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Blog de Josean Pérez

Rebufo. Lecturas, bufidos, sapos y rebufos

La casa más fea del mundo

Archivado en: La casa más fea del mundo, Ho Davies

Portada

Peter Ho Davies (1966) es un grantado británico (2003), residente en EEUU desde 1992. Con el provocador título La casa más fea del mundo (La otra orilla, 2009) publica ahora los cuentos dispares publicados en 1997. Dos de ellos fueron seleccionados entre los mejores relatos de EEUU. Iba a documentarme: qué selección es ésa, cuáles son esos dos cuentos... Pero luego he optado por jugármela y proponer estos dos:

-La casa más fea del mundo, que da título a la colección;

-No lo sé, ¿a ti qué te parece.

De ese segundo cuento quiero escribir un poco. Sólo por ese relato merece la pena pagar los 20 euros que cuesta este libro.

Clive es un hombre de 53 años, casado con Helen, ha perdido a su hija Carol. Clive, como se verá a lo largo del cuento, no quiere como se supone que hay que querer. Es un frío con apariencia de buena persona. Dedica su tiempo al Teléfono de la Vida (como el Teléfono de la Esperanza en España, pero dedicado exclusivamente a los suicidios). Ha recibido formación para atender el teléfono, cumple con el protocolo de comportamiento que parte de ese distanciamiento que aparece en el título del cuento y que se manifiesta de la manera más evidente con las respuestas en forma de pregunta (a la gallega). No se trata de evitar los suicidios, se trata de hablar, de acompañar al suicida, de respetar su "derecho a morir". ¿Pero será eso suficiente?

Clive traba algo parecido a una amistad con un transexual, Mary, una mujer que fue hombre y... ¿Qué pasa cuando te piden que te involucres, cuando alguien quiere romper con el "No lo sé, ¿a ti qué te parece?" como respuesta evasiva? Es una de las preguntas más viejas del mundo: "Soy yo acaso el guardián de mi hermano?".

Y seguimos detrás de la respuesta o intentando ser coherentes con la respuesta.

 

Publicado el 21 de mayo de 2009 a las 17:45.

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Besos para Mario Benedetti

Archivado en: Benedetti, Gonzalo de Pedro, Diego Palma, Eduardo Galeano

Fue el 14 de septiembre de 2005 ó 2006... No estoy seguro del año. Sí que esa noche de invierno fuimos cuatro amigos a cenar al Entrevero, nuestro lugar favorito de Montevideo para el petit filet.

Pedimos lo de siempre: ensalada (con vinagre de Módena) y petit filet (al punto). De postre pediríamos isla flotante. Al fondo había una gran mesa corrida. El mozo nos dijo que se celebraría esa noche un cumpleaños: "Benedetti, un escritor muy importante, ¿lo conocen?".

Y no lo conocíamos, pero los cuatro (tres españoles y un uruguayo) lo habíamos leído.

Fueron entrando los del cumpleaños, la plana mayor de la literatura uruguaya viva, escritores que reconocimos por la cara de contraportada, mano en el mentón... Y aquel viejito menguado de fuerzas: Benedetti.

-¿Nos acercamos a saludarlo? -preguntó Gonzalo.

Yo me negué, pero animé a Gonzalo para que se acercara. Hubo un momento de indecisión en nuestra mesa.  Gonzalo, que es un librepensador, se acercó. Y Diego, también  librepensador, salió a su rebufo.

Otros dos nos quedamos sentados, con vasca actitud. Vimos la mirada (vigilante, hosca, celeste, de venas abiertas por América Latina) de Galeano Escudriñó a Gonzalo y a Diego cuando saludaron al maestro con un beso.

 

Ayer releí un cuento de Benedetti. DEP.

 

P.D.: No vayan al entrevero, en Pocitos, cerró hace dos años.

Publicado el 19 de mayo de 2009 a las 13:00.

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Después de la onda expansiva

Archivado en: Boom hispanoamericano

Disfrutaba la literatura hispanoamericana, ésa que se calificó con una especie de explosión: la literatura del boom. Con 16 años, leía a gusto a autores de diferentes generaciones, en diferentes géneros, con diferentes estilos, con diferentes... Eran los ochenta y resonaba aún con fuerza aquel boom literario que reventó entre los lectores de los sesenta como una bomba de racimo.

Al margen de la calidad de muchos autores y de inventos editoriales, para mí todos tenían un aspecto común: eran mis lecturas nocturnas. En aquel tiempo leí el pimpampúm en la cama, bajo la luz de la bombilla: Borges, Asturias, Cortázar, Octavio Paz, García Márquez, Monterroso, Cabrera Infante, Vargas Llosa... Y apareció mi miopía.

Entonces yo dividía a aquellos escritores hispanomericanos en cinco grupos.

Pelmas (por ejemplo: Fuentes).

Maestros (cuentistas que aún me resultan válidos: Cortázar, Onetti y... Cortázar).

Verborrágicos (con Carpentier al frente).

Hondos (Onetti , Roa Bastos y Sábato).

El grupo de Rulfo, con Rulfo.

 

En los últimos cinco años sólo he releído los cuentos de Cortázar, Onetti y Monterroso; y, eso sí, al grupo de Rulfo completo.

Tuve que leer obligado:

-En esto creo, de Fuentes (lamentable);

-Vivir para contarla, la primera entrega de los tres tomos prometidos que conformaban la autobiografía de García Márquez;

-Memoria de mis putas tristes, también de García Márquez. Un cuento alargado editorialmente (letra grande, generosos márgenes...) hasta el formato de la novelita. (Lamentable, también). Para mí, un cuento deudor de La casa de las bellas durmientes, de Kawabata.

 

P.D.: En los talleres literarios de finales de los ochenta y comienzos de los noventa mandaban Cortázar, Borges y García Márquez. En la segunda mitad de los noventa, la austeridad de Carver los desplazó.

 

Publicado el 7 de mayo de 2009 a las 16:15.

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Homenaje a Antonio Pereira

Archivado en: Antonio Pereira, Antonio Martínez, Ana Abelenda, Peter, Me gusta contar, "Palabras, palabras para una rusa"

Cuando muere un buen cuentista no hay mucha prensa que lo recuerde. Pero a este cuentista yo le debo más que unas letras. Nunca lo conocí en persona, nunca supo nadie cercano a Pereira que yo lo leía con admiración (ni falta que hacía que él o sus allegados lo supieran). Entre mis amigos sólo dos lo sabían: Peter y Antonio Martínez.

Hace precisamente diez años, en abril, Peter (que sabía) me tendió una recopilación de cuentos de Pereira y me publicaron la crítica dedicada a Me gusta contar (Taller de Mario Muchnik, 1999).

Me copio un poco:

"Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 1923) escribe como un caballero, le gusta contar lo justo, nunca de más (...)".

"Aquí queda sólo la opción de recomendarlo. Esta edición reúne probablemente lo mejor de la obra de Pereira, si se añade a la seguridad matizada por el adverbio que Pereira es, quizá, el mejor cuentista español, imaginen el resultado. Me gusta contar arranca con un decálogo lleno de humor y verdades dignas de grabado en piedra. Luego siguen cuentros escritos que se contaron, que hicieron reír y llorar hace tiempo."

Me detuve entonces en un cuento "Palabras, palabras para una rusa".

Y me detengo ahora.

En homenaje a Pereira, traicionaré ese estilo del hombre que yo encontraba en sus cuentos (lo que pasa en Las Vegas queda en Las Vegas) y contaré algo que se puede llamar casualidad. Yo no podía sospechar entonces que "Palabras, palabras para una rusa" me iba a suceder a mí, en 2000, en una pista de baile siberiana. Pero me pasó como al personaje de Pereira, y recité poemas de escuela y los que me mandó Ana Abelenda por correo electrónico (para declamar en el discurso de una boda rusa). Todo funcionó de maravilla para mantener el encanto apretado del momento ante una rusa que, de español, no sabía ni papa.

El sábado 25 de abril murió Antonio Pereira. DEP.

 

P.S.: Lo que cuentan los cuentos no queda en los cuentos.

 

Publicado el 28 de abril de 2009 a las 11:45.

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Los reverbos

Archivado en: Verbos repetidos, manías con los verbos

A rebufo de la entrada anterior, he sentido la cornada de los verbos. Siempre digo que hay que tener cuidado con el abuso seis verbos seis, como si fuera una corrida de toros.

Algunos, con tanta repetición, merecerían un ascenso: de verbos a reverbos.

Ser. ¡Con qué facilidad convertimos un relato atractivo en una descripción plana! (Además, con el ser se corre el riesgo de que el lector se revuelva: ¿y quién es ése para decirme lo que es y lo que no es?).

Estar. Está, está, está. Y ese calco anglosajón: estoy escribiendo, estoy sudando, estoy regando con regodeo mis narcisos. (Escribo, sudo, riego con regodeo mis narcisos).

Haber. El hay, hay, hay suena sincero, pero también simple o, incluso, prepotente. Había, había, había... había un señor con boina y capacidad para el resumen vital. El peligro del haber consiste, generalmente, en no dejar actuar a los personajes, en no mostrar escenas, el escritor ofrece resúmenes de la narración, no la narración.

Poder. Forma parte de muchos rodeos verbales. Dicen que el poder corrompe, y que el poder absoluto corrompe absolutamente; el poder verbal muestra a menudo dos impotencias del escritor: le faltan los verbos precisos, no se atreve a decir algo claramente.

El hacer. Otro verbo propicio para la imprecisión. El hacer es un buen verbo para las manualidades, también hay otro hermoso hacer: el de los tontos, los idiotas, los imbéciles...

Tener. La avaricia rompe el saco.

Esto de los verbos abre un campo propicio para los maniáticos. Para mí, por ejemplo, hay verbos agradecidos, que se usan poco (abrazar, masticar, latir, mermar, confitar...); verbos que conviene soltar sólo en el momento preciso (agostar, enmendar, cinchar, carcomer...); verbos para largar a la menor oportunidad (despatarrar, bobear, empanar, merendar...); verbos que gastan los pedantes y que habría que proscribir (implementar, posibilitar, incrementar...),

P.D.: En la entrada anterior escribí "dieciocho años" en el título. Pero, como es normal, ante una lista de libros, cualquiera enfrenta sus lecturas: éste no lo he leído, éste sí... Y ahora me da miedo que (a vuestra edad) aceptéis la lista como un canon impepinable, porque la pensé para estimular la lectura y para edificar la mirada del escritor a partir de la lectura.

 

Publicado el 18 de abril de 2009 a las 13:15.

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Libros para despertar a ese escritor que algunos lectores llevan dentro con dieciocho años

Archivado en: Lista de libros, aprendizaje de lectura para escribir

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La máxima dice que para escribir bien hay que leer mucho.

Pero el mundo está lleno de gente que lee mucho y no sabe escribir ni la lista de la compra (éso sí que es una prosa complicada...). Porque para que la lectura ayude en el aprendizaje de la escritura es precisa una actitud como lector. No se trata de leer para entretenerse, sin más. Hay que leer como escritores.

¿Y para alcanzar ese grado de escritores lectores?

De momento hay que leer algo que pueda prestarse a pensar sobre lo leído. Apostemos por una lista de libros breves.

La elección del género (predominio absoluto de la novela) no es casual.

 

TÍTULO . AUTOR. PAÍS. CLAVES.
La historia del señor Sommer. Suskind. Alemania. Breve, letra grande, edición con dibujos, aparentemente infantil.
Tablas por segundos. Meras. Lituania Holocausto, partida de ajedrez, emocionante.
Paradero desconocido. Taylor. EE.UU. Estructura epistolar, Holocausto, brevísimo, letra grande, sorpresa final.
Novecento. Barico. Italia. Música, personajes singulares, entre el teatro y el relato, breve, tiene película.
Los jardines de la memoria. Quint. Francia. Emotivo, la bondad frente a la guerra, el valor de la fidelidad a la memoria.
Saga. Benacquista. Francia. Para futuros guionistas, entretenido.
Tres hombres en una barca. Jerôme K. Jerôme. Inglaterra. Glorioso humor británico, breve.
El último encuentro. Márai. Hungría. Verdad y realidad, perdón, el valor de la amistad..., para pensar.
Arte. Reza. Francia. El sentido del arte, valor de la amistad, teatro, breve.
Últimas notas de Thomas F. para la humanidad. Askildsen. Noruega. Racionalismo cínico, ausencia de sentimentalismo, humor cruel, secuencia de relatos.
Un viejo que leía novelas de amor. Sepúlveda. Chile. Tono de realismo mágico, selva. amazónica, más selva amazónica, mensaje ecologista, historia de amor (y de caza).
Las cosas. Perec. Francia. Consumismo, materialismo, consideraciones filosóficas y sociológicas, novelita ensayo.
Helena o el mar del verano. Ayesta. España. Ternura, idealismo, amor inocente.
Muerte con pingüino/ Picnic sobre el hielo. Kurkov. Rusia. Agilidad de guión, absurdo, periodismo, mafias rusas.
Una letra femenina azul pálido. Werfel. Austria. Crueldad, traición, Holocausto.
La presa. . Japón. Guerra, prisión, infancia ante la guerra.
Cómo me convertí en un estúpido. Page. Francia. Sátira, taras de la sociedad contemporánea, tono ágil y humorístico.
El barón rampante. Calvino. Italia. Fantasía, fábula a partir de un contexto histórico, historia veloz.

 

 

Publicado el 7 de abril de 2009 a las 13:15.

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Presente

Archivado en: Condiciones para la escritura, Raúl Guerra Garrido

Se ha escrito mucho (y se escribirá) a propósito de las mejores circunstancias para la escritura: música de Raphael, silencio, runrún de de cafetería...; mesa sólida, barra de bar, traqueteo de tren...; madrugada, mediodía, tarde...; folios blancos, servilletas, cuadernos...

Y así.

En diciembre de 2008, Antton, Ezequiel, Raúl y yo negreábamos en una cervecería de Gros como lectores para un concurso de cuentos. Me impresionaron las palabras de Raúl: "Para mí lo más importante es no tener nada que hacer después. Cuando me pongo a escribir, no puedo estar pensando en lo que tengo que hacer después."

Publicado el 4 de abril de 2009 a las 11:30.

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Entre el arte de nadar y la vocación de disfrutar de la vida sin cargarte el planeta (Tierra)

Archivado en: El arte de nadar, Disfruta la vida sin cargarte el planeta

"¿Como hacer lo que no se comprende?
La natación es un duelo continuo con un elemento que no aguarda mas que un descuido, ó falta de aquel que le desafía, para tragarle.
No es en el lugar del combate donde se aprende á manejar la espada.
Del mismo modo se debe saber nadar ántes de entrar en el agua.
Las armas de la natación son las piernas y los brazos. Cuando estos miembros sepan lo que tienen que hacer, estarán demasiado interesados en la conservación del cuerpo para dejarle ahogarse. Así, lo nadadores que quieren suicidarse con este medio, necesitan atarse una piedra al cuello.
La idea de aprender los movimientos de la natación antes de meterse en el agua, aunque poco conocida, no es nueva, pero hasta ahora se han hecho ejecutar estos movimientos en pié ó sobre el vientre".


Arte de nadar

Y así... No reproduzco la larga cita de cómo tras unos ejercicios gimnásticos repetidos muchas veces en seco, uno debe arrojarse al agua, repetir la mecánica de la gimnasia y nadar. Y si no nadas y te da por la vulgaridad de ahogarte, por ejemplo, eres una especie de imbécil. Arte de nadar es de 1898, de monsieur Brisset. (Subtitulado: Aprendido sin maestro. En menos de una hora. Con figuras). Hay mucho libro inútil por el mundo. Y alguno, de tan inútil, es genial.
Que alguien imagine qué debió significar 1989, la caída del muro de Berlín y la posterior descomposición de la Unión Soviética para el expurgo de libros. ¡Qué hacer con miles de libros que razonaban y aseguraban el futuro mundo comunista! Porque si dieran la risa como Arte de nadar, si tuvieran algún verso de calidad o buenos relatos...
Me gustaría que los libros que siembran teorías ligadas al presente con pretensión de verdad intemporal se parecieran a un melodrama (con asesinatos, sagas familiares, épica, amores inquebrantables, pelusa debajo del sofá...) o que dieran risa.


Portada cargarse

Hace dos semanas leí Disfruta la vida sin cargarte el planeta. Subtitulado: Claves para vivir bien en tiempos de crisis. El subtítulo ya desprendía un tufillo sospechoso. Está editado por Los libros del lince (2009) y los editores que reúnen artículos de otros en el libro son Andrew Simms y Joe Smith. Algunos articulistas juegan con el humor, no son tontos. Quizá comprenden que dentro de 30 ó 40 años, si alguien lee el libro, sólo le quedará la risa y el encanto de la vergüenza ajena.
En la página 244 llegan los planes de acción de Smith y Simms (que tanto monta, monta tanto, Smith como Simms):
"PLAN DE DIEZ PUNTOS PARA DISFRUTAR TODOS LA VIDA SIN CARGARNOS LA TIERRA"
Copio los diez epígrafes sin su desarrollo:
1. Erradicar la pobreza y el hambre extremas.
2. Mejorar la asistencia médica.
3. Condonar la deuda.
4. Cambiar de valores.
5. Potenciar vidas con sentido.
6. Dar poder a la gente y fomentar el buen gobierno.
7. Determinar unos límites ecológicos y elaborar una política económica que se ciña a ellos.
8. Planear sistemas orientados al consumo y la producción sostenibles.
9. Afrontar el cambio climático.
10. Medir lo que importa.

"PLAN PERSONAL DE DIEZ PUNTOS PARA DISFRUTAR LA VIDA SIN CARGARNOS EL PLANETA"
1. Darse un paseo.
2. Disfrutar las cosas buenas.
3. Tener menos, hacer más.
4. El tiempo no es dinero.
5. Mirar positivamente el futuro y hacer planes.
6. Reducir, reutilizar, reparar y reciclar.
7. Reducir el uso de energía sucia.
8. Vivir con autenticidad.
9. Desarrollar la creatividad.
10. Comer bien.

Descubro la calvicie detrás de mi oreja y me aguanto las ganas de unos veinte comentarios irónicos (o sarcásticos). ¡Ah!, si Moisés levantara la cabeza y viera qué vocaciones decaloguistas dejó en el "Planeta".

P.D.: Puestos a leer, prefiero El arte de nadar. Me reí más y sólo tiene 30 páginas.

 

Publicado el 24 de marzo de 2009 a las 10:30.

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La crítica (literaria y periodística)

Archivado en: Crítica literaria

Los críticos somos muy serios, tendemos hacia el sermón más o menos laico, redactamos pequeños dogmas sin complejos, escribimos editoriales en cuanto nos despistamos un momento... Yo mismo, por ejemplo, ya había empezado con ese "nosotros" mayestático. Seguiré hasta el final del párrafo: mochileros de manías, administradores de venenos inocuos para casi todo el mundo, repetimos fórmulas de escritura desde hace...
Tengo para mí que una buena crítica del libro muestra una realidad: un libro. O sea, describe sucintamente sus características principales y, al hilo de esas características, dice si es malo o bueno y por qué (pero no de manera evidente). Eso, decir si es bueno o malo y por qué, es el veredicto del libro; normalmente, la cuajada de adjetivos encomiásticos que aparece en las fajas promocionales de las ediciones. En realidad debería ser algo así como: "Este libro (título) cuesta tantos euros (precio), tiene tantas páginas (tiempo de lectura), y merece la pena que lo compres y lo leas porque, entre la marabunta de la oferta editorial (casi 70.000 libros el año 2008 en España), éste te hará reír, o llorar, o te permitirá entender que...". Y ya está. (No urge conjugar: plasmar, sumergir ni bucear).
La crítica hace poco por los libros, por sus promociones, por destrozarlos... Es una labor de jardinero de bonsáis en medio de las plantaciones de eucaliptos para la industria de papel. Hay una labor lenta, de zapa, que solo da resultados después de dos o tres libros consecutivos y malos de un autor que, sobre todo, ha vendido poco. Entonces, al fracaso se le suma la persistencia impertinente de la crítica y el editor Pilatos tiene la excusa perfecta.
La crítica guía poco. Sólo un ejemplo: Coelho, pésimo escritor. (¿Quizá hay que culpar al traductor? ¿O él, Coelho, escribe muy bien y los libros se los escribe un negro?). Coelho, y sólo es un ejemplo, insisto, ¿cuenta con el favor de la crítica literaria prestigiosa en español? No lo creo. Pero tampoco creo que importe nada a Coelho ni a Planeta, el sello editorial que lo vende en español.
Para cuando la crítica del libro llega al lector, si llega, el libro en cuestión tiene la publicidad (sembrada de frases elogiosas de otros críticos más rápidos) en el mismo periódico. Y la maquinaria multimedia de la editorial ha desplegado entrevistas en la televisión y la radio, entrevista con fotografía de página completa (o doble) en el mismo periódico donde, días o semanas después, la crítica se estrangulará en el hueco de una columna entre otras críticas aburridas.

¡Ah! En las entrevistas no se hablará del libro (como reclamó Umbral), sino que el escritor tratará de ser gracioso en un programa de humor, participará en algún concurso como invitado o se prestará a cualquier confesión personal...
Y, por si fuera poco, la librería saludará al posible comprador con pirámides, columnas, y hasta pósters del libro. En algunos lugares el escritor participa en la feria (lógico, aparece en el contrato y cobra por eso), y firma libros y aguanta las bobadas a los compradores en una especie de prostitución de librería o centro comercial (quién sabe si con la esperanza de que algunos compradores se transmuten en lectores).

El montaje comercial (y perfectamente legítimo) en torno a la venta de los libros se impone sobre una buena crítica. No digamos sobre una mala.
-¿Y tú qué haces, Rebufo?
Tengo varias respuestas:
1.
-Creo que la crítica ayuda a que otros inviertan el tiempo mejor.
2
-Aquí estoy, comiendo sapos.
3.
-Espero cobrar algún día por mis críticas, y firmar como un poseso en El Corte Inglés (que Dios guarde muchos años etc.)
5.
-Es mi naturaleza.
Como le dijo el escorpión a la rana cuando la rana le pidió explicaciones. Si alguien no conoce el cuento, que repase la bibliografía de Coelho o Bucay, seguro que ahí lo encuentra.

Publicado el 17 de marzo de 2009 a las 14:00.

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Pistas. Tres enfoques para la crisis de los formatos clásicos de la literatura en EEUU

Archivado en: Crisis de la narrativa en EEUU, David Foster Wallace, Storytelling, Granta EEUU

1. La conciencia de crisis de la literatura entre los escritores cortados en la tradición estadounidense: los nietos de la generación Beat y del Nuevo Periodismo, los hijos del Realismo Sucio y del posmodernismo.
En Cosas supuestamente divertidas que nunca volveré a hacer, David Foster Wallace (1962-2008), preocupado por la presente crisis de la narrativa estadounidense en el imperio de la televisión, mira el futuro con pesimismo. Así se expresa en la parte final del ensayo "E unibus pluram" (Págs. 99 y 100):
"Los próximos ‘rebeldes' literarios verdaderos de este país podrían muy bien surgir como una extraña banda de antirrebeldes, mirones natos que, de alguna forma, se atrevan a retirarse de la mirada irónica, que realmente tenga el descaro infantil de promover y ejecutar principios carentes de dobles sentidos. Que traten de los viejos problemas y emociones pasados de moda de la vida americana con reverencia y convicción. Que se abstengan de la autoconciencia y el tedio sofisticado. Por supuesto, estos antirrebeldes quedarían pasados de moda antes de empezar. Muertos en la página. Demasiado sinceros. Claramente reprimidos. Anticuados, retrógrados, ingenuos, anacrónicos. Quizá se trate de eso. Quizá esa es la razón de que vayan a ser los próximos rebeldes verdaderos, por lo que yo sé, se arriesgan a ser desaprobados. Los viejos rebeldes posmodernos se expusieron a los chillidos de asco: al horror, al disgusto, al escándalo, la censura, las acusaciones de socialismo, anarquismo y nihilismo. Los riesgos actuales son distintos. Los nuevos rebeldes pueden ser artistas que se expongan al bostezo, a los ojos en blanco, a la sonrisa de suficiencia, al golpecito en las costillas, a la parodia de los ironistas y al ‘Oh, ¡qué banal!'. A las acusaciones de sentimentalismo y melodrama. De exceso de credulidad. De blandura."

2. El Storytelling, o el utilitarismo de la literatura. La narrativa hecha herramienta de cualquier propósito persuasivo.

3. Un cambio curioso. En 1996, EEUU importó el modelo británico de la revista Granta para promocionar y mostrar la nueva literatura nacional: una edición que presenta las jóvenes promesas.
En la edición estadounidense de 1996 los jóvenes escritores eran menores de 40 años y sólo había un "extranjero".
En la segunda edición, de 2006, entre los 21 autores seleccionados, un tercio nacieron o crecieron en otro país, aportan una herencia cultural nueva. Daniel Alarcón (Perú), Olga Grushin (Rusia), Rattawut Lapcharoensap (Tailandia), Yiyun Li (China), Akhil Sharma (India), Gary Shteyngart (Rusia)... Y el tope de la juventud ya no está en los 40 años, sino en los 35.

 

Publicado el 5 de marzo de 2009 a las 13:15.

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Josean Pérez

Josean Pérez

Donostiarra nómada, licenciado en Comunicación, doctorando que estira el gerundio desde hace más de diez años, caprichoso de las botas de montaña, lector (maniático de los cuentos y de las crónicas).

Desde hace más de 20 años, las señoras que me conocen (y que aún no han muerto) me dicen: "Cómo has crecido". Yo ya no les digo que tengo la misma estatura, tampoco les digo ya que no quiero caramelos ni chocolate, que prefiero un bocadillo de chorizo o un buen plato de lentejas.

 

MIS ASESORES

Pedro de Miguel. Peter. Bilbaíno de adopción. Licenciado en Historia. Lector inopinado. Micólogo. Hombre bueno y discreto. Gracias a él descubrí a McCarthy, comprendí a Nabokov, leí El vaso de plata de Marí... Algunos dirán que Peter murió el 12 de agosto de 2007. Sí, pero para el asesoramiento literario no hay perfiles perfectos.

Francisco Ostolaza. Patxi. Donostiarra. Montañero friolero/friolento. Licenciado en Químicas. Excelso catador de moras (zarzamoras). As de la orientación con brújula. Si Patxi me dice que un libro es bueno..., es bueno. Gracias a él descubrí a Mrozek o Askildsen.

Mº José Hughes. Fefi. Montevideana. Cantante frustrada. Escritora y cineasta. Licenciada en Comunicación. Si Fefi dice que un libro es malo, es porque le falta amor (no cursilería o sirope, ¡amor!), o porque lo rebusca en el agujero equivocado. Por eso, Fefi defiende a Yiyun Li o a Ring Lardner, por eso desprecia algunos cuentos con agujero de Flannery O'Connor.

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