Segundos (o terceros). Fin del sueño.
Archivado en: Capital Cultural 2016
Y usted dirá que qué hago yo escribiendo aquí y yo le digo que la cabra tira al monte, que las claves para soltar post siguen en mi poder (gente confiada esta de Gente... y yo persona de orden) y no me puedo resistir.
No ganamos para disgustos, leche. Varias semanas llevaba el personal -yo el primero, que en esto he fallado como una escopeta de feria (de las buenas, no de la cutrez esa que nos han montado este año, no los feriantes, sino nuestro ayuntamiento)- haciendo cábalas que descartaban directamente a Donosti por aquello del devenir político y el desembarco de "los Bildus" en las instituciones y ¡zas! se lo llevan los del Igueldo, Urgul y Uría.
(Hago un paréntesis para explicarle que mis más íntimos me han oído muchas veces calificar a San Sebastián como mi ciudad favorita entre las capitales españolas; que si alguna vez tuviera que dejar mi Segovia, ese sería un destino ideal aunque claro -oído al parche para quien quiera atender, que el momento es el perfecto- para eso tendría que tener una buena oferta laboral con buena remuneración, que el sitio es caro, muy caro. Me alegro por ellos y por mi amiga Juana, guipuchi ella.)
Bueno, pues el caso es que las retorcidas previsiones, siempre teñidas de política, apuntaban también que ninguna ciudad gobernada por el PP -son Burgos, Córdoba y Las Palmas- entraría en el bombo, así que quedaban Zaragoza y Segovia... Como los maños se dieron el bofetón que se dieron con la Expo del agua, pues cuenta redonda: Segovia, capital cultural.
Vale pitonisos. No hemos dado ni una. Y hemos tenido que ver las caras de nuestros concejales -la tele no sacó al alcalde en el momento crítico, que este hombre tiene cierta habilidad para no salir cuando toca llorar- hundidos en sus sillas mientras de fondo sonaban los gritos alegres de otros.
Ahora bien. Si cuando se pasó la primera criba felicitábamos desde este mismo espacio al regidor, que ha hecho de esto su proyecto personal -recuerde que "amenazó" con no presentarse a las elecciones si no superaba aquel corte, una postura que sin duda le dio votos el pasado mayo- parece justo que ahora consideremos que en términos estrictos, el proyecto ha fracasado y con él su autoproclamado máximo defensor. Vamos, que mirado fríamente, "la moto" (otra más de las que lleva en el escaparate de Arahuetes varios años) se ha quedado en Vespino quemada incapaz de seguir camino.
Vale, dejo a un lado esa lectura política -ya verá como con poner cara de pena y mirar al empedrado es suficiente, que aquí somos muy comprensivos- para proclamar que en realidad hemos perdido todos. Lo hemos hecho porque se caen nuestras ilusiones, un gran sueño (otra vez somos "segundones", nunca ganadores) y la posibilidad de meter un empujón brutal, para décadas, a nuestro desarrollo en todos los ámbitos a través de la Cultura y nuestro posicionamiento como referencia en el mapa europeo, además de entrar en una dinámica de generación de iniciativas de todo tipo.
Aparte de lo abstracto también, muy importante, se esfuma la certeza de un montón de inversiones económicas de carácter millonario: la diferencia entre conseguir la capitalidad o no es simple y llanamente la línea que separa haber podido sortear los próximos años de crisis con soltura, casi con derroche sin consecuencias -que pregunten en Salamanca- a pasar (o seguir) en el lado de los que se ven obligados a hacer un nuevo agujero en el cinturón para que cumpla la función de sujetarnos el raído pantalón al que, por cierto, ya le hacen falta rodilleras.
Veremos cómo se asimila la nueva situación en el complicado equilibrio en el Consistorio, que se han esfumado muchas cuentas de lechera tras tropezar con la perla de La Concha.
No me malinterprete, que no hago leña del árbol caído, que sólo quiero poner las cosas en su sitio porque mi obligación es tratar de pensar en frío: Hemos hecho la carrera entera, pero nos han rebasado en la meta, que en términos prácticos es como si no hubiéramos salido, aunque en los próximos días escucharemos reiteradamente el mensaje de que se aprovecharán las bases que se han sentado estos años para seguir avanzando. No, mire. No es lo mismo montar con donaire un caballo de raza que verse obligado a tirar de la carreta uno mismo.
Eso sí, sería injusto no reconocer el trabajo de la Oficina de la candidatura y todo su entorno, que se han dejado la piel en el sueño aunque han despertado, como todos nosotros, con un jarro de agua fría. Una lástima.
Publicado el 28 de junio de 2011 a las 19:30.


