Ha venido el cartero
Archivado en: Gente en Segovia
La verdad, la estaba esperando, pero confiaba en la certeza de que ya nadie escribe sobre papel y los textos se limitan a frases cortas farfulladas en un teclado y enviadas con un clic, sin sello ni leches.
Pero no. Me he dado cuenta que estaba actuando como un niño deseando que no se produzca la visita segura y periódica del practicante -a mi me pasaba de pequeño ¡Yo qué sé por qué me ponían tanto chute!- que claro, al final acababa en mi salón con su bote blanco lleno de alcohol y odiosas agujas para clavarme una en el carrillo del culo acto seguido.
El cartero estaba contento hoy y al entregarla me ha sonreído y me ha preguntado por "las cosas". Yo he dicho un "bien" todo lo amistoso que he podido y le he señalado discreto la puerta con ademán de estar muy ocupado, mientras el sobre me bailaba en las manos.
Lo he olido y no he encontrado aromas de jazmín o siquiera de amapola. No olía a nada. Quizá un poco a frío, me pareció. Con mi abrecartas plateado -me lo dieron una vez, en Garcillán, cuando lo de las traviesas ferroviarias y Aznar- he rasgado de un tirón el doblez del sobre y con alguna duda he sacado lo que había dentro.
De repente, fíjese, me he acordado de usted. Era una imagen simpática, de amigo, de algo de complicidad, no sé si me entiende. Claro. No puede ser de otra forma si usted ha estado empujando la barca durante toda la travesía. Si usted, sin venir a cuento y por tanto de manera sincera, regalaba oídos por tal o cual noticia; por esta o aquella opinión; por tal o cual sección. Siempre animando. Si usted ha estado dispuesto siempre a ofrecernos las colaboraciones más variopintas y lo único que nos ha pedido es que pusiéramos más ejemplares en los expositores, que la semana pasada tuvo que dar vueltas y además no había suficientes para guardar el que siempre lleva a su cuñado. Si usted, más modernote, se encarga de multiplicar cada día las "entradas" en el digital. Si usted ha sido nuestra razón de ser...
Me tengo que mirar estas lagunas. He sacado el papelote pulcramente doblado, como si quien lo hubiera metido no quisiera estropearlo o hacer algo que alterara una sola coma del escrito y al desdoblarlo, ahora si, me ha dado la racha fuerte de frío. No crea, no era un viento de esos de las películas de terror. Era más bien como la bocanada que recibes tras abrir un congelador en pleno verano. El caso es que me ha dado frío.
¡Leche, frío! Aquí le quería ver yo en esos primeros días en los que la premura de las inauguraciones y otros asuntos -ya verás como tengo yo la culpa por encargar tarde los radiadores- hacían que esta oficina fuera una hielera en pleno noviembre, cuando mis amigos y yo -entonces yo era el jefe y ellos hacían de subalternos, pero perdimos pronto los papeles y nadie se preocupó de recogerlos- nos apretujábamos buscando calor pero tratando de acabar de una vez, que el de imprenta estaba harto de esperar. ¡Menuda gente ha pasado por aquí! Los besaría a todos. ¿O piensa que es fácil juntar a tanta gente que reúna excelencia en el trabajo y fuera? Los que han trabajado aquí tenían esos valores (y otros).
Me los sé del tirón: Nacho, tres Lauras, una Lara; dos Susanas, Elena, Juli, Rosa, Pablo, Luis, Virginia, María, Francisco, Javier, Sonia, Carlos y claro, Juan Pedro, que este me colabora desde hace 20 años... Ah, y el del chandal (este tiene anécdota apartre). Ya digo, me los comería a besos.
Siempre he odiado los encabezamientos rimbombantes en la correspondencia y estos ya me hicieron fruncir el ceño desde el momento que vi su marca comercial. Así uno no puede empezar a leer, puñeta, que partes con prejuicios. Mucho menos cuando el primer párrafo empieza invocando artículos y textos legales... mpfff.
¡Qué denso! La vista se me pierde otra vez y me veo a mi mismo asegurando en no sé qué tertulia o reunión de amigos -si me conoce, sabe de mi exagerada vehemencia oral- que la independencia es un valor, no necesario ¡imprescindible! en este trabajo y que además, a la larga, librarte de servilismos acaba dándote suficiente aire limpio como para seguir respirando libre y encima dormir tranquilo.
¡Joder! Ahora la imagen que veo es la de un pez dando coletazos en un charco de la orilla. Para colmo el pescador del cuadro se ha venido con todos sus churumbeles que parecen disfrutar comprobando que el pescado sólo puede vivir en el agua. Llevaban toda la tarde esperando este momento. ¡Jodíos chicos!
Entre tanta laguna he acabado finalmente de leer la cosa (dos veces, que ya le he dicho que era farragoso y además me negaba a entenderlo) y sin solución de continuidad, como un mecano, he "ratoneado" en el ordenador hasta llegar a la carpeta deseada, algunas páginas de Word encabezadas con mi foto (me parece a mi que he empeorado desde hace seis años).
Cuando lo he cerrado la máquina me ha preguntado que si guardaba los cambios y he dicho que si. Total, sólo he añadido: "Director del periódico Gente en Segovia y del periódico digital genteensegovia.com desde noviembre de 2005". Lo que no he tocado es el siguiente párrafo, lo de "conocimiento medio-alto de inglés hablado y escrito". Espero que el entrevistador sea comprensivo.
No lo he pensado más, que ha entrado por la puerta la redactora -la que de verdad hace el periódico- interesándose por los datos del paro y si iban en este número. Ya ve. Una información más que pese a su dramatismo, habitualmente se maneja en las redacciones con frialdad, como tantos otros en los que somos observadores. Eso sí, a veces recordamos de golpe que hay que empatizar con las partes de la noticia y vamos y empatizamos. ¡Mecachis!
"Pero Laura, llegarán a primeros de mes, como siempre. Ya nos interesaremos por ellos que creo que tengo un avance fiable" he respondido con tono plano antes de pedir que dejara varias páginas sin programar ni hacer nada sobre ellas, "por si acaso".
Luego hemos ido a tomar un café, como tantas veces. Es un rato de relax que nos aleja de la rutina. Como un "kit-kat" de esos, muy muy saludable. Hoy he degustado el rato de manera especial, como queriendo fijar todos los detalles en mi memoria -y eso que he pagado yo, que es algo que odio- justo hasta entrar en la oficina: "Ha venido el cartero. Te he dejado un sobre en tu mesa", he dicho a la vez que casi consigo mantener su mirada hasta el final, pero fallando en el último instante.
No sé qué hará ella, que lleva un rato dándola vueltas. Yo, aunque es odiosa en su letra y en su espíritu, he guardado mi carta. Será que soy un romántico y como nadie escribe ya epístolas conservaré el raro ejemplar...
Cómo será la cosa, que de repente me apetecería escribir (a mano y con letra redondilla) a cada uno de ustedes, los que nos leen. Los que lo han hecho llegando con nosotros hasta aquí. Acabará el escrito, claro, con un "Suyo afectísimo".
Publicado el 20 de junio de 2011 a las 20:00.


