Nuestros políticos ante la crisis
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Algún día alguien escribirá sobre nuestros políticos y concluirá su falta de civilidad y de sentido de Estado, su incompetencia alimentada en años de parasitismo, dentro de un sistema abiertamente injusto y radicalmente corrupto, que tiende a favorecer al más caradura. Por algo se dice que la política es el terreno de quienes no sirven para nada útil: pensamiento cruel y quizá exagerado, pero no exento de cierta verdad, al menos a tenor de los acontecimientos. Hace falta perspectiva para hablar con criterio y cierta imparcialidad de esta época que vivimos, pero alguien acabará concluyendo entonces que nos rigieron los políticos más necios de la historia contemporánea española. Cada cual barre para lo suyo y de lo que se trata es de mantener parcelas de poder: ideologías e idealismos murieron, a pesar de que muchos/as se vistan con los trajes de las hermosas causas perdidas. Ya sé que se me podrá decir aquello de que "qué bien que estamos en democracia". Consuelo de muchos. Y no quiero cuestionar este sistema político que nuestros padres y abuelos nos dieron. Y tampoco quiero cuestionar aquí y ahora el principio de "igualdad" que muchos cacarean, como si fuera la panacea. Voy a las respuestas de los políticos ante la crisis, desde los que ocupan el poder (por sufragio universal) hasta los que ocupan sus escaños opositores (también por sufragio universal). Siempre tirándose los trastos a la cabeza por medio de un debate manido y absurdo, que ya ni hace gracia (la verdad es que nunca lo ha hecho, pero menos en estos tiempos). Hace tiempo que pienso que Zapatero y su equipo, con haber en él magníficos profesionales en diferentes ámbitos, manifiestan una inquietante incapacidad para solucionar problemas (que es lo mínimo que se puede pedir a un político, aparte de que no los genere), como no sea a costa de una política de subvención borrega y mentiras intolerables, como eso de que el poder adquisitivo de los ciudadanos no baja o de que mantienen las becas a los estudiantes, pongo por caso. Resulta que suben las pensiones y nóminas, pero aumentan la retención del IRPF. ¡Qué gracia! ¡Esto sí que es original en nuestra democracia! Y sobre las becas: resulta que con el aumento del valor catastral de los inmuebles, familias que tenían beca de estudios se quedan sin ella, porque de repente han pasado a residir poco menos que en el Palacio Real. Lo que un gobierno digno haría en estas circunstancias es dar la voz a los ciudadanos; y lo que estos deberíamos hacer, a mi juicio, es echarles a todos de la poltrona. ¡Oh, qué nostalgia de los tiempos en que levemente aspiramos a un estado emancipador y libertario, aunque sólo fuese en el etéreo resplandor de la utopía!
Publicado el 8 de febrero de 2010 a las 20:45.

