Etapas navideñas
Archivado en: Navidad, Santos inocentes.
Ando yo con la caraja navideña y me muevo cansino, ratón en mano, por la pantalla del ordenador pinchando aquí y allá sin saber muy bien a dónde ir, que estos días la cadencia de informaciones baja lo suyo y llega un momento que "te lo sabes todo" y si quieres ampliar, hasta la mejor fuente pilla vacaciones y ¡apaga el móvil!
Eso de apagar el celular -me gusta ese nombre y cómo lo dicen los sudamericanos- es casi un delito hoy día y te puedes encontrar a alguien que te espeta desairado que te ha llamado hasta dos veces y no ha logrado encontrarte, que qué pasa contigo. Ya sabe, esclavitudes del siglo. ¡Pero qué torpes somos a veces!
Esta Navidad es escasa en villancicos y más llena de la cantinela atemorizadora de que lo peor de la crisis esta está por llegar en 2010, que lo vivido hasta ahora no ha sido nada... Encima el que te lo cuenta se apoya en su dedo acusador que apunta a cualquier comercio que esté por allí -da igual un brillante paseo remozado que la calle más tradicional- en el que el vacío deja ver claramente cómo detrás del mostrador, alguien trastea con el ordenador pinchando aquí y allá, sin saber muy bien a qué parte del ciberespacio ir... Está la cosa muy mala.
En ese ritmo cadencioso dejé pasar el día 28 sin escribir una sola línea, que aunque la tradición va para abajo aún se mantiene y en esa jornada todo lo que digas se somete a la inmediata pregunta: "¿No será una inocentada?" que viene a ser como devaluar la información. Y uno no está para esos trotes.
No le diré yo que no disfrutara en tiempos pasados del placer de plantar un titular falaz y modelar, por fin, una noticia a mi propio gusto. Que por una vez hiciera yo el chiste y no algunos de los señores y señoras a los que habitualmente entrecomillamos mientras dicen chorradas muy, muy en serio.
Y confieso que la que más me divirtió fue aquella que sólo motivó la envidia insana que me corroía al ver cómo los segovianos se repartían el pastón del Gordo aquel de la lotería que yo ni olí. Publiqué en titulares del periódico en el que trabajaba algo de una impugnación del sorteo, que Hacienda habría aceptado, que los quiosqueros me dijeron que causó muchos rostros pálidos y algún vahído... No quise preguntar en el hospital, por si me estropeaba mi maliciosa venganza.
Este año sí hubo compañeros -aún nos llamamos así en este colectivo, pero cuando estamos en grupos reducidos- que saltaron a la palestra. Me gustó la que preparó Alfonso -el de Sonrisa, el de Los 40- convocando a nerviosas fans de Pereza en el bar de los Santana, donde se suponía que se firmarían discos. Picaron treinta o cuarenta.
Vale. La próxima cita "inexcusable" es en Nochevieja. Diversión asegurada porque sí tras copiosa cena pagada a cojón de mico, cuñado listorro pimplándose tus espirituosos, abuela dormitando en el sillón y niños histéricos hasta altas horas, las mismas que utilizarán cientos de patosos para bordar el papel en nuestras calles y bares.
Venga, queda poco y hay que disfrutarlo. Enseguida volvemos a la rutina pero mientras, un villancico que hay que mantener las tradiciones: "Cascabeles, cascabeles, cascabeles todo el camino. Qué alegría llevar un coche de caballos descubierto" (Lo de que todo el mundo sepa algo de inglés causa muchas decepciones sobre la lírica de las canciones ¿No le parece?).
Publicado el 29 de diciembre de 2009 a las 13:00.


