Archivado en: Horarios bares, vecinos, Junta Castilla y León
Pues sí. Yo también me he quedado sorprendido ante las decisiones de la Junta en materia de horarios de bares y discotecas, al menos las reflejadas en el borrador de la orden que regulará y unificará esos horarios en la región. Resulta que el Gobierno regional "cede" y amplía horarios. Hosteleros 1, vecinos, 0.
También le advierto que en este asunto no cabe el empate. Me refiero a que si las decisiones de la Junta a la hora de elaborar el borrador hubieran ido justo en el sentido contrario, con recortes drásticos de horarios, ahora estaríamos ante el rostro de vecinos sonrientes y empresarios muy cabreados recordando que ellos casi nunca ganaban... El equilibrio no existe, se lo digo yo.
Ya en otras ocasiones he mostrado mi apoyo y simpatía hacia los empresarios del ocio nocturno. Será porque me gusta ser gato pardo, pero sobre todo cuando he visto y me han transmitido la sensación de "acoso" en la que afirman que viven: mal mirados por el entorno vecinal y pendientes siempre -aunque los colectivos implicados digan que eso fue maquillaje municipal y temporal nada más- de la amenaza del Policía y su talonario a la hora de cierre.
Sin embargo, puedo entender el malestar de los "afectados" en las zonas de alta concentración de locales, que saben que por mucho que se cierren las puertas, que se limiten las capacidades de los equipos de música y que la hora de cierre sea tajante en la nueva normativa, el ruido sigue presente. Y eso, acumulado en muchas, muchas jornadas, resulta insoportable.
Los hosteleros se defienden: lo que haga el personal fuera de sus locales no es cosa suya. Estamos ante un problema de educación y convivencia ciudadana.
Y ahí es cuando me quedo sin argumentos. Todo depende de la educación, incluso llevada a extremos del personal. No sé, no sé. No lo veo claro.
No hablo ya de gamberros rompiendo vasos, orinando, chillando o destrozando cosas por las calles, que a esos, ya le explique que me siento en condiciones de identificarlos a todos en dos noches de paseo nocturno y eso, sin una placa policial, que teniéndola debe ser más fácil.
Hablo de personas normales en tiempo de ocio. ¿Cómo evitar que un grupo de amigos hable, ría o cuente chistes en su tránsito callejero de un bar a otro o a su casa? ¿Cómo convencer al personal de que reduzca sus decibelios -que pasarían desapercibidos a otra hora del día- hasta el extremo como forma de respeto a los que eligieron vivir en calles llenas de bares?
No me parece fácil. Casi ni siquiera posible.
En asuntos en los que hay que regular la convivencia de varios colectivos totalmente contrapuestos en sus aspiraciones e intereses, nunca es fácil regular al gusto de todos y este es un ejemplo más que elocuente.
Sin querer elegir bando, me da la impresión de que, de una normativa que debería poner paz entre colectivos, parece que se ha pasado a otra que lo único que conseguirá es crispar más los nervios, de unos y otros. Y sólo estamos en el prólogo, que ya veremos más adelante, cuando se haga más patente que confiar en la educación de los ciudadanos no basta.
Qué lío. Con lo que me gusta divertirme de noche -y que mis amigos hosteleros ganen dinero, y que al calor del ocio nocturno crezcan las pernoctaciones en hoteles y los desayunos en otros bares, y...- pero también dormir a pierna suelta en casa de mis amigos, los que viven con sus dos hijos en la calle de Santa Isabel, la verdad, no se qué decir ante esta regulación que tanto tiempo lleva preparando la Junta.
¿Por qué me parece que le faltan cabos que atar?
Publicado el 18 de noviembre de 2009 a las 21:00.

