aquella veneración por el libro. El libro acumulaba las conquistas de otros, era el límite que se nos presentaba para que nosotros, escritores o lectores, diéramos otro paso. Como un mapa, tocaba a las siguientes generaciones seguir dibujando la geografía de la realidad.

Hoy hay un acostumbramiento a la disposición inmediata de toda esa información. ¿Para qué cultivarme, para qué leer si lo tengo todo en un clic (san Google)? Esa pregunta admite muchas variantes, por ejemplo: ¿para qué aprender a sumar y restar (no digo ya multiplicar o dividir) si hay calculadoras?, ¿para qué aprender a cocinar si basta con calentar la comida preparada?

La lectura es un esfuerzo, y el esfuerzo forja el carácter. La lectura es una forma de continuar esa cadena de comprensión de la realidad donde otro la dejó. Y escribo esto hoy que termino de releer Las desventuras/cuitas/inquietudes del joven Werther... Porque parece que en el aprendizaje nos quedamos sólo con los libros didácticos, esos de historia, de biología... (que también). Ayer, M. me escribió para contarme que, leyendo un artículo de arañas, había descubierto que las setas son también pelos de los artrópodos. Me lo escribió porque sabe que soy un enfermo de la micología. ( Lo aparentemente inútil nos hace a menudo felices). Luego pensé que mi amiga era la lectora y que había compartido (por escrito) conmigo la pequeña frontera de un pelo.

(Vuelvo al tema, que me pierdo). Hoy los escritores dan conferencias, charlas, presentan los libros...: puro (con erre no con te) marketing de venta, o supervivencia (hay que comer). ¿Qué sentido tiene oír a un escritor hablar de su libro? Quizá deberíamos leer el libro (es escritor, no orador), porque ahí es donde está lo más interesante que tiene que decir. Pero preferimos el clic, oír al escritor, ver qué calcetines lleva (los oradores siempre dejan entrever en algún momento de su discurso los calcetines), si es simpático... En esos actos (los bolos) siempre nos ayudan los periodistas de la sección Cultura. Es fácil reconocerlos entre el público: llevan un cuaderno y grabadora, apuntan cosas y preguntan al final, cuando el moderador de turno ofrece la posibilidad de preguntar al autor. Ahora, en el verano septentrional, los periodistas son más jóvenes (becarios, practicantes...), menos resabiados, pero hacen como los periodistas de otoño, invierno y primavera, y piden al escritor una anécdota. Y él, que reúne un abanico de anécdotas para estos bolos, les da lo que quieren. De alguna manera es el regreso de la oralidad. Cuando los escritores son más importantes que sus escritos... Mal asunto.

P.D.: Eso sí, siempre queda la opción de leer el anecdotario en el periódico.

Publicado el 23 de julio de 2009 a las 13:15.

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Cumbres literarias y veraniegas para lectores nuevos

Archivado en: Libros para lectores noveles, cumbres literarias

Como prometí, vuelvo a las preferencias de los jóvenes lectores universitarios. Escribí que la brevedad de los textos es una ventaja para estimular la lectura de los nuevos lectores. Los jóvenes prefieren un texto breve, sí, pero hay dos aspectos que no se pueden marginar: el efecto conquista y el género.

El efecto conquista

Escribo esto después de pasar diez días en los Pirineos subiendo montañas. Un joven lector es capaz de leer páginas y páginas si encuentra un libro que le gusta. Y se produce en él algo que los montañeros conocen bien, ese efecto de conquista, de logro de una cima. Y luego pueden decir "yo leí…" a sabiendas de que pasar de las 300 páginas es como pasar un 3.000. (La comparación es evidente: las 800 páginas marcarían la barrera de los míticos 8.000 del Himalaya). La barrera de los 800 o sus cercanías suelen corresponder a los bestsellers y al verano. Se da la paradoja, pues, de que en muchas ocasiones el lector novel dedica mucho tiempo y esfuerzo para leer un libro con receta de bestseller: facilón, escrito con unas pautas, lleno de trucos para que se lea. Haber ascendido hasta ahí, llegar hasta la última página pasando por todas las demás, hace que el libro ya le parezca buenísimo. Por ejemplo, El código Da Vinci. ¿Cómo va a decir alguien no acostumbrado a leer que después de 666 páginas (y que tanta gente ha leído y ha dicho que es buenísimo) el libro es malo?

Sí, 666 páginas (Books4pocket, 2007).

La conquista convierte mediocres bestsellers en libros magníficos. Propongo llamar a este efecto "La montaña mágica", en homenaje a la novela homónima de Mann.

El género

Las cumbres son novelas. Los jóvenes lectores prefieren la novela antes que cuento. Es una manía de los lectores veteranos intentar iniciar a los lectores con colecciones de cuentos. Hace unos años eran Cortázar o Borges, hoy podrían ser Carver o Homes. Los lectores novatos se quedan perplejos: no entienden los cuentos (escritos por condensación para lectores maduros y que implican un gran esfueeeeeerzo y, además, sienten una gran frustración cuando descubren que cambian los personajes, la historia, el escenario… Todo cambia en la siguiente historia, en el siguiente “capítulo”. Aceptémoslo, el cuento es, con la buena poesía, uno de los géneros más difíciles de leer. Por seguir con la comparación montañera, es como obligar al montañero novato a subir muchas cimas menores consecutivas en un tobogán que nunca tiene un premio considerable, una cima clara. El libro de cuentos contemporáneo es un "trekking" sin triunfos aparentes en las cumbres. Se me dirá que los nuevos lectores hoy están educados por las historias de la televisión. Historias episódicas de teleserie, muchas cosas en poco tiempo. Y con esa publicidad que interrumpe la historia y les permite desconectar un momento. Que eso invita al "trekking" literario, al relato brevísimo. Que no hace muchos años, los profesores con buen rollito ponían una película en clase para ejemplificar algo… (Y era un descanso para los universitarios. Se escuchaba el clamor: ¡Qué bien, una peli!). Que hoy los profesores con buen rollito llevan fragmentos de películas (¡Bendito sea el DVD!) y anuncios de publicidad, y series de televisión. El profesor creerá en la plaga de la mosca tse-tsé si corre el riesgo poner Ciudadano Kane o Casablanca (¡en blanco y negro! ¿Cuánto dura?); perderá a sus alumnos con Blade Runner. Tal vez..., ¿pero si se acompaña al lector en la aventura?, ¿y si se desafía al lector? El alumno que acomete el ascenso de la lectura querrá llegar a una cima evidente. La colección de cuentos no da esa sensación de conquista y cuando el lector novato sostenga en las manos una de esas antologías de cuentos con el título “Cuentos Completos”, sospecho que verá una especie de enciclopedia de historias difíciles; una cordillera, no una cima clara. El "trekking" interminable. ¿Preferirá dedicar 10 días al “trekking” o diez días a un 8.000? Pues eso: Ana Karenina, Crimen y castigo, El conde de Montecristo, Las correcciones...

P.S.: Entiendo que todos los nuevos lectores no están poseídos por la épica de la altura. Así que recuerdo que, unas entradas antes, en este mismo blog, apareció una buena lista de novelas breves. Que las disfruten.

Publicado el 9 de julio de 2009 a las 15:45.

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El nacimiento

En La semilla inmortal, Pérez y Balló repasan los mitos clásicos de la narrativa (presentes en el cine). Repaso: en busca del tesoro, retorno al hogar, la fundación de una nueva patria, el intruso benefactor, el intruso destructor, la venganza, el mártir y el tirano, lo viejo y lo nuevo, el amor voluble y cambiante, el amor redentor, el amor prohibido, la mujer adúltera, el seductor infatigable (don Juan), la ascensión por el amor, el ansia de poder, el pacto con el demonio, el ser desdoblado, el conocimiento de sí mismo, en el interior del laberinto, la creación de vida artificial, el descenso al infierno...
Como son tan clásicos (los mitos), no están presentes algunos tan cercanos como el del progreso, que persuade (por contagio con el progreso tecnológico) de que todo lo nuevo es mejor. Pero tampoco está presente, y esto me choca más, el nacimiento de un bebé o, dicho de otra manera, una vida nueva. Me choca, lo reconozco, desde que leí El nacimiento (hace tres semanas). Descubrí entonces esa ausencia. ¿Por qué no hay una larga lista de novelas famosas dedicadas al embarazo, al nacimiento de una nueva persona, a esos primeros días, a la formación de una familia nueva? ¿Dónde está el realismo? Incluso visto desde el punto de vista marketinero editorial: ¿cómo no se fijaron en ese "nicho de mercado"?

Se puede replicar que ahí está el intruso benefactor, el amor redentor o la ascensión por amor. ¿Pero no parecen aproximaciones comparadas con el detalle de un pacto con el demonio (pensad en Fausto) o la creación de la vida artificial (pensad en El jovencito Frankenstein)?
Todos nacimos un día. Lo recordamos al menos una vez al año, incluso con felicitaciones generalmente inmerecidas. (Quizá se debería felicitar a los padres). Así que no resulta descabellado pensar en leer una novela acerca de un nacimiento. Puestos en acción, recomiendo El nacimiento, de Varlámov (Rusia, 1963). Cuenta eso: un nacimiento. En este caso, el de un primogénito sietemesino no esperado en un matrimonio donde cada uno vive en la costumbre de un egoísmo de perfil bajo. Las dificultades del embarazo, el parto y la difícil supervivencia del bebé ofrecerán la transformación de una mujer en madre, de un hombre en padre, y serán la forja de una nueva familia.
Añado tres pistas para los lectores de El nacimiento: la prosa que recuerda a la de Tolstoi, especialmente en el manejo del tiempo; la construcción de los personajes y su evolución; y el sufrimiento con un sentido: la donación, el bien de otro.

Cfr.: Ella es la mujer adúltera; él, el seductor infatigable (don Juan). Ay...

Publicado el 6 de julio de 2009 a las 20:00.

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Hombres salmonela en el planeta Porno

Archivado en: Flema inglesa para la literatura japonesa, Tsutsui, Hombres salmonela en el planeta Porno

Porno, porno, porno; sexo, sexo, sexo. Ya está. Espero haber agotado la tontería de las búsquedas erróneas. Lo que sigue es el comentario de un libro, cuento a cuento.

Hombres salmonela en el planeta Porno (Atalanta, 2009) ofrece una entrevista al autor, Yasutakawa Tsutsui (Japón, 1934) y seis relatos de difíciles de encasillar: ciencia ficción, sátira social contemporánea japonesa (y occidental), sentido del humor y un gusto especial por el malabarismo literario entre la ficción realista y la fantástica.

El bonsái Dabadaba cuenta los efectos de estímulo onírico y sexual de un bonsái que se coloca en la mesita de noche... El relato termina en una orgía caótica con sentido del humor. Sí, ya sé que en este momento habrá alguien alarmado ("ha contado el final"), pero da un gusto dar el final de un cuento sin revelar lo verdaderamente interesante...

Rumores sobre mí, el segundo relato, es para mí el mejor de la colección. Un don nadie se convierte en hombre noticia para los medios de comunicación. El personaje se siente primero acosado, luego...

El límite de la felicidad resulta desigual con un comienzo lento y un buen desenlace surrealista con el absurdo de una extinción humana parecida a la de los lemmings, pero en vez de acantilados por donde caen los roedores tenemos una cenagosa playa para los humanos. (Sólo desde el final del cuento se puede comprender el principio).

En El mundo se inclina una ciudad flotante se viene a pique lentamente.

El último fumador muestra la cacería desatada contra los fumadores, y la resistencia numantina de los últimos, sometidos a linchamientos (nada figurados) y persecuciones hostiles por las fuerzas especiales del Estado. Chuck Norris o Steven Seagal podrían interpretar al último fumador si se adapta el cuento a un guión antes de que mueran estas glorias del vídeo.

 Hombres salmonela en el planeta Porno es un viaje de orgia y desénfreno, como diría aquel... Tres científicos en un planeta extraño (Porno), donde todo merece el calificativo de obsceno, marchan hacia una ciudad para solucionar un problema: la única mujer del grupo de científicos ha quedado embarazada por un vegetal. El viaje sirve para la búsqueda personal de cada uno de los integrantes de la expedición, una búsqueda filtrada por el sexo. Y permite a Tsutsui explorar una alternativa curiosa a la teoría del evolucionismo

Tsutsui tiene casi nombre de pájaro ("chogüí, chogüí, que lindo es que lindo va"), tiene frescura, ironía y esa mirada diferente (¿japonesa?) hacia el sexo. Diferente de la occidental, de la mediterránea (ya llego, ya llego), de la española. Algo de esto se comprende, por ejemplo, en la literatura de Kawabata: cómo la moral se contagia de la estética (lo bueno es lo bello, lo feo lo malo).

La literatura japonesa contemporánea parece obsesionada por el sexo. Pero ¿la presencia del sexo responde a los mismos valores culturales? ¿Es nuestra lectura la obsesionada? Y aquí llega el lío. Por eso creo que conviene leer Hombres salmonela... con flema inglesa (no escupir): una elegante combinación de indiferencia bien disimulada, relativismo y curiosidad del que lo ha visto todo. Así, con esta colección de relatos asomaría la sonrisa, sin dejarse impresionar por la frase corta, para calificar la obra con el adjetivo preciso.

P.D.: Hoy no daré ese adjetivo.

 

Publicado el 17 de junio de 2009 a las 12:15.

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Balance de lecturas

Archivado en: Gusto literario de los jóvenes estudiantes de Comunicación

Hace más de cuatro meses pusimos a disposición de alumnos de Comunicación de primer curso una lista de libros. Hace una semana preguntamos a la mitad de la clase cuáles eran los mejores de esa lista (ellos sólo habían leído seis). Tenían que dar tres puntos al mejor, dos al segundo y un solo punto al tercero. La otra mitad de la clase puntuó con el mismo criterio los peores. Tres para el peor, dos, para el segundo peor...

He sumado y restado puntuaciones de uno y otro lado para establecer el siguiente orden, de mejor a peor:

1. Paradero desconocido.

2. Novecento.

3. Tablas por segundos.

4. El barón rampante.

5. Cómo me convertí en un estúpido.

6. Muerte con pingüino.

7. Últimas notas de Thomas F. para la humanidad.

8. Los jardines de la memoria.

9. Saga.

10. Arte.

11. Un viejo que leía novelas de amor.

12. El último encuentro.

13. Una letra femenina azul pálido.

14. La historia del señor Sommer.

15. Las cosas.

16. La presa.

17. Tres hombres en una barca.

 

Otro día comentaré este ranking.

 

Publicado el 6 de junio de 2009 a las 19:45.

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Josean Pérez

Josean Pérez

Donostiarra nómada, licenciado en Comunicación, doctorando que estira el gerundio desde hace más de diez años, caprichoso de las botas de montaña, lector (maniático de los cuentos y de las crónicas).

Desde hace más de 20 años, las señoras que me conocen (y que aún no han muerto) me dicen: "Cómo has crecido". Yo ya no les digo que tengo la misma estatura, tampoco les digo ya que no quiero caramelos ni chocolate, que prefiero un bocadillo de chorizo o un buen plato de lentejas.

 

MIS ASESORES

Pedro de Miguel. Peter. Bilbaíno de adopción. Licenciado en Historia. Lector inopinado. Micólogo. Hombre bueno y discreto. Gracias a él descubrí a McCarthy, comprendí a Nabokov, leí El vaso de plata de Marí... Algunos dirán que Peter murió el 12 de agosto de 2007. Sí, pero para el asesoramiento literario no hay perfiles perfectos.

Francisco Ostolaza. Patxi. Donostiarra. Montañero friolero/friolento. Licenciado en Químicas. Excelso catador de moras (zarzamoras). As de la orientación con brújula. Si Patxi me dice que un libro es bueno..., es bueno. Gracias a él descubrí a Mrozek o Askildsen.

Mº José Hughes. Fefi. Montevideana. Cantante frustrada. Escritora y cineasta. Licenciada en Comunicación. Si Fefi dice que un libro es malo, es porque le falta amor (no cursilería o sirope, ¡amor!), o porque lo rebusca en el agujero equivocado. Por eso, Fefi defiende a Yiyun Li o a Ring Lardner, por eso desprecia algunos cuentos con agujero de Flannery O'Connor.

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