Turismo sanitario
Archivado en: Turismo Sanitario, Fernando Peñalosa, Tenis, Gripe A
Y como todo sigue, ahí va el texto que más o menos tenía en pruebas en mi cabeza mientras hacía vacaciones:
No quiero que me tome por un esnob de esos que siempre han de dar la nota para diferenciarse de los demás, que a mi me gustan como al que más los hoteles y resort, esos que te animan a pasar el largo y cálido verano –¿quién es el listo que dice que el estío acaba aquí el 15 de agosto– de la hamaca a la barra y de esta a la juega nocturna. Y vuelta a empezar.
Resulta que por circunstancias obviamente indeseadas que no vienen al caso –no es cuestión de que le cuente todos los detalles de mi vida– este mes de agosto he optado por el turismo sanitario, un término que acuño yo y que espero que Arahuetes y sus huestes no usen para promocionar el 2016, por favor, que consiste básicamente en conocer hospitales.
La modalidad turística me ha permitido constatar que las urgencias andaluzas son incluso más desesperantes para el paciente que las gestionadas por el Sacyl; que las sustituciones médicas y la carencia de suficientes profesionales se da en todos los hospitales, se llame como se llame el consejero y que, tremenda curiosidad, la gente se pone menos mala en vacaciones y así, las plantas hospitalarias están a medio gas, aquí y en Andalucía… Esperando la avalancha de griposos del otoño, supongo.
Porque esa es otra. Uno nota que las autoridades sanitarias están preocupadas por la que parece que se les viene encima y adaptan salas de espera –en la de urgencias de Segovia parece están haciendo dos zonas diferenciadas: griposos y acompañantes a un lado, resto de dolencias, a otro– y los centros de salud donde te apuntan que si sospechas que tienes el virus, avises.
Y se notan otras curiosidades: He visto a gente apretar el botón del ascensor con el codo, un trozo de su camisa o una servilleta; he visto a personas muy serenas dar dos pasos hacia atrás para distanciarse de alguien que estornuda por segunda vez y he visto a familiares que no se ven hace meses saludarse de lejos, sin besos ni abrazos… Hay miedo.
Pero no quería hablarle de la gripe, que “noj vamo a jartar” que dirían esos andaluces con los que he convivido. Ni siquiera quiero continuar hablando de hospitales, salvo para reseñar que la última vez que me logré colar sin tarjeta fue para rozar mi mano por última vez con la de mi amigo Fernando mientras este hacía un triste gesto de resignación o de rabia, que no lo sé bien, o lo inhumano que puede parecer el trato de los profesionales cuando uno cree ser el centro del mundo, que es una sensación falaz, por otra parte, que esa gente trabaja duro.
Lo bueno de mi improvisado plan de vacaciones es que he tenido tiempo de digerir despacio los correos electrónicos que he seguido recibiendo desde mi querida Segovia, la de las “voces de gesta”, conociendo así al minuto cosas como que el Senado no sería ni la mitad de lo que es si no fuera por la actividad del segoviano, Juan Luis Gordo, según explicaba la profusa nota con membrete del PSOE; que el tenis de El Espinar lo ganó quien se preveía que lo haría, Don Feliciano, mientras se hacían esfuerzos por rellenar los huecos de las gradas, que en la tele quedan feos los blancos.
He sabido también de las desastrosas críticas que ha recibido OxigenArte y otras iniciativas en las que, ya se lo dije hace unos días, yo tenía gran fe, pero que han vuelto a resultar, así en términos generales, una auténtica castaña, por lo que he leído y por el contrario, he visto elogios por doquier a la actividad cultural desarrollada en el vecino Real Sitio, en este momento en fiestas, como media provincia.
Por cierto, también he visto como algunos partidos emiten notas políticas bastante forzadas coincidiendo con las fiestas de cada localidad… Cuestión de mantenerse vivos.
Y ya que hablamos de cantadas vía correo electrónico, pues ahí está la última desde el Ayuntamiento, tan obcecado en echar la culpa de cualquier mal al que esté más cerca, o al empedrado, que no tuvo otra idea que culpar del bajón de las reservas del Pontón al supuesto abastecimiento que se daría al Real Sitio… Aunque La Granja no tome una gota de agua de ese embalse.
Y Juan Aragoneses, alcalde en funciones (aunque vigilado de cerca por el oficial) a rectificar a su manera, es decir “matizando” la grave acusación del día anterior, mientras el socialista Vázquez –un disciplinado hombre de partido– eludía decir lo que piensa de verdad disculpando el error, el enésimo encontronazo con los que gobiernan Segovia.
Pues ya ve. No ha cambiado mucho esto. He vuelto a encontrarme una Segovia carísima en todos los sentidos; con su clase política manteniendo la línea baja (mediocre diría un purista del lenguaje menos correcto que yo); con el mismo tipo de circo de entretenimiento público que ya conocía y con un sistema sanitario en el que se nota cierta postura “de muestra”, como la de los perros de caza.
No le diré yo que pruebe mi modalidad turística, pero sí le digo que si hay que hacerlo… pues se hace, que de todo se aprende. Disfrute de estas temperaturas de locos y de su ocio, si le queda, que algo me dice que septiembre no será demasiado tranquilo.
De momento, el final de agosto es triste, muy triste. Como soy un tipo vulgar y débil, sólo se me ocurre coger la botella para entonar uno y mil brindis con el maestro Coli como protagonista. ¡Maldita sea la Parca. Maldita sea!
Publicado el 23 de agosto de 2009 a las 17:30.


