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No sé si el porcentaje de asociaciones en Cantabria es mayor o menor que el de otras regiones. Siempre se ha dicho que no hemos sido los santanderinos, precisamente, gente muy activa ni animosa en eventos ciudadanos, como algo apáticos y pasivos, aunque, eso sí, ejemplares en el hermoso don de la crítica y la envidia. Igual eso de las dos caras de nuestros escudos (cabezas decapitadas de Emeterio y Celedonio, mártires milagreros) tienen que ver también con que haya una parte de nosotros mismos que es activa y la otra pasiva; cada uno que entienda estas cosas como quiera. El caso es que, a pesar de todo, la ciudad se mueve a su ritmo, el que le dan sus habitantes. El proyecto de Santander 2016 va a tener cosas buenas, sin duda, porque van a calar en la práctica cotidiana algunos usos, algunos referentes que nos emparentan con esta Europa a la que pertenecemos. Hay quien habla ya de determinadas zonas de Santander según los países que les haya tocado en suerte. Quienes vivimos en la ciudad, aunque a veces nos falte distancia, conocemos su pulso cotidiano y reaccionamos ante diversas inquietudes de forma distinta. Y hay quien incluso se anima a asociarse para defender mejor los intereses de una determinada comunidad o reivindicar causas que, de otra manera, latirían mortecinas en el fragor diario. Tales impulsos merecen un reconocimiento, aunque sólo sea por romper la tónica de pasividad que nos achacan a los santanderinos. Asociaciones como "Sol Cultural" y "El Río suena", entre otras, buscan revitalizar el patrimonio histórico del ocio capitalino, con un criterio más adecuado a los tiempos que corren. Existen unos valores de convivencia y cultura que no deben perderse, y sólo mediante el impulso asociativo, incluso con independencia de los poderes políticos, pueden sobrevivir en la prisa del día a día. Estas iniciativas abren la puerta a otras que deberían tomarse en ámbitos muy variados: en conjunto, ahí sí que hace falta que la política mire realmente a los ciudadanos y se fije en quienes ponen parte de sí para el bien común.
Publicado el 6 de febrero de 2010 a las 21:30.

